Y santo y santa y cal y canto y cosas asín

Hace pocos días leía en El Clarín una nota sobre las enfermeras del papa, todas ellas de la orden de San Camilo. Es una entrevista muy simpática y muy distendida. Una de ellas dice: "Yo lo conocí hace cincuenta años, cuando era seminarista y se formaba en la casa que los jesuitas tienen en San Miguel. Nosotras estábamos al lado (se refiere a la casa de San Camilo en la que se forman las novicias), y los veíamos jugar al fútbol. También fui a su ordenación, en 1969". La otra: "Yo también lo conozco desde que éramos jóvenes, en San Miguel los muchachos (se refiere a los seminaristas) nos pasaban el pan casero que hacían, los salames, era muy lindo". Seminaristas jesuitas que comparten los alimentos que hacían con novicias y religiosas de San Camilo. Tal vez resulte lo menos espiritual de la nota, pero es lo que nos hace ver ésa pequeña gran diferencia: ¡eran normales! Chicas y muchachos jóvenes que querían entregarse a Jesús y seguirlo de por vida y que se veían porque los parques de sus casas de formación coincidían y compartían alimentos, normalmente. No sé, vuelvo a leer la nota y me pregunto a mí mismo si no estará ahí –en la naturalidad, en las no-telarañas, en la convivencia respetuosa y alegre- el secreto de que hayan perseverado en el amor al Amor y hoy, cincuenta años después nos lo puedan contar. Y también pienso (pero hoy me dieron ganas de escribirlo) pienso en cierta institución, (una que conocemos bien) en la que debe haber no sé cuántos miles de kilómetros de distancia entre ellos y ellas. Y también me pregunto -no sin cierta tristeza- si no estará en esas telarañas (y en la maldición del rejalgar tan del gusto del fundador) el secreto por el cuál, desafortunadamente, much@s no logran perseverar  AE

No hay comentarios: