Soñé que mi hermano Roberto, que
celebra sus primeros cincuenta, soñaba un sueño. En medio del sueño yo veía cómo Robert soñaba y se lamentaba de los trescientos sesenta y cinco días que hubo entre
sus cuarenta y nueve a sus cincuenta, y cómo se le habían ido como agua entre los
dedos. Había leído mucho, sí; pero leer no es todo. Había resuelto muchos casos
y hecho muchos de esos que los entendidos llaman litigios, pero eso es
prácticamente nada. Se entristecía Robert y se preguntaba a dónde se habían ido aquellos muchos días y por qué los
perdió. "carajo, como si estuviera uno de quince y ademas sobrado de vida como para
perderla" gruñó. Y en eso escuchó ruidos alegres, ahí en la cerrada de la
media luna, que lo hicieron despertar: reía su mujer, gritaban sus hijos, ladraban sus perros. Se dio
cuenta Rober que amaba a su mujer, y que amaba a sus hijos, y a sus perros, y
sus libros, y a la música y a éste hermano suyo. Y entonces comprendió, ya despierto, que el
año no se le fue en vano: oyó una voz dentro de sí. La voz le dijo que no
perdió sus días si en ellos puso amor. No supo Robert si esa voz era la voz de
Dios o era la suya, pero supo que era una voz verdadera, porque el amor es
siempre la mayor verdad. Termina el año, en efecto Rober amigo, se va ya, pero
es esa despedida una promesa de vida: otro año comenzará. Llegas a tus
cincuenta –que no son poca cosa- y bien despierto como estoy los celebro
contigo y gracias le doy a Dios, y no dejo de pedirle ¡que nos lleves a Sevilla, pinche cabrón! • AE
LETRASMINIMALISTAS
(unas pocas) noTaS aL rITuAl dE Lo hAbITuAL
Risas, amigos, la creación y cosas asín
La risa es don divino que nos
hace humanos. Siempre he pensado que la creación, el mundo en que vivimos,
nació de una sonrisa de Dios. De esa sonrisa surgió la luz del sol; y el cielo
con estrellas; y surgieron la tierra, y el mar con sus pescaditos. De la risa
de Dios nació también esa extraña criatura que es el ser humano, y con los humanos
llegó el gran don de la amistad. La vida caminada con los amigos es alegría; es
gozo de estar vivo, de disfrutar las cosas de este mundo con la inocencia del
primer día, cuando todo era nuevo y todo era inocente. Ríamos de nosotros.
Ríamos con los otros. Y hagamos de esa risa feliz una oración de gracias, la
misma que hoy hago porque Claus,
mi gran amiga, celebra un aniversario más ■
Madeleines y amor y cosas asín
Leo la historia de Madeleine
Paumier, francesa, y me emociono. Su oficio era el de cocinera. Ella servía en una
casa rica. Cierto día horneó unos panecillos. Los metió al horno en un molde de
papel, y así los presentó, con ese adorno de papel rizado. Tanto gustaron sus
pequeños bollos, y el modo en que los ofreció, que pronto en París fueron
famosos. Hasta nuestros días esos panes se llaman madeleines. No sé, creo que me habría gustado
conocer a Madeleine Paumier (y a Proust, por supuesto), hoy entiendo que quien hace bien las cosas puede
inmortalizarse, aunque lo que haga sea tan humilde, tan sencillo, como unos panecillos
envueltos en papel ■
Refranes, amigos y cosas asín
Se fué el sol hace mas de dos horas y hasta ése momento yo seguía sin saber qué escribir para celebrar a Roberto mi hermano por lo que me fui directo a esa estupenda Antología de refranes castellanos que tiene publicada la Real Academia, y aquí estoy: impresionado -y feliz- al comprobar cómo en casi todos los países del mundo los refranes
hablan de la maravilla que supone tener un amigo fiel cuando llegan los
momentos obscuros del camino, cuando (el camino) se hace demasiado cuesta arriba o con muchas y difíciles curvas. Como Rober –así le decimos los suyos, los que somos de su familia- ha estado en muchos momentos
de ésos y ha sabido ser el amigo fiel que acompaña y ayuda, aquí los copio (los refranes esos) como homenaje en ésta vuelta al sol y regalo de
cumpleaños. «Las buenas fuentes –dicen los chinos- se conocen en las grandes
sequías; los buenos amigos, en las épocas desgraciadas.» «Cuando la desgracia
se asoma a la ventana, los amigos no se acercan a mirar», dicen los alemanes. En
Jamaica dicen que «si quieres saber cómo es tu amigo, túmbate al borde de un
camino y simula que estás borracho». Los polacos suelen comentar que «cuando la
adversidad llama a tu puerta, todos los amigos están dormidos». Los turcos
tienen un refrán que asegura que «quien cae no tiene amigos». Y los servios
aseguran que «no es en los banquetes, sino en las cárceles, donde se puede
saber si un amigo es un buen amigo». Parece, sí, efectivamente que la
adversidad, como un mal olor, espanta a los mosquitos. Pero la verdad es que,
