Se habla de algo que me hace sentir vergüenza. Vergüenza de ser del mismo género humano al que pertencen estas bestias que no se dan cuenta de cosas tan grandes como de lo que significa el amor. Vergüenza de tener la misma estructura ósea de aquellos que quieren permitir asesinatos en masa a criaturas indefensas. Vergüenza de tener los mismos tejidos que unos ignorantes que afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo cuando se olvidan que no es de un sólo cuerpo del que se está hablando sino de dos. Vergüenza de sentir estados de ánimo semejantes a los de esos rastreros que no disciernen entre el egoísmo y el bien estar personal. Verguenza de tener uso de razón como todos los borregos que no se atreven a dar la cara por un mundo en el que no se protege la vida. Gracias a Dios y como contrapartida, siento gran orgullo de ser semejante a muchas otras personas que no solo hacen todo lo contrario sino que encima lo hacen sonriendo y con amor. Gracias por defender la vida, porque nunca olvido que en algún momento de mi vida yo fui un feto (o persona humana dentro de una persona humana). Y sí, todo este problema reside en este mundo que se está quedando sin amor o caridad para ser sustituido por el egoismo ■ ae
Se habla de algo que me hace sentir vergüenza. Vergüenza de ser del mismo género humano al que pertencen estas bestias que no se dan cuenta de cosas tan grandes como de lo que significa el amor. Vergüenza de tener la misma estructura ósea de aquellos que quieren permitir asesinatos en masa a criaturas indefensas. Vergüenza de tener los mismos tejidos que unos ignorantes que afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo cuando se olvidan que no es de un sólo cuerpo del que se está hablando sino de dos. Vergüenza de sentir estados de ánimo semejantes a los de esos rastreros que no disciernen entre el egoísmo y el bien estar personal. Verguenza de tener uso de razón como todos los borregos que no se atreven a dar la cara por un mundo en el que no se protege la vida. Gracias a Dios y como contrapartida, siento gran orgullo de ser semejante a muchas otras personas que no solo hacen todo lo contrario sino que encima lo hacen sonriendo y con amor. Gracias por defender la vida, porque nunca olvido que en algún momento de mi vida yo fui un feto (o persona humana dentro de una persona humana). Y sí, todo este problema reside en este mundo que se está quedando sin amor o caridad para ser sustituido por el egoismo ■ ae
Entre los mejores momentos del día está ese rato –entre media hora y tres cuartos– después de tomar el café de la mañana. No sé, la cafeína opera en mis nervios deshaciendo contradicciones, tensiones internas (fotos, libros, artículos...) volviendo cuanto miro entusiasmante a mis ojos. Y no hallo cosa en que poner los ojos que no sea recuerdo de la vida. Y sin bostezos. Ante la objeción de que es un estado artificial de la mente, un dopping del ánimo, preguntaré ¿no será que sólo en ese momento tengo un atisbo de cómo miraríamos las cosas con un corazón nuevo? Lástima que el momento pase como las muestras gratuitas de champú: si te gusta, tienes que comprarlo. Y lástima que esa mirada vigorosa no podamos comprarla. Sólo pedirla con muchísima sencillez (con la misma que pediría un remplazo de nariz; ¿ya vieron qué fea es la mia?) ■ ae
Releyendo a Franz Kafka sus recuerdos me han llevado a otros, tan duros, tan incompresibles y tan humanos como los de él. ¡Cuánto daño hace ese miedo de la infancia! Kafka intenta explicar a su novia,Milena, que todo podría ser una amenaza para él. Ella le ha llamado “niño”, y esa palabra a él le ha dado miedo y le ha hecho sentirse ridículo, porque nunca ha sido muy fuerte y las amenazas del mundo le han vestido de una segunda naturaleza que él la define como que le ha hecho un tipo que mira con “ojos de microscopio”. Y le cuenta la siguiente historia. “Nuestra cocinera, una mujer pequeña y reseca...pero sólida, enérgica y reflexiva, me lleva cada mañana a la escuela. Cada mañana se repetía lo mismo durante casi un año. Al salir a la calle, la cocinera decía que iba a contar al profesor lo malo que yo había sido en casa. En realidad, no había sido muy malo, pero sí testarudo, holgazán, refunfuñón y con todo eso se habría podido reunrir un buen ramo para el profesor....Sin embargo, me esforzaba en creer, de momento, que el camino hacia la escuela era inmensamente largo, y que antes de llegar podrían pasar muchas cosas. Al llegar el temor se sobreponía a la amenaza. Sin duda la escuela era para mi un terror, y la cocinera quería hacerla aún más temible. Yo comenzaba a suplicar; ella se encogía de hombros; redoblaba yo mis súplicas...Me detenía, le pedía perdón; pero ella me arrastraba hacia adelante...Yo me agarraba a las galerías de las tiendas, a las piedras de las esquinas; no quería seguir adelante hasta que ella me perdonara; tiraba hacia atrás cogido de su bolsillo, pero me arrastraba más lejos, afirmando que eso también se lo diría al profesor...el hecho de llegar tarde también me angustiaba, y sin cesar me atormentaba la idea: “Lo dirá, lo dirá”. Aquella vez no lo decía. No lo decía nunca, pero conservaba la posibilidad, y no la perdía nunca. Y muchas veces- figúrate, Milena- daba con el pie contra la puerta, de irritada que estaba conmigo. Por último, una pequeña vendedora de carbón se hallaba con frecuencia por allí, y miraba”. La historia infantil termina con un comentario triste “Milena, ¡qué estupidez todo esto! ¿Y cómo podré yo ser para ti, con estas cocineras y estas amenazas y toda esta cantidad de polvo arremolinado por treinta y ocho años metido en mis pulmones?" ■ 25.III.2009
para estrenarlo,
y nos da los artistas y los amigos para recordarnos,
que nuestros minutos son éstos,
que el pasado son los recuerdos,
y que el mañana esta preñado de nuestros deseos.
