Playing Love (The Legend of 1900)


...es verdad: siempre hay alguien que saca lo mejor de nosotros mismos. 

Tú fuiste.....



Algunas cosas de la vida me cuestan mucho. Una es la muerte. Tengo claro que hay que prepararse a diario para aceptar esa putada en los demás y en mi. Porque la muerte es una putada.  Otra es la experiencia de aquellas horas o instantes de plenitud que uno tuvo, y a veces tiene, en el amor, o en la contemplación de la belleza, donde el cuerpo se funde en el alma y parece que sientes la eternidad. Y que dure tan poco, que sean tan efímeras, que no soportan el paso de los días o las pruebas. Que quedan en la memoria como un sueño que con el tiempo no sabes si realmente sucedió, o si sucedió de esa manera que uno recuerda. Ya sé que no por ser efímeras se les puede calificar de ilusorias. Sucedieron así, y vislumbramos el resplandor que anticipa a lo que realmente estamos llamados: a la eternidad. Nunca me he sentido más cerca de Dios que en esos momentos donde se cruzan alma y cuerpo, como aquel beso enamorado, o esos abrazos intensos que parece que quieres ser uno, y sólo uno, con esa persona. O cuando sientes que la musica te envuelve, atrapa y sobrecoge hasta hacerte llorar. No puedo menos que luchar contra el veneno del escepticismo que con los años intenta inocularme la idea “esto no puede durar”, o “ todo es mentira”.

Tú fuiste mi primer amor.
Tú me enseñaste a querer
No me enseñes a olvidar
Que no lo quiero aprender.

Por mucho que en el día a día nos arrastremos entre miserias y vanidad, ¿vas a olvidar las horas privilegiadas que has tenido en tu vida? Esa es mi lucha: permanecer fiel a las alegrías vividas y que desaparecieron, a la belleza entrevista en un frío amanecer como el de ayer domingo, un amanecer que se me ha escapado, otra vez. Quizás una forma de vivir estas cosas extraordinarias de la vida es sentirlas como un milagro. Llegó, lo palpamos, y pasó. Es la prueba de que el fuego es más que la ceniza, o que el vino más que el poso, los besos más que el rictus de una calavera y la eternidad más que el tiempo. Pero cuesta, vaya que sí ■ ae 

cErTezaS

Ser capaces de sobrepasar la barrera de la presencia. Ese estar ante alguien, mirarlo a los ojos, y saber que te unen hilos invisibles que no te sabrías ni siquiera contar. No sabes de donde parten, tampoco el lugar hacia el que te van a llevar. Sólo sabes que están. Esta capacidad es un regalo, no todo el mundo tiene ese don, ese saber mirar desde los ínferos. Cuando ocurre, lo hace sorprendentemente. Transparencia en el alma. Transparencia en la voz. Hay personas que te transmiten esta infinitud nada más que te enfrentas a su mirada, incluso en esa primera vez en que escuchas su voz, sólo su voz. Puede ser una voz cazallosa de resonancia profunda, o una voz suave de infinitas declinaciones… y sabes, intuyes los hilos invisibles que tan profundamente te unen a ella, sabes que están ahí. Lo sabes. Y ya nada irá en contra de esa certeza. Como diría Clint Eastwood: es esa clase de certezas que se presenta una sola vez en la vida. Y entonces regresas a casa con esa mirada convertida en prenda. Buscas la mejor de tus estancias, el mejor lugar de tu alma. La colocas en la caja más bonita y la guardas. Ya no la quieres perder. Y te quedas enredado con tus pensamientos al lado de esos hilos invisibles que no sabes definir, que quizá tampoco sepas muy bien de qué emoción han surgido, pero sabes certeramente, que siendo hilos invisibles, siempre te van a sostener. Quiza sea esto, el reconocimiento de la amistad. Y también es cierto, sí... no todas las certezas son posibles. Lamentablemente ■ ae

Shhhhhhh

El mundo a veces tiene demasiado ruido, un ruido hueco y hostil. Es entonces cuando te retiras, te resguardas en tu silencio y te dedicas a observar. No puedes evitar tu ausencia de sonido. Empiezas a percibir con nitidez el sonido de los demás; esa necesidad que tienen los otros de arrasar, de ser el centro de atención, de sentirse la atracción de todas las miradas. Y te preguntas a qué puede obedecer una necesidad así. Y permaneces en tu instante silente, te quedas pensando si te has perdido algo importante, porque tú ya no sabes subir ese escalón en el que los demás están, no sabes estar en el ruido de los demás. Te preguntas si hay algún eslabón que no has encontrado o que has perdido para poder subir a esa historia que comparten los demás. Una historia que te parece incomprensible, a la que no sabes ajustarle el sentido. Y en silencio te dices que quizá tu lugar no sea ese, que estás perdido, que no querrías estar ahí. Y te sientes un ser extraño. Con ganas de regresar a tu lugar de silencio, de palabra y de olvido. Donde el ruido de lo absurdo ya no te va a interrumpir más. La soledad entonces se convierte en sonora. Y descansas. Tu olvido puede por fin reposar. Y regresan a tu encuentro todas esas otras miradas que sostienen la tuya, esas de las que ya nunca vas a saber prescindir. Silencio sonoro. Amistad. Y vuelves a sonreir, porque te sabes en otras presencias, y que lo de hoy, lo que has habitado hoy, es tan sólo un instante. Y te dejas llevar irremediablemente por el poder de otros ojos, por la atracción de otras miradas, por la presión de otras manos. Y sabes que al lado de otras presencias tienes la capacidad infintia de ser tú mismo. Sin otro sonido que interrumpa el tuyo, sin más resonancia que la que tú eres, ¡animo, Salva! ■ ae

