Todo pasa y todo queda


Me contabas hace unos días los motivos –o el motivo principal- de tu viaje hasta Canadá. Y me diste mucho qué pensar. Tienes un corazón grande y generoso aunque, como a todos, a veces se te encoja porque tienes –también como todos- el piquete envenenado del pecado original. No pasa nada. Not big deal. Peor es ir por la vida con complejo de redentor, como iba el santo marqués de peralta (pido perdón por mi resistencia a escribirlo con mayúsculas). Todo pasa y todo queda. Hoy cumples años. Cuarenta y uno. Y yo me alegro contigo y por ti, y le doy gracias a Dios y a la vida (y también a la gente de la cosa, por qué no; Dios se vale hasta de lo malo para hacer el bien) por haber cruzado los caminos. Aún más, doy gracias porque tengo un hermano -tú- para caminar acompañado el camino, o al menos ésta parte del camino de la vida. Volteo hacia atrás y pongo atención al aqui y ahora, veo el momento en el que estamos parados y me acuerdo de los (entrañables) versos de Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Celebra éste año nuevo con los tuyos –¿existe una mejor compañía?- y guarda una certeza en tu corazón: éste hermano tuyo te quiere, te admira y hoy, ad altare Dei ad Deum qui laetificat juventutem meam, te recordará con especial cariño ¡Feliz cumpleaños, José! ■ AE



¡Muchos cuarentas más!


Es posible que alguien, alguna vez, piense que todo está escrito y que tiene mala suerte en su vida. Yo lo único que sé es que estamos hechos para amar y, sobre todo, ser amados. Así de cursi, y que nadie puede escapar a esa fatalidad, sea quien sea, sea como sea. Y eso es lo que pido para mi gente, sobre todo para mis amigos, especialmente para los amigosviejos (sic), con los que camino el camino desde que era apenas un niño. Conocí una mujer que no era ni guapa ni fea, ni gorda ni delgada, ni lista ni tonta…y pensaba, por timidez, que nunca se fijaría nadie en ella. Pero sí, alguien se fijó. Pasaron los años y quedó viuda, y escribió sobre ése primer encuentro en un aeropuerto “de pronto, él buscó mi mano y yo la suya: fue un momento mágico, como si una suerte de electricidad muy potente se canalizara a través de nuestras manos. Experimenté una sensación nueva, única, inexpresable y, a la vez, muy grata”.  Fantástico recuerdo que es algo más que un recuerdo. Cada uno tiene su biografía con sus miedos, sus complejos, sus buenos y malos rollos, sus fracasos y sus éxitos… pero nadie puede no amar, o sentirse incapaz de amar a alguien, o a algo. Es, sencillamente, imposible. Está en nuestra naturaleza. Deseo, pasión, intimidad, sentimiento, simpatía, afecto, apego, querencia, folia, ternura, hormona , feromonas o libido son algo más que palabras, son tuberías que están dentro de cada uno.  Y también está el que es más lanzado, o más tímido, más divertido o más aburrido. Hay quien es un romanticón, o el seductor más o menos patético, y el que es un enamoradizo que ve un farol con faldas y ya está diciendo tonterías, y está el triste, el que llora por cualquier cosa. Hay quien le importa todo un bledo, y el que es un obsesivo de zapatos lustrados y zapatos juego con el color de sus ojos. Hay quien le huelen los pies y eso le hace frágil y débil. La vida es un lío, pero hay que salir allá afuera y vivir en ese lío. Es como los audífonos del iPod que siempre se enredan de una forma inexplicable; les das la espalda un momento y, hala, ya están hechos un lío. Pues en la vida lo mismo, es cuestión de salir y vivirla, que ya te enredarás… ¿A dónde con el rollazo? Pues a que Corco cumple hoy cuarenta –me lleva la delantera unas pocas semanas- y yo me alegro por él y con él, y en pensando en él (sic) y en su familia, se me vino a la cabeza todo lo anterior, y lo quise escribir por si a alguien le sirve. Con Corco me unen muchas cosas, hoy pido a Dios que me unan muchas más durante el resto de vida que nos queden y luego en el más allá; y que hoy que cumple cuarenta y que ya ve en el horizonte el ocaso de la vida, le ponga en el corazón ése sentimiento que decíamos al principio: a ésta vida venimos a amar y a ser amados; que Dios no nos quiere ni apretando los puños ni mordiendo quijadas; pero sobre todo le pido y que le deje sentir, aunque sea a la distancia, el cariño de sus amigos que lo queremos, y mucho ¡Feliz cumpleaños, campeón, feliz cumpleaños, querido Corco! ■ AE 

