Libros de hamaca y cocotero

Un buen amigo –que además es estupendo lector- me decía el otro día que personalmente no creía en libros de verano como tal, pero sí en libros de invierno que se hacen poco llevaderos en medio de la canícula. En este apartado incluía a casi toda la novela francesa del siglo XIX; ocurrencia que nos hizo reir. Algo de razón tenía cuando explicaba que uno se mete más en ambiente cuando lee esas novelas cubierto con una manta. En fin, cada cual con lo suyo. Hoy, pensando qué recomendarle a mi buen amigo Héctor, que lee junto al mar, llegué a la conclusión de que el verano es un buen momento de lectura. ¿Qué leer en verano? Temáticas relajadas, ambientes frescos… El humor siempre es bienvenido; dramatismos, los justos… Los relatos de aventuras pueden encajar bastante bien en estas necesidades. Pero si tuviera que elegir libros de hamaca y cocotero, sin perder un grano de calidad, lo tendría claro: la trilogía que rememora la estancia en Corfú de Gerald Durrell: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Hermano de Lawrence Durrell -célebre autor de El cuarteto de Alejandría-, zoólogo y naturalista, Gerald no pretendió sino dejar constancia de la fauna y la flora que fue descubriendo mientras vivía en la isla griega, cuando aún era un muchacho. Pero cometió el error ―según sus propias palabras― de introducir como personajes a los miembros de su propia familia, que, en poco tiempo, acabaron por adueñarse de las páginas de estos libros. Las vivencias griegas de los Durrell quedaron para la posteridad en una magnífica mezcla de retrato de costumbres, escenas hilarantes y biología de campo entusiasta tras los ojos de un chico. Por mucho tiempo que pase, el lector no podrá olvidarse de la autenticidad que desprende la historia, del magnífico toque de sabiduría que derrocha la figura materna (“mi madre insiste en que explique que es viuda, porque según su sagaz observación, nunca se sabe lo que puede pensar la gente”), de la caricatura semi-maléfica y desternillante del hermano mayor que iba de intelectual, de Spiro y otras criaturas autóctonas…La trilogía de Corfú es verde, azul y blanca; es falsamente ingenua, optimista y amable; es mar, tierra y piel… Verano en sí misma. “Estos libros huelen a sandía”, leí el otro día que decían ■ ae
Ayer me encontré Las bibliotecas perdidas, de Jesus Marchamalo, y no me pude resistir y empecé a echarle un vistazo. Elegí un artículo al azar: "En las horas de oficina"; que cuenta (narra y contabiliza) los escritores que dedicaron gran parte de su vida a un trabajo de despacho, burgués y corriente. Tipos como Pessoa, Kafka, Stevens, Rulfo, Benedetti o Kavafis repartieron su tiempo entre la literatura y las tareas de funcionario público o vendedor de seguros. Muchos tenían un horario cómodo, otros tenían que pelearlo, y otros, cómo no, sencillamente escribían en horas de oficina. Contra la idea romántica del escritor que vive para la literatura afincado en una loma solitaria del mediterráneo, donde el sol baña su amplia terraza con vistas a una playa solitaria, este articulito de Marchamalo empuja a pensar que "el sosiego de lo vulgar" aviva la imaginación y que "los entornos aburridos son los mejores para escribir". A raíz de estos comentarios recordaba la época en que ayudaba a un profesor de la universidad con sus publicaciones. Fue una época agridulce, repleta de dificultades de principiante (¿a esto se dedican los profesores de universidad?) y descubrimientos tardíos (de vocación: poeta). Una biblioteca callada, repleta de investigadores como envasados al vacío, un pila de libros indescifrables (Sprachen sie Deutsch?) y un tema (¿hay algo más vulgar que la moda?) que no me convencía nada, pero nada, nada. Y fue precisamente en ese entorno donde empecé a leer y escribir (y sigo aprendiendo). Por eso cuando miro el blog, tan abandonado, el cuaderno de notas en blanco pienso que ha cambiado algo, aunque todavía no sé muy bien el qué • ae
Describe la perla por la que arriesgas tu vida allá en lo hondo –le pedí al joven buceador de pulmones de acero.—Es tan valiosa —me dijo—, que sería la joya en el palacio de un príncipe. Mi choza es el palacio de un príncipe porque, mientras que estoy allá en lo hondo, ella está allí, cocinando al mediodía, regando las macetas por las tardes. Por las mañanas se levanta conmigo y sale hasta la puerta a despedirme. El sol brilla sobre su pelo negro. El viento mueve su pelo como las olas de un mar muy alto. A veces he querido regalarle un collar con las perlas que voy sacando, pero ella no las quiere. No quiere más collar que el de mi abrazo ■ Sobre un microrrelato de Raúl Brasca.

Lo callado

Es mejor quedarse callado: a veces las palabras hacen daño. Entonces el silencio propio es reparador y conforta escuchar, leer, ver. Va uno llenándose de nuevo de sonidos, de palabras y de colores, y todo es más lento y hermoso. Palmeras, azul, mar. Al atardecer el paisaje se vuelve ámbar fugazmente, como un semáforo que anuncia la noche. La noche callada.Aunque la isla es pequeña, basta olvidarla un poco para echarla de menos. Un par de meses sin visitar un pueblo, una playa o un barranco los convierten en nuevos al regresar. Durante ese tiempo han estado también callados, recomponiéndose, enjoyándose.Como tras un punto y aparte, vuelvo a escribir. Vuelvo a leerme ■ ae
Ocurrió en una calle del centro. Un hombre sucio y maloliente tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo se encontraba su boina, con la esperanza de que las personas que pasaran por allí le arrojasen algunas moneadas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar alguna melodía, pero era imposible identificar a cuál se refería, debido a lo desafinado que se encontraba el violín y a la forma aburrid en que lo tocaba.Un famoso solista, que junto a su mujer y a unos amigos, salían de un teatro cercano, se pararon frente al hombre que tocaba el violín. Todos arrugaron la cara al escuchar esos sonidos tan raros. Y no hicieron otra cosa que reírse. Así que la esposa del solista le pidió a su marido que si podía tocar algo. El marido le echó una mirada a las pocas monedas que había en el interior de la boina del pobre hombre y decidió hacerlo.Le pidió el violín y él se lo prestó con cierta tristeza. Lo primero que hizo el solista fue afinar. Y después con mucho saber tocó una melodía muy bonita con el viejo instrumento. Los amigos empezaron a aplaudir y las personas que pasaron por allí comenzaron a agruparse para ver aquel espectáculo. Al escuchar la música las personas de las calles cercanas también se acercaron y de pronto se abarrotó el trocito de calle por el pequeño concierto.La boina no se llenó sólo de monedas, sino también de muchos billetes. Mientras el solista creaba melodías tras melodías con mucha alegría. El pobre hombre estaba aún más feliz y no paraba de dar saltos de alegría y de decir:-¡Ése es mi violín! ¡¡Ése es mi violín!!Lo cual era cierto ■ Leído en Lo que ha llovido, Númenor, 2009, escrito originalmente por una nña de 14 años.


Algunas cosas -las principales- no se pueden, no se deben escribir. Otras son para los amigos. El resto, a la calle, al olvido, al silencio

Como ayer, como hoy

Sí: no podemos escribir hoy como se escribía ayer. No podemos escribir un soneto de Lope, una comedia de Moratín, ni siquiera una novela de Baroja.Pero podemos seguir leyendo a Lope, a Moratín, a Baroja...No podemos escribir La Odisea ni la Iliada, pero nos sigue asombrando su lectura.El hoy es diferente del ayer. ¿Diferente?Quizás hoy es todavía ayer, y hoy de pronto es ya mañana. Y siempre es siempre.Extrañezas del tiempo ■ ae