¿Qué es la melancolía?, me preguntó alguien el otro día... pues, verás… la melancolía -intenté responder- es una especie de tristeza, una tristeza suave que a veces ronda nuestro pensamiento. Y si la miras atentamente, si la sabes observar, sabrías decir qué causa tiene. -¿Es como la tristeza que sentimos cuando se marcha un amigo?... -Sí, un poco así, porque les echamos de menos, Pero no es grave esta tristeza, sólo nos acompaña un ratito. Esa es la melancolía. No es como esa otra tristeza grande y seria, sino que es pequeña y medio sonriente Y yo me quedo balanceando en esa palabra de rasgos serenos y profunda; melancolía. Es ese sentimiento que nos rodea cuando abrimos el sencillo armario en que hemos ido a guardar, cual ropa bien limpia y planchadita, los proyectos que son ya un imposible. Que fueron vitales y que hoy permanecen en silencio, guardados para siempre en la memoria. Los acaricias suavemente como toallas limpias y perfumadas, y los vuelves a encerrar en ese armario que es tu memoria. Es entonces cuando reconoces esa melancolía que es siempre sencilla, y que es a la vez una ofrenda. También es melancolía ese sentimiento ante la lejanía de los amigos, aquellos que un día estuvieron en tu presente, y que el devenir del tiempo ha ido a colocar en otro espacio. Tristeza que es alegría cuando rememora el recuerdo; cuando perfila tu suerte por haberlos encontrado en tu camino. La amistad que se añora, y que una vez fue vivida y sentida; así es la melancolía... Como lo es también, ese algo que te atrapa cuando ves fotos de personas que no llegaste a conocer, a las que has querido esencialmente. En su ausencia, latía el amor que ellas sentían por ti. Sientes melancolía por tu abuela, por tus abuelos, y sabes de esa serena sonrisa que se te queda en los labios por la multitud de veces que has soñado con ellos... Y me digo a mí mismo que la melancolía es uno de los diversos tesoros que puede albergar una mirada. Es esa impresión certera que te hace consciente; puedes amar y te aman. La melancolía, es también una tristeza que se convierte en naciente esperanza. Detrás de su presencia, yo presiento siempre a la esperanza, con toda su timidez. Una intuición que nos dice que una vez puestos a resguardo los proyectos no vividos, los recuerdos almacenados, y la idea de tu ausencia; quedará espacio para vivir con alegría el porvenir que nos espera. La melancolía, me digo, es una especie de tristeza que espera. Que sale al encuentro de un significado. Una tristeza que permanece a la espera de respuesta, de realidad, de sentido. Una melancolía en cierto modo alegre... Y me pregunto, que qué nos quedará de todo esto. De la melancolía, de la esperanza. Y pienso en que todas las cosas tienen un inicio y un final, esa es mi melancolía de hoy; todo, un día finaliza. Siempre recordaré con melancolía estos momentos. Siempre querré volver a ellos ■ ae
Si quieres conocer a una persona , no le preguntes lo que piensa sino lo que ama. Es de san Agustín. Y aunque no fuera de Agustín, tiene toda la razón la sentencia. Pero...¿qué amo yo, o a quién amo?...lo que siento por una persona, ¿cuándo le llamo amor?. Es “la pregunta”. No sé los demás, pero en mi los afectos, lo que siento, me parece lo más irracional de mi mismo. A veces es casi un instinto. Sin la pasión sería de otra manera. No escribiría, no cantaría, no leería y no me enamoraría como yo me enamoro, que es a calzón quitado, a lo bestia, a tumba abierta. Con el tiempo uno aprende que hay que ordenarse. Más que nada porque uno aprende a base de golpes. Y aprende que todo sentimiento que anula mi libertad, o la de otro, está mal. Apasionarse por un amor es estar loco y hacer el loco. Un enfermo de eso que por allí llaman “amor” se salta a la torera todas las convenciones, es capaz de adulterar, de hacerlo con un perro, con su abuela o con su hija. Por amor se mata, y se suicida. No es amor de lo que hablamos, la mayoría de las veces es deseo, deseo hecho costumbre. Al deseo no le interesa la libertad porque sólo le interesa el objeto del deseo: quedar esclavo de él, o esclavizarle a él. Quiere la satisfacción, no la libertad. Muchas veces estos años lo he pensado...¿ qué pasó? ae
Y si estuvieras aquí conmigo esta noche,
yo sería feliz y tú lo sabes.
Estaría mejor también la luna,
ahora más pequeña que nunca.
Dejaría a un lado también la nostalgia
que desde lejos regresa para llevarme.
De nuestro amor sólo un rastro que el tiempo borrará.
Y nada sobrevivirá.