Amores de gallina, miedos, Don Quijote y cosas asín


Hay verdades que duelen cuando se descubren. Y quizás mejor no descubrirlas.  Me refiero a esas personas que sacrifican su vida a un esposo, o a un amante, con el que no han tenido más intercambio interior que los que podía haber tenido un animal. Leía hace poco y no me acuerdo en dónde que hay animales que después de haberles quitado la cría que guardaban con amor entusiasta, al día siguiente la han sustituido dando calor a otra que ha llevado a su escondite, y a la que prodiga idénticos cuidados. A veces la sustituida no es una cría, es un objeto, un algo de lana, un ovillo, un muñeco. Ponían como ejemplo una gallina amorosamente encorvada sobre unos caracoles. El objeto no tiene importancia, el intercambio es una ficción. Es una histeria. También lo he visto en algún padre, o madre, que han proyectado sobre su hij@ una pasión enfermiza muy parecida a la de la gallina. El termómetro de la veracidad de esas relaciones está muy claro: si hay libertad, respeto al otro y oxígeno donde respirar, es amor. Si hay miedo (hay muchos tipos de miedos), algo falla. Y lo más grotesco es que los desdichados que son objeto anónimo de su entregamiento instintivo se creen escogidos, especialmente preferidos y queridos por sí mismos. El cine y la literatura están repletos de figuras así. Don Quijote ve en Maritornes un dechado de virtud y de pureza, de belleza y elegancia, pero la moza no era así....Cervantes la describe "Servía a la venta asimismo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta, y del otro no muy sana: verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas; no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera". Ni que decir como acaba Don Quijote con Maritornes...La trata con el respeto y gallardía de un caballero, pero Maritornes había quedado con el arriero para refocilarse un rato. Y el arriero, escondido, estaba alucinando con el abuelo loco... "Maritornes estaba congojadísima y trasudando de verse tan asida de Don Quijote, y sin entender, ni estar atenta a las razones que le decía, procuraba sin hablar palabra desasirse. El bueno del arriero, a quien tenían despiertos sus malos deseos, desde el punto que entró su coima por la puerta, la sintió, estuvo atentamente escuchando todo lo que Don Quijote decía, y celoso de que la asturiana le hubiese faltado a la palabra por otro, se fué llegando más al lecho de Don Quijote, y estúvose quedo hasta ver en que paraban aquellas razones que él no podía entender; pero como vió que la moza forcejeaba por desasirse, y Don Quijote trabajaba por tenerla, pareciéndole mal la burla, enarboló el brazo en alto, y descargó tan terrible puñada sobre las estrechas quijadas del enamorado caballero, que le bañó toda la boca en sangre, y no contento con esto se le subió encima de las costillas, y con los piés más que de trote se las paseó todas de cabo a cabo". Al final, a los humanos, la realidad nos coloca en nuestro sitio...a las gallinas no /AE

Y santo y santa y cal y canto y cosas asín

Hace pocos días leía en El Clarín una nota sobre las enfermeras del papa, todas ellas de la orden de San Camilo. Es una entrevista muy simpática y muy distendida. Una de ellas dice: "Yo lo conocí hace cincuenta años, cuando era seminarista y se formaba en la casa que los jesuitas tienen en San Miguel. Nosotras estábamos al lado (se refiere a la casa de San Camilo en la que se forman las novicias), y los veíamos jugar al fútbol. También fui a su ordenación, en 1969". La otra: "Yo también lo conozco desde que éramos jóvenes, en San Miguel los muchachos (se refiere a los seminaristas) nos pasaban el pan casero que hacían, los salames, era muy lindo". Seminaristas jesuitas que comparten los alimentos que hacían con novicias y religiosas de San Camilo. Tal vez resulte lo menos espiritual de la nota, pero es lo que nos hace ver ésa pequeña gran diferencia: ¡eran normales! Chicas y muchachos jóvenes que querían entregarse a Jesús y seguirlo de por vida y que se veían porque los parques de sus casas de formación coincidían y compartían alimentos, normalmente. No sé, vuelvo a leer la nota y me pregunto a mí mismo si no estará ahí –en la naturalidad, en las no-telarañas, en la convivencia respetuosa y alegre- el secreto de que hayan perseverado en el amor al Amor y hoy, cincuenta años después nos lo puedan contar. Y también pienso (pero hoy me dieron ganas de escribirlo) pienso en cierta institución, (una que conocemos bien) en la que debe haber no sé cuántos miles de kilómetros de distancia entre ellos y ellas. Y también me pregunto -no sin cierta tristeza- si no estará en esas telarañas (y en la maldición del rejalgar tan del gusto del fundador) el secreto por el cuál, desafortunadamente, much@s no logran perseverar ■ AE