Gracias por los artistas que nos señalan con el dedo
que juntas forman los años
que llenan de vida la vida,
y nos cuentan que todo está en blanco,
esperando solo que se cubra de palabras y versos,
de colores,
de canciones,
de besos.
De abrazos ■ Canciones del Sur ■ Que cumplas un montón más, que los vivas como hasta ahora, al fin y al cabo www.youtube.com/watch?v=qDHeJ-2ZXuU&feature=related (se vive solamente una vez), abrazos y canciones y flores de azahar ■ ae
Oyes como late su corazónque fue parte de ti
vino en primavera como una flor
y te hizo tan feliz.
Que ahora vives para amar
a quien te vino a visitar
una mañana y se ha quedado
para que...
le des todo tu amor
y encuentre siempre tu calor
para que tenga tu cariño
y tu ilusión.
Es lo más grande de tu ser
el que te hizo sentir mujer
y hasta la vida darías por él.
Comparte cada amanecer
te alumbra cada atardecer
y ahora no sabes lo que harías sin él
Abrió la puerta de tu vida una mañana
y se quedó.
Oyes como late su corazón
cuando está junto a ti
su sonrisa el cielo que iluminó
tus mañanas de abril.
Su mirada contempló
tu cara por primera vez
una mañana y se ha quedado
para que
le des todo tu amor ■ Siempre Así
no me acuerdo ahora mismo con quién comentaba el otro día que ésta gente me cae bien. me cae rematadamente bien. es más, son de las personas que más admiro yo en ésta vida. hace falta un gran espíritu de servicio y de sacrificio para hacer lo que ellos hacen. y sí. no estoy hoy nada filosófico. estoy más bien trascendental. quisiera tener la mitad del espíritu que tienen éstas personas.
De por qué te estoy queriendono me pidas la razón
pues yo misma no me entiendo
con mi propio corazón
Al llegar la madrugada
mi canción desesperada
te dara la explicación.
Te quiero vida mía,
te quiero noche y dia
no he querido nunca así.
Te quiero con ternura,
con miedo, con locura,
solo vivo para ti.
Yo te seré siempre fiel
pues para mi quiero en flor
ese clavel de tu piel y de tu amor
Mi voz igual que un niño
te pide con cariño
ven a mí abrazame
porque te quiero,
te quiero, te quiero,
te quiero, te quiero, te quiero
y hasta el fin te querre ■ Rosario Flores
de historias de amor, sueños de poetas
Ella me quiso tanto... aún sigo enamorada. Juntos atravesamos nostalgias del pasado. Ella, cómo os diría, era mi luz y mi, cuando en la lumbre ardían sólo palabras de amor... Palabras de amor sencillas y tiernas que echamos al vuelo por primera vez, apenas tuvimos tiempo de aprenderlas, recién despertábamos de la niñez. Nos bastaban esas tres frases hechas que entonaba un trasnochado galán, de historias de amor, sueños de poetas, a los quince años no se saben más... Ella, dónde andará, tal vez aún me recuerda. Un día se marchó y jamás volví a verla. Pero, cuando oscurece, lejos, se escucha una canción: vieja música que acuna, viejas palabras de amor... Paraules d'amor senzilles i tendres. No en sabíem més, teníem quinze anys. No havíem tingut massa temps per aprende'n, tot just despertàvem del son dels infants. En teníem prou amb tres frases fetes que havíem après d'antics comediants. D'histories d'amor, somnis de poetes, no en sabíem més, teníem quinze anys... ■ joan manuel serrat ■ www.youtube.com/watch?v=ndIHsELruNc
Cada día hay más gente de malas. Nuestra civilización está pensada para el enojo profundo y la insatisfacción, y se lo estamos enseñando a los niños. Y es así porque constantemente nos están empujando a que consigamos nuestros deseos. O peor, nos incitan deseos que no tenemos para que vayamos como imbéciles a conseguirlos. Basta echar un vistazo a los reclamos publicitarios de cualquier tipo, radio o televisión. La verdad es que de siempre la gente sensata ha desconfiado de los deseos. Para los griegos la avidez de deseos era radicalmente mala. Tiene su lógica, en civilizaciones agrícolas y ganaderas la capacidad de aplazar las cosas, de esperar, de tener paciencia, venía dada por las estaciones y los ciclos. Desear las cosas de esa manera, con prisas, lleva a la impaciencia, y de la impaciencia se sigue el ansia, y del ansia va de la mano, entre otras muchas jodidas consecuencias, la violencia.. La violencia es el camino más corto para conseguir un deseo...¿para qué esperar y guardar las formas, que son siempre lentas? La prisa es enemiga de la ternura, que requiere tiempo, contemplación. No hay ternura rápida. Por esa razón hay tanta enojada a nuestro alrededor. Así que a no enfadarse y a no tener prisa. En el fondo, si lo pensamos, un enojado es un señor que tiene prisa...prisa por tener razón y demostrarla, prisa porque su manera de ver la vida es la que a nosotros nos puede dar la felicidad-porque uno no puede ser feliz de otra manera... Si la felicidad puede estar en tres amigos dentro de un coche a las doce de la noche de un lunes cualquiera hablando de cine, de literatura y de vete a saber qué...¡sin prisas! ...no sé....