No te olvides nunca de mi,
de cada una de mis costumbres,
en el fondo estuvimos juntos
y no es un pequeño detalle.

No te olvides nunca de mi,
de la más maravillosa fábula
que se haya escrito nunca;
un final feliz era previsto y muy deseado.
Quizás tambien haya sido un poco culpa mia,
creer que fuera para la eternidad.
A veces todo se consuma un poco,
y sin preaviso se vá.

No te olvides nunca de mí...


....¡claro! ¡hoy lo comprendí!....o mejor: lo terminé de comprender. El contrapunto se refiere a una parte de la teoría musical que estudia la técnica que se utiliza para componer música polifónica mediante el enlace de dos o más melodías (también voces o líneas) independientes que se escuchan simultáneamente. El término contrapunto deriva de punctum contra punctum, «nota contra nota» o «melodía contra melodía» y por sí mismo describe el pasaje musical consistente en dos ó más líneas melódicas que suenan simultáneamente...

Eres el contracanto que aparece de repente, como una melodía tan distinta y diferente, eres un estribillo sin carencia ni armonía, y aunque me desafines más te quiero todavía.
Eres la partitura de la historia de mi vida, no describí tres notas y no encuentro la salida,  eres el sol la clave del amor que te venero, y solo con tres notas yo te digo que te quiero.
Eres mi contrapunto y la razón de este bolero, eres mi contrapunto y sin embargo yo te quiero, eres el contratiempo que mi vida no esperaba, eres mi contratodo y contra ti no tengo nada.
Tu eres como un silencio entre blancas y corcheas, aunque te sigua amando por muy negras que las vea,  eres como el concierto de una mala sinfonía,  pero a pesar de todo yo te amo vida mía.
http://www.youtube.com/watch?v=b5xxdswlf7k

He encontrado muchas cosas, pero aún no he encontrado lo que buscaba. Es como la búsqueda del Santo Grial, aunque pueda parecer muy literario decirlo. Es la búsqueda del yo, y a la vez, es llegar a comprender a los demás seres humanos como lo que son, nuestros semejantes. Es una de las razones que me impulsan a escribir... Es tener la sensación de estar siempre a las puertas de algo, quizá, de un "paraíso inhabitado" ■ ae

biOGrafíAs

Uno tiene sus lugares que ha ido amueblando con los libros leídos, con las peliculas que ha visto, con la imaginación, que ha inventado todo tipo de historias. Son espacios que están unidos a recuerdos, a personas, incluso a sueños realizados o por realizar. Algunos tenemos la suerte, aunque a veces esa suerte se paga cara, de que muchos lugares están asociados a personas. Y he conocido muchísimas personas. Nos hemos conocido. El mejor paisaje es el rostro de una persona. Cuando ya con ocho años comienzas a hacerlas renunciando a la seguridad del molusco, y a los diecisiete te embarcas a la vida, a ver qué pasa, y comienzas a navegar por aquí y por allá, atracando en puertos (me refiero más a personas que a lugares) de imprevisibles ambientes y atmósferas que con el tiempo se aparecen enrarecidas, o con un encanto especial: parte y razón de un proceso de madurez que descubres con el tiempo, A esos lugares , esos mapas, esa cartografía de la vida de cada uno, le llamamos biografía. Uno también es un paisaje. Somos algo parecido a una tierra donde hay sus valles, sus praderas, sus bosques, pero también sus cumbres heladas por la soberbia, o desiertos de soledad que no queremos enseñar a nadie, o ciénagas pantanosas que evitamos que nos conozcan y visiten. Somos muchas cosas dentro de nuestro paisaje interior. ¿Qué pasaría si durante unos días, por un extraño sortilegio, nos convirtiésemos en nuestro propio paisaje y alguien pudiera pasearse por él, por nosotros, dentro de nosotros?. ¿Qué encontraría? Como en un jardín botánico de seguro hallaría camelias y dalias, pero también cactus y arbustos, y zonas descuidadas, desordenadas por el abandono. Y no faltará el que tenga su buena colección de plantas carnívoras. Alguno anidará la repelente Stapella, que huele a cadáver en descomposición. No todo serán campos sembrados, ni verdes laderas, o bosques fantásticos. Habrá zonas de escarchas heladas y frías, simas o volcanes en erupción. Somos paisaje y, a veces, hay que dar gracias a Dios de saber tan poco de nosotros mismos ■ ae