Un cielo lindo de estrellas


Dice Merton (Diarios, 1956) que "muy probablemente el Libro de la Vida es, en último término, el libro que uno mismo ha vivido. Y si alguien no ha vivido nada, no se encuentra en ése Libro de la Vida". Hoy cumples años, Claus queridísima, y yo lo celebro, y en celebrándolo pienso en tu vida, y en tu libro, en tu Libro de la Vida. Vuelvo la vista atrás –no demasiado atrás, apenas unas semanas- y recuerdo que la última palabra que te escuché el día que nos despedimos fue un gracias lleno de cariño. Sabes, para mí la mejor señal de si una persona es feliz es si es agradecida. Tal cual. A mí me abruma la cantidad de cosas que me regala la vida: las personas que quiero, y que sé que me quieren, los hijos de mis amigos, el paisaje que se presenta improvisado, el libro que disfruto, la sobremesa, un recuerdo que me emociona... la memoria agradecida a todo lo que me ha sucedido. Me conmueve la vida, y saber que voy a morir me ayuda a ese agradecimiento. Hoy le doy gracias a Dios por éstos años -no muchos-que cumples. Tengo para mí que dar gracias es también una forma de rezar, y es que es cosa de niños eso de ser agradecido. El agradecimiento es la Comunión de los Santos. Una forma de coser retazos de nuestra vida buena y coserlos para llevarlos muy lejos, tan lejos como uno quiera llegar y sanar este mundo. No le llamemos, si quieres, Comunión de los santos, llámale de los buenos, o de la buena gente, o tener un corazón alerta, atento a escuchar al que pase por allí... Ua vez más: hoy le doy gracias a Dios por tus años, Claus, y porque las mejores cosas de la vida suceden de un modo natural, a veces por sorpresa (nadie dice "mañana me enamoro a las seis de la tarde"), otras se nos cruzan como de sopetón, la mayoría nos parecen una improvisación maravillosa: dormir, comer enchiladas en el jardín de la casa de los amigos, escuchar una sevillana que nos conmueve, emocionarnos al leer un verso que pasaba por allí, entusiasmarnos al mirar una obra de arte, festejar las chingaderas del Gordis, sentir admiración por una persona ejemplar, abandonarnos a la confianza de un buen amigo, amar, rezar a un Dios que siento como padre… son acciones que no admiten imposiciones, órdenes, forcejeos, coacciones o presiones. Son actos, en su mayoría, maravillosamente inconscientes. Por esa razón tenemos la impresión de que nos ha tocado la lotería, de estar viviendo bajo un cielo lindo de estrellas. A mí me ha tocado poder compartir el camino de la vida contigo, con RAC y con tus hijos. Lo celebro, me alegro y hoy, 25.III, te deseo el mejor de los cumpleaños■  AE

Sin miedo a la bondad y la turnura

Hay algo que no deja de sorprenderme y gustarme de Juan Pablo II, de Benedicto XVI y de Francisco: son hombres que tocan a la gente y se dejan tocar; acarician, abrazaban, besan. Y digo que me sorprende y me gusta porque yo vengo de cierta formación donde tocar, ya no digo acariciar, estaba mal visto: eso de entre santa y santo, pared de cal y canto y los cinco mil kilómetros de separación se vivía a rajatabla, y cuidadín el que no (hiciera caso). Hoy leo que Francisco nos dice que “no debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”, y entonces miro de reojo el evangelio y caigo en cuenta que Jesús tocaba a la gente, mucho, y se dejaba tocar: quería, lo manifestaba, y se dejaba querer. Son muchísimas las referencias que hacen los Evangelios a ese Jesús que sana tocando, imponiendo las manos, acariciando a personas a quienes aquella sociedad los tenía como excluidos: leprosos, pobres, enfermos, mujeres...Jesús se acerca,  se deja impregnar por el perfume de una mujer, sin poner mala cara, sin caérsele los anillos –que desde luego no usaba; es una expresión- importándole nada el qué dirán. No sé, tengo para mí que el Señor no se negaba a entregarse a multitudes deseosas de un contacto que les es negado y les hace sentir culpables. Es un clásico que en casi todos los sistemas de dominación “culpar a la víctima” es un mecanismo que se utiliza muy eficazmente… En una sociedad en la que estaba prohibido aproximarse a la impureza, Jesús la escandaliza con el cariño con el que se deja tocar por la mujer que padecía hemorragias. No sé, el que yo veo es un Jesús que es tocado por muchos, que pregunta “¿quién me ha tocado?”...a mi la escena me parece maravillosa ¡y mira que la he leído muchas veces!... ¿Por qué nadie me dijo que no tuviera miedo a tocar, y ser tocado? ¡Hasta hoy! Hoy me digo a mí mismo: toca, acaricia, besa, abraza, ama con gestos, y déjate querer. Si tu corazón es puro, no hay problemas. Si no lo es, ¡ay de ti! ■

(tal cual) lo escriben, (tal cual) lo copio


Para nosotros los argentinos, que estamos muy lejos del ‘centro del poder’ o, como dijo el papa Francesco, casi en el fin del mundo, sea muy impactante la elección del nuevo Papa. Al sacerdote Bergoglio lo conozco  desde hace años.  Me he cruzado con él en pasillos de alguna universidad, en un bus, en el subte (metro),  por la calle. Tiene  detractores, (por derecha y por izquierda en nuestro país) pero nadie podrá decir que no es una persona austera, coherente, que siempre ha estado al lado de los que más lo necesitaban y que ha hablado con absoluta claridad y coraje a los poderosos. Para nosotros era una de las pocas reservas morales que nos quedaban. Ahora debemos compartirla con todos los católicos y personas de bien del planeta. Y nos queda una rara sensación. Orgullo, por cierto, por el papa argentino, pero también tristeza porque ya no estará en forma exclusiva, a nuestro lado en estos dificilísimos momentos que nos toca vivir ¡Dios sabe más!  Sólo quiero rescatar unas ideas que planteó en la Santa Misa que celebró para los cardenales en el Vaticano: caminar, edificar, confesar a Jesús y el crucifijo. Si no tenemos en cuenta esto –señaló (palabras más, palabras menos)-  podemos convertirnos en una suerte de ‘ONG’ piadosa.  Y yo me permitiría agregar a ‘piadosa’  las palabras ‘poderosa e infértil’. Ustedes sabrán a qué ‘ONG’ aplicarla. Con orgullo, con pena y haciendo el esfuerzo  de tener una visión sobrenatural que me permita superar esto, les pido que recemos por este sacerdote que fue una guía para nosotros en los momentos difíciles y que ahora ya no tenemos a nuestro lado porque Dios ha querido que acompañe y guíe a todos los católicos ■