About suffering they were never wrong/ the Old Masters (W.H. Auden)
En un rincón del Museo de Bellas Artes de Bruselas hay un cuadro titulado La muerte de Ícaro del grandioso Pieter Brueghel el Viejo. A simple vista recorremos un plácido paisaje con un labriego en primer plano que maneja serenamente su arado. Otra figura pasea ensimismada a cierta distancia y, más a lo lejos, se ve una bella ciudad costera. Una nave cruza un mar verdelado y bruñido. El cielo es tan brillante que el sol podría estar en cualquier parte. La mirada se anega en ese pequeño mundo de tranquila felicidad. Sólo al cabo de un rato nos acordamos del título y buscamos al hijo de Dédalo que, al fin, aparece ridículamente apartado en un rincón. Mejor dicho: sólo sale medio cuerpo suyo, dos patitas que se agitan afanosas entre espumas, como rompiendo el hechizo del agua. Son apenas dos piernas y el resto, boca abajo y sumergido. Nuestra primera impresión es que al pintor de paisajes le importaba un rábano el tema mitológico y que de esta forma se quiso reír de la triste suerte de Ícaro. Pero no es así. El cuadro muestra lo que vemos; pero no lo que ve él: un mundo de locura siniestra, de endriagos y monstruos marinos de ojos de fuego que se pasean alrededor de su cabeza hundida. Mientras su piel se deshace lentísimamente, sus ojos no se acostumbran nunca a ese movimiento vidrioso de las criaturas que lo rodean. Algunos lo mordisquean, pero otros prefieren pasar de largo y volver después para atormentarlo eternamente. La respiración falta, pero nunca lo suficiente para morir del todo. Arriba, por milagro del artista, sus piernas se mueven y no se mueven. Ícaro está vivo desde que fue pintado. Pero abajo está pidiendo socorro ante lo que, desde hace cinco siglos, está viendo en las profundidades y jamás ningún ojo humano pudo retratar ■ ae
Se murió el de Paso de los Toros, y a los pocos dias y me encontré con U y lo pasamos muy bien, como siempre. Luego, camino a casa, me acordé de aquellos entrañables versos y pensé ponerlos aqui, sni más, esperando que me lea y que pronto volvamos a encontrarnos. Compañera, usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos ni hasta diez sino contar conmigo (...) Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted, es tan lindo saber que usted existe (...), y cuando digo esto quiero decir contar aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco. No ya para que acuda presurosa en mi auxilio, sino para saber a ciencia cierta que usted sabe que puede contar conmigo ■ ae y, desde luego, mario benedetti.
Más de algun@ me ha tachado de antiguo. No lo niego, aunque en realidad lo que uno defiende son las tradiciones que deben ser respetadas porque nos protegen. La tradición es la memoria de la Historia, borrar eso significa ir al caos. Pero las cosas no suceden derrepente depronto. Cuando lamento que se haga trizas una tradición estoy pensando en el futuro. Cuando se pudre una raíz deberíamos sentir lástima por esas flores que se secarán mañana. Es sufrir por los días que no existirán. No son muchas las tradiciones que hay que preservar, pero las que hay que preservar son vitales. Esta crisis viene de lejos, y no es ideológica, no está provocada por las derechas ni por las izquierdas, no es algo del capitalismo feroz, o del intervencionismo socialista. Está es la crisis de gente que ha olvidado que hay algo más que trabajar para ganar dinero, el forrarse a cualquier precio. Es la crisis del que ha olvidado la familia como un puerto seguro, los mayores como alguien sagrado a quienes debemos mucho y a quienes debemos venerar, los niños como la alegría del mundo, la política como servicio, y no como oportunidad, lo sagrado que hay en la Tierra y en nuestras vidas, comenzando por los demás. Los detalles y el cantarle al amor. Y cada vez más se promulgan más leyes para intentar domar a esa bestia que llevamos dentro, que la hemos dejado crecer e ir a sus anchas, con un voracidad y una sed infinita de vivir a toda costa y que no respetar a nada ni a nadie...excepto si me pillan. Cada vez más, está pasando ya, sólo podremos vivir debajo de esa jaula que llaman “ el imperio de la LEY”. La tradición era una ley no escrita que todo el mundo sabía por qué las cosas eran como eran. Son palabras que ya no tienen sentido: respeto, responsabilidad, palabra, la fiesta unida a la familia y a mi gente... ■ www.youtube.com/watch?v=QMoYx8TAj7U
Si después de todo no hay nada más allá de la muerte, si todo empeño es inútil y todo esfuerzo baldío, sirviendo en el más afortunado de los casos para dejar una memoria de sí mismo que durará algunos milenios, lo mejor será vivir apaciblemente, sin desear nada ni pretender nada, dejarse vivir como se deja que pasen las nubes suavemente, silenciosamente, sintiendo la brisa ligeramente cálida del existir, el placer simple y natural de respirar, descansar o dormir, la sencilla maravilla de ver la luz y los colores o tocar las cosas y sentir los perfumes. Y a los otros, verlos como se mira al paisaje, un paisaje de almas, dejándolos ser como se deja ser al árbol al que no se quiere talar. Amigos en amable compañía pasajera, como el que se sienta al lado en un banco, el banco de la vida que transcurre lentamente. Todo afán nos priva del vivir, del vivir en sí mismo que se percibe ociosamente, sintiendo lo más cotidiano. La paz del alma, la paz de existir sin dolor ni necesidad, la paz de dejase vivir y morir como el día. Vivir sin esfuerzo y morir con dulce abandono. Combatir sólo el dolor ■ ae
Tan distintas son las mañanas… unas veces son noches extendidas hacia el alba, días que se prolongan hasta el nuevo sol… -en algún momento llegara el sueño breve que rompa el curso. Otras veces son renaceres, nuevas vidas que se nos regalan después de un sueño feliz y abandonado… -estrenamos un alma renovada, rebosante, dispuesta a disfrutar el nuevo día-. Los idas rompen entonces en la almohada como las lentas olas en el dique, haciéndose espuma blanca de sueños, lluvia invertida hacia el cielo nocturno de la fantasía. Mañanas amorfas e indecisas que uno quisiera evitar, prolongando el sueño, el dulce estupor del sueño hasta la hora en que ya solo cabe esperar otra vez la noche. Y mañanas de angustia y pesadumbre ante el día amenazante, con su reto ineludible que destruirá mas aún nuestra entereza, que arrastrará mas abajo nuestra esperanza. Mañanas que nos despiertan cansado, impulsados ciegamente, como única alternativa, al suicidio cotidiano. Y las dulces mañanas de cuando niño, absolutos despertares, nacimientos repetidos, cuando cada día era nueva la vida que lentamente se iba definiendo mientras nuestra madre nos recordaba que había que tomar el desayuno y prepararse para ir a la escuela. Y mañanas de la vejez, cuando la vida ya no importa, cuando importan mas los sueños, los dulces sueños que nos traen escenas de nuestra vida pasada, felizmente recompuestas… -aquellos rostros jóvenes, aquellas personas queridas…- Mañanas que intencionadamente prolongan los sueños hasta que la luz del nuevo día deja las evidencias del ocaso en nuestro horizonte -ese dolor de huesos, la náusea de las mañanas… Hay tantas mañanas distintas como edades en nuestra vida, como estados en cada edad… hay tantas mañanas distintas… como estados en la mar ■ ae
Por aguas trasparentes de increíble color turquesa voy nadando en superficie mirando el fondo del mar. Un paisaje subacuático de gran belleza se aparece. Pirueta abajo y me sumerjo. Unas rocas blanquecinas se elevan sobre un arenal inmaculadamente blanco; un banco de diminutos pececillos nada lentamente alrededor de las rocas. Me acerco y me miran todos a la vez, sincronizados, como si de un único ser se tratase, quizás sorprendidos, como si un dios hubiese penetrado en su mundo. Es tal la luz que hay en el agua que parece realmente una atmósfera sólo algo más densa que la exterior. Miro arriba y la superficie es un espejo brillante que no deja ver afuera. Siento, por un momento, lo mismo que debe sentir un pez en este sosegado mundo submarino, ignorante del mundo que transcurre más allá de ese espejo brillante que le limita: mundo para el que no está hecho. Y pienso en el hombre, y me pregunto si ese maravillosos cielo azul es también su frontera. Pero lo mismo que el pez, que a veces salta fuera del agua y se asoma a nuestro mundo, también nosotros sabemos saltar en la noche para mirar las estrellas y la oscura distancia. Tampoco ahí, en esa noche eterna sembrada de estrellas, podemos vivir nosotros, ni podría vivir nadie. No, el cielo azul no es la frontera; son las estrellas, todas las estrellas en el cielo negro, la verdadera frontera. Mas, !que salto tan inmenso para el hombre! ¿Quien podría darlo? Y sin embargo dicen que más allá hay otro mundo y que un dios desde allí se sumergió una vez en la Tierra. Y dicen también que se puede vivir intensamente feliz al lado de aquel dios extraordinario. No sé, yo me pregunto si el pez es feliz viviendo en su pecera al lado del hombre… El aire se me acaba, no estoy en mi mundo, tengo que volver. Yo sólo sé respirar en la tierra, y como el pez en su mundo bajo el mar, soy feliz a mi manera en mi mundo bajo las estrellas ■ ae



