Hace pocos días leía en El Clarín una nota sobre las enfermeras del papa, todas ellas de la orden de San Camilo. Es una entrevista muy simpática y muy distendida. Una de ellas dice: "Yo lo conocí hace cincuenta años, cuando era seminarista y se formaba en la casa que los jesuitas tienen en San Miguel. Nosotras estábamos al lado (se refiere a la casa de San Camilo en la que se forman las novicias), y los veíamos jugar al fútbol. También fui a su ordenación, en 1969". La otra: "Yo también lo conozco desde que éramos jóvenes, en San Miguel los muchachos (se refiere a los seminaristas) nos pasaban el pan casero que hacían, los salames, era muy lindo". Seminaristas jesuitas que comparten los alimentos que hacían con novicias y religiosas de San Camilo. Tal vez resulte lo menos espiritual de la nota, pero es lo que nos hace ver ésa pequeña gran diferencia: ¡eran normales! Chicas y muchachos jóvenes que querían entregarse a Jesús y seguirlo de por vida y que se veían porque los parques de sus casas de formación coincidían y compartían alimentos, normalmente. No sé, vuelvo a leer la nota y me pregunto a mí mismo si no estará ahí –en la naturalidad, en las no-telarañas, en la convivencia respetuosa y alegre- el secreto de que hayan perseverado en el amor al Amor y hoy, cincuenta años después nos lo puedan contar. Y también pienso (pero hoy me dieron ganas de escribirlo) pienso en cierta institución, (una que conocemos bien) en la que debe haber no sé cuántos miles de kilómetros de distancia entre ellos y ellas. Y también me pregunto -no sin cierta tristeza- si no estará en esas telarañas (y en la maldición del rejalgar tan del gusto del fundador) el secreto por el cuál, desafortunadamente, much@s no logran perseverar ■ AE
Un cielo lindo de estrellas
Dice Merton (Diarios, 1956) que "muy probablemente el
Libro de la Vida es, en último término, el libro que uno mismo ha vivido. Y si
alguien no ha vivido nada, no se encuentra en ése Libro de la Vida".
Hoy cumples años, Claus queridísima, y yo lo celebro, y en celebrándolo pienso en
tu vida, y en tu libro, en tu Libro de la Vida. Vuelvo la vista atrás –no demasiado
atrás, apenas unas semanas- y recuerdo que la última palabra que te escuché el
día que nos despedimos fue un gracias
lleno de cariño. Sabes, para mí la mejor señal de si una persona es feliz es si es agradecida. Tal cual.
A mí me abruma la cantidad de cosas que me regala la vida: las personas que
quiero, y que sé que me quieren, los hijos de mis amigos, el paisaje que se
presenta improvisado, el libro que disfruto, la sobremesa, un recuerdo que me
emociona... la memoria agradecida a todo lo que me ha sucedido. Me conmueve la
vida, y saber que voy a morir me ayuda a ese agradecimiento. Hoy le doy gracias
a Dios por éstos años -no muchos-que cumples. Tengo para mí que dar gracias es también una
forma de rezar, y es que es cosa de niños eso de ser agradecido. El agradecimiento
es la Comunión de los Santos. Una forma de
coser retazos de nuestra vida buena y coserlos para llevarlos muy lejos, tan
lejos como uno quiera llegar y sanar este mundo. No le llamemos, si quieres, Comunión de los santos, llámale de los buenos, o de la buena gente, o tener un corazón alerta, atento a escuchar al que pase por allí... Ua vez más: hoy le doy gracias a Dios por tus años, Claus, y porque las mejores cosas de la vida suceden de un modo natural,
a veces por sorpresa (nadie dice "mañana me enamoro a las seis de la tarde"),
otras se nos cruzan como de sopetón, la mayoría nos parecen una improvisación
maravillosa: dormir, comer enchiladas en el jardín de la casa de los amigos, escuchar
una sevillana que nos conmueve, emocionarnos al leer un verso que pasaba por
allí, entusiasmarnos al mirar una obra de arte, festejar las chingaderas del Gordis,
sentir admiración por una persona ejemplar, abandonarnos a la confianza de un
buen amigo, amar, rezar a un Dios que siento como padre… son acciones que no
admiten imposiciones, órdenes, forcejeos, coacciones o presiones. Son actos, en
su mayoría, maravillosamente inconscientes. Por esa razón tenemos la impresión
de que nos ha tocado la lotería, de estar viviendo bajo un cielo lindo de estrellas. A mí me ha tocado poder compartir el
camino de la vida contigo, con RAC y con tus hijos. Lo celebro, me alegro y hoy, 25.III, te
deseo el mejor de los cumpleaños■ AE
Sin miedo a la bondad y la turnura
Hay algo que no deja de