por fortuna, esta regla, que refrendan todos los refranes, tiene sus
excepciones y hay o puede haber amigos que es entonces cuando demuestran y
confirman su amistad. Robert es así, y yo me siento muy pero que muy afortunado por
poseer la perla de su amistad, por celebrar con éste amigo amigo fiel una vuelta más al sol ■AE
Hilos y lazos y amigos y cosas asín
El Hilo Rojo es una leyenda
anónima de origen Japonés, que dice que entre dos o más personas que están
destinadas a tener un lazo afectivo existe un hilo rojo, que viene con ellas
desde su nacimiento. El hilo existe independientemente del momento de sus vidas
en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso,
aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del
vínculo que existe entre ellas. El texto literal viene a decir: Un hilo rojo
invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar
tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca
romper ■AE
Lázaros, misiones, Moët & Chandon, barcos y cosas asín
Había una vez un barco, un viejo
y hermoso barco que llevaba mucho tiempo anclado en el muelle. La vida a bordo
tenía distinción. Los oficiales estaban ataviados con uniformes de distintos
colores –negros los de más baja graduación, violáceos y rojos otros– a los que
algunos habían añadido adornos (capas, armiños, condecoraciones…). Las
relaciones entre los mandos superiores y los subalternos se regían por un
ceremonial cargado de ampulosos ritos y reverencias. En realidad, la vida a
bordo resultaba fácil porque todo cuanto había que hacer u omitir estaba
regulado por un reglamento muy preciso que todos observaban escrupulosamente.
Como es lógico, en el barco había también marineros, aunque apenas se les veía
en cubierta. Trabajaban en las bodegas y en la sala de máquinas, a pesar de que
el cuidado de los motores no era demasiado importante en un navío que no
abandona nunca el puerto. Las señoras venerables que paseaban por el muelle se
decían unas a otras: “Ese barco es mi preferido; es un barco muy fiel, no se
mueve nunca de su sitio”. Un día se jubiló el capitán y, cumpliendo el
reglamento de régimen interno, los oficiales de uniforme rojo se reunieron para
nombrar un nuevo capitán y eligieron a uno de ellos, ya de edad avanzada, que
subió con cierta dificultad la escalera que conduce al puesto de mando. Y, de
repente, se le oyó decir algo que dejó petrificados a todos: “Levad anclas,
¡rumbo a la mar!”. Uno de los oficiales se atrevió a preguntar: “¿Hemos
entendido bien? ¿Podría repetir…?”. Y el capitán repitió con voz muy clara: “He
dicho: ¡rumbo a alta mar!”. Entre los oficiales se extendió un murmullo que
acabó convirtiéndose en clamor: “¡Está completamente loco, se va a hundir el
barco!”. En cambio, muchos marineros se alegraron, viendo que se acababa la
monotonía. Cuando la tierra desapareció de la vista se desencadenó una
tempestad, y entonces todos cayeron en la cuenta de que el reglamento vigente
en el puerto no servía para alta mar. Algunos gritaban, muertos de miedo: “Volvamos
al puerto, que nos hundimos”; pero, al fin y al cabo, los barcos están hechos
para navegar. Y empezó a cambiar el reglamento... La parábola es de J. Bouchaud
pero el problema es de todos, de todos los que nos llamamos cristianos, o al
menos de todos los que decimos creer en Cristo. Hace más de un año llegó Papa
Francisco a la sede de Pedro y todos nos alegramos mucho, pero tengo para mí
que no hemos entendido nada. Absolutamente nada. El programa del papa es, en
esencia, una pastoral misionera; y una pastoral misionera no espera a que la
gente visite el barco, sino que va a buscarla allá donde esté. Dicho como en la
parábola de Bouchaud, el barco abandona el puerto y pone rumbo a alta mar. La
Iglesia –dice el Papa– debe ser una comunidad “en salida”, y no le preocupan
los riesgos que pueda correr el barco alejándose del puerto: “Prefiero –dice–
una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una
Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias
seguridades”. La llegada de Francisco a la sede de Pedro ha sido calificada por
muchos –creyentes y no creyentes- como una Primavera para la Iglesia, y la
apreciación tiene mucho de razón. Desde el comienzo hemos visto a un hombre
diferente: un romano pontífice que usa un Renault 4 (modelo 1984 y con 300.000
kilómetros), que deja la basílica Vaticana la tarde del Jueves Santo para ir a
lavar los pies de los reclusos de una prisión romana (entre ellos una mujer
musulmana), que vive en una modesta habitación que no está precisamente en el