Alguien nos recordó hoy -alguien igual de grande que tú- que es trece de Mayo y que cumples años. No dijo "que sería tu cumpleaños", sino que cumples, porque vives para siempre. No sólo con Él, sino además en el recuerdo de muchos de nosotros que te queremos. Yo especialmente te quiero y te recuerdo ■ ae
No hace falta adentrarse en las espesuras de las Elegías para entender qué hay de romántico en Rilke y por qué Heidegger, en "¿Y para qué poetas?", lo tomó como modelo de lo que él llamaba "pensar". La mirada postmetafísica que Heidegger admiró en él -esa mirada sabedora de que las estructuras del pensamiento y del juicio "olvidan el ser"- es la que nos abre este sencillo poema, perteneciente a la obra Mir zu Feier, escrita en los últimos años del siglo XIX. Existe -parece decirnos Rilke- una manera de mirar y decir el mundo que no es deudora de la voluntad de dominio: es la mirada que nos permiten los ojos de la piedad y la poesía.

Yo temo la palabra de los hombres.
Expresan cada ser con claridad:
esto se llama perro y eso casa,
aquí está el principio, allí el final.

Me hacen temblar su espíritu y su burla.
Lo saben todo: lo que fue y será.
Y ninguna montaña piensan única.
Y sólo Dios limita su heredad.

No os acerquéis a ellas, advertía.
Me gusta oír el canto de las cosas.
Queréis tocarlas, mudas y ateridas,
y así es como matáis todas las cosas.
Viendo esta foto me acordé de los entrañables versos de Miguel Hernández,

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero

Y me quedé pensanfo en la maravilla que supone tener amigos para caminar el camino ■ ae

A veces siento ganas de llorar y no sé si es de tristeza o de alegría. Pero no lloro; y es mejor así. Pasa un poco de tiempo, respiro, e intuyo que en el fondo no es ni una cosa ni la otra: es la esperanza la que me emociona. Es lo bueno de caer, de sentirte acabado y herido. En el mismo momento en el que un amigo te ayuda a levantarte comienzas a ver las cosas de otra forma: sólo desde ahí abajo, a ras de suelo, ves cuánto te queda realmente para ponerte de nuevo en pie. Cuando uno está así, tan emocionable, la felicidad se atisba con una claridad apabullante. Da hasta miedo y parece tan posible como volver a caer ■ ae
No sé si haga falta explicarlo mucho. Pienso que no. Quienes me siguen sabrán lo que me cuesta marcharme de aqui. Sabrán entender que hoy le pida a otro que escriba -que cante- por mi.

As coisas vulgares que há na vida
Não deixam saudades
Só as lembranças que doem
Ou fazem sorrir
Há gente que fica na história
na historia da gente
e outras de quem nem o nome
lembramos ouvir
São emoções que dão vida
A saudade que trago
Aquelas que tive contigo
e acabei por perder
Há dias que
marcam a alma e a vida da gente
e aquele em que tu me deixaste não posso esquecer
A chuva molhava-me o rosto
Gelado e cansado
As ruas que a cidade tinha
Já eu percorrera
Ai... meu choro de moça perdida
gritava à cidade
que o fogo do amor
sob chuva
há instantes morrera
A chuva ouviu e calou
meu segredo à cidade
E eis que ela bate no vidro
Trazendo a saudade
■ Chuva, Mariza

Me habían recomendado los haikus de Susana Benet. En cuanto pude me asomé a la biblioteca en busca de su libro y encontré otro que no era, pero que también es. En lugar de Lluvia menuda, he leído Faro del bosque. Más de 60 haikai de los que he entresacado algunos para dejarlos por aquí. El primero es puro haiku, recuerda a Basho y su habilidad para captar las pequeñas maravillas de la naturaleza. También el segundo participa un poco de ese espíritu, pero reconozco que lo elegí por otras razones. El resto tienen otro estilo, de retrato cotidiano en el que Benet se mueve como pez en el agua. A veces rompe los esquemas de la métrica habitual del haiku, pero las imágenes iluminan -como ese faro al que alude en el título- los pequeños claros del bosque de la vida corriente. ¡Y cuánta luz reflejan!

Si parpadeo,
se ocultará en la grieta
la lagartija.

En el jardín,
tras el viento y la lluvia,
queda el perfume.

Qué pequeño es
ahora aquel cuarto grande
de mi niñez.

Leyendo esquelas
se va hundiendo el anciano
en el periódico.

Si yo pudiese
apagar el recuerdo,
vería la noche.

Hoy un destello,
un instante, mañana
seré una foto.

Aunque no estés
qué agradable tocar,
plegar tu ropa.

Ver las petunias
también es una parte
del desayuno ■
la ilustración del texto es de mi buen amigo pepe ruiz, de quien esperemos -pronto- ver su obra completa on-line
Y un día descubres que uno de verdad, de verdad de verdad, lo que se dice de verdad, no ha sufrido nunca en su vida. No sé lo que es la enfermedad, la pobreza, el hambre, la muerte, la desgracia desprevenida...¡tantas cosas! Es un descubrimiento que nace de observar la vida de otros que sí, que sí de verdad, han sufrido y sufren. Cuando ves eso, y lo tocas de cerca, caes en la cuenta que tienes que andar con ojo a la hora de dar lecciones de tipo moral, religioso o espiritual. Esos tipos- yo he sido de ellos- que se atreven a recetar consejos con una alegría y descaro propios del imbécil. Propios de gente que goza de una salud excelente, y una vida facilona. Muy preocupados, eso sí, por la salud de los demás. La espiritual. Como la enfermedad, o las tribulaciones de la vida no te han hecho considerar la parte que tiene el cuerpo en los estados del alma -¡importantísima!-, los tipos atribuyen todo a la “voluntad”, a la “virtud”,”al ideal”, a la “vocación de padres, o de esposos, o de laicos comprometidos”, a esa cosa que se llama “entrega”, y que nadie sabe exactamente qué significa (excepto los de UPS o FederalExpress). En fin todo depende de mil cosas, todas muy espirituales, que provienen de su dichosa vitalidad, que es como un insulto. Descubrir eso es jodido: descubrir que mi alma ha sido más ingrata con su cuerpo cuanto más generoso ha sido éste conmigo. Por eso, a callar y aprender. El dolor está muy cerca ■ www.cultureunplugged.com/play/1081/Chicken-a-la-Carte
Me ha pasado, profesionalmente, algo muy bueno, que no podré desvelar hasta el martes en que firme. Pero a alguien se lo he contado, y me ha impresionado lo que me ha comentado un amigo al que tengo por sabio. "¿Le has dado las gracias a Dios? acuérdate que una vez curó a 10 leprosos y sólo uno lo buscó para darle las gracias". Tenemos salud, alegría, capacidad de sorpresa, curiosidad, ropa, tecnología, sol, médicos, no nos falta comida diaria (como está el patio…) y nos queremos mucho. Conozco dramas terroríficos, no demasiado lejanos, y no tengo más remedio que reconocer que soy un privilegiado, que no se merece nada, pero que me lo dan todo. Y encima de vez en cuando el buen DIos me obsequia regalos maravillosos, profesionales y personales. No quiero caer en la blandita cursilería, solo decir que es de bien nacidos ser agradecidos. Ya llegarán las vacas flacas. Seguro. Y entonces, sin entender nada, también tendremos que aprender a dar las gracias. Porque todo, todo todito todo, es un regalo ■
¡el mundo está al revés!