La madurez, esa cosa, para mi está en el dominio de los sentimientos, de los afectos. No sé, me llama mucho la atención gente en la que todo es sentimiento, sensiblería y cursilería. La realidad es plural y riquísima. Una parte de la realidad hay que aceptarla y entenderla con la pura razón. Las cosas son así, lo quiera yo o no lo quiera, me guste o no. Pero hay otra realidad que sólo se puede entender desde los sentimientos, desde los afectos,desde las personas. Si no lo hacemos nos perdemos lo mejor. El problema está cuando todo se decide desde el corazón desbocado, y después forzamos la realidad para que se amolde a nuestros sentimientos. Eso, en algunas ascéticas y en algunas personas, llega a ser patético. Son gente que ve la mano de Dios Milagroso en todo. A los sectarios también les sucede: ven la realidad con el color de sus gafas ahumadas. La solución, desgraciadamente, no está en quitarles las gafas, no de golpe, porque la luz les ciega: todavía ven menos. Nacemos muy arraigados a nuestra cultura, a nuestra educación primera, a nuestra religión...y podemos seguir encuadrados en ese marco durante años. Hay gente que no se ha salido de esa mentalidad aprendida desde la infancia, que no se ha cuestionado nada. Es bueno cruzar la Diagonal de nuestras vidas, preguntarse y preguntar, saber buscar nuestros complementarios – aunque al principio nos parecerán “contrarios”. Los mejores amigos con los que me he encontrado en la vida siempre nacieron como contrarios, y después resultó que supimos ver que nos “complementábamos”. Llegábamos a ese nivel, que cuando se alcanza es una chulada, y se llama complicidad ■ aeunveinticuatrodefebrero
Llevo dos días completamente liado con la Rosario y ahora que se acerca el 24-II -de sabor agridulce para mi- la vuelvo a escuchar y vuelvo a temblar. En las vísperas de aquel día mis alumnas me llevaron rosas para decirme adiós. Allí estaban Claus y Paola. Más tarde llegó el Doctor. Al día siguiente sólo ví a Jóse Ignacio. De nadie más me despedí. Se cumplen cuatro años. Vuelvo la vista atrás y me viene lo que hace rato cantaba la gitana ésta tan cercana a lo divino: Prometo ver la alegria / Escarmentar de la experiencia /Pero nunca, nunca mas usar la violencia ■ ae ■ www.youtube.com/watch?v=E3OyN3ggO2c fELicIDaD
A mucha gente eso de ser feliz les cuesta mucho. Plantearse ser feliz ya es poner difícil la misma felicidad. La felicidad es un algo que no buscas, te encuentras en ella, aunque muchas veces no sabes cómo. Uno no sabe si sería lo feliz que es hoy si hubiese nacido con una mala salud, o cómo hubiese ido mi biografía de haberme cruzado con un accidente, o haber fracasado al enamorarme de una mujer equivocada (o que yo hubiese sido la persona equivocada para alguien)...no sabemos. Y, sin embargo, hay gente que es muy feliz viviendo su enfermedad, su fracaso, su pobreza. Parece claro que hay un punto de felicidad en eso que se llama alcanzar las metas profesionales, temas externos, de apariencia, de que te vaya bien las cosas, de que tengas cosas que mostrar. Ser un tipo singular. Da igual la profesión – el militar asciende, el funcionario sube de escalafón, el cocinero monta su restaurante, el comercial es elevado a la categoría de Coach.... Y también parece claro que eso unido a un cuajo personal, que es algo más del interior de cada cual, que habla de los valores de dentro, de cierto equilibrio que da la sensación que la vida que vivimos es interesante, nos da el puntito de felicidad. Los dos de la mano: proyecto y cuajo interior... Nadie escapa ni a la biología ni a las leyes de la Historia. La Historia tiene sus leyes, olvidarlo es ir al desastre. La biología nos enseña que las especies que perduran no son las más inteligentes, ni las más poderosas, ni las más numerosas, sino las que se saben adaptar al medio. En lo histórico sucede lo mismo: nuestra crisis actual se debe en gran medida a nuestras rigideces: no somos ágiles, flexibles, no estamos formados en leer las oportunidades que se pueden dar, entender tendencias...nos hemos ido empequeñeciendo, empequeñeciendo y ahora no sabemos hacer más que lo que siempre hemos hecho, en nuestro entorno, en nuestro pueblo, en nuestro barrio, en nuestra pequeña charquita...que primero se estancó y ahora se está secando. La Historia nos enseña que la hegemonía social, incluso política, se desplaza de los pueblos acomodados a los pueblos con ganas de luchar, con ganas de esforzarse, quizá pueblos que tienen poco que perder, pero que por eso tienen mucha más ética del sacrificio y del esfuerzo. Y como individuo no te vas a escapar de esa lógica histórica. Quizá sea un proceso lento, pero aquellas personas que nos acomodemos porque hemos tenido éxito, nos vendrá la decadencia tarde o temprano. En realidad vivimos tiempos de desafíos, que también tienen un componente muy positivo ■ ae"Facturo millones, y estudié en Londres y en Harvard", dijo.