palacio apostólico y que porta una sencilla cruz de plata con la efigie del
Buen Pastor. Observamos también a un buen número de obispos reunidos en torno
al Papa para tratar temas tan serios, complicados, desatendidos y urgentes como
las recepción en los sacramentos de las personas divorciadas y vueltas a casar,
la pastoral y atención de personas homosexuales y el complicadísimo tema de la
planificación familiar. Con sus más y sus menos, sus sombras y sus luces, sus
adelantos y sus retrocesos pero en la Iglesia corre cierto aire fresco que hace
que el corazón se llene de esperanza. Podríamos decir que hay un serio esfuerzo
en la mayor parte de la Iglesia por cambiar, por renovarse, por apegarse al
espíritu del Evangelio. Precisamente el último texto (oficial) de Papa
Francisco habla justamente de eso y lleva por título “Evangelii Gauidum, sobre
el anuncio del evangelio en el mundo actual”. Y cuando digo “en la mayor parte
de la Iglesia” significa que el esfuerzo no es compartido por todos. Llaman mi
atención –digámoslo así- dos eventos recientes en mi Guadalajara hermosa quiero
decirte una cosa, como dice la canción. El primero lo recoge el suplemento
GENTE BIEN (¿Gente bien?) del periódico El Informador (Guadalajara, México) en
su edición del 20 de mayo: una cena en la cual se reconoce y se premia a los
mejores misioneros (las cursivas son nuestras) que participaron en las misiones
de la Semana Santa de éste año. Tengo para mí que éstos misioneros que no sólo
no han entendido la naturaleza de la actividad misionera de la Iglesia (la real
¿eh? No este remedo burlesco), sino que además terminan convirtiéndola en una
pasarela de moda llena de vacío y frivolidad (a las fotos me remito), poniendo
la cereza del pastel con ésta “cena de gala con comida italiana, vodka y
tequila”, en la que se habla de Dios, de los jodidos, de lo bueno que soy y de
lo bien que la pasamos, en medio de tragos, minifaldas y escotes hasta el
ombligo. Más superficial, más frívolo y más alejado del espíritu del Evangelio
no se puede vivir. El otro es la Dîner en Blanc celebrada hace unos pocos días.
En su página de Facebook está clarísimo el objetivo del evento: «Uno de los
lugares públicos más emblemáticos de nuestra ciudad recibirá una ola repentina
de 1000 personas vestidas de blanco, que instalarán sus propias mesas y se
sentarán a cenar para retomar lo importante: la amistad, el compartir, el
esfuerzo, la igualdad, el disfrutar y el poder recuperar nuestra capacidad de
asombro. Es una oportunidad de mostrar al mundo lo que somos capaces de lograr
y el grandioso patrimonio con el que contamos». Es de todos conocido que sin invitación y sin el traje
adecuado no se puede participar de éste evento, es decir, se vuelve un asunto cerrado,
de élite, en el que se elige y escoge quién sí y quién no: una vez más, todo
resulta contrario al evangelio en el que decimos creer o que profesamos, previo
golpe de pecho, los domingos en misa. Habitualmente en los centros de la
ciudades (en prácticamente todo el mundo sucede lo mismo) hay siempre personas
que no tienen casa, que viven alcoholizadas o se ganan la vida con la
prostitución o el comercio ambulante, todos los que conocemos el centro de
Guadalajara y la Plaza Fundadores lo sabemos porque lo hemos visto y olido. Veo
las fotos del evento y leo las (patéticas) reseñas y me taladra en la cabeza y
en el alma las palabras de otra parábola, una aún más dura y más
comprometedora, aquella que cuenta la historia de un hombre –Lázaro se llamaba,
creo- que ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; un
hombre al que los perros venían y le lamían las llagas. No sé, tengo para mí
que debe ser muy incómodo asistir a eventos como éstos dos sabiendo que hay
quien no tiene ni lo indispensable para vivir y que Francisco nos está constantemente
llamando a pensar en los jodidos, a ayudarlos y a servirlos, pero no previo
descorche de unas cuántas botellas de champagne Moët & Chandon ■
AE
Bufones, tragedias, la Iglesia y cosas asín
Afortunadamente las cosas que
suceden en la Iglesia Católica ad intra dejaron de ser intocables, y Obediencia
perfecta es una película que se acerca de manera respetuosa (y desde mi punto
de vista, efectiva) y presenta una realidad –la formación de los candidatos al
sacerdocio- que debe seguir revisándose con mucho cuidado. Los sacerdotes hemos
sido el centro de la crítica desde que salieron a la luz los casos de pederastia,
no sólo en México, la infección es mundial y desde luego va mucho más allá de
los límites eclesiásticos. El director de Obediencia perfecta (Luis Urquiza)