inque meum semper stent tua regna caput

Los amantes viven sin sentido. El amor es un vicio y, como vicio, no ama a quien puede librarle de su enfermedad. Aunque ella, si alguna vez estuvo enferma, ya se ha curado. Él, no. ¿Qué es ella para él? Su casa, la poderosa hermosura y las palabras que mienten. ¿Y él para ella? Creo que ni él mismo lo sabe. Ella ha nacido sólo para que él se duela y pase las noches en blanco. ¿Por qué la quiere sin adornos? ¿Por qué dice que la pura forma se basta a sí misma? Seguramente, no porque así la vea más hermosa, sino para que otros hombres no se fijen en ella. Pero resulta un empeño imposible: quien la ve, sólo con verla, peca; para no desearla, tendrían que estar ciegos. Recela hasta de lo que nada es, hasta de su misma sombra. Los celos son insoportables. Es capaz de irrumpir en casa de ella al alba y de buscar señales en el lecho para ver si no ha dormido sola. El amor tiene efectos (metafísicamente) devastadores: el amante ve en sí mismo la nada. Siente la imposibilidad de amar a otra, y de necesidad hace virtud: cuando se convence de que ella ya no le hace caso, obstinado, se propone servir a un largo amor; vivo, será de ella; muerto, lo seguirá siendo. Su fe última será la misma que su fe primera. Ésa será su gloria. La seguirá amando, incluso cuando, muerto ya, sus huesos ardan en la pira funeraria. A veces, cree sentirse libre o, al menos, con ánimo para buscar el olvido a través del estudio o poniendo entre él y ella el tiempo y la distancia, el paso de los años y el inmenso espacio de los mares. O le dice a ella, diciéndoselo a sí mismo, que no era tan hermosa, que fue él quien, con sus versos, le dio la hermosura. O se complace imaginándosela vieja, con los senos caídos y con las arrugas desfigurándole el rostro. Pero es otro empeño imposible. Los reinos de Cintia estarán siempre sobre su cabeza ■
A medias entre la leyenda urbana y la realidad está la historia -terrible- de la prostituta que escribió a su cliente una dedicatoria con su lápiz de labios en el espejo de un lavabo de un hotel cinco estrellas, “AIDS,¡bienvenido al club!”. Hay gente que despechada por no poder curarse, odiando al mundo y a ellos mismos, sólo le queda el remedio de tomarse la triste venganza de contagiar su mal. Si no crees en nada ni en nadie, si la vida ha sido injusta con uno, ¿qué razón hay para que no corran otros la misma desgracia que yo?. En el libro Más grandes que el amor de Lapierre y Collins, se citan unos cuantos ejemplos que abrasan los ojos, para bien y para mal. No hace falta tener SIDA para contagiar todo lo que se mueve. Bajo la máscara de la moral, del arte y de la religión, ¡cuántos esfuerzos despliegan a diario corazones infectados para hacer contagioso su mal incurable!. Detrás de muchas leyes, de muchos guiones, de mucha literatura y de mucho cine hay mentes enfermas preocupadas en normalizar su podredumbre y su excepcionalidad. Pintores, filósofos, arquitectos, políticos, poetas, novelistas y cantantes que, además- ¡absurdo!- en lugar de inspirar compasión y asco, reciben alabanzas, premios y vítores. Mejor no citar nombres ilustres. Está bien que renuncien a su curación, probablemente no la tenga, pero su pureza sería negarse a difundir el mal. Pero, me temo, ya es tarde. En el espejo de muchos corazones ya está escrito “¡bienvenido al club!” ■

Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias

Cuenta la leyenda -estremecedora- que a la sibila de Delfos Apolo había prometido el obsequio de cumplir su mayor deseo: ella solicitó no morir nunca y también padeció los horrores de una senectud interminable, hasta que convertida en una suerte de grillo amojamado acabó como juguete de los niños. Los chavales la tenían encerrada en una jaulita, que zarandeaban gritando entre carcajadas: "Sibila...¿qué quieres?", y acercando el oído podían escuchar un chirrido estridente y agónico: "¡quiero morir, quiero morir!".