Cristianismo y burlas y cosas asín


Nunca antes me había caído tan como-anillo-al-dedo éste (maravilloso) texto de Chesterton: "El cristianismo ha muerto varias veces y ha resucitado otras tantas, porque Dios conoce el camino para escapar del sepulcro. No es que haya sobrevivido durante dos mil años. En realidad ha renacido en Europa al menos en cinco ocasiones: con los arrianos y los albigenses, con los humanistas escépticos, después Voltaire y antes Darwin. Cinco revoluciones que arrojaron la fe a los perros y en cada uno de los cinco casos no pereció la fe, sino que perecieron los perros”  Y yo añado: A pesar de nuestras miserias, el cristianismo sobrevive a todos sus enterradores ■ AE

Vayamos por partes, que diría Jack el destripador.


Que el Opus Dei se equivoca en muchas cosas no debe sorprender a nadie, al fin y al cabo (el Opus Dei) está formado por seres humanos y los seres humanos nos equivocamos cuando menos diez veces al día (lo de que se equivocan no lo digo de oídas, "si digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano" que dice mi mamá); lo que sí sorprende es que uno de sus miembros –uno de los famosos, además- nos venga a decir que el Papa está en una crisis espiritual. Es curioso, cuando un numerario dice o escribe algo notable o valioso, el Opus Dei rápidamente asevera con  un "claro, los hijos de Dios en el Opus Dei poseen una sólida formación teologica anclada en una profunda ortodoxia, y sirven a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida que tanto le gustaba decir a nuestro Santo Fundador (sic)", pero cuando hay algo mal dcho, o mal escrito, o equivocado, el Opus Dei rápidamente hace una especie de legal disclaimer: "Los miembros del Opus Dei son completamente libres para expesar sus ideas". ¿O sea que para lo bueno sí somos todos hermanos, pero cuando alguien se equivoca no?  Cualquiera se preguntaría de dónde obtiene este señor la autoridad para juzgar la conciencia ajena. La habitual soberbia con que se hace esto en el Opus Dei le ha cegado hasta el punto de juzgar, precisamente, al vicario de  Cristo en la tierra... Esclavo de sus prejuicios ha decidido hacer pública su (¿blasfema?)opinión.


A continuación el texto del Sr. de la Cierva:

Una traición a la tradición

YAGO DE LA CIERVA, EL MUNDO, 12/02/2013

El único modo en que se consigue entrever qué puede pasar por la mente y el corazón del Papa es una crisis espiritual. Una decisión así no se improvisa. Quizá deberíamos haber prestado más atención a sucesos que podrían haber encendido la luz roja. Como su respuesta en una entrevista de 2010 diciendo que podría llegar a ser un deber de conciencia dimitir, si no se es capaz de llevar a cabo la misión. Después, la paulatina pero constante cancelación de tareas que son centrales en el ministerio papal. Benedicto XVI se ha ido encerrando en su mundo cada vez más, el mundo de un profesor interesado sobre todo en el desafío intelectual de explicar la fe cristiana a los que ya creían, y presentar un Dios razonable a tantos que le desconocen. Y, progresivamente, la Secretaría de Estado ha ido asumiendo el gobierno de la Iglesia. En el último periodo, incluso los temas centrales en su Pontificado (la liturgia, la vuelta a la Iglesia de los tradicionalistas, las fronteras de la ortodoxia católica) han ido adquiriendo forma sin su intervención directa.

Pero renunciar es harina de otro costal. Porque por mucho que otros cinco papas lo hubieran hecho antes, no se pueden comparar. Por mencionar sólo la última: no tiene nada que ver la dimisión de Celestino V, un monje prácticamente secuestrado para ser Papa y que duró poco más de un día en el trono de Pedro, con la trayectoria de Ratzinger, uno de los colaboradores de Juan Pablo II en Roma durante 26 años, y que ha dirigido la Iglesia por casi dos lustros. Ni el mundo ni la Iglesia de hoy tienen puntos en común con la de hace siete siglos. No: la decisión de Benedicto XVI no tiene precedentes. Descartemos una enfermedad sobrevenida, por un motivo muy sencillo: lo habría dicho explícitamente. Descartemos también que tenga algo que ver con la crisis de los abusos sexuales, porque él mismo había dicho que en ningún momento dimitiría por ese motivo: «No se puede huir en el momento del peligro», afirmó tajante. Tampoco la fuga de documentos pontificios, que puso contra las cuerdas la seguridad del Vaticano y la fidelidad de los colaboradores más cercanos al Papa. A diferencia de su antecesor, Benedicto XVI hablaba con muy pocas personas. Descubrir que gente de su más estrecha confianza había abusado de ella ha debido de ser un golpe terrible. Pero no parece suficiente.