Nos lamentamos por lo que no tenemos, y no caemos en la cuenta que lo que más falta nos hace nos es lo que deseamos, sino lo que ya poseemos. Lo habitual es que usemos mal esa riqueza, que ni siquiera nos demos cuenta, y la peor de las privaciones consiste justamente en ese mal uso. ¿Quién necesita más el pan, el que tiene hambre o el que lo vomita?, ¿quién está más privado de amor: la chica que aguarda todavía a su príncipe azul, o el vicioso que corrompe todo lo que toca?, ¿quién está más lejos de Dios: el ateo angustiado por el vacío del cielo y el sinsentido de la vida, o el beato que estruja la fe contra su corazón como si fuera un amuleto?. Nos quejamos de nuestra pobreza, pero tendríamos que pensar en el uso que hacemos de nuestra riqueza, y caeremos en la cuenta que cuanto peor la usamos mayor necesidad sentimos de utilizarla en otras cosas, para utilizarlas aún peor, con la nada como único horizonte. La persona que es capaz de hacer un uso recto de todo, que agradece y vive la alegría de su riqueza, aunque no tenga nada, tampoco lo echa de menos: sin darse cuenta, quizás, Dios está en su bolsillo. Y aquel que es incapaz de percibir ese brillo divino que se esconde en cada cosa, en cada persona, en la vida, aunque lo posea todo…no tiene nada: puede comprar todas las plantas del mundo, pero ignora lo que significa sembrar, recoger y oler una humilde flor. Y cuando perdemos esa pequeña riqueza nuestra de cada día hasta las canciones se vuelven tristes. Muy tristes ■ aeUrgencia de creer
Chavela Vargas lleva a donde quiera que va los aprendizajes y pesares de sus 85 años de una vida intensa y apasionante. Su voz es inconfundible y honda, tanto como la actitud valiente y sabia que asume con la naturalidad y sencillez de una gran y única artista. Quizá la mejor de su género. A principios de julio pasado regresó a su casa de Veracruz donde vive rodeada de gente sencilla, la mayoría pescadores, después de estar unos dos meses en España. No paró. Comenzó en el Teatro Albéniz de Madrid y recorrió de punta a punta el país: Madrid, Jerez de la Frontera, Almería, Gijón, Torrevieja, Granada, Cádiz, Barcelona y Castellón. De paso se dio una vuelta por Toulouse para participar en el Festival Río Loco de música popular y tradicional, que este año se dedicó a México. En una pausa de su intensa gira concedió una entrevista a Maria Cortina, entrevista en la que lo más sublime de su alma. El repertorio lo variaba poco, pero en cada escenario su canto fue diferente. Es uno de los dones de Chavela Vargas. Ser diferente. No importa si siempre canta La Llorona, porque nunca es la misma Llorona. Algunas veces domina más un tono que otro o le da más fuerza a los silencios. Otras veces la declama casi, la susurra. Según se lo dicte —me explica— un ser que la habita. Alguien que se apodera de ella. Un dios, un duende, su tristeza. ¿Qué siente Chavela Vargas cuando canta? Al entrar al escenario siento miedo. Pero algo encuentro o algo me encuentra a mí. Antes de terminar la primera canción ya estoy en otro lado. Del lado de mi público. No sé explicarlo, no quiero hacerlo. Solo puedo decirte que alguien se apodera de mi voz y canta. Cantamos juntos frente a esos auditorios repletos de gente que me ama, que me grita que soy la mejor y que me da las gracias. Pero que también llora. Todo el mundo llora en tus conciertos. Sí, pero es un llanto dulce. De acuerdo, es un llanto dulce, pero ¿qué lo desata? Cuando yo canto los que me escuchan sienten. Y lloran porque se dan cuenta de que todavía son capaces de sentir. A pesar de los males del mundo. Sienten gozo, tristeza, nostalgia. Reciben lo que yo les quiero decir y de alguna forma, a su manera, lo entienden. ¿Qué intentas decir? Que el mundo puede ser mejor de lo que es. Que hay que saber sentir, que hay que saber luchar para ganarse el respeto de otros y respetar a esos otros. Que hay que cuidar al mundo, proteger el amor, la paz, la justicia. Yo no soy política, ni militante de nada. El canto es mi instrumento. Y lo digo cantando. ¿Aunque ese mensaje no esté escrito en la letra de las canciones que cantas? Por supuesto. Uno puede cantar La Macorina, Y volver, volver, o Vámonos, que son tres canciones con temas diferentes, pero que al cantarlas de un modo transmiten ese mensaje, ese grito que a veces es de rabia o de dolor, pero que también es un grito de esperanza. Para creer, hay que sentir la necesidad de creer. ¿En qué cree Chavela Vargas? En la vida, en la verdad, en Federico García Lorca. La otra tarde me contaste que cuando estás en la Residencia de Estudiantes de Madrid, sientes la presencia de García Lorca… No nada más la siento, hablo con él. En mis noches de insomnio salgo al pasillo y lo escucho tocar el piano. Luego platicamos. Le cuento sobre mis conciertos, sobre México, sobre España. Y a veces nos reímos. En el concierto de la Huerta de San Vicente, en Granada, lo llamaste. Frente a todo el público lo invitaste a estar presente. No, ¡si presente ya estaba! Federico está siempre. En su huerta de Granada, en la Residencia de Estudiantes, o donde haya una alma que así lo desea. Una alma sensible basta. También has invitado a José Alfredo Jiménez a algunos de tus conciertos. Recuerdo por ejemplo, tu presentación en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato el año pasado. José Alfredo me acompaña siempre. Ni él ni Federico han muerto, nada más se fueron antes. El alma de poeta y parrandero de José Alfredo está en mi. ¿Echas de menos aquellos tiempos de parrandas? Esos tiempos son parte de mí, parte de lo que hoy soy. Fueron días de mucha pachanga, de momentos divinos. ¿Te imaginas cómo era cuando nos