toca el tema del abuso sexual en aspirantes al sacerdocio en una congregación
mexicana por todos bien conocida, pero lo hace de una manera muy fina, no
obedece a la enferma curiosidad que algunos cuantos pudieran imaginar al
visualizar la temática; tan respetuoso que no hay un solo nombre o lugar que
coincidan. Urquiza tiene un respeto por el tema, pero lo toca de manera
profunda y sin ningún miramiento y presenta un caso (de los ¡ay! cientos o
miles que debieron suceder) de forma clara y contundente. Hace unas semanas, en
concreto en los días anteriores y posteriores a la celebración del Día del niño
(30 de abril en México), las redes sociales se llenaron de memes sobre cierto
personaje eclesiástico y los abusos sexuales dentro de la institución por él
fundada, la misma que retrata la película. Al final éste personaje, idolatrado
hasta el paroxismo por muchos miembros del instituto religioso, aparece como un
bufón, un bufón que nos desvela nuestras sombras, un bufón que es como un
despertador humano que suena una y otra vez y que no permite que nos
acostumbremos a algo. El bufón es algo que nos preserva de vanagloriarnos de nuestra
fe y de situarnos por encima de los demás, lo que tristemente le sucedió al
personaje en cuestión y sigue sucediendo en muchos de los que formamos parte de
la Iglesia católica, no solo la jerarquía, sino también en grupos de
apostolado, parroquias y hasta en prelaturas personales. El bufón nos recuerda
que no somos más que hombres y por tanto limitados, frágiles y completamente
dependientes de la gracia y la misericordia de Dios. El bufón es algo que nos
lleva hacia el humor, aquello que permite a uno reírse de sí mismo, rasgo
característico de una fe sana; y evita la entrada de la mojigatería rígida,
rasgo clarísimo de una religiosidad enfermiza. En la edad media, la Iglesia
celebraba una fiesta de bufones. Había un niño obispo y un Papa bufón. Es
indudable que la religión necesita bufones para no desviarse hacia el dogmatismo
o hacia palpitaciones fundamentalistas basadas en la tradición. El hombre
necesita dentro de sí un bufón para vivir en este mundo. Sin el bufón nos
enojaríamos cada vez más ante la situación. Pero, naturalmente, el bufón tiene
también una parte sombría. Puede convertirse todo en broma y desentenderse de
toda responsabilidad. Necesitamos siempre combinar ambos polos: la disposición
a denunciar, a aceptar y a luchar contra toda clase de injusticia y maldad, y
la libertad interior que el bufón representa frente a todo. El humor
–acompañado siempre del Amor y del amor- es una fuerza subversiva. De ahí que
muchos eclesiásticos prefieren seguir presentándose con gran patetismo. Se hace
necesaria la función crítica del bufón, que desenmascara el patetismo como un
intento de manipulación. En menos palabras, en corto ¿el tema es una bufonada?
No. El tema es bastante serio, y en la Iglesia deberíamos tomárnoslo así, y
hacer un profundo y serio examen de conciencia y denunciar, aceptar y luchar,
pensando que al atardecer de nuestro día, seremos examinados ¡ay! en el amor /
AE
Almendros, reencuentros, nostalgias y cosas asín
Cómo has permitidos, Dios mío,
algo tan feo como la muerte? Es algo muy jodido, digo yo y es que ¡Es tan hermosa la vida
aquí! Estoy seguro que valdrá la pena estar allí contigo, y que no echaremos en
falta la ausencia de los amores de aquí abajo, las comidas con los amigos –los
de verdad- el sabor del reecuentro después de tantos años; o la alegría que
produce un almendro florido, los colores de la madrugada, el sonido de alguna
brisa, la pureza de tantas cosas que nos sorprenden todos los días. Espero
mucho amor en Ti, y una notable imaginación, para que a tu lado no se sienta la
nostalgia de esta aventura que llamamos vida...¡en el cielo no puede haber
nostalgias! El otro día, cuando me marchaba de la casa de los Bassol, pensaba ¿Podrás
separar a los que tan unidos estuvimos aquí abajo? Porque, entonces, ¿qué
sentido tiene todo el Paraíso si no estamos junto a los que amamos de verdad? /
AE
Filarmónicas, guitarras, rumbitas, alegrías y cosas asín
Con alguna personas me sucede
como con algunos libros. Hay una literatura sobrecargada, suntuosa, artificial.
Parece que no se busca más que el lucimiento personal. Es una vanidad reflejada
en espejo del mismo autor. Algo así como una mujer probándose un vestido, y
otro, y otro. En realidad, no busca nada. Sólo quiere gustarse a sí misma. Esa
belleza no me impresiona. Sin embargo hay obras que me admiran por el amor y la
sencillez que hay en ellas, justo como me sucede con éstos cuatro. No se me entienda mal.
