Un cielo lindo de estrellas


Dice Merton (Diarios, 1956) que "muy probablemente el Libro de la Vida es, en último término, el libro que uno mismo ha vivido. Y si alguien no ha vivido nada, no se encuentra en ése Libro de la Vida". Hoy cumples años, Claus queridísima, y yo lo celebro, y en celebrándolo pienso en tu vida, y en tu libro, en tu Libro de la Vida. Vuelvo la vista atrás –no demasiado atrás, apenas unas semanas- y recuerdo que la última palabra que te escuché el día que nos despedimos fue un gracias lleno de cariño. Sabes, para mí la mejor señal de si una persona es feliz es si es agradecida. Tal cual. A mí me abruma la cantidad de cosas que me regala la vida: las personas que quiero, y que sé que me quieren, los hijos de mis amigos, el paisaje que se presenta improvisado, el libro que disfruto, la sobremesa, un recuerdo que me emociona... la memoria agradecida a todo lo que me ha sucedido. Me conmueve la vida, y saber que voy a morir me ayuda a ese agradecimiento. Hoy le doy gracias a Dios por éstos años -no muchos-que cumples. Tengo para mí que dar gracias es también una forma de rezar, y es que es cosa de niños eso de ser agradecido. El agradecimiento es la Comunión de los Santos. Una forma de coser retazos de nuestra vida buena y coserlos para llevarlos muy lejos, tan lejos como uno quiera llegar y sanar este mundo. No le llamemos, si quieres, Comunión de los santos, llámale de los buenos, o de la buena gente, o tener un corazón alerta, atento a escuchar al que pase por allí... Ua vez más: hoy le doy gracias a Dios por tus años, Claus, y porque las mejores cosas de la vida suceden de un modo natural, a veces por sorpresa (nadie dice "mañana me enamoro a las seis de la tarde"), otras se nos cruzan como de sopetón, la mayoría nos parecen una improvisación maravillosa: dormir, comer enchiladas en el jardín de la casa de los amigos, escuchar una sevillana que nos conmueve, emocionarnos al leer un verso que pasaba por allí, entusiasmarnos al mirar una obra de arte, festejar las chingaderas del Gordis, sentir admiración por una persona ejemplar, abandonarnos a la confianza de un buen amigo, amar, rezar a un Dios que siento como padre… son acciones que no admiten imposiciones, órdenes, forcejeos, coacciones o presiones. Son actos, en su mayoría, maravillosamente inconscientes. Por esa razón tenemos la impresión de que nos ha tocado la lotería, de estar viviendo bajo un cielo lindo de estrellas. A mí me ha tocado poder compartir el camino de la vida contigo, con RAC y con tus hijos. Lo celebro, me alegro y hoy, 25.III, te deseo el mejor de los cumpleaños  AE

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