Escribía el otro día alguien -hablando de un amigo que acababa de perder apenas unos días antes- "Para mi fue esencial. Una influencia enorme, en mi vida y en mi trabajo. Lo veia casi todos los dias y viajamos muchisimo. Nuestro grupo de amigos era su familia y es muy raro porque eso es lo que mas me duele. Ver a mi gente mas cercana pasándola de lo mas mal". Muchas preguntas vinieron a mi cabeza y desee entonces, con todas mis fuerzas, saber tocar las vidas de quienes me rodean, ser esencial para ellos sin que ellos se den cuenta y sin que haya coodependencias; desee dejar algo en las vidas de quienes me rodean; de pasar junto a ellos y tocar su alma, aunque sea unos segundos. Gracias mozko, por confiarme lo que sentías. Hoy le pido a Dios y a la vida que sientas en tu corazón la certeza de que él está bien ■ ae
A veces, la vida es un corta y un pega. Nada más. No tienes nada que ofrecerle al mundo, y sabes que lo recibes todo de él. Tu palabra permanece muda. Pero tu mirada está alerta. Tu oído. Tu piel. Tus manos. Es así, a veces la vida es un recibir y un dejar nada propio. Y así son también, a veces, los blogs. Sin nada propio, se utilizan para hacerle eco a las pequeñas cosas que nos vamos encontrando en nuestro mundo. Mi blog últimamente es eso; un corta y pega. El mismo corta y pega de mi voz que hoy, es de silencio ■ ae

Otro año, más cariño

A cualquiera que le preguntes por la calle te dirá que un amigo es un tesoro y que no hay nada como la amistad, a la vez que te dará unas cuantas definiciones y metáforas a cual más "florida" sobre el asunto, pero a la hora de la verdad -de la salud, de los dineros, de la muerte, de defender- tengo la impresión de que no todos entendemos lo mismo por amistad, que un buen amigo es algo difícil de conseguir y que en no pocas ocasiones confundimos el concepto de amistad con el de compartir diversiones, aficiones y juergas. Así, de golpe, casi sin pensar –pero pensando en mi amigo-hermano Roberto que hoy cumple años- se me ocurre que un amigo es aquél que en todo momento "está ahí", con el que puedes contar cuando vienen las podridas; que te merece toda la confianza del mundo y que por eso no hay secretos. En frase que le oí una vez a Brunetti: alguien a quien no se le caen los anillos por decirte "oye, se te ven los mocos". Ahora que lo pienso Roberto no me lo ha dicho a mí nunca, pero yo sí a él, y lo aceptó con una sencillez y una magnanimidad envidiables. Me parece que demasiadas veces se da mal uso al concepto de amistad, se considera como amigo hasta aquél que acabamos de conocer en la barra de un bar y, lo que me parece más grave, se instrumentaliza la amistad, porque hay quien la utiliza para medrar y quien la usa hasta para trepar social o profesionalmente... Hay un sentimiento que pienso es común a casi todos hombres: la necesidad de cariño; por esta razón la amistad acaba siendo algo que buscamos, a veces con ansiedad, circunstancia que dota al deseo de amistad de cierta dosis de egoísmo. Existe el peligro de que busquemos a nuestros amigos como desaguadero de nuestra penas, descanso de nuestras fatigas o recurso para nuestros deseos de pasarlo bien, y si no nos paramos a pensar que toda amistad, si es tal, exige correspondencia, acabemos utilizando a aquéllos cuya amistad aspiramos a mantener. Los amigos nos vuelven sin duda más humanos, más comprensivos y, con ello, más solidarios. Hay quien dice que mientras la familia te viene impuesta, uno puede elegir a sus amigos. Cierto. Uno los va descubriendo en el transcurso de la vida; por eso más que buscar amigos lo que se trata es de encontrarlos. Empatía. El diccionario la define como "la capacidad o proceso de penetrar profundamente, a través de la imaginación, dentro de los sentimientos y motivos del otro". Comprensión, identificación, interés por el otro son conceptos que tienen mucho que ver con esa caridad que en el Evangelio Jesucristo impuso como "mandamiento nuevo". No sé, hoy quería escribirle algo al gordo porque cumple años y me doy cuenta lo difícil que es definir la amistad. No hay conceptos unitarios. Es más fácil buscar ejemplos que recetas. Hay quienes son muy aficionados a etiquetar y buscan arrimar el ascua a su sardina para decir cuándo algo es amistad y cuándo no lo es, sin darse cuenta que la realidad suele ser más rica que lo que nos cuentan los libros, los manuales y los reglamentos. Yo me encontré con RAC hace unos años, me encontré con su esposa -tanto o más valiosa que él- y hoy le doy gracias a la vida y lo celebro. ¡Feliz cumpleaños, Roberto! ■