juntábamos José Alfredo, Álvaro Carrillo y yo y después de horas de tequilas nacía una canción sobre la barra de una cantina? Así se escribieron muchas canciones, verdaderos poemas. Sobre la barra de una cantina. Fue una época intensa, viva. Pero al cabo del tiempo, también muy dura. Hasta que se me apareció un día el diablo. O me llevas ahorita mismo o me quedo muchos años más en esta vida, le dijo Chavela al diablo. Lo retó y ganó la partida. Desde entonces se ha presentado en los teatros de mayor prestigio en no pocas ciudades del mundo. Aforo lleno, siempre. Pero cuando está en España no solo está rodeada de sus seguidores. Tiene decenas de amigos e igual número de anécdotas. Le pido que me cuente algunas. A Pedro le encanta llorar en mis conciertos, se emociona. A Joaquín Sabina le gusta escuchar también mis historias. Todos me respetan, siguen mis conciertos, me atienden. Me invitan a comer, a cenar, a sus casas. De Manuel Arroyo lo que más me gusta es su manera de ser buen amigo. Es único. Cuando el presidente Aznar te impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica, estuvieron todos ellos y también Isabel Presley, Miguel Bosé, Marisa Paredes, Isabel Benarroch y muchos otros amigos tuyos. Sí, pero no solo ellos son mis amigos. En la Residencia de Estudiantes de Madrid tengo un montón de amigos jóvenes. Las muchachitas que atienden en la recepción, las que están en la cocina, las que arreglan los cuartos, los que abren la puerta y los estudiantes. Muchas tardes platico con ellos, respondo a sus preguntas, bromeamos. El otro día un poeta jovencito me regaló su primer libro de poesía. En la dedicatoria me pedía, por favor, que no muriera. También Manuel Vázquez Montalbán era tu amigo. Y él también te regaló uno de sus libros. Sí. A Vázquez Montalbán le encantaba La Macorina. En la dedicatoria del libro me pidió que cuando nos encontráramos en el trastero del mundo le explicara qué hice de aquél olor a mujer, a mango y a caña nueva. Allá te ha de estar esperando. Seguro. Para que responda a sus preguntas y para que le cante otra vez Macorina. ¿Quién es La Macorina? ¿Una leyenda? ¿Un poema, o una mujer de carne y hueso? Fue la mujer más bella de Cuba, pero también es un poema y una canción, caliente como un danzón. Ponme la mano aquí Macorina, Ponme la mano aquí. Una canción de carne y hueso que Chavela Vargas canta siempre diferente, pero con la misma intensidad. Le da igual que sea en el Palacio de Bellas Artes de México, en el Carnegie Hall de Nueva York, en el Olimpia de París, en el Palau de Barcelona o en el de Valencia, en el Gran Rex de Buenos Aires, en el patio de la Residencia de Estudiantes o en un bar de Coyoacán. A todos los escenarios Chavela Vargas llega con sus dos guitarras, con su jorongo y con su urgencia de cantar. Urgencia también de creer, de sentir, de contagiar ■ de catorces de febreros y cosas mejores
Cuando uno se encuentra con una belleza inesperada es inevitable evocar a Dios. “¡Dios mío! Cuánta belleza...", exclama el poeta Castro Alves, y con él todos los poetas. Hace unos días me sucedió al salir de casa y encontrarme con un amanecer de ésos que quitan el aliento; o ayer cuando una queridisma amiga me enviaron la foto que encabeza éstas líneas. "¡Olé con la reina", pensé. Cuando decimos “Olé” estamos hablando de Dios. ¡Olé! -dice el Diccionario de la Real Academia- proviene del árabe Wa-(a)llah ("¡Por Dios!" -la lengua árabe carece de la vocal "e" y, en ocasiones, la "a" suena parecido a "e"). Y es una exclamación de entusiasmo ante una belleza (o alegría) sorprendente o "excesiva" Ante la belleza celebramos a Dios. Esto nos viene de los árabes, que son los campeones en eso de invocar a Dios. Por ejemplo, Wa-sa Allah que significa “y quiera Dios”, y que nosotros derivamos en Ojalá. Nuestro grito de entusiasmo ante lo fantástico, ya sea un golazo imposible, un baile fantástico, una canción maravillosa, la casa de rac y su mujer, un libro, una mujer que hasta los perros y los gatos se dan la vuelta para verla, es el repetidísimo “¡Halaaaaa!”. “¡Hala, qué puesta de sol!”, “hala, qué faena le ha hecho al toro!”,”¡hala que chica!”...son expresiones que remiten a Dios... Allah!, Ya Allah! Smallah! (¡Dios! ¡Oh Dios! ¡En nombre de Dios!) . Dios nos da la poesía para contemplar la obra de arte en lo que nos rodea, las cosas son algo más que lo que vemos. Y también a partir de una piedra se puede reconocer a Dios, el Creador, el Artista. Por éso pensé -y aqui lo escribo- que un buen regalo para el día de los enamorados podría ser una de esas figuras de toreros que venden en los tianguis o tiendas de artesanías, para ponerla, no sé, en la sala o encima de la televisión...aunque corramos el riesgo de que los demás no lo entiendan y nos digan nacos ■ ae
A fin de cuentas, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las Sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los peldaños de la Tristeza y comer el pan dado por la Fantasía. De mi padre sé el nombre; me han dicho que se llamaba Dios, pero por el nombre no me hago idea de nada. A veces, en la noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que pueda amar... Pero luego pienso que no le conozco, que tal vez él no sea así, que tal vez no sea nunca ese el padre de mi alma. (...) Tengo demasiado frío. Estoy tan cansado en mi abandono. ¡Vete, viento, a traerme a mi Madre! ■ Fernando Pessoa el Livro do Desassossego
Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta. Miguel de Cervantes
Los celos son la cosa más absurda que se haya sentido jamás. Señal de desconfianza y hasta de poca autoestima. Capaces de destruir a una persona... y con suerte no a dos.