De niño y en el colegio y en casa me enseñaron a encontrar a Dios en los acontecimientos. Pero el escándalo del mundo, mis propias miserias tantas veces repetidas, sin milagros que las curaran, el espectáculo de los bienes y males que caen indistintamente sobre justos y pecadores, derrumbaron esa fe ingenua y superficial en la Providencia. Después busqué a Dios dentro de mi: en la emoción religiosa, en la experiencia de encontrarle al alcance de mi corazón. La emoción, cuando se provoca, es humo. Tampoco funcionó: la Providencia interior decepciona tanto como la exterior, al menos a mi. Y hoy, que ya no puedo creer en un Dios que calla fuera y dentro de mi, que me ofrece en la creación un espectáculo de armonía como para no dudar de Él, y un espectáculo de caos como para nunca poder comprenderlo del todo, hoy, lo identifico con el silencio. Fuera de los remolinos del mundo exterior y del mundo interior...en el SILENCIO. Rechazo todas las caricaturas que viví hasta hoy: un Dios que lo arregla todo, que cubre las apariencias, que abusa de su autoridad, o que carece totalmente de ella. Rechazo a esos creyentes que lo son con toda su impiedad, los que el afán desmedido de preservar y eternizar su miserable “yo” les lleva a buscar los “consuelos” de la fe. Sólo el silencio ■
Todos somos iguales, una mezcla de bien y de mal, el trigo y la cizaña. Sin viesen la película de nuestra vida, en más de una ocasión se asombrarían de nuestra buena fe, incluso de nuestras pequeñas heroicidades, de nuestra sinceridad, pero también si viesen la película de nuestra vida pensarían “¡ay! !,¿pero cómo ha podido caer tan bajo?,¿cómo ha podido hacer eso?. Es así. Somos así. El hipócrita niega ser como los demás y pretende que se le identifique sólo y por entero por sus virtudes. El sepulcro blanqueado...en él no hay mezcla, hay enmascaramiento, fingimiento, simulación y engaño. Pero, la mayoría de ellos no consiguen mantener el engaño durante mucho tiempo y, entonces, los identifican por entero por sus pecados. En la película de nuestras vidas... ■
Conozco gente que se encuentra empantanada en el mal ( uno mismo lo estuvo, quizás lo esté). A veces les compadecemos o queremos abrumarlos con razones que les saquen de la ciénaga, pero lo primero que necesitamos saber es si realmente desean liberarse del barro que les ahoga. Hay miserables, alguno he conocido, que tienen los miembros en el fango, pero su mirada, impotente y torturada, sigue levantada al cielo. Me parece -es sólo mi opinión ¿eh?- que a los ojos de Dios ese hundimiento, y esa mirada, vale más que esos otros hundimientos más dramátcos y profundos en materia más apreciada a los ojos de los hombres: la virtud social, el sentido de la dignidad y de las conveniencias, la pose burguesa y conservadora como fachada. No sé cuál es peor mierda. Prefiero el pecado que encadena mis miembros, pero me deja mirar al cielo y llorar, a esas virtudes que “ciegan” y satisfacen y no saben de lágrimas ni de perdón. Ciegos que guían aotros ciegos, me parece que dijo Alguien. No estoy del todo seguro ■ ae
Cantándole a los sueños que tenía y que un día la vida me los regaló cantar con los amigos que quería cantar, codo con codo, la misma canción. Puede ser que la tierra que nos vió nacer sea cómplice en nuestra forma de ser un poco trovadores y bohemios locos enamorados, cantamos sin querer. Siempre asi, te cantamos siempre asi un universo lleno de ilusiones un mundo nuevo lleno de canciónes y el corazón entero para ti. Siempre asi, te cantamos siempre asi olvídate de la melancolía ven a cantar lo hermoso de la vida que mi canción la guardo sólo para ti. Te podría contar que es por casualidad no te sabría decir la verdad porque cantando llego hasta cualquier lugar muere mi fantasía, si dejo de cantar. Y el amor que en casi todo tiene que ver de tu locura, yo me encapriché vuelan mariposillas juguetonas, otra vez si a tí no te tuviera, yo que podría hacer ■ www.youtube.com/watch?v=ALfZz67x5KU&feature=related
Haja o que houver eu estou aqui haja o que houver espero por ti Volta no vento Ó meu amor Volta depressa por favor Há quanto tempo já esqueci Porque fiquei longe de ti Cada momento é pior Volta no vento por favor Eu sei, eu sei Quem és para mim Haja o que houver volta para mim ■ Pase lo que pase yo estoy aquí pase lo que pase espero por ti Vuelve en el viento Oh mi amor vuelve deprisa por favor Hace cuanto tiempo me he olvidado porque no estuve a tu lado Cada momento es peor vuelve en el viento por favor Lo sé, lo sé quién eres para mí pase lo que pase vuelve a mí ■ www.youtube.com/watch?v=4z1l3Mop0_A&feature=related
Se habla de algo que me hace sentir vergüenza. Vergüenza de ser del mismo género humano al que pertencen estas bestias que no se dan cuenta de cosas tan grandes como de lo que significa el amor. Vergüenza de tener la misma estructura ósea de aquellos que quieren permitir asesinatos en masa a criaturas indefensas. Vergüenza de tener los mismos tejidos que unos ignorantes que afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo cuando se olvidan que no es de un sólo cuerpo del que se está hablando sino de dos. Vergüenza de sentir estados de ánimo semejantes a los de esos rastreros que no disciernen entre el egoísmo y el bien estar personal. Verguenza de tener uso de razón como todos los borregos que no se atreven a dar la cara por un mundo en el que no se protege la vida. Gracias a Dios y como contrapartida, siento gran orgullo de ser semejante a muchas otras personas que no solo hacen todo lo contrario sino que encima lo hacen sonriendo y con amor. Gracias por defender la vida, porque nunca olvido que en algún momento de mi vida yo fui un feto (o persona humana dentro de una persona humana). Y sí, todo este problema reside en este mundo que se está quedando sin amor o caridad para ser sustituido por el egoismo ■ ae
Entre los mejores momentos del día está ese rato –entre media hora y tres cuartos– después de tomar el café de la mañana. No sé, la cafeína opera en mis nervios deshaciendo contradicciones, tensiones internas (fotos, libros, artículos...) volviendo cuanto miro entusiasmante a mis ojos. Y no hallo cosa en que poner los ojos que no sea recuerdo de la vida. Y sin bostezos. Ante la objeción de que es un estado artificial de la mente, un dopping del ánimo, preguntaré ¿no será que sólo en ese momento tengo un atisbo de cómo miraríamos las cosas con un corazón nuevo? Lástima que el momento pase como las muestras gratuitas de champú: si te gusta, tienes que comprarlo. Y lástima que esa mirada vigorosa no podamos comprarla. Sólo pedirla con muchísima sencillez (con la misma que pediría un remplazo de nariz; ¿ya vieron qué fea es la mia?) ■ ae
Releyendo a Franz Kafka sus recuerdos me han llevado a otros, tan duros, tan incompresibles y tan humanos como los de él. ¡Cuánto daño hace ese miedo de la infancia! Kafka intenta explicar a su novia,Milena, que todo podría ser una amenaza para él. Ella le ha llamado “niño”, y esa palabra a él le ha dado miedo y le ha hecho sentirse ridículo, porque nunca ha sido muy fuerte y las amenazas del mundo le han vestido de una segunda naturaleza que él la define como que le ha hecho un tipo que mira con “ojos de microscopio”. Y le cuenta la siguiente historia. “Nuestra cocinera, una mujer pequeña y reseca...pero sólida, enérgica y reflexiva, me lleva cada mañana a la escuela. Cada mañana se repetía lo mismo durante casi un año. Al salir a la calle, la cocinera decía que iba a contar al profesor lo malo que yo había sido en casa. En realidad, no había sido muy malo, pero sí testarudo, holgazán, refunfuñón y con todo eso se habría podido reunrir un buen ramo para el profesor....Sin embargo, me esforzaba en creer, de momento, que el camino hacia la escuela era inmensamente largo, y que antes de llegar podrían pasar muchas cosas. Al llegar el temor se sobreponía a la amenaza. Sin duda la escuela era para mi un terror, y la cocinera quería hacerla aún más temible. Yo comenzaba a suplicar; ella se encogía de hombros; redoblaba yo mis súplicas...Me detenía, le pedía perdón; pero ella me arrastraba hacia adelante...Yo me agarraba a las galerías de las tiendas, a las piedras de las esquinas; no quería seguir adelante hasta que ella me perdonara; tiraba hacia atrás cogido de su bolsillo, pero me arrastraba más lejos, afirmando que eso también se lo diría al profesor...el hecho de llegar tarde también me angustiaba, y sin cesar me atormentaba la idea: “Lo dirá, lo dirá”. Aquella vez no lo decía. No lo decía nunca, pero conservaba la posibilidad, y no la perdía nunca. Y muchas veces- figúrate, Milena- daba con el pie contra la puerta, de irritada que estaba conmigo. Por último, una pequeña vendedora de carbón se hallaba con frecuencia por allí, y miraba”. La historia infantil termina con un comentario triste “Milena, ¡qué estupidez todo esto! ¿Y cómo podré yo ser para ti, con estas cocineras y estas amenazas y toda esta cantidad de polvo arremolinado por treinta y ocho años metido en mis pulmones?" ■

25.III.2009

Lejos andamos de Noviembre pero es un día de acción de gracias. Gracias a Aquella que dijo sí, hágase, y a partir de allí nos cambió la vida a todos. Gracias a Él, también, por los años que vas viviendo. Un ¡gracias! sin duda también por el don de la amistad y de poder celebrar. Es un día de naranjos y alegría; de ésa alegria de saber que vamos caminando por la vida rodeados de amigos valiosos. El día que cumplía años RAC le pedia prestadas unas palabras a Sabina, hoy se las pido a otro grande, y famoso también, al menos para mi: Hoffman ■ Gracias a los días, que nos lo da todo limpio,
para estrenarlo,
y nos da los artistas y los amigos para recordarnos,
que nuestros minutos son éstos,
que el pasado son los recuerdos,
y que el mañana esta preñado de nuestros deseos.
Gracias por los artistas que nos señalan con el dedo
cómo usar nuestras manos para llenar las horas
que juntas forman los años
que llenan de vida la vida,
y nos cuentan que todo está en blanco,
esperando solo que se cubra de palabras y versos,
de colores,
de canciones,
de besos.
De abrazos ■ Canciones del Sur ■ Que cumplas un montón más, que los vivas como hasta ahora, al fin y al cabo www.youtube.com/watch?v=qDHeJ-2ZXuU&feature=related (se vive solamente una vez), abrazos y canciones y flores de azahar ■ ae
Oyes como late su corazón
que fue parte de ti
vino en primavera como una flor
y te hizo tan feliz.
Que ahora vives para amar
a quien te vino a visitar
una mañana y se ha quedado
para que...
le des todo tu amor
y encuentre siempre tu calor
para que tenga tu cariño
y tu ilusión.
Es lo más grande de tu ser
el que te hizo sentir mujer
y hasta la vida darías por él.
Comparte cada amanecer
te alumbra cada atardecer
y ahora no sabes lo que harías sin él
Abrió la puerta de tu vida una mañana
y se quedó.
Oyes como late su corazón
cuando está junto a ti
su sonrisa el cielo que iluminó
tus mañanas de abril.
Su mirada contempló
tu cara por primera vez
una mañana y se ha quedado
para que
le des todo tu amor ■ Siempre Así
no me acuerdo ahora mismo con quién comentaba el otro día que ésta gente me cae bien. me cae rematadamente bien. es más, son de las personas que más admiro yo en ésta vida. hace falta un gran espíritu de servicio y de sacrificio para hacer lo que ellos hacen. y sí. no estoy hoy nada filosófico. estoy más bien trascendental. quisiera tener la mitad del espíritu que tienen éstas personas.
Pienso que las cosas, tal y como las conocemos, son pura realidad. Son objetivas. No soy un reloj cuando tengo un reloj. Sí en cambio si ése reloj tiene un significado, un valor sentimental, entonces, sí soy ese reloj. Me trae recuerdos que me hacen sentir. De alguna manera yo soy sentimiento que puede alumbrar la oscuridad fría del mundo. De todo el mundo. Cuanto menos significado tiene el mundo para nosotros, más oscuro será, más objetivo, más frío, más inhóspito. Por eso creo que es tan importante educar en los sentimientos y para eso hay que enseñar a leer, a escribir, a entender la música, el arte, el cine...Hay que aprender a mirar al feto como algo más que un cigoto, o a los ancianos como algo más que un miembro inútil. ¡Es la vida! La sociedad quiere hacernos señores y señoras “objetivos”, que miran cosas y las comprenden “a su manera”. La verdad es que no somos dueños de los sentimientos: somos sus víctima o sus beneficiarios. Lo hemos intentado todo, pero ninguno puede saber cuándo se enamora, y las consecuencias de esa locura que llamamos amor (me refiero al de verdad), cómo calmar la ira, aliviar la angustia, huir del aburrimiento o encender la alegría. ¡Y mira que lo hemos intentado! Pero podemos encauzarlos, dominarlos, darles su medida, para que no acabemos en el lado contrario, que seamos como esos neuróticos que lloran por la caída de una hoja en el otoño. De allí que defienda con todas mis fuerzas la madurez como el dominio de los sentimientos, para no dejarnos arrastrar por ese río desbocado que son los afectos, las pasiones, las sensiblerías, las sensaciones ■ ae
De por qué te estoy queriendo
no me pidas la razón
pues yo misma no me entiendo
con mi propio corazón
Al llegar la madrugada
mi canción desesperada
te dara la explicación.
Te quiero vida mía,
te quiero noche y dia
no he querido nunca así.
Te quiero con ternura,
con miedo, con locura,
solo vivo para ti.
Yo te seré siempre fiel
pues para mi quiero en flor
ese clavel de tu piel y de tu amor
Mi voz igual que un niño
te pide con cariño
ven a mí abrazame
porque te quiero,
te quiero, te quiero,
te quiero, te quiero, te quiero
y hasta el fin te querre ■
Rosario Flores