aQueLLaS peQueÑas cOSas


Y uno se cree, que los mató
el tiempo y la ausencia
pero su tren
vendió boletos de ida y vuelta,
Son aquellas pequeñas cosas
que nos dejó tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón,
te acechan detras de la puerta
te tienen tan a su merced
como hojasmuertas
que el viento arrastra allá o aquí...
que te sonríen tristes y
nos hacen que, lloremos cuando
nadie nos ve.
Como un ladrón
te acechan detras de la puerta,
te tienen tan a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí...
que te sonríen tristes y
nos hacen que, lloremos cuando

lA rEd

Internet es un universo virtual que tiende al infinito. La red se expande a velocidad de vértigo, y el ciberespacio no se llena jamás; se diría que no tiene límites. ¿Los tiene? Supongo que alguien sabrá cuántas webs, blogs o entes semejantes se crean en el mundo cada minuto y cuántas páginas abandonadas vagan por el éter ya sin piloto ni lectores, como chatarra espacial no reciclable. ¿Cuántos miles de millones de conversaciones hay ahora mismo en la red? ¿Cuántas declaraciones de amor, real o virtual? ¿Cuántas imágenes sucias o limpias? ¿Cuántas voces se cruzan? ¿Cuántas transacciones comerciales? ¿Cuántas estafas se están perpetrando en este instante? Ya nadie duda de que Internet es uno de los inventos más revolucionarios de la historia y el que más vértigo produce al que se asoma por primera vez o reflexiona sobre lo que tiene al alcance del teclado. “Si no estás en Google, no existes”, me dijeron, y no tardé mucho en comprender que no era una broma. Cuando colgué éste (mi pequeño) globo en la red, traté de imaginarme el espacio virtual como una gran ciudad, y me propuse ocupar sólo un barrio, un barrio por cierto de "gente razonable"; de poetas, de escritores, de buscadores de la verdad y amantes de la libertad. ae.

El amor no es sólo un sentimiento. El amor no es sólo el cosquilleo que corre por la espalda. El amor es entrega; el amor es sacrificio; el amor es donación; el amor es fidelidad. Yo creo que el amor es una decisión. En fin, hay que comprenderlo todo..., pero algunas cosas se comprenden muy mal. Y, en cualquier caso, no creo que debamos aceptarlas como naturales y normales. Hay que cuidar el matrimonio cada día: hay que lavarlo, hay que peinarlo, y hay que tenerlo guapo. ae

Estamos en tiempos de incertidumbre, mi mirada recoge tu mirada, y somos capaces aún de cabalgar a través de mil colores. Estamos ante una incógnita no asible, pero no permanecemos solos. Me agarro a la firmeza de tu mirada, y al tamborileo de tu alma, que es valiente. Y me emociona tu semblante.Tu firmeza. Tu sonoridad de silencio. Eres.
Acercarnos al otro es siempre un misterio. Vivimos con esa necesidad, la de estar al lado de otro. El otro delimita nuestro ser. Al lado del otro reconocemos nuestra referencia como persona, aquello que nos mueve hondamente. Hablar del otro es saber de familia y amigos. Aprendemos de los otros el ritmo que nuestro movimiento tendrá en este espacio, el nuestro. Sin un otro, la vida, la nuestra, carecería de límites. El otro es el eje fundamental de ese tiempo que es sólo mío: mi tiempo creador. En él siempre, la estela de los que nos acompañaron, de los que nos acompañan, y de los que estarán por venir. Buscamos un otro. Pero siempre lo hacemos desde el desconocimiento, desde la incertidumbre que siempre es lo no sabido. Estar al lado de los otros es siempre un regalo, y también, una incógnita. A su lado reímos, lloramos, buscamos, encontramos, discutimos y amamos. Pero no siempre es así. A veces, y sólo a veces, afortunadamente, el otro es un simple espejismo. Algo que no acierta nunca a ser real. Llegas a estar a su lado, sí, pero te sientes muy solo. Es esa soledad que se te pega al lado de quienes sólo se ven a sí mismos. Entonces, tu mirada se entristece un poco. No hay posibilidad, tus palabras caen en un saco sin fondo. Tu verdad, no tiene respuesta. Tu persona, cae en el baúl de silencio, y se queda sin sonido. Y toda palabra que se dirige a ti, no lo hace directamente. Necesita otro coro, otros aplausos. Necesita la reinvención de su presencia. Tergiversa las cosas, así que no llegas a saber muy claramente si de lo que habla es de ti. Decepción. Detrás de ese espejismo, sólo hay un interés exacto. Un objetivo que una vez reconocido como imposible, te deja de lado, te vapulea, te aísla y te deja desconcertado. A todos nos ha ocurrido alguna vez la decepción del desencuentro. Sucede a veces, es cierto. Pero aunque ocurra, nunca es capaz de borrar la experiencia que nos ha ido regalando la vida. Esa risa que presiento cuando te oigo por teléfono, o tu llanto, la alegría que recuerda mi casa cada vez que vienes a quedarte, el dolor que compartimos detrás de una discusión insulsa, el cansancio que tu mirada viene a liquidar cuando me observa, y la perpetua resonancia en las pequeñas cosas, de ese otro que hace de mí, una presencia sonora, alegre y sentida. Los otros son nuestro límite; son la exacta medida de nuestro ser en el tiempo. Y son también, la presencia que hace de nuestra vida una vida con sentido ■ ae
"…porque si al fin se ama al que es tan diferente y no hay motivo, interés, ni facilidades, entonces es que tal vez el amor exista; entonces es que tal vez exista haya lugar para el romanticismo, para creer en algo inmaterial que impulsa a la materia, que la mueve y por eso cuanto más desiguales los amantes más cerca del milagro de ser otro, más cerca de creer en el milagro, quiero decir. En contra de las leyes del sentido común una fuerza acerca sus cuerpos y esa fuerza, lo juran, les hará diferentes, les sacará del mundo. Les estremecerá de dicha, de voluntad contenida y extensible". El lado frio de la almohada. Belén Gopegui.