Y lo peor de todo... quién no los ha sentido alguna vez, aunque haya sido en una milésima de segundo, casi imperceptibles, pero latentes ■
¿Qué es la Esperanza? Es palabra que se nombra mucho estos días (esperanza, confianza...). Estamos en crisis, y muchísima gente a nuestro alrededor sufre. ¿En qué creemos cuando todo se deshace a nuestro alrededor?. Una crisis económica se siente como algo malo. Pero nada peor que una Guerra: muerte, odio, miedo... Una vez leí un comentario sobre la canción Lili Marleen que viene como anillo al dedo a la entrada. Lili Marleen habla de ese anhelo de felicidad que todos llevamos dentro. Todos. La canción pasó inadvertida hasta que en 1941 Radio Belgrado la emite, entre otras muchas, para las tropas alemanas. En los días siguientes, miles de cartas y telegramas llegan a la pequeña emisora pidiendo que pongan Lili Marleen. El poderoso jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, intenta en vano prohibir la canción o sustituirla por una otra versión. Lo sorprendente es que los ejércitos aliados –ante la impotente perplejidad de los jefes de ambos bandos- empiezan también a cantar Lili Marleen (en alemán o en versiones improvisadas) y apresuradamente se hace una versión inglesa, grabada por Anne Shelton, que vende en el primer mes cientos de miles de copias. ¿Cuál es el secreto de esta canción que rompe todas las barreras ideológicas, de lengua, etc. y que ha unido profundamente a ejércitos enemigos en guerra, siendo cantada a diario como un himno extraoficial? Una canción masculina, pero grabada por mujeres. Una canción que, incoada en armónica o al acordeón, incita inmediatamente a todo el batallón a desafiar a los grandes jefes... Lili es una profunda protesta contra el absurdo que es la guerra, evocando aquella infinita sed de paz por medio de una simple farola a la puerta del cuartel, donde el recluta se quedaba a conversar con Lili. Y en un halo de nostalgia infinita la canción pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Y en medio de los horrores del frente, del fondo de la tierra y de lo alto del cielo surge entre la niebla el perfil de Lili y la pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Algo tan sencillo como provocador. Porque esa es la Esperanza que en medio de esta crisis anhelamos...¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Quizás hemos perdido esa luz y hemos vivido de la tontería de los nuevos ricos, del consumismo estúpido, de la apariencia ■ ae(estremecedor)
sino: «Sonríe, alma, y comencemos.»
En nuevas manos pongo nuevos remos
y nuevas torres se alzan de la ruina.
Otra alegre mañana determina
el corazón del mundo y sus extremos.
Juntos, alma, tú y yo inauguraremos
este otro amor y su preciosa espina.
Para mirar mi muerte atrás miraba
y encontré renaciente la llanura
y sellada la boca de mi herida.
Ni el nombre sé yo ya de quien amaba,
desmemoriado y terco en la aventura
de que quien me mató me dé la vida ■ a gala
Salvador Dali resulta muchas veces apasionante. Su fascinación por el rinoceronte entronca con su interés por las formas vivas que reúnen un interior blando y una coraza dura y de compleja arquitectura. Dalí debió sentir al rinoceronte como un crustáceo terrestre. Entre los innumerables retratos fotográficos de que fue objeto (Dalí supo siempre hacerse retratar con gran maestría) se encuentra esta imagen que me hace dudar un momento cuál de los dos es realmente inteligente ■ ae sueños
A veces una fotografía basta: piazza dello amor perfetto. Al verla pensé que yo querría vivir allí, en ese desconocido pueblo italiano, y asomarme a la ventana de la plaza todas las mañanas para respirar un poco de amor perfecto. Luego se me ocurrió que deberíamos cambiar los rótulos de todas nuestras calles, limpiarlas de políticos, reyes, tribunos, alcaldes y otros personajes más o menos desconocidos, y volverlas a bautizar con palabras nuevas que fuesen intocables. Sería muy bueno, por ejemplo, pasear por la calle de la sonrisa esquiva, dar la vuelta en el callejón de la dulce mirada y desembocar en la glorieta de la felicidad perdida. De acuerdo, de acuerod, soy un cursi perdido, pero es mejor que lo que tenemos ahora ■ aecomo un pájaro herido
“El eros precisa del lenguaje, de un lenguaje hermoso, para comunicar sentimientos y necesidades. Ahora se habla mucho de relaciones y de la intrusión de los unos en la vida de los otros, y hay conversaciones parecidas a las que se tienen a propósito de la administración de los recursos hidráulicos...”. Leyendo este párrafo de Love and Friendship (1993), de Allan Bloom, el discípulo de Leo Strauss, me viene a la memoria la anotación que Tolstoi hace en su diario (1862) cuando se declara a la que luego será su mujer: “Declarado. Ella: sí. Ella, como un pájaro herido. Inútil escribir. Imposible olvidar y anotar esto” (cit. por Tatiana Tolstoi: Sur la mort de mon père et les causes lointaines de son évasion, 1928). Quizá es que ahora ni se empieza por el principio ■ ae
Sé que en algún lugar del mundo, existe una rosa única, distinta de todas las demás rosas, una cuya delicadeza, candor e inocencia, harán despertar de su letargo a mi alma, mi corazón y mis riñones. A esa rosa, donde quiera que esté, dedico este trabajo, con la esperanza de hallarla algún día, o de dejarme hallar por ella. Existe... rodeada de amapolas multicolores, filtrando todo lo bello a través de sus ojos aperlados, cristalinos y absolutamente hermosos ■ Antoine de St. Exupery, Le Petit Prince.
