Para nosotros los argentinos, que estamos muy lejos del ‘centro del poder’
o, como dijo el papa Francesco, casi en el fin del mundo, sea muy impactante la
elección del nuevo Papa. Al sacerdote Bergoglio lo conozco desde hace años. Me he cruzado con él en pasillos de alguna
universidad, en un bus, en el subte (metro),
por la calle. Tiene detractores,
(por derecha y por izquierda en nuestro país) pero nadie podrá decir que no es
una persona austera, coherente, que siempre ha estado al lado de los que más lo
necesitaban y que ha hablado con absoluta claridad y coraje a los poderosos. Para
nosotros era una de las pocas reservas morales que nos quedaban. Ahora debemos
compartirla con todos los católicos y personas de bien del planeta. Y nos queda
una rara sensación. Orgullo, por cierto, por el papa argentino, pero también
tristeza porque ya no estará en forma exclusiva, a nuestro lado en estos
dificilísimos momentos que nos toca vivir ¡Dios sabe más! Sólo quiero rescatar unas ideas que planteó
en la Santa Misa que celebró para los cardenales en el Vaticano: caminar,
edificar, confesar a Jesús y el crucifijo. Si no tenemos en cuenta esto –señaló
(palabras más, palabras menos)- podemos
convertirnos en una suerte de ‘ONG’ piadosa.
Y yo me permitiría agregar a ‘piadosa’
las palabras ‘poderosa e infértil’. Ustedes sabrán a qué ‘ONG’
aplicarla. Con orgullo, con pena y haciendo el esfuerzo de tener una visión sobrenatural que me
permita superar esto, les pido que recemos por este sacerdote que fue una guía
para nosotros en los momentos difíciles y que ahora ya no tenemos a nuestro
lado porque Dios ha querido que acompañe y guíe a todos los católicos ■

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