Cuando te escribía el
otro día que tú y los moconetes habían sido la highligth de la vacación lo
decía en serio. Hoy, pasados los días, guardo silencio y me doy cuenta lo afortunado de tenerte en
mi vida, o mejor dicho: lo afortunado que soy al poder ser parte de la tuya y de la de los moconetes. Ayer en oyendo (sic) cantar a Mariza, me acordé de ti y de los niños, de los días en Vallarta, del Lunero, de la playa, las risas y los cigarros; me acordé con esa
canción tan entrañable -Chuva- que dice algo así como Há gente que fica na história da história da
gente e outras de quem nem o Nome lembramos ouvir / São emoções que dão vida à
saudade que trago Aquelas que tive contigo e acabei por perder / Há dias que
marcam a alma e a vida da gente e aquele em que tu me deixaste não posso
esquecer... yo –que no hablo bien portugués, pero algo entiendo, haría una traducción como muy libre que diría más o menos ésto: Hay gente que se encuentra en la historia de la historia de la
gente, y otras de quienes ni el nombre nos acordamos de oir / Son emociones que
da la vida, la melancolía que traigo, aquella que tuve contigo y acabé por
perder/ Hay días que marcan el alma y la vida de la gente… La canción ciertamente canta la historia de un amor
fracasado -creo- pero las frases sueltas aplican estupendamente a ésa gran amistad que
nos regalas a los que somos tus amigos. Si estás leyendo ésto es porque ya llegaron las flores -que no unos chingados e inútiles chocolates- para decirte ¡gracias! Gracias con todo el corazón a tí y a tus hijos por los días que me dejaron pasar con ustedes, días que, como dice la canción, marcan el alma y la vida de la gente. Que nos volvamos a ver pronto, Fernanda querida, para echar risas, y cigarros y y copas de vino y puestas de sol ■ AE

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