Dice mi amigo Suso que hay un tipo de persona que a uno le da miedo: el tipo que desprecia la vida cuando ve gente buena, personas ejemplares, vidas limpias... y no porque no se lo crea, sino porque se lo cree y le fastidia su contemplación. Está harto del bien, de la belleza, de la entrega de otras personas a los demás. No está cansado del mal, está cansado del bien. Probablemente alguna vez en su vida lo hizo y creyó en esos ideales que ahora mira con cinismo y distancia. Es, quizás, la peor desesperación. No es una desesperación que nace del cansancio del sufrimiento, sino del cansancio de la alegría. Y eso es muy peligroso. Es gente envenenada y que envenena. Nosotros envejecemos con nuestros pecados, algunos pecados nos arrugan siendo jóvenes hasta más allá del siglo. Y el alma se marchita con nosotros. Se va muriendo el chaval que había en nosotros, su inocencia, su alegría, su generosidad...hasta caer en un escepticismo caduco, deteriorado y triste. A mi es lo que más miedo me da. Sólo Dios, que es un Niño Grandón que crea las cosas con la Alegría de los niños, puede hacernos volver a ése otro que fuimos. O un amor que nos haga otros.
Una obra de arte no necesita del espectador. Funciona por sí sola. Una obra de arte perdura aún enterrada, ignorada, ajena a modas y tiempo, independiente a la fecha de su descubrimiento (incluso por un único y eventual espectador). Es. Indiferente a imposiciones estéticas, a cual sea la fórmula de expresión. Está. Por encima del soporte, pared, lienzo, papel, idioma, instrumento, medio, método, plástico, técnica, pantalla, celuloide, vinilo, hierro, voz, estilo, piedra, viento. ¿Quién define qué es una obra de arte? Los sabios, los críticos, los poetas, un consejo de ancianos, los vendedores de obras de arte, los directores de periódicos, los intermediarios, los oportunistas, un loco, un niño (no intenta ser una respuesta). A falta de otras revoluciones, el uso de internet abusa de artistas, una legión de virtuosos, de creadores, de genios, de autistas pintando en la pared con el dedo, de visionarios de nubes, de fenómenos sin abuela que emborronan cuadernos que ya estaban escritos, palimpsesto sobre palimpsesto y así indefinidamente hasta el aburrimiento, el bostezo, la falsedad, hablar por no callar, lo necio. Sin embargo una obra de arte no necesita del espectador. Nietzsche decía que los griegos levantaban blancas estatuas sobre el abismo, para ocultarlo ■ ae Ayer me hicieron un estupendo regalo de Navidad; enchufar el usb y volver a vivir la boda de éstos amigos y acordarme de lo escrito fue una y la misma cosa: "Carpe Diem. Aprovecha, ahora que tienes tus amigos cerca. Llénate de sus voces, recréate en la conversación. Atesora el grano para el invierno duro. Mira, piensa, haz música y compártela. No sabes si mañana estarás solo, sin tener con quien hablar de lo más íntimo; aunque ese mañana sea dentro de quince años. Entonces vivirás, en parte, de lo que hoy tienes. Y no desaproveches a los menos cercanos, cultiva su amistad, que también será valiosa. No caigas en el error de pensar que es corriente la amistad que disfrutas, porque es un impagable don. Cada minuto cuenta. Carpe Diem" ■ Un abrazo muy grande, Kike y Yammile, con el cariño de siempre ■ ae
Kike, Yammile,
Que el maquillaje no altere su risa,
que el equipaje no lastre sus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo les pille bailando,
que el escenario les tiña las canas,
que nunca sepan ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no les den la razón los espejos,
que les aproveche mirar lo que miras.
Que se divorcie de ustedes el desamparo,
que cada cena sea su última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
Que no los compren por menos de nada,
que no les vendan amor sin espinas,
que no les duerman con cuentos de hadas,
que no les cierren el bar de la esquina.
Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
L’amour à demi fidèle, c’est une aimable plaisanterie, tout comme la demi-sincérité ou la demi-confiance, confiante à moitié, ou la petite vertu. Car l’amour ne connaît qu’une mesure: le Maximum; qu’un degré: le Superlatif; qu’une seule loi: le Tout-ou-Rien (Vladimir Jankélévitch, Les vertues et l’amour, 1970 ■ El amor medio fiel no deja de ser una broma amable, como la sinceridad a medias, la medio confianza o la pequeña virtud, porque el amor sólo conoce una medida: lo Máximo; sólo un grado: el Superlativo; sólo una ley: Todo o Nada... Yo lo pondría aún más difícil que Jankélévitch: sólo puede haber en la vida un máximo, un superlativo y un todo o nada; es decir, sólo puede haber un amor. Si hay varios, ninguno es amor. El amor excluye el antes y el después. Cuando aparece, nos damos cuenta de que no era amor lo que creíamos amor. Cuando aparece, negamos cualquier epifanía futura del amor ■ ae
No te miento si te digo que las letras son un mundo donde de una manera u otra, mata, crea o aliña una vida. No me recreo en sueños no natos, tan sólo son las palabras unidas de tal forma para que me entiendas. No leas tristeza cuando hablo de amores, acaso despedidas. Tan sólo lee vida. El poema inacabado de mi sueño terminó desde el mismo momento que leí el tuyo. Desde entonces, sólo encuentro desvaríos:Mirando al mar, sueño sin tener qué.
Nada en el mar, salvo el ser mar, se ve.
Pero ¡de nada ver cuánto se sueña!
¿De qué me sirve, ay, verdad y fe?
(Fernando Pessoa)
Roto el espejo, terminado el vértigo a la rima. Me alejo de esa soledad comprometida, y me siento ante un papel en blanco. Hoy… hoy sólo quiero escribir un poema
Narra Saramago en Las Intermitencias de la Muerte, la historia de un viejo que vive con su hijo, su nuera y su nieto. Un día le entran unos incontrolables temblores que, entre otras cosas, hacen que al comer deje el mantel, el suelo, su persona, perdidos de comida. A los pocos días el hijo le da una escudilla de madera y lo manda al patio: ya puedes manchar lo que quieras. Esa noche el jóven ve a su hijito con un trozo de madera y una navaja y piensa que se está fabricando un juguete, y cuando le pregunta qué está tallando en niño le responde, estoy fabricando el cuenco que te daré cuando seas viejo y te mande al patio… Todos llevamos un anciano viviendo dentro de nosotros. Lo portamos desde el primer día, solo que no lo percibimos hasta que faltan nuestros padres y nos colocamos en la primera línea. No se porqué ultimamente pienso mucho en la vejez. Y mira que sé, bien que sé, que tengo todos los caminos por recorrer, todas las playas por pasear, todos los vientos para volar. Me queda toda la vida por delante. Lo sé. Pero algunos días, algunas horas, ese viejo que me habita me empieza a contar cosas. Y al contrario de lo que suponía cuando era mucho más joven, me gusta. Hablar con él me es grato. Curioso ■ aeLA vOz dE lA eXPeRiencia

Puede Que
Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaría mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Por un beso que es mío Y que sigo esperando En la urgencia de dos corazones Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer y se olvidan Por un beso secreto Paciente en tu boca Hartaré de locura mi sangre Venderia mi alma y su sombra Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues Del cielo que me entregues Del cielo que…..Por un beso que puede Hoy no tenga sentido Por un beso querido a medida Que despacio nos cuesta la vida Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaria mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Così se riesci e se vuoi Tu non perderti maiE sarai…….Y puede que….Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues ■ mb
¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer ■
¿Verba volant? Muchas sí, todas no. Las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron resisten; las palabras del desamor, las de la humillación, todas ésas resisten, seamos o no rencorosos. Las del perdón, ésas sí vuelan. Incluso el perdón más sinceramente pedido y más sinceramente otorgado se expresa a través de fórmulas y de gestos convencionales, de palabras previsibles, menos poderosas, menos duraderas que las palabras de la ofensa. Nos quedamos con esas fórmulas y esos gestos; pasado el tiempo, sólo con el recuerdo de que hubo perdón, pero no con las palabras que le acompañaban. Mientras, las otras, las anteriores, las palabras del dolor, las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron, permanecen invariables, exactas en la memoria, aunque hayamos olvidado, aunque nos hayan perdonado de corazón. Y no está bien. No ■ ae Que el fin del mundo te pille bailando
Definitivo y cerrado: No tengo ni la pluma de Bécquer ni la sensibilidad de Sabina para presentarte como al padrino que me apadrinó en la legión extranjera, como mi hermano gemelo, el patrón de la merca ambulante, o Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante (La canción más hermosa del mundo). Tampoco -tengo- el ingenio de Savater o las espléndidas salidas de Juan Manuel de Prada. Sólo tengo éstas dos manos y éste espacio que me presta la red para decirle al mundo que cumples años, y que tomo prestados -porque seguro no le importa- aquellos versos de Sabina para decirte y desearte con todo el corazón, Roberto, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas, que el diccionario detenga las balas. Que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario te tiña las canas, que nunca sepas ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, ni ayer ni mañana. Que no se ocupe de ti el desamparo, que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina. Pero sobre todo te deseo que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de boda, que no se ponga la luna de miel. Feliz cumpleaños, mi hermano, que cumplas muchos más y que los que te queremos, te los vayamos festejando ■ ae www.youtube.com/watch?v=IhFeAqoSdgg&feature=related

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