Este amor del que hablo no es algo soso, sentimental. Es de una dureza
increíble. Alguien escribió que nunca se debería escribir una sola frase que no
se pudiera susurrar al oído de una persona agonizante. ¡A eso me refiero! Hay
literatura para paladares de gourmets exigentes. En fin, que la digiera quien
pueda pagársela. Yo soy lector mendigo, necesito bien poco para disfrutar de
platos muy sencillos. Es lo que tiene el hambre. Vistas así las cosas, estos
amigos mios, con los que siempre es una auténtica delicia estar, son como un pequeño gran
cuento que lees una y otra vez sin agotar su sentido, sin cansarte; estos cuatro son como
una canción que no te cansas de tararear –la felicidad canela, amor te la voy adar- una canción que no necesita ser acompañada más que de una guitarra y poco más. La
filarmónica se la dejamos a otros ■
AE
Una plegaria...
...de ésas
maravillosas:
Un pedazo de tierra para posar mi
planta
Y ahí una huella sabia que
conduzca la mía.
Un rincón en el cielo donde
anidar mis ansias,
Con una estrella, para saber que
Tú me miras.
Sobre mi frente un techo; bajo el
techo una llama;
Un pan que nunca falte y una
esposa sencilla:
La esposa como el pan, alegre,
buena, cálida;
El pan como la esposa, de
suavidad benigna.
Un amigo y un libro. Salud, pero
no tanta
Como para olvidar que he de morir
un día.
Un hijo, que me enseñe que soy Tu
semejanza.
Sosiego en el espíritu...
Gratitud en el alma...
Eso pido, Señor, y al final de la
vida
Dártelo todo, a cambio de un poco de esperanza ■ AFA
Dártelo todo, a cambio de un poco de esperanza ■ AFA
El Cid, el Fader, El amor y Gordis, Antígona y cosas asín
Esta amaneciendo y siete días cuenta ya Febrero; hay café sobre la mesa y releo una parte del Mio Cid. Sus versos, tallados como en metal o piedra, son la primera voz de España. Algo de pronto me ilumina. Es una frase. La dice el Cid a doña Jimena: "Créceme el corazón porque estades delant...". El corazón me crece porque estás tú delante ¡qué palabras hermosas! Más bella declaración de amor nopuede haber. En la presencia de la mujer amada el corazón de su amador se agranda -y viceversa- quizá para que su amor pueda caber. No recuerdo haber leído en toda la literatura romántica una frase tan bonita que, justo hoy, me recuerda a éstos dos (amigos) que yo tanto quiero, a éstos dos que celebran que, juntos, le dieron una vuelta más al sol. No sé, tengo para mí que muchos hablan del amor joven, del que es todo ilusión y todo fuego, pero que no entienden nada de nada. A mí me gusta pensar en ese amor que se torna más amoroso con los años, más comprensivo, más leal; del que convierte a dos en uno solo y los funde en pensamientos y palabras, aunque nadie lo note. Los miro ahora (celebramos la Nochebuena juntos) y comprendo que están lejos de la perfección (esa perfección de la que tantos hablan y presumen) y del oropel. Los veo y me doy cuenta que están de regreso en muchas cosas. De muchas partes vuelven: de la alegría y de la pena; de la esperanza y la resignación; de las victorias pequeñitas y de los sueños que nunca se cumplieron. Un amor como éste -normal, terreno, y al mismo tiempo que participa de la chispa divina- no necesita que nadie lo cante, ni el Cid ni el fader ni nadie. Es un amor sobre el que van pasando los años. Durará hasta que ambos quieran que dure, pero tengo para mí que cuando salgan de ésta vida no harán sino pasar de un cielo a otro. Así los percibo, así me alegro y así los celebro ■ AE
Ni te apures, ni prestes atención
Chicharito, a mi no me gusta el futbol, nunca me ha gustado y con la ayuda de Dios nunca me va a gustar, pero como camino por las redes sociales, esta mañana voy leyendo lo que dicen de tí: de ahí tu foto y el título de ésta nota: ni te apures, ni prestes atención ¡Al contrario! Siéntete orgulloso y lleno de paz: lo que te pasa a tí, le pasó al Señor en su momento: los mismos que gritaban "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor" fueron los mismos que cinco días después clamaban enardecidos: "Crucifícalo, crucifícalo". Así es la raza de falsa y de tracionera, así somos (sí: somos, en plural), los seres humanos. A mí, Chicharito, me caes bien porque más de una vez te he visto profesar tu fe en público; he notado que no te da miedo ni te avergüenza el hacer delante de los demás (miles) la señal de la cruz ¡Bien por tí, campeón! Los profesores de moral en el tiempo seminario le llamaban a éso "virtud de la integridad". Los mismos que hoy te abuchean y que dicen que no vales un carajo, son los mismos que organizan bodas de miles de personas (sic) donde se desperdicia la comida y la bebida y, antes, celebraron la Eucaristía, enfundados en trajes y vestidos de novia de miles de pesos, cuando a pocos metros de la iglesia hay personas que no tienen ni lo esencial para vivir. A éso, esos mismos profesores le llamaban "ausencia integridad". Dicen que eres rico, que ganas muchísimo dinero y debe ser así, tengo para mí que no se te nota. Sigue pues tu camino, sigue dándole de patadas a la pelota si éso te hace feliz, sigue trazando, en público, sobre tu pecho y frente la señal de la cruz, y por lo de ayer, Chicharito campeón, ni te apures ni prestes atención /AE (publicado en Facebook el 16.X.2013 y en Mural.com el 19.X.2013)
¡MVH!