sorprenderme y gustarme de Juan Pablo II, de Benedicto XVI y de Francisco: son hombres
que tocan a la gente y se dejan tocar; acarician, abrazaban, besan. Y digo que
me sorprende y me gusta porque yo vengo de cierta formación donde tocar, ya no
digo acariciar, estaba mal visto: eso de entre
santa y santo, pared de cal y canto y los cinco mil kilómetros de separación se vivía a rajatabla, y cuidadín
el que no (hiciera caso). Hoy leo que Francisco
nos dice que “no debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”, y entonces
miro de reojo el evangelio y caigo en cuenta que Jesús tocaba a la gente,
mucho, y se dejaba tocar: quería, lo manifestaba, y se dejaba querer. Son
muchísimas las referencias que hacen los Evangelios a ese Jesús que sana tocando,
imponiendo las manos, acariciando a personas a quienes aquella sociedad los
tenía como excluidos: leprosos, pobres, enfermos, mujeres...Jesús se acerca, se deja impregnar por el perfume de una
mujer, sin poner mala cara, sin caérsele los anillos –que desde luego no usaba;
es una expresión- importándole nada el qué dirán. No sé, tengo para mí
que el Señor no se negaba a entregarse a multitudes deseosas de un contacto que
les es negado y les hace sentir culpables. Es un clásico que en casi todos los
sistemas de dominación “culpar a la víctima” es un mecanismo que se utiliza muy
eficazmente… En una sociedad en la
que estaba prohibido aproximarse a la impureza, Jesús la escandaliza con el
cariño con el que se deja tocar por la mujer que padecía hemorragias. No sé, el
que yo veo es un Jesús que es tocado por muchos, que pregunta “¿quién me ha
tocado?”...a mi la escena me parece maravillosa ¡y mira que la he leído muchas
veces!... ¿Por qué nadie me dijo que no tuviera miedo a tocar, y ser tocado? ¡Hasta
hoy! Hoy me digo a mí mismo: toca, acaricia, besa, abraza, ama con gestos, y
déjate querer. Si tu corazón es puro, no hay problemas. Si no lo es, ¡ay de ti!
■
(tal cual) lo escriben, (tal cual) lo copio
Para nosotros los argentinos, que estamos muy lejos del ‘centro del poder’
o, como dijo el papa Francesco, casi en el fin del mundo, sea muy impactante la
elección del nuevo Papa. Al sacerdote Bergoglio lo conozco desde hace años. Me he cruzado con él en pasillos de alguna
universidad, en un bus, en el subte (metro),
por la calle. Tiene detractores,
(por derecha y por izquierda en nuestro país) pero nadie podrá decir que no es
una persona austera, coherente, que siempre ha estado al lado de los que más lo
necesitaban y que ha hablado con absoluta claridad y coraje a los poderosos. Para
nosotros era una de las pocas reservas morales que nos quedaban. Ahora debemos
compartirla con todos los católicos y personas de bien del planeta. Y nos queda
una rara sensación. Orgullo, por cierto, por el papa argentino, pero también
tristeza porque ya no estará en forma exclusiva, a nuestro lado en estos
dificilísimos momentos que nos toca vivir ¡Dios sabe más! Sólo quiero rescatar unas ideas que planteó
en la Santa Misa que celebró para los cardenales en el Vaticano: caminar,
edificar, confesar a Jesús y el crucifijo. Si no tenemos en cuenta esto –señaló
(palabras más, palabras menos)- podemos
convertirnos en una suerte de ‘ONG’ piadosa.
Y yo me permitiría agregar a ‘piadosa’
las palabras ‘poderosa e infértil’. Ustedes sabrán a qué ‘ONG’
aplicarla. Con orgullo, con pena y haciendo el esfuerzo de tener una visión sobrenatural que me
permita superar esto, les pido que recemos por este sacerdote que fue una guía
para nosotros en los momentos difíciles y que ahora ya no tenemos a nuestro
lado porque Dios ha querido que acompañe y guíe a todos los católicos ■
Cristianismo y burlas y cosas asín
Nunca antes me había caído tan como-anillo-al-dedo éste (maravilloso) texto de Chesterton: "El cristianismo ha muerto varias
veces y ha resucitado otras tantas, porque Dios conoce el camino para escapar
del sepulcro. No es que haya sobrevivido durante dos mil años. En realidad ha
renacido en Europa al menos en cinco ocasiones: con los arrianos y los
albigenses, con los humanistas escépticos, después Voltaire y antes Darwin.
Cinco revoluciones que arrojaron la fe a los perros y en cada uno de los cinco
casos no pereció la fe, sino que perecieron los perros” Y yo añado: A pesar de nuestras miserias,
el cristianismo sobrevive a todos sus enterradores ■ AE
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