¿Será entonces la falta de fuerza física para dirigir la Iglesia católica? Muchos han interpretado que han impulsado al Papa motivos de salud: camina con dificultad, arrastrando los pies; no ve por el ojo derecho; y los problemas cardiovasculares que le aquejan desde los años 90 los ha mantenido a raya sólo gracias a un régimen de vida muy estricto; y todos los achaques de casi 86 años. Sin embargo, habría sido muy sorprendente que la causa principal fuera una enfermedad, sobre todo después de haber presenciado la agonía de años y en directo de Juan Pablo II. Joseph Ratzinger ha sido testigo en primera fila de que la decadencia física no es obstáculo para ser Papa. En plena agonía de Wojtyla, afirmó que el magisterio del Papa, cuando no podía ni hablar, era más elocuente que la mejor de las encíclicas.

En realidad, Benedicto XVI ha hablado de falta de vigor de cuerpo y de espíritu. Si hubiera que poner el acento en uno de los dos, elegiría el segundo. El único modo en que se consigue entrever qué puede pasar por la mente y el corazón del Papa es una crisis espiritual. Crisis espiritual, porque si hay algo que este Papa ama es la tradición. Se ha esforzado con denuedo para que las reformas del Concilio Vaticano II no se interpreten en clave rupturista sino en comunión con la tradición; se ha volcado para que la liturgia actual no rompa sus lazos con la de siglos anteriores. Y ahora rompe con esa tradición de manera neta, completa, radical. Ha tomado una decisión que cambia el futuro del Papado para siempre: a partir de ahora, sus sucesores se verán presionados como nunca hasta ahora. Ha roto con su predecesor, Juan Pablo II, que siguió a pesar de los pesares. Y si ese «seguir hasta el final» fue una de las manifestaciones más elocuentes de la santidad de Carol Wojtyla, ahora muchos fieles no comprenderán por qué su sucesor, en mucho mejor estado de salud que Juan Pablo II, entiende que su deber es renunciar.
Ruptura también con el pensador al que Benedicto XVI más debe: San Agustín. Uno de las principales aportaciones del santo de Hipona al cristianismo es la doctrina sobre la gracia. En polémica con Pelagio, que subrayaba la importancia de las fuerzas del hombre para hacer el bien, San Agustín destaca que lo más importante es la gracia, lo que hace Dios y no lo que hace el hombre. Y Benedicto, al renunciar por falta de fuerzas, da más peso a lo que pueda hacer un Papa que a lo que pueda hacer Dios a través de él. Sabemos ahora que Benedicto XVI ha rumiado durante un año esta decisión. Ha debido de ser un periodo horrible para él, de contradicción interna, de debate entre la tradición que había recibido de sus predecesores, y lo que él veía como mejor para la Iglesia. Los problemas de dentro y de fuera le han convencido de que hace falta un Papa vigoroso. Pero la crisis ha de ser profundísima: se ha debido sentir completamente inerme ante la fuerza de la Historia, y ni siquiera su fe en la providencia le ha convencido para continuar «hasta que Dios quiera».

Su conocimiento de la historia pasada y de la situación actual de la Iglesia le impiden ignorar que la elección del siguiente Papa será mucho más «política» y menos espiritual. Para algunos, ha tenido el coraje de romper con los precedentes: un tradicionalista contra la tradición. Para otros le ha faltado la coherencia hasta el final, y deja la tristeza que se aprecia cuando se escucha la noticia de un hombre de 85 años que se divorcia, porque ya no puede aportar nada a su matrimonio. Pero en cualquier caso, deja una Iglesia sorprendida, entristecida y dolorosa por la punzante noticia, que no se atreve siquiera a pensar si el Papa ha hecho bien o ha hecho mal, sino que confía en que el Espíritu Santo sepa guiar a la Iglesia para escribir una página completamente nueva de su bimilenaria historia.

Yago de la Cierva es profesor de Comunicación de la Iglesia de la Santa Cruz de Roma y fue director ejecutivo de la JMJ de Madrid en 2011




Pues bien, señor de la Cierva, vayamos por partes, que diría Jack el destripador: 

1. Usted nos dice que el Papa Benedicto XVI es prácticamente pelagiano y que sufre una crisis espiritual, ¿sabe? el único peligro de pelagianismo dentro de la Iglesia Católica reside en la institución a la que usted pertenece: hacer un plan de normas a diario con el único afán de ir al cielo eso es materialismo encubierto, ahí no hay espíritu, no hay abandono, y la Providencia es una entelequia más, entelequia que usted nunca degustará mientras siga en su actual encorsetamiento espiritual.

2.  Habla usted de crisis espiritual en uno de los teólogos más grandes en la historia de la Iglesia Católica... en realidad no me extraña una afirmación así si habitualmente usted alimenta su espiritualidad con Camino, libro de escasa profundidad teológica hecho a base de máximas pietistas y pueblerinas ¿no hace falta recordar o traer a colación lo que opinaba H.U. von Balthasar del librito del fundador, verdad? Perdone usted que no lo escriba con mayúscula. Fundador hay uno y no nació en Barbastro. 