Lo imposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad. Por eso amamos la literatura, por lo que engendra. Ésa es la última razón. Las demás razones tal vez sean complejas, amplias y personales, pero no son la última, la necesaria, la imprescindible. (...) Por eso leemos, por eso amamos la literatura. Por lo que nos rebasa.

¿qué más quieres que te diga?

Hoy he pensado que le hecho mucho de menos. Sentarme delante de una página en blanco. Inspirar. Entornar los ojos. Fruncir el ceño. Apretar los labios. Señales para llamar a las musas....a la inspiración.. a los recuerdos...a los olvidos...a los sueños...a las vivencias..a los deseos..a los miedos... a las dudas... a las certezas. Que todos vengan, que vengan todos danzando hasta posarse sobre el blanco, tiñéndolo de negro. Negro sobre blanco, explicando los vacíos. Blanco absorbiendo el negro, dándole sentido, dándome sentido. Que vuelvan todos –sueños, miedos, dudas, olvidos y deseos- al laberinto, que caminen sus veredas, que se pierdan en sus encrucijadas, que den la vuelta, que vuelvan a empezar y vuelvan a perderse. Y así hasta el infinito. Que no vuelvan a escaparse las palabras del laberinto. Le echo de menos ■ae

El olvido dejó enterradas muchas cosas. Volvemos renacidos, y en este ir y venir que es hoy darle la vuelta a la casa y a las cosas, nuestra voluntad desecha lo que ya no sirve, lo que no nos dijo nunca nada, lo que permaneciendo, carecía de significdo y de sonido. Desechamos lo que ya no tiene futuro. Reordenamos la casa, el pensamiento, la perspectiva y vamos dando consistencia a un montón de proyectos que tienen la necesidad de ser. Ilusión, obligaciones y retos. Le damos la vuelta al colchón de nuestros días y colocamos mantas nuevas, plantas vistosas, utensilios prácticos de cocina, y libros aún por leer. Reinventamos un horario. Y aunque los días cortos dejan ya presentir cierto latido de tristeza, es un latido que por fortuna no es capaz de vencer su propia timidez. Cielo azul intenso. La luz aún es poderosa. Todo se renueva a pesar de ese otoño que ya se nota tan cerca. La ilusión por lo que se espera es firme. Ilusión. Se hace limpieza. Se ventila la casa. También el pensamiento. Estancias y mirada tienen otro aire. Es septiembre. Permanecemos de nuevo al frente de nuestro ser. Una mirada rotunda nos sostiene; nos enfrentamos a los días que serán un reto. Y rotundamente, le decimos a la vida que sí. Que hacia ella vamos. Sin rendición■ ae


A veces, no rendirse es necesariamente eso: una bandera blanca. Y seguir con todas tus naves hundidas, una manera de triunfar. El ruido que te rodea, esa es justo la paradoja ■ ae

Una vez más: había mucho que ver a lo largo del camino, y cada objeto que encontraban mis ojos, incluso el que parecía más insignificante, tenía tal interés para mí, que olvidé por completo mis esfuerzos. A veces admiraba la fortaleza de mi constitución; me permitía seguir adelante. Ida Pfeiffer (1797-1858).

... Y allí, al lado del horizonte, se quedó el hueco de tu no presencia. Sin conocerte, te eché de menos. Y me pregunté adónde habrían ido tus emociones a esconderse. Y hubiera querido saber el exacto significado de tus colores, de todo eso que es verdad y se esconde. Hoy el día es azul, y en el alma late el sabor amargo que siempre nos deja la ilusión que se ha roto. Vuelvo a mi regreso, retrocedo, y piso de nuevo las huellas que ya conozco. Observo este día, y me gusta el color de su soledad. Me reconozco en los pasos que no he dado y los guardo con cariño. La posibilidad era un infinito lleno de equilibrio. Ahora que no está, la dejo allí, en el horizonte, donde habita tu no presencia. Y me dejo llevar por esta calma triste. Vuelvo al lugar de mi sueños, al escenario, donde siempre, ocurra lo que ocurra, soy feliz. El azul de este día me reconforta, y me dejo mecer por su presencia. No necesito mucho más. Así es siempre el consuelo; habita en lo pequeño.