■ www.youtube.com/watch?v=Ax3TLP0Zqa0&feature=related

de historias de amor, sueños de poetas

Ella me quiso tanto... aún sigo enamorada. Juntos atravesamos nostalgias del pasado. Ella, cómo os diría, era mi luz y mi, cuando en la lumbre ardían sólo palabras de amor... Palabras de amor sencillas y tiernas que echamos al vuelo por primera vez, apenas tuvimos tiempo de aprenderlas, recién despertábamos de la niñez. Nos bastaban esas tres frases hechas que entonaba un trasnochado galán, de historias de amor, sueños de poetas, a los quince años no se saben más... Ella, dónde andará, tal vez aún me recuerda. Un día se marchó y jamás volví a verla. Pero, cuando oscurece, lejos, se escucha una canción: vieja música que acuna, viejas palabras de amor... Paraules d'amor senzilles i tendres. No en sabíem més, teníem quinze anys. No havíem tingut massa temps per aprende'n, tot just despertàvem del son dels infants. En teníem prou amb tres frases fetes que havíem après d'antics comediants. D'histories d'amor, somnis de poetes, no en sabíem més, teníem quinze anys... ■ joan manuel serrat ■ www.youtube.com/watch?v=ndIHsELruNc
No sé, me gusta pensar cuando me pierdo andando, que en esos momentos de soledad estoy rodeado, atravesado y acribillado por ondas electromagnéticas, frecuencias de Onda Media y Frecuencia Modulada, de imágenes de televisión, de conversaciones telefónicas, de mensajes de texto... ¡No los veo!,¡no los escucho!, pero están allí, conmigo. Soy incapaz de descodificarlos. No tenemos un aparatito en nuestro interior que traduzca esos mensajes, esas conversaciones, esas imágenes. Y pienso que muchas veces estamos rodeados por gente, están allí, cerca de nosotros, indiferentes, lejanos, que van lanzando continuamente mensajes. Son mensajes a veces de socorro, de auxilio, de ayuda, de amor, de necesidades anónimas, de miedos...pero no sabemos interpretarlos porque no tenemos los receptores adecuados, o mejor dicho: vamos en otra onda ■ ae
Cada día hay más gente de malas. Nuestra civilización está pensada para el enojo profundo y la insatisfacción, y se lo estamos enseñando a los niños. Y es así porque constantemente nos están empujando a que consigamos nuestros deseos. O peor, nos incitan deseos que no tenemos para que vayamos como imbéciles a conseguirlos. Basta echar un vistazo a los reclamos publicitarios de cualquier tipo, radio o televisión. La verdad es que de siempre la gente sensata ha desconfiado de los deseos. Para los griegos la avidez de deseos era radicalmente mala. Tiene su lógica, en civilizaciones agrícolas y ganaderas la capacidad de aplazar las cosas, de esperar, de tener paciencia, venía dada por las estaciones y los ciclos. Desear las cosas de esa manera, con prisas, lleva a la impaciencia, y de la impaciencia se sigue el ansia, y del ansia va de la mano, entre otras muchas jodidas consecuencias, la violencia.. La violencia es el camino más corto para conseguir un deseo...¿para qué esperar y guardar las formas, que son siempre lentas? La prisa es enemiga de la ternura, que requiere tiempo, contemplación. No hay ternura rápida. Por esa razón hay tanta enojada a nuestro alrededor. Así que a no enfadarse y a no tener prisa. En el fondo, si lo pensamos, un enojado es un señor que tiene prisa...prisa por tener razón y demostrarla, prisa porque su manera de ver la vida es la que a nosotros nos puede dar la felicidad-porque uno no puede ser feliz de otra manera... Si la felicidad puede estar en tres amigos dentro de un coche a las doce de la noche de un lunes cualquiera hablando de cine, de literatura y de vete a saber qué...¡sin prisas!
La risa es don divino que nos hace humanos. Siempre he pensado que la creación, el mundo en que vivimos, nació de una sonrisa de Dios. De esa sonrisa surgió la luz del sol; y el cielo con estrellas, surgieron la tierra, y el mar con sus pescaditos. De la risa de Dios nació también esa extraña criatura que es el hombre. la vida es alegría; es gozo de estar vivo, de disfrutar las cosas de este mundo con la inocencia del primer dia, cuando todo era nuevo y todo era inocente. Riamos de nosotros. Riamos con los otros. Y hagamos de esta risa feliz una oración de gracias ■ ae

...no sé....

La madurez, esa cosa, para mi está en el dominio de los sentimientos, de los afectos. No sé, me llama mucho la atención gente en la que todo es sentimiento, sensiblería y cursilería. La realidad es plural y riquísima. Una parte de la realidad hay que aceptarla y entenderla con la pura razón. Las cosas son así, lo quiera yo o no lo quiera, me guste o no. Pero hay otra realidad que sólo se puede entender desde los sentimientos, desde los afectos,desde las personas. Si no lo hacemos nos perdemos lo mejor. El problema está cuando todo se decide desde el corazón desbocado, y después forzamos la realidad para que se amolde a nuestros sentimientos. Eso, en algunas ascéticas y en algunas personas, llega a ser patético. Son gente que ve la mano de Dios Milagroso en todo. A los sectarios también les sucede: ven la realidad con el color de sus gafas ahumadas. La solución, desgraciadamente, no está en quitarles las gafas, no de golpe, porque la luz les ciega: todavía ven menos. Nacemos muy arraigados a nuestra cultura, a nuestra educación primera, a nuestra religión...y podemos seguir encuadrados en ese marco durante años. Hay gente que no se ha salido de esa mentalidad aprendida desde la infancia, que no se ha cuestionado nada. Es bueno cruzar la Diagonal de nuestras vidas, preguntarse y preguntar, saber buscar nuestros complementarios – aunque al principio nos parecerán “contrarios”. Los mejores amigos con los que me he encontrado en la vida siempre nacieron como contrarios, y después resultó que supimos ver que nos “complementábamos”. Llegábamos a ese nivel, que cuando se alcanza es una chulada, y se llama complicidad ■ ae

unveinticuatrodefebrero

Llevo dos días completamente liado con la Rosario y ahora que se acerca el 24-II -de sabor agridulce para mi- la vuelvo a escuchar y vuelvo a temblar. En las vísperas de aquel día mis alumnas me llevaron rosas para decirme adiós. Allí estaban Claus y Paola. Más tarde llegó el Doctor. Al día siguiente sólo ví a Jóse Ignacio. De nadie más me despedí. Se cumplen cuatro años. Vuelvo la vista atrás y me viene lo que hace rato cantaba la gitana ésta tan cercana a lo divino: Prometo ver la alegria / Escarmentar de la experiencia /Pero nunca, nunca mas usar la violencia ■ ae ■ www.youtube.com/watch?v=E3OyN3ggO2c