3. Usted se ha dedicado durante años en algún Colegio Mayor de Madrid a impartir doctrina católica a partir de guiones previamente preparados; usted pertenece a una institución donde no puede decir ni pensar con libertad ¿y nos viene a decir que el Papa pasa por una crisis espiritual? Hay que tener mucha cara dura para afirmar algo así. Crisis, Sr. de  la Cierva, crisis es la que tiene ahora mismo el Opus Dei: 25.000 numerarios cuando falleció su fundador (1975) y hace un par de años menos de 16.000... ¿En dónde hay crisis, allá o acá?

4. Aún más: ¿de qué cultura habla usted cuando en toda su vida no ha trabajando en otra cosa que no sean corporativas del Opus Dei? ¿Su gran éxito fue sustituir a Millán al frente de la Comunicación en el IESE? Usted no lo ha hecho tan bien ¿eh? Cuentan quienes le vieron, que en la última charla que dió le contaron hasta siete faltas de ortografía en su Power Point ¿dónde quedó el amor por las cosas pequeñas? Ni qué decir de su presencia en la JMJ, del 2011, de su artificiosa calma y sus lentes con ademán de seminarista de los años 30: qué salto al estrellato más malo y qué poco tono humano en un hijo de Dios en el Opus Dei. 

...En fin, para qué seguir escribiendo, ¿qué le puedo yo decir a usted decir si tiene que pedir permiso para todo, incluso para leer ésto? Me molesta -y profundamente- que hable usted de libertad ¿De qué libertad habla? ¡Por favor! Usted nunca saboreará ni La Libertad última de Víctor Frankl, ni la Libertad operativa de López Quintás, ni La Libertad interior de Jacques Philliphe por mucho que la recomiende vivamente a sus supernumerarios de turno, y es que los directores no le darán permiso de leer éstos títulos. 


Usted, Sr. de la Cierva lo que deberían hacer -acompañado por Mons. Echevarría; dicho sea de paso- es seguir el ejemplo del Papa y retirarse; déjarse usted de cursos de retiro y cositas varias y hable con Aquél en el que dice usted creer, a ver en qué términos quedan. Y luego viene y nos cuenta, a ver si hay alguien que tenga interés en leerlo. Le dejo, por cierto, las fotos que publica hoy L'Osservatore Romano, ¿crisis, dice usted? ¿qué crisis? ¿de qué habla? La gente -el pueblo de Dios, en el que, por cierto, nunca vemos al Opus Dei- no se manifiesta de ésta manera cuando percibe una crisis ■ AE






Posdata: ¡Ay! ¡Casi lo olvidaba! Si va a usted a hablar de crisis, le sugiero que comienze por comentar el tema en alguna tertulia con Mons. Echevarría. En una entrevista recientemente publicada su excelencia trata de explicar que el cambio en su vida no le vino del encuentro con Dios, con Jesucristo; ni siquiera en su calidad de sacerdote (¡!), sino de su encuentro con San Josemaría y/o el Opus Dei. Quisiera pensar que para un cristiano –y cuanto más para un sacerdote- el encuentro personal con Jesús es un momento clave y central en su vida, en el que valdría la pena o en lo cual querría abundar un poco, desafortunadamente solo atina a decir: "En 1955 me ordené de sacerdote". En toda la entrevista, lo más cercano a Dios es cuando dice, a propósito de su inexperiencia para ser el custode del padre: "…Pero me fié de la gracia de Dios y del discernimiento del Padre"...

Como datos curiosos, en toda la entrevista aparecen las palabras:

-Padre/San Josemaría: 21 ocasiones
-Obra/Opus Dei: 9 ocasiones
-Dios/Jesucristo: 5 ocasiones, y 4 de ellas hablando de lo santo de San Josemaría…

Tengo para mí que este es precisamente es el (raquítico) modelo de santidad que el Opus Dei ha logrado crear y transmitir: no el encuentro con Jesucristo, sino el encuentro del tipo asemejarse/identificarse con Escrivá de Balaguer y la obra por él creada. Una pena  ■ AE


C&C (consustancial a Cristina)


Hay gente que tiene un duende especial, un porte, un don, una guapeza (sic) que hace que trasmita un algo que atrae a los demás. No tiene nada que ver esa atracción con el dinero, ni con la posición, y muchísimo menos con la edad. Es algo consustancial a esa persona. Es natural, no es artificioso. No hay barroquismo, ni protocolos que se han estandarizado. Es de cuna. Esas personas entran en un lugar y llaman la atención; quienes las ven intentan saber quién es. Los he conocido en todo tipo de profesiones, algunas de las que llaman humildes, y tienen un señorío que atrae. Pero lo que (me) fascina de esta gente es que intuyes una vida interior que se manifiesta en sus actos. Así es Cristina que, por cierto, hoy celebra nosécuantas vueltas de la tierra al sol (el número da igual), y yo me alegro con ella y por ella y la celebro a la distancia, al tiempo que le pido a Dios que la cuide y la conserve en ése señorío y esa grandeza y ése porte y ésa simpatía; con gente como ella ¡cómo no! hay razones para el optimismo ■ AE 

Una vuelta más al sol


Hoy es el día en que Roberto mi hermano le da una vuela más al sol, y (yo) me pregunto cuántos giros más le quedarán a él ya mí. Yo cumplí treintaynueve (sic) hace unos meses. Hubo una época que jugué mucho al juego ése de dar vueltas alrededor de unas sillas en círculo, siempre faltaba una para poder ocupar, con una ansiedad expectante por estar atento al escuchar alguien que daba una palmada, y ocupar asiento , si no querías quedar de pie, abandonado y expulsado del juego, que es el vivir. Alguien me llamó de la oscuridad y del silencio, y salí a la luz en un momento en el que ya comencé a rotar alrededor de unas sillas, frenético, con los ojos atentos al hueco, desasosegado, inquieto, y con el oído tenso... - ¡Plas!- sonaba un aplauso , que se parece más al que bates las palmas para matar una mosca. Y tú seguías sentado, y a tu lado un tipo, de pie, con los ojos desorbitados, desaparecía del grupo, para regresar a lo oscuro y a las tinieblas exteriores. La palmada se había chingado al mosquito. Adiós. No sé. Tengo para mí que llevo treintaynuevevueltas, treintaynueve aplausos, y cada vez quedan menos sillas. Siempre faltará una. Y un día será la mía. A  este correr sin sentido dando vueltas alrededor del sol algunos le llaman baile. La vida es un baile al que se nos ha invitado graciosamente. No sé yo si este correr en círculo es una fiesta, quizá sí. Quizá no, pero tengo para mí –y por eso lo escribo hoy, porque RAC cumple años y yo lo celebro- que hay algunos que la viven de una manera espléndida y llena de amor; que juegan al juego de las sillas pero pensando en los demás, preocupándose más por los otros que por sí mismos. Roberto es uno de ellos y –perdona lo incisivo- yo lo celebro y me alegro /AE



25.III.2012


Me encontré hace poco con una de las mejores obras de María Zambrano, Delirio y Destino, y me emocioné porque en leyéndola (sic) me recordó el veinticinco de Marzo, y yo debo escribir. Debo escribir porque es el cumpleaños de la mujer de mi hermano. Vuelvo a leer y la vuelvo a recordar: "Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo". 
Tengo para mi que la admiro profundamente porque es una mujer sin doblez, una mujer transparente. Otras serán sus cosas que no van, pero es mujer de una sola pieza. Y hoy cumple años. Y yo me alegro y lo celebro, con letras, música y mucho cariño ■ AE

Vida y destino

El titulo de la entrada es el mismo que una de las mejores obras que me he encontrado sobre la amistad, y es de Vasili Semiónovich Grossman, (Berdichev 1905- Moscú 1964). Grossman, fue un prominente periodista, escritor y corresponsal de guerra soviético de origen judío. Comenzó a escribir historias cortas mientras estudiaba en la Universidad Estatal de Moscú y más tarde siguió su actividad literaria al mismo tiempo que trabajaba como ingeniero en la región ucraniana de Donbas.

A mediados de los años 30, Grossman dejó su trabajo como ingeniero y se dedicó en exclusiva a la escritura. Durante la Gran Purga algunos de sus amigos y parientes cercanos fueron detenidos, incluida su compañera. Durante meses solicitó a las autoridades su liberación, cosa que ocurrió en 1938. Durante la Gran Guerra Patriótica, acompañó al Ejército Rojo durante su ofensiva como corresponsal de guerra para el periódico Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) desde junio de 1941 hasta Berlín en 1945. Grossman describió la limpieza étnica en Ucrania y Polonia, y la liberación de los campos de concentración de Treblinka y Majdanek. Su artículo El infierno de Treblinka fue usado en los juicios de Núremberg como evidencia de la persecución que ejercía el régimen nazi. Después de la guerra participó en El Libro Negro, un proyecto del Comité Judío Anti-Fascista para documentar los crímenes del Holocausto, pero dicho proyecto afrontó dificultades de la censura soviética. Al final el proyecto de este libro fue suprimido en 1948. Tiempo después escribe Por una causa justa, una novela basada en sus vivencias como corresponsal de guerra, luego Grossman escribe la segunda parte, titulada Vida y destino que es considerada su obra cumbre, y donde muestra realistamente los estragos causados por el totalitarismo nazi y el soviético durante la II Guerra Mundial.
Grossman murió de un cáncer al estómago en Moscú en 1964, ignorando aún si Vida y destino sería alguna vez leída por el público.

La amistad en el trabajo, la amistad en la actividad revolucionaria, la amistad en un largo viaje, entre soldados, en una prisión de transito, donde entre el recuerdo y la separación discurren solo dos o tres días, pero el recuerdo de esas horas se conserva durante años .La amistad en la alegría, la amistad en el dolor. La amistad en la igualdad y en la desigualdad.

¿En qué consiste la amistad? ¿Es una simple comunidad de trabajo y destino? A veces el odio entre miembros de un mismo partido cuyas ideas solo se diferencian en pequeños matices es mayor que hacia los enemigos del partido. A veces los hombres que van juntos a la batalla se detestan mas entre ellos que al enemigo común .Y del mismo modo a veces el odio ente prisioneros supera al odio que estos sienten por sus carceleros. Lo cierto es que los amigos se encuentran la mayoría de las veces entre aquellos que comparten el mismo destino, la misma profesión, los mismos objetivos, pero concluir que es esa comunidad lo que determina la amistad seria un tanto prematura.

