Chicharito, a mi no me gusta el futbol, nunca me ha gustado y con la ayuda de Dios nunca me va a gustar, pero como camino por las redes sociales, esta mañana voy leyendo lo que dicen de tí: de ahí tu foto y el título de ésta nota: ni te apures, ni prestes atención ¡Al contrario! Siéntete orgulloso y lleno de paz: lo que te pasa a tí, le pasó al Señor en su momento: los mismos que gritaban "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor" fueron los mismos que cinco días después clamaban enardecidos: "Crucifícalo, crucifícalo". Así es la raza de falsa y de tracionera, así somos (sí: somos, en plural), los seres humanos. A mí, Chicharito, me caes bien porque más de una vez te he visto profesar tu fe en público; he notado que no te da miedo ni te avergüenza el hacer delante de los demás (miles) la señal de la cruz ¡Bien por tí, campeón! Los profesores de moral en el tiempo seminario le llamaban a éso "virtud de la integridad". Los mismos que hoy te abuchean y que dicen que no vales un carajo, son los mismos que organizan bodas de miles de personas (sic) donde se desperdicia la comida y la bebida y, antes, celebraron la Eucaristía, enfundados en trajes y vestidos de novia de miles de pesos, cuando a pocos metros de la iglesia hay personas que no tienen ni lo esencial para vivir. A éso, esos mismos profesores le llamaban "ausencia integridad". Dicen que eres rico, que ganas muchísimo dinero y debe ser así, tengo para mí que no se te nota. Sigue pues tu camino, sigue dándole de patadas a la pelota si éso te hace feliz, sigue trazando, en público, sobre tu pecho y frente la señal de la cruz, y por lo de ayer, Chicharito campeón, ni te apures ni prestes atención /AE (publicado en Facebook el 16.X.2013 y en Mural.com el 19.X.2013)

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