fELicIDaD

A mucha gente eso de ser feliz les cuesta mucho. Plantearse ser feliz ya es poner difícil la misma felicidad. La felicidad es un algo que no buscas, te encuentras en ella, aunque muchas veces no sabes cómo. Uno no sabe si sería lo feliz que es hoy si hubiese nacido con una mala salud, o cómo hubiese ido mi biografía de haberme cruzado con un accidente, o haber fracasado al enamorarme de una mujer equivocada (o que yo hubiese sido la persona equivocada para alguien)...no sabemos. Y, sin embargo, hay gente que es muy feliz viviendo su enfermedad, su fracaso, su pobreza. Parece claro que hay un punto de felicidad en eso que se llama alcanzar las metas profesionales, temas externos, de apariencia, de que te vaya bien las cosas, de que tengas cosas que mostrar. Ser un tipo singular. Da igual la profesión – el militar asciende, el funcionario sube de escalafón, el cocinero monta su restaurante, el comercial es elevado a la categoría de Coach.... Y también parece claro que eso unido a un cuajo personal, que es algo más del interior de cada cual, que habla de los valores de dentro, de cierto equilibrio que da la sensación que la vida que vivimos es interesante, nos da el puntito de felicidad. Los dos de la mano: proyecto y cuajo interior... Nadie escapa ni a la biología ni a las leyes de la Historia. La Historia tiene sus leyes, olvidarlo es ir al desastre. La biología nos enseña que las especies que perduran no son las más inteligentes, ni las más poderosas, ni las más numerosas, sino las que se saben adaptar al medio. En lo histórico sucede lo mismo: nuestra crisis actual se debe en gran medida a nuestras rigideces: no somos ágiles, flexibles, no estamos formados en leer las oportunidades que se pueden dar, entender tendencias...nos hemos ido empequeñeciendo, empequeñeciendo y ahora no sabemos hacer más que lo que siempre hemos hecho, en nuestro entorno, en nuestro pueblo, en nuestro barrio, en nuestra pequeña charquita...que primero se estancó y ahora se está secando. La Historia nos enseña que la hegemonía social, incluso política, se desplaza de los pueblos acomodados a los pueblos con ganas de luchar, con ganas de esforzarse, quizá pueblos que tienen poco que perder, pero que por eso tienen mucha más ética del sacrificio y del esfuerzo. Y como individuo no te vas a escapar de esa lógica histórica. Quizá sea un proceso lento, pero aquellas personas que nos acomodemos porque hemos tenido éxito, nos vendrá la decadencia tarde o temprano. En realidad vivimos tiempos de desafíos, que también tienen un componente muy positivo ■ ae

"Facturo millones, y estudié en Londres y en Harvard", dijo.

Nos lamentamos por lo que no tenemos, y no caemos en la cuenta que lo que más falta nos hace nos es lo que deseamos, sino lo que ya poseemos. Lo habitual es que usemos mal esa riqueza, que ni siquiera nos demos cuenta, y la peor de las privaciones consiste justamente en ese mal uso. ¿Quién necesita más el pan, el que tiene hambre o el que lo vomita?, ¿quién está más privado de amor: la chica que aguarda todavía a su príncipe azul, o el vicioso que corrompe todo lo que toca?, ¿quién está más lejos de Dios: el ateo angustiado por el vacío del cielo y el sinsentido de la vida, o el beato que estruja la fe contra su corazón como si fuera un amuleto?. Nos quejamos de nuestra pobreza, pero tendríamos que pensar en el uso que hacemos de nuestra riqueza, y caeremos en la cuenta que cuanto peor la usamos mayor necesidad sentimos de utilizarla en otras cosas, para utilizarlas aún peor, con la nada como único horizonte. La persona que es capaz de hacer un uso recto de todo, que agradece y vive la alegría de su riqueza, aunque no tenga nada, tampoco lo echa de menos: sin darse cuenta, quizás, Dios está en su bolsillo. Y aquel que es incapaz de percibir ese brillo divino que se esconde en cada cosa, en cada persona, en la vida, aunque lo posea todo…no tiene nada: puede comprar todas las plantas del mundo, pero ignora lo que significa sembrar, recoger y oler una humilde flor. Y cuando perdemos esa pequeña riqueza nuestra de cada día hasta las canciones se vuelven tristes. Muy tristes ■ ae

Urgencia de creer

Chavela Vargas lleva a donde quiera que va los aprendizajes y pesares de sus 85 años de una vida intensa y apasionante. Su voz es inconfundible y honda, tanto como la actitud valiente y sabia que asume con la naturalidad y sencillez de una gran y única artista. Quizá la mejor de su género. A principios de julio pasado regresó a su casa de Veracruz donde vive rodeada de gente sencilla, la mayoría pescadores, después de estar unos dos meses en España. No paró. Comenzó en el Teatro Albéniz de Madrid y recorrió de punta a punta el país: Madrid, Jerez de la Frontera, Almería, Gijón, Torrevieja, Granada, Cádiz, Barcelona y Castellón. De paso se dio una vuelta por Toulouse para participar en el Festival Río Loco de música popular y tradicional, que este año se dedicó a México. En una pausa de su intensa gira concedió una entrevista a Maria Cortina, entrevista en la que lo más sublime de su alma. El repertorio lo variaba poco, pero en cada escenario su canto fue diferente. Es uno de los dones de Chavela Vargas. Ser diferente. No importa si siempre canta La Llorona, porque nunca es la misma Llorona. Algunas veces domina más un tono que otro o le da más fuerza a los silencios. Otras veces la declama casi, la susurra. Según se lo dicte —me explica— un ser que la habita. Alguien que se apodera de ella. Un dios, un duende, su tristeza. ¿Qué siente Chavela Vargas cuando canta? Al entrar al escenario siento miedo. Pero algo encuentro o algo me encuentra a mí. Antes de terminar la primera canción ya estoy en otro lado. Del lado de mi público. No sé explicarlo, no quiero hacerlo. Solo puedo decirte que alguien se apodera de mi voz y canta. Cantamos juntos frente a esos auditorios repletos de gente que me ama, que me grita que soy la mejor y que me da las gracias. Pero que también llora. Todo el mundo llora en tus conciertos. Sí, pero es un llanto dulce. De acuerdo, es un llanto dulce, pero ¿qué lo desata? Cuando yo canto los que me escuchan sienten. Y lloran porque se dan cuenta de que todavía son capaces de sentir. A pesar de los males del mundo. Sienten gozo, tristeza, nostalgia. Reciben lo que yo les quiero decir y de alguna forma, a su manera, lo entienden. ¿Qué intentas decir? Que el mundo puede ser mejor de lo que es. Que hay que saber sentir, que hay que saber luchar para ganarse el respeto de otros y respetar a esos otros. Que hay que cuidar al mundo, proteger el amor, la paz, la justicia. Yo no soy política, ni militante de nada. El canto es mi instrumento. Y lo digo cantando. ¿Aunque ese mensaje no esté escrito en la letra de las canciones que cantas? Por supuesto. Uno puede cantar La Macorina, Y volver, volver, o Vámonos, que son tres canciones con temas diferentes, pero que al cantarlas de un modo transmiten ese mensaje, ese grito que a veces es de rabia o de dolor, pero que también es un grito de esperanza. Para creer, hay que sentir la necesidad de creer. ¿En qué cree Chavela Vargas? En la vida, en la verdad, en Federico García Lorca. La otra tarde me contaste que cuando estás en la Residencia de Estudiantes de Madrid, sientes la presencia de García Lorca… No nada más la siento, hablo con él. En mis noches de insomnio salgo al pasillo y lo escucho tocar el piano. Luego platicamos. Le cuento sobre mis conciertos, sobre México, sobre España. Y a veces nos reímos. En el concierto de la Huerta de San Vicente, en Granada, lo llamaste. Frente a todo el público lo invitaste a estar presente. No, ¡si presente ya estaba! Federico está siempre. En su huerta de Granada, en la Residencia de Estudiantes, o donde haya una alma que así lo desea. Una alma sensible basta. También has invitado a José Alfredo Jiménez a algunos de tus conciertos. Recuerdo por ejemplo, tu presentación en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato el año pasado. José Alfredo me acompaña siempre. Ni él ni Federico han muerto, nada más se fueron antes. El alma de poeta y parrandero de José Alfredo está en mi. ¿Echas de menos aquellos tiempos de parrandas? Esos tiempos son parte de mí, parte de lo que hoy soy. Fueron días de mucha pachanga, de momentos divinos. ¿Te imaginas cómo era cuando nos juntábamos José Alfredo, Álvaro Carrillo y yo y después de horas de tequilas nacía una canción sobre la barra de una cantina? Así se escribieron muchas canciones, verdaderos poemas. Sobre la barra de una cantina. Fue una época intensa, viva. Pero al cabo del tiempo, también muy dura. Hasta que se me apareció un día el diablo. O me llevas ahorita mismo o me quedo muchos años más en esta vida, le dijo Chavela al diablo. Lo retó y ganó la partida. Desde entonces se ha presentado en los teatros de mayor prestigio en no pocas ciudades del mundo. Aforo lleno, siempre. Pero cuando está en España no solo está rodeada de sus seguidores. Tiene decenas de amigos e igual número de anécdotas. Le pido que me cuente algunas. A Pedro le encanta llorar en mis conciertos, se emociona. A Joaquín Sabina le gusta escuchar también mis historias. Todos me respetan, siguen mis conciertos, me atienden. Me invitan a comer, a cenar, a sus casas. De Manuel Arroyo lo que más me gusta es su manera de ser buen amigo. Es único. Cuando el presidente Aznar te impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica, estuvieron todos ellos y también Isabel Presley, Miguel Bosé, Marisa Paredes, Isabel Benarroch y muchos otros amigos tuyos. Sí, pero no solo ellos son mis amigos. En la Residencia de Estudiantes de Madrid tengo un montón de amigos jóvenes. Las muchachitas que atienden en la recepción, las que están en la cocina, las que arreglan los cuartos, los que abren la puerta y los estudiantes. Muchas tardes platico con ellos, respondo a sus preguntas, bromeamos. El otro día un poeta jovencito me regaló su primer libro de poesía. En la dedicatoria me pedía, por favor, que no muriera. También Manuel Vázquez Montalbán era tu amigo. Y él también te regaló uno de sus libros. Sí. A Vázquez Montalbán le encantaba La Macorina. En la dedicatoria del libro me pidió que cuando nos encontráramos en el trastero del mundo le explicara qué hice de aquél olor a mujer, a mango y a caña nueva. Allá te ha de estar esperando. Seguro. Para que responda a sus preguntas y para que le cante otra vez Macorina. ¿Quién es La Macorina? ¿Una leyenda? ¿Un poema, o una mujer de carne y hueso? Fue la mujer más bella de Cuba, pero también es un poema y una canción, caliente como un danzón. Ponme la mano aquí Macorina, Ponme la mano aquí. Una canción de carne y hueso que Chavela Vargas canta siempre diferente, pero con la misma intensidad. Le da igual que sea en el Palacio de Bellas Artes de México, en el Carnegie Hall de Nueva York, en el Olimpia de París, en el Palau de Barcelona o en el de Valencia, en el Gran Rex de Buenos Aires, en el patio de la Residencia de Estudiantes o en un bar de Coyoacán. A todos los escenarios Chavela Vargas llega con sus dos guitarras, con su jorongo y con su urgencia de cantar. Urgencia también de creer, de sentir, de contagiar ■

