En cuanto puede se me escapa y de momento lo que ha sido fue en esta ausencia que respiro hay algo mas y otras muchas por llover ¿cómo aprender a estar perdido? ¿Cómo empezar a echar de menos cuando estreno el corazón? Y si es mi suerte que sea fuerte, que me queme todo entero y de una vez. Y cuando quieras te lo escribo, sin un descanso, mientras que hay una pared en pleno cielo y por si acaso en el olvido que me aguante lo que muero si puedo volverte a ver. En cuanto puede se me escapa del aire cuelgan mis suspiros y es así de simple, así de grande es algo que no consigo no querer. Y no me cabe más paciencia estoy cansado de morderme el corazón, no puedo más si es el destino que me rompa a estas alturas, que me parta de una vez. Y cuando quieras te lo escribo, sin un descanso, mientras que hay una pared en pleno cielo y por si acaso en el olvido que me aguante lo que muero si puedo volverte a ver. En cada mirada se me va cada abrazo un laberinto que nunca desharé; cada silencio, eternidad cada noche hay un secreto que me da ■
Desnudos de todo
(Mis razones tengo, pero) no suelo hablar de Dios -al menos no por su nombre- en éste sitio, pero hoy me dieron (muchas) ganas porque al hilo de conversaciones de ayer, por más que busqué y rebusqué no encontré un solo texto que relacione directamente el amor de Dios con el concepto de miedo, con la sensación de temor o con la tribulación que supone la dependencia a otros seres humanos, organismos, instituciones o líderes espirituales. Sólo encontré una forma de organizar la comunicación espiritual entre Dios y el hombre, de forma directa, cara a cara. Como en el techo de la Capilla Sixtina, cuando un Dios poderoso y omnipotente lanza su mano a un hombre desnudo y volátil. Ambos dos, originalmente pintados en pelotas. Tal y como son en realidad.Pues éso.
Derecho a ser diferente
Efectivamente. Un sí rotundo a la diferencia. A la libertad de los demás para elegir lo que son por encima de lo que queremos, esperamos o necesitamos que sean, por encima de nuestras perspectivas y premisas sobre lo que han de ser la vida y el mundo. Por encima también de un sistema que lejos de encontrar respuestas, sólo es capaz de poner límites a la persona. Hoy digo sí a mis amigos cuando asoma ilimitable y plena su libertad. Dejémosles arrancar, salir al camino, al suyo, con la estimada guía que es para ellos saber que nunca les vamos a abandonar. Que estaremos siempre cerca, localizados y pendientes de sus pasos libres. Yo te quiero S, con tus más, pero sobretodo con tus menos; esos que quizá yo, limitado y obtuso, aún no soy capaz de comprender. Deseo que tu tiempo, tenga siempre el sonido de la libertad; la que es tuya solamente. Que tu libertad, y la responsabilidad exacta que le vas poniendo a las cosas, sea lo que ilumine tu camino. Tu vida. Lo único que conscientemente deseo es no ser muro; tu muro. Vuela alto, S, que yo te miro ■
extraordinariedad
Qué necesario es parar. Parar en seco. Ensimismarse. Adentrarse en lo que sucede, aunque sea algo tan fugaz y rápido como un día de cumpleaños. Hoy, Claus, me doy cuenta que se me han quedado bailando y vivas en el pensamiento muchas palabras tuyas –y de RAC- en éstos años de espléndida amistad. Seguro que no pensarías jamás que tus palabras pudieran quedarse así, tan colgadas de mi pensamiento, bailando en lo más hondo de mi persona. Y ahí están. Acunándome en cierto sentido. Son como una pequeña vela que en momentos de desencuentro dejan un reposo de luz, de emoción contenida que necesita tener sus propias riendas, una salida; poder soltarse al viento. Hoy que cumples años me doy cuenta también de lo extraordinario que es tener amigos para caminar el camino de la vida. En realidad todo puede ser "extraordinario" si es "extraordinaria" nuestra forma de ver o de sentir. Los girasoles de Van Gogh no eran "extraordinarios" (no hay nada más parecido a un girasol que otro girasol), pero lo eran los ojos y la sensibilidad del artista. Caminar descalzo a la orilla cenagosa de un rio no tiene nada de "extraordinario", pero evocar cómo se introduce el fango en los dedos de los pies, exactamente como me parece sentirlo en éste instante, es señal de que cualquier pequeño acontecimiento, hasta el más común e insignificante, puede convertirse en extraordinario para toda una vida. Hoy es un día extraordinario, y a la distancia lo celebro, al tiempo que le pido a Dios que te condeceda muchos años más de extraordinariedad (sic). Feliz cumpleaños, Claus, que vengan muchos más y que los que te queremos siempre lo celebremos ■ ae
Aún duele
Esta entrada es para alguien que es de silencio. Que navega entre el dolor y el vértigo de las palabras. Esas palabras que nos elevan, pero que también nos dejan solos, muy solos. Sin asidero. A ti, tan susceptible, te dejo esta melodía. Cada tramo del pentagrama tiene algo de vuelo. Son notas que se sienten como tú; absortas, subyugadas por la belleza, la auténtica, esa que se esconde en los recodos más pobres y humildes de la tierra. Reconozco en tus palabras el ritmo de los ojos que miran. Sabes ver en las pequeñez de las cosas el sonido eterno. Ese sonido que nos recuerda lo efímero que es sonreír, pero que también nos regala la certeza de lo eterna que es después la esencia de esa sonrisa. La belleza, aunque instantánea, reposa para siempre en la mirada que la ha intuído así, tan inesperada. Eso tú lo sabes bien. Deseo que sigas como flotando en el eco