¿Pueden establecer lazos de amistad dos caracteres completamente diferentes? ¡Por supuesto! La amistad a veces es una relación desinteresada.

La amistad a veces es egoísta, otra está marcada por el espíritu de sacrificio; pero lo extraño es que el egoísmo de la amistad aporta un beneficio desinteresado a aquel del que se es amigo, mientras que el sacrificio de la amistad es esencialmente egoísta.

La amistad es un espejo en el que el hombre se contempla a sí mismo. A veces, mientras conversas con un amigo, te reconoces a ti mismo: es contigo mismo con quien hablas, es contigo con quien te relacionas.

La amistad es igualdad y afinidad. Pero al mismo tiempo es desigualdad y diferencia.

Existe una amistad práctica, eficaz cuando hay un trabajo colectivo, en la lucha común por la vida, por un trozo de pan.

También está la amistad por un ideal elevado, la amistad filosófica entre interlocutores contemplativos, entre personas que trabajan en campos diferentes, cada uno por su cuenta, pero que juzgan la vida con criterios idénticos.

Es posible que una amistad elevada aúne la amistad activa – la del esfuerzo y la lucha – y la amistad de los interlocutores contemplativos

Los amigos siempre se necesitan el uno al otro, pero no siempre piden lo mismo a la amistad. Los amigos no siempre quieren la misma cosa de la amistad. Uno ofrece al otro su experiencia, el otro se enriquece con esa experiencia. Uno, al ayudar a un joven amigo, débil e inexperto, toma conciencia de su propia fuerza y madurez, en tanto el otro reconoce en el amigo el propio ideal de fuerza, madurez, experiencia. Así, en la amistad uno da, mientras que el otro se alegra por los regalos.

Ocurre que un amigo es una instancia tacita que ayuda al hombre a entrar en relación consigo mismo, a encontrar la felicidad en sí mismo, en sus propios pensamientos que se vuelven inteligibles, tangibles gracias a que encuentran un eco en el alma del amigo.

La amistad de la razón, la amistad contemplativa, a menudo exige de los amigos unidad de pensamiento, pero esta afinidad no es obligatoriamente total. A veces la amistad se expresa en la disputa, en las divergencias.

Cuando los amigos son idénticos en todos los aspectos, cuando se reflejan el uno en el otro, la disputa con el amigo será una disputa con uno mismo.

Amigo es aquel que justifica tus debilidades, tus defectos e incluso tus vicios; es aquel que confirma tu equidad, tu talante, tus meritos.

Amigo es aquel que, amando, desenmascara tus debilidades, tus defectos y tus vicios.

La amistad es, pues, aquello que fundado sobre lo semejante, se manifiesta en las diferencias, las contradicciones, las desemejanzas. En la amistad el hombre aspira a recibir de forma egoísta aquello que él no posee. En la amistad el hombre aspira a dar aquello que posee.

El deseo de amistad es inherente a la naturaleza humana, y aquel que no sabe establecer vínculos de amistad con las personas, los tendrá con animales, perros, caballos, gatos, ratones, arañas.
Un ser dotado de una fuerza absoluta no necesita amigos; evidentemente, ese ser solo puede ser Dios.

La verdadera amistad no depende de que un amigo se siente en un trono o que, derrocado de dicho trono, vaya a parar a prisión. La verdadera amistad se corresponde con las cualidades del alma y es indiferente a la gloria, a la fuerza exterior.

Múltiples son las formas de la amistad y múltiple es su contenido, pero hay un fundamento sólido en ella: la fe en el carácter inquebrantable del amigo, en su fidelidad. Por ello es particularmente bella la amistad allí donde el hombre celebra el Sabbat. Allí donde el amigo y la amistad son sacrificados en nombre de los más altos intereses, el hombre, declarado enemigo del ideal supremo, pierde a todos sus amigos, pero conserva su fe en su único amigo.

He querido transcribir éstas ideas porque en leyéndolas (sic) iba recordando a un amigo con el que me siento entrañablemente unido y al que le debo unas líneas por su cumpleaños. Más de alguna vez – ¡gracias a Dios!- me han preguntado si somos hermanos de sangre. Sí, lo somos. Somos hermanos de sangre y de espíritu porque nos unen muchas cosas en la sangre y en el espíritu, porque con él he podido convivir, viajar, y hasta ponerme enfermo y de malas. Este gordo, como dice el texto de Grossman, ha justificado mis debilidades, mis defectos y mis vicios, pero que al mismo tiempo ha confirmado mis meritos. Cuando hace un tiempo nadie daba un quinto por mi vida, Roberto –y también su esposa; enorme mujer- me enseñaron que la amistad se corresponde con las cualidades del alma y es indiferente a la gloria y a la fuerza exterior.

En éstos días en que todavía escuchamos los ecos de tu cumpleaños, querido Roberto, como otras veces (qué pobre soy que siempre ando pidiendo prestado) le pido unas palabras a Sabina, y te digo con todo el corazón –corazón lleno de agradecimiento y alegría- que en éste aniversario tuyo, y siempre. 

...Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena... ■ AE