para tí, Brunno, para tí P


Había mucho que ver a lo largo del camino, y cada objeto que encontraban mis ojos, incluso el que parecía más insignificante, tenía tal interés para mí, que olvidé por completo mis esfuerzos. A veces admiraba la fortaleza de mi constitución; me permitía seguir adelante. Ida Pfeiffer (1797-1858)

Hace unos días, después de hablar con el papá del buen Brunno, salí y me puse a contemplar las estrellas. La ciudad medio-dormía delante de mi. Y ante ese espectáculo me vinieron unas ideas, pocas. Pensaba en ésas personas que se levantan por la mañana con una idea. Sólo una idea. Y a veces es obsesiva hasta después del primer café: la vida es una mierda (hay quienes eso le sucede más allá del primer café). La vida es una mierda, así, a bulto. Fuera aparte de razones de enfermedad, a esa gente habría que decirle "oye, pérame; párate a pensar un poco, y no creas que eres el ombligo del mundo. El que eres una mierda eres tú, y la vida que llevas, pero la Vida, así, con mayúsculas, no es una mierda". Vivimos en un sitio más o menos grande que da vueltas de una manera inexplicablemente maravillosa y misteriosa que llamamos planeta Tierra. En este planeta vivimos nosotros, y parece que bastante solos pues, se diga lo que se diga, de momento no hay nadie más allá afuera. Nos rodea una cosa que llamamos Universo. Si te comparas con la Tierra no eres nada. Pero si comparas tus problemas con la Tierra, te parecerá pequeña....¡tus problemas son tan grandes! Pero, ¡amigo!, mira esta fotografía y verás las cosas de otra manera... Lo que ves es la Vía Láctea, y uno de esos puntitos es donde vivimos. O sea, que sí somos una mierda. La estrella más grande que conocemos, VY Canis Majoris, tiene unas dos mil veces el tamaño del sol. Ahora comparate a tí mismo con esa estrella, y me cuentas. Y mañana por la mañana mírate en el espejo y te darás cuenta que eso que ves reflejado es un milagro que exista, que cierre y abra los ojitos, que incluso se emocione, o que se enamore, que ría. Que seas quién eres y no seas una esponja, o una ameba, o una mosca, de las que nos diferencian suspiros genéticos. Leí no hace mucho que las probabilidades de que hayas llegado a existir en este mismo instante, son de aproximadamente uno dividido por infinito, siendo infinito más grande de lo que puedas llegar a imaginar jamás. Eso sí que es grande. No sé -me dije a mí mismo- cuando te levantes por la mañana y pienses que la vida es una mierda piensa en estas cosas, y deja de quejarte y disfruta del rato que te está tocando vivir. Y disfrútalo con tu gente.

A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío,
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.

A veces viene la tristeza.

A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.

A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da,pero no puede
vivir.

A veces viene.
Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento
y amor.

un poco más

Pienso que a veces le pedimos demasiado a éste cuerpo nuestro que, por cierto, tiene sus cosas y sus rarezas. Y pienso también que para sentirse feliz sólo se necesita un poco de paz, un mínimo de tiempo para escucharte sin prisas, para cerrar los ojos y nada más. Por eso ando, por eso escucho música, por eso rezo y hablo con con mis amigos muertos. Eso y la música, y poco más. "Oye, ¿y el amor?". Pues el amor acompaña: te acompaña; es la atmósfera que respiras. A uno le da la impresión de que, en general, hay gente que controla poco su vida. Se sienten esclavos o más infelices porque, probablemente, siente que su vida se le escapa sin cumplir sus sueños, sin hacer lo que realmente pensaron, sin vivir las experiencia que anhelan y sin sentir el amor que desean o disfrutan y que tanto merecen. Algunos se equivocaron en el primer cruce de caminos y a partir de allí, o no hubo más cruces, o no acertaron con otras sendas que podían de elegir. De entre todos los que conozco los más infelices son los susceptibles, los que se pican por nada, los suspicaces, los quisquillosos, los hipersensibles. Una pena ser así, porque es de difícil cura la enfermedad. No distinguen lo que tiene de importante de la tontería, y sufren, y hacen sufrir. Un amigo con el que caminé un tramo importante de mi vida se quedó solo en la cuneta de la vida precisamente por tener un carácter picajoso que le hacía, en cuanto la conocías un poco, insoportable. No lo aguantaba nadie. Y es triste. Y no, no todo está en el cerebro, amigo, hay más variables que se nos escapan. ae

corriendo

(La noche -¿madrugada?- en que hablaba con juan, el doctor) me encontré un texto me pareció un descubrimiento. Habla de la vejez. el texto es de Mario Andrade, poeta brasileño; texto que como lo leo lo copio y como lo copio se lo dedico al doc, por si me lee. // Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante del que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas. Las primeras las comió con agrado pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades, no quiero estar en reuniones done desfilan egos inflados, no tolero a los maniobreros ni a los ventajosos, me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, de sus talentos y de sus logros. Detesto si soy testigo de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos, quiero la esencia. Mi alma tiene prisa y sin muchas golosinas en el paquete, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no huya de sus responsabilidades y que defienda la dignidad humana y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gentes a quienes los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Sí tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan, estoy seguro de que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma porque, de cualquier manera, llegarás.... // pues eso: Mi alma tiene prisa ■ ae