Cumples un año más y no sé qué decirte, y mucho menos -¡ay qué cosas!- cómo decirlo; y cuando a uno no se le ocurre nada, lo mejor, lo más adecuado, lo más práctico, es tomar prestadas ideas y palabras de otros; aquí dejo unas que -lo sé- te gustan tanto como a mí. Hoy, más que otros días, le doy gracias a la vida por ponerte a mi lado, por mantenerte junto a mí, por caminar conmigo el camino de la vida, ése camino que a veces se torna largo y cuesta arriba; por ser ése vaso de agua fresca, esa sonrisa que reconforta, ésa hermana que siempre está, ¡feliz cumpleaños, Tere!
sabes que esto cambiará
yo luché tanto tiempo por lograr lo que ahora
tengo
que es muy grande la ciudad
si no estás bien convencido
que querés llegar bien alto,aunque sea duro el
camino
y tenés que dejar a la gente que amás
y a ella que te mira con tristeza y alegria
y te dice que te valla bien, mi amor yo te espero
siempre te esperaré
Por favor no tengas miedo
y cuando todo sea adverso
pensando en vos voy a estar muy bien
para cargar sobre mis ombros
a este mundo que al fin
presa por la envidia y el odio
de la gente que no puede ser feliz
Y tenés que dejar a la gente que amás
y a ella q te mira contristeza y alegria
y te dice que te valla bien mi amor yo te espero
siempre te esperare...
#lavidamisma #¡aypinchevida!
Eu não posso mais ficar aqui
A esperar!
Que um dia de repente
Você volte para mim...
Vejo caminhões
E carros apressados
A passar por mim
Que não tem
mais fim...
Meu olhar se perde na poeira
Dessa estrada triste
Onde a tristeza
E a saudade de você
Ainda existe...
Esse sol que queima
No meu rosto
Um resto de esperança
De ao menos ver de perto
O seu olhar
Que eu trago na lembrança...
Preciso acabar logo com isso
Preciso lembrar que eu existo
Que eu existo, que eu existo...
Vem a chuva, molha o meu rosto
E então eu choro tanto
Minhas lágrimas
E os pingos dessa chuva
Se confundem com o meu pranto...
Olho prá mim mesmo e procuro
E não encontro nada
Sou um pobre resto de esperança
À beira de uma estrada...
Preciso acabar logo com isso
Preciso lembrar que eu existo
Que eu existo, que eu existo...
Carros, caminhões, poeira
Estrada, tudo, tudo, tudo
Se confunde em minha mente
Minha sombra me acompanha
E vê que eu
Estou morrendo lentamente...
Só você não vê que eu
Não posso mais
Ficar aqui sozinho
Esperando a vida inteira
Por você
Sentado à beira do caminho...
Preciso acabar logo com isso
Preciso lembrar que eu existo
Que eu existo, que eu existo...
...el alma y la vida de la gente...
Cuando te escribía el
otro día que tú y los moconetes habían sido la highligth de la vacación lo
decía en serio. Hoy, pasados los días, guardo silencio y me doy cuenta lo afortunado de tenerte en
mi vida, o mejor dicho: lo afortunado que soy al poder ser parte de la tuya y de la de los moconetes. Ayer en oyendo (sic) cantar a Mariza, me acordé de ti y de los niños, de los días en Vallarta, del Lunero, de la playa, las risas y los cigarros; me acordé con esa
canción tan entrañable -Chuva- que dice algo así como Há gente que fica na história da história da
gente e outras de quem nem o Nome lembramos ouvir / São emoções que dão vida à
saudade que trago Aquelas que tive contigo e acabei por perder / Há dias que
marcam a alma e a vida da gente e aquele em que tu me deixaste não posso
esquecer... yo –que no hablo bien portugués, pero algo entiendo, haría una traducción como muy libre que diría más o menos ésto: Hay gente que se encuentra en la historia de la historia de la
gente, y otras de quienes ni el nombre nos acordamos de oir / Son emociones que
da la vida, la melancolía que traigo, aquella que tuve contigo y acabé por
perder/ Hay días que marcan el alma y la vida de la gente… La canción ciertamente canta la historia de un amor
fracasado -creo- pero las frases sueltas aplican estupendamente a ésa gran amistad que
nos regalas a los que somos tus amigos. Si estás leyendo ésto es porque ya llegaron las flores -que no unos chingados e inútiles chocolates- para decirte ¡gracias! Gracias con todo el corazón a tí y a tus hijos por los días que me dejaron pasar con ustedes, días que, como dice la canción, marcan el alma y la vida de la gente. Que nos volvamos a ver pronto, Fernanda querida, para echar risas, y cigarros y y copas de vino y puestas de sol ■ AE
¡Tus (primeros) cuerentaycuatro!