de catorces de febreros y cosas mejores

Cuando uno se encuentra con una belleza inesperada es inevitable evocar a Dios. “¡Dios mío! Cuánta belleza...", exclama el poeta Castro Alves, y con él todos los poetas. Hace unos días me sucedió al salir de casa y encontrarme con un amanecer de ésos que quitan el aliento; o ayer cuando una queridisma amiga me enviaron la foto que encabeza éstas líneas. "¡Olé con la reina", pensé. Cuando decimos “Olé” estamos hablando de Dios. ¡Olé! -dice el Diccionario de la Real Academia- proviene del árabe Wa-(a)llah ("¡Por Dios!" -la lengua árabe carece de la vocal "e" y, en ocasiones, la "a" suena parecido a "e"). Y es una exclamación de entusiasmo ante una belleza (o alegría) sorprendente o "excesiva" Ante la belleza celebramos a Dios. Esto nos viene de los árabes, que son los campeones en eso de invocar a Dios. Por ejemplo, Wa-sa Allah que significa “y quiera Dios”, y que nosotros derivamos en Ojalá. Nuestro grito de entusiasmo ante lo fantástico, ya sea un golazo imposible, un baile fantástico, una canción maravillosa, la casa de rac y su mujer, un libro, una mujer que hasta los perros y los gatos se dan la vuelta para verla, es el repetidísimo “¡Halaaaaa!”. “¡Hala, qué puesta de sol!”, “hala, qué faena le ha hecho al toro!”,”¡hala que chica!”...son expresiones que remiten a Dios... Allah!, Ya Allah! Smallah! (¡Dios! ¡Oh Dios! ¡En nombre de Dios!) . Dios nos da la poesía para contemplar la obra de arte en lo que nos rodea, las cosas son algo más que lo que vemos. Y también a partir de una piedra se puede reconocer a Dios, el Creador, el Artista. Por éso pensé -y aqui lo escribo- que un buen regalo para el día de los enamorados podría ser una de esas figuras de toreros que venden en los tianguis o tiendas de artesanías, para ponerla, no sé, en la sala o encima de la televisión...aunque corramos el riesgo de que los demás no lo entiendan y nos digan nacos ■ ae
A fin de cuentas, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las Sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los peldaños de la Tristeza y comer el pan dado por la Fantasía. De mi padre sé el nombre; me han dicho que se llamaba Dios, pero por el nombre no me hago idea de nada. A veces, en la noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que pueda amar... Pero luego pienso que no le conozco, que tal vez él no sea así, que tal vez no sea nunca ese el padre de mi alma. (...) Tengo demasiado frío. Estoy tan cansado en mi abandono. ¡Vete, viento, a traerme a mi Madre! ■ Fernando Pessoa el Livro do Desassossego
Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.
Miguel de Cervantes

Los celos son la cosa más absurda que se haya sentido jamás. Señal de desconfianza y hasta de poca autoestima. Capaces de destruir a una persona... y con suerte no a dos.
Y lo peor de todo... quién no los ha sentido alguna vez, aunque haya sido en una milésima de segundo, casi imperceptibles, pero latentes ■


¿Qué es la Esperanza? Es palabra que se nombra mucho estos días (esperanza, confianza...). Estamos en crisis, y muchísima gente a nuestro alrededor sufre. ¿En qué creemos cuando todo se deshace a nuestro alrededor?. Una crisis económica se siente como algo malo. Pero nada peor que una Guerra: muerte, odio, miedo... Una vez leí un comentario sobre la canción Lili Marleen que viene como anillo al dedo a la entrada. Lili Marleen habla de ese anhelo de felicidad que todos llevamos dentro. Todos. La canción pasó inadvertida hasta que en 1941 Radio Belgrado la emite, entre otras muchas, para las tropas alemanas. En los días siguientes, miles de cartas y telegramas llegan a la pequeña emisora pidiendo que pongan Lili Marleen. El poderoso jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, intenta en vano prohibir la canción o sustituirla por una otra versión. Lo sorprendente es que los ejércitos aliados –ante la impotente perplejidad de los jefes de ambos bandos- empiezan también a cantar Lili Marleen (en alemán o en versiones improvisadas) y apresuradamente se hace una versión inglesa, grabada por Anne Shelton, que vende en el primer mes cientos de miles de copias. ¿Cuál es el secreto de esta canción que rompe todas las barreras ideológicas, de lengua, etc. y que ha unido profundamente a ejércitos enemigos en guerra, siendo cantada a diario como un himno extraoficial? Una canción masculina, pero grabada por mujeres. Una canción que, incoada en armónica o al acordeón, incita inmediatamente a todo el batallón a desafiar a los grandes jefes... Lili es una profunda protesta contra el absurdo que es la guerra, evocando aquella infinita sed de paz por medio de una simple farola a la puerta del cuartel, donde el recluta se quedaba a conversar con Lili. Y en un halo de nostalgia infinita la canción pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Y en medio de los horrores del frente, del fondo de la tierra y de lo alto del cielo surge entre la niebla el perfil de Lili y la pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Algo tan sencillo como provocador. Porque esa es la Esperanza que en medio de esta crisis anhelamos...¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Quizás hemos perdido esa luz y hemos vivido de la tontería de los nuevos ricos, del consumismo estúpido, de la apariencia ■ ae