comprenSIón

A veces vamos por la vida con el lirio en la mano; al menos yo, cuando miro atrás, compruebo que con frecuencia he funcionado con la mayor de las ingenuidades, algo que no necesariamente es malo ni te trae problemas, aunque uno piensa que en ocasiones le hubiera venido bien funcionar con algo más de malicia, o cuando menos, de retranca. No creo que sea positiva la actitud de los mal pensados, los desconfiados o los retorcidos, pero esta vida no es una novela, y mucho menos de las de color rosa y quienes la protagonizamos, de la misma manera que es bueno que seamos conscientes de nuestros defectos y limitaciones, también lo es que lo seamos de las del resto del personal. A mí la vida me ha enseñado, no se si tarde, que no todo el que te sonríe lo hace porque te quiere bien. Uno agradece la amabilidad, que muchas veces no es más que muestra de bondad, cariño y/o respeto, pero mientras no te desprendes del referido lirio corres el peligro de engañarte con ciertas apariencias. No siempre hay que encontrar a quien más te quiere en quien más te palmotea la espalda, y ya no digamos si tienes alguna que otra potestad que pueda beneficiar o perjudicar al personal. Ya me he sorprendido varias veces comprobando que ese -o esa- en quien tanto confiabas a la hora de la verdad no habla tan bien de ti, te deja en la estacada si le conviene o detrás de su coba no hay más que un interés bien concreto. Supongo que de lo que se trata es de ser más consciente de la condición humana y, por supuesto, no enfadarte sin reflexionar anteriormente las veces en que tú mismo has podido tropezar con la misma piedra. Hay ocasiones en las que caemos en el error de idealizar a las personas, otra forma más de seguir deambulando por la vida portando el lirio en la mano; las confianzas ciegas, las miradas embobadas pueden acabar en tremenda desilusión cuando el otro nos decepciona, no está a la altura, no cubre nuestras expectativas ... y muchas veces la culpa será nuestra por funcionar ignorantes de la propia naturaleza del ser humano ... e incluso podemos acabar siendo injustos si pasamos de la patente de corso a la enmienda a la totalidad. Pienso que para dejar de portar el lirio nos puede venir bien reducir nuestra capacidad de horrorizarnos ... las personas tenemos debilidades, incluso en ocasiones escondemos secretos inconfesables, vicios ocultos ... y no pretendo ni justificarlos ni defenderlos, hablo de la necesidad de ser más comprensivos y tener en cuenta que cada cual tenemos nuestras miserias: ¡cuantas decepciones nos podríamos evitar si tuviéramos un conocimiento mejor del alma humana!, algo que de paso nos llevará a ser más indulgentes, con menos exigencias de salón, menos escándalos farisáicos y menos rasgadas de vestiduras. En el Colegio aprendemos lo esencial, en la Universidad especializamos nuestros conocimientos, que podemos incrementar con tesis, tesinas, doctorados, masters, estudios permanentes y todo tipo de nuevos inventos, pero es en la escuela de la vida donde tenemos que andar con los ojos bien abiertos para adquirir esa madurez que sólo se alcanza con sosiego, mirada alta y capacidad de ponerse en la piel ajena.

en adelante...

Todos tenemos alguna persona especial que algún día nos faltará y nos dolerá mucho. Los escritores tratamos de defendernos de ese dolor anticipándolo con la escritura. Es una batalla perdida de antemano, pero no cejamos. Nos va en ella la vida. Alguien ha escrito algo que anticipa esa ausencia...

El primer día sin ti
será duro,
volveré a nuestro lugar
y a nuestra hora,
y el viento en el solar vacío
me secará los ojos.

¿Será una ausencia casual
o intencionada?
Fingiré indiferencia
y volveré a casa,
con las manos en los bolsillos
y las solapas levantadas.

¿Cuarenta años
de endurecer el alma
bastarán,
para no interrogar mil veces
el espacio sin ti?

Yo también tengo un poema para prepararme cuando un día semejante me llegue:

Dice el Bardo Thodol que cuando mueras

Primero cesará la respiración exterior

Y se desatarán los nudos de los sentidos

En el orden vista, oído, olfato, gusto y tacto

Y luego parará la respiración interior

Y no habrá más vida

Y tu espíritu abandonará tu cuerpo

Por el extremo del cráneo

Pero no dice el Bardo Thodol que cuando mueras

Yo estaré allí

Y te cogeré la mano

Y te hablaré palabras tiernas

Y recogeré tu último aliento

Y cerraré tus ojos entreabiertos

Y entonces lloraré.