Cunctis sua displicet aetas,
escribía Ausonio, o sea, que nadie está contento con su edad; lo mismo pensaba Jorge
Manrique: "cualquiera tiempo pasado fue mejor". Cuando veo a los políticos que andan en campaña colgando sus fotos fotochopeadas para quitarse diez años de
encima un foquito rojo chillón se me prende por dentro, pero al mismo tiempo comprendo que añoran su tiempo pasado. Ni siquiera los
niños del catecismo parecen conformes con su edad. Si les preguntas cuántos
años tienen, te dirán los que aún no tienen: "voy a cumplir doce". No sé, debe ser que
les corre prisa salir del presente para proyectarse hacia un porvenir sin
exámenes ni controles paternos... Hoy en la mañana, cuando desperté y recordé que mi Kike cumple años pensé que ésto no le pasa a él, que celebra sus cuarenta y cuatro vueltas al sol sin remilgos y caras largas. Cuestión complicada ésta de
la edad, que procuramos paliar con simplezas como "por ti no pasan los años"; "lo importante es la juventud de espíritu", etc. Lo cierto, es que muchos se
pasan media vida soñando en lo que harán cuando sean mayores y la otra media
añorando lo que hacían cuando eran jovencitos o lamentándose por no haberlo
hecho. ¿Y en medio? ¿Qué ocurre en medio? En medio -dicen- estalla la crisis. Un día
cualquiera, un chavo se dispone a afeitarse como todas las mañanas y mientras
piensa en lo que hará cuando sea mayor, descubre que la imagen del espejo es la
de un anciano ruinoso con bolsas en los ojos y arrugas hasta en los lóbulos de
las orejas. Quizá trate de convencerse de que todo es una alucinación; que para
que ese viejo desaparezca de su vida basta una cremita de Clinique y unos jeans
desgarrados a la altura de la rodilla… Volviendo a la crisis, supongo que todo
parte del miedo al presente. Mucho predicar el carpe diem y, en el fondo, parece que no supiésemos vivir al día,
sin temor al futuro ni añoranzas del pasado. No está mal echar una ojeada de
vez en cuando al espejo retrovisor, pero siendo conscientes de que el pasado no volverá. ¿Y el futuro? ¡Ay el futuro! Hay que
mirar hacia adelante, incluso más allá de nuestra probable fecha
de caducidad. El vistazo al futuro debe partir de la convicción profunda de que
lo único real es el hoy y el ahora. Ese presente es un regalo que Dios nos
hace, no para que lo consumamos como hedonistas que necesitan morir de
indigestión cada día, sino como hombres y mujeres de fe, que saben que ahora,
no ayer ni mañana, podemos tocar con la mano la eternidad. Ahora Dios me busca;
ahora me llama; ahora pide una respuesta. Ahora, a mis quince, treinta, o cuarenta y cuatro, como Kike ¿Y la crisis…?
No hay crisis con la edad, la edad es maravillosa, hoy mi Kike celebra sus
cuarenta y cuatro y yo los celebro con él ■ AE
Contemplativos y poetas, la belleza que salva al mundo...y cosas así
Me di una escapada a Austin para oír a tocar a mi
buen amigo José Luis Altamirano[1], tenía siete años que no lo escuchaba en
vivo y en todo éste tiempo no ha hecho sino componer y tocar mejor, cada vez
mejor. Al volver, en el silencio de la carretera, pensaba qué decir en éste mi
primer domingo en mi nueva comunidad parroquial[2].
Para variar, José Luis y su música (José Luis y su manera de componer y de
tocar, mejor dicho) me ayudan, ¡como tantas veces! A preparar mi homilía…
La
mayoría de la gente, incluidos los propios cristianos, comprendemos y admiramos
la labor humanitaria que desarrollan las órdenes religiosas dedicadas a la
educación y a la atención de enfermos, huérfanos, desamparados, desahuciados, y
un largo etcétera, pero muchos (empezando por los cristianos) se muestran
perplejos y no acaban de comprender a las órdenes religiosas entregadas a la
vida contemplativa y de oración y silencio, como María, la hermana de la
agitada Marta en el evangelio de hoy.
La
seducción de una cultura profundamente utilitarista y materialista, favorecen
todo tipo de prejuicios al respecto. ¿Para qué sirve que hayan unos miles de
personas, monjes y monjas, que vivan ocultos en silencio, dedicados a tiempo
completo a la oración? Esa gran mayoría, de mentalidad científica, técnica,
práctica y pragmática, también tienen serias dificultades para entender a los
poetas, a los filósofos, a los niños, a los románticos ¡a los músicos! –como
José Luis- y a los que nos sentimos remitidos a Dios al ver la naturaleza. “¿Para
qué sirven?”, “¿Qué beneficio reportan?”, ¿Se les cuenta en los censos?”. Vamos
a ser honestos: hemos sido absorbidos y masificados en la sociedad del consumo,
y nuestra mayor ilusión muchas veces es ganar cada vez más dinero para comprar
más: más casas, más coches, más moda, más engaños para rejuvenecer. Vivimos para
consumir ¿no hemos convertido el mundo en un inmenso supermercado en el que
todas las cosas tienen un precio y una utilidad, incluso nuestra fe? Sólo
apreciamos lo que se puede comprar y vender. Y así lo inapreciable, lo que más
vale porque no se puede comprar con dinero, lo despreciamos y dejamos al lado…por
inútil[3].
¿Para
qué sirven los cielos, los mares, los bosques, las montañas, los animales de
todo tipo? Interesa sólo la carne para comer o las pieles para vestir, pero se
desprecian todos los animales y plantas que no se pueden
"comercializar", es decir, vender y comprar. Interesa la madera de
los árboles o los minerales del subsuelo que son susceptibles de explotación.
¿Para qué sirven tantos millones de estrellas inalcanzables? ¿Para qué las
aguas de los océanos? ¿De qué sirve un hombre que se entrega al piano con
pasión y alegría? Estas preguntas interesadas, utilitarias, atrofian lo mejor
del hombre: su capacidad de admiración, de asombro, de contemplación de Dios y
su creación.
Hoy
por hoy, hermano mío, hermana mía, no buscamos tiempo para salir a contemplar
las maravillas de la naturaleza, tiempo para callar y llenarse de gozosa
contemplación ante el espectáculo del sol, las estrellas, los árboles, las
hierbas y flores, las aves y los insectos; el horizonte sin fin, el azul del
cielo, el verde del mar, la sinfonía de colores de la creación. No nos detenemos
a escuchar la música y con ella, a hacer oración, por eso es qu explotamos
aniquilamos, agotamos, estropeamos y degradamos lo más maravilloso, lo que se
ofrece a todos sin distinción de clase, de nación, de nivel de renta, de nivel
cultural...
Hay
una infinita variedad de placeres y gozos menospreciados por el mero hecho de
que no se pueden comprar y vender. No es extraño, por lo tanto, que no se
comprenda la vida contemplativa: nos hemos inventado un sistema de vida
consumista. Nos conformamos con comprar y tener y nos perdemos el espectáculo
impresionante de un mundo lleno de maravillas.
Afortunadamente
sobran las religiosas y religiosos contemplativos, como sobran los músicos, los
poetas y los pensadores, que necesitan muy poco para disfrutar en un mundo
sorprendente y maravilloso. Anoche que oía a José Luis entendí todo esto. Él y
el piano se hacen uno mismo, y se entregan (sic)
a los demás, a los que le escuchamos, de una manera maravillosa. ¡Qué corazón
tan generoso y tan grande tiene éste amigo mío! Anoche pensaba también que si
un día fallan los poetas y los que rezan y cantan –los contemplativos- ése día el
hombre habrá dado el primer paso de regreso hacia sus antepasados los primates.
Ese día habrá terminado la evolución y dará comienzo la involución, se pondrá
punto al progreso y se iniciará el regreso y la deshumanización.
Gracias,
querido José Luis, por tu música y tu cariño; gracias sobre todo por Inspiración, por tus palabras a la mitad
del concierto; gracias por la lección de anoche, gracias por ayudarme a
entender la importancia de la contemplación, la valía de los hombres y mujeres
que han dedicado su vida al silencio y a la oración; gracias por ser una de
ésos poetas que, con tu música, nos haces pensar en el amor y, sobre todo en el
Amor ■
[2]
El Sr. Arzobispo de San Antonio, Mons. Gustavo García-Siller, me pidió que
dejara mi querida comunidad de St. Vincent de Paul para venir a trabajar en el
Seminario de la Arquidiócesis y en una nueva comunidad parroquial: San Francesco
di Paola. Este es mi primer domingo como párroco en éste nuevo nombramiento.
[3]
Cfr. L. Betes, Dabar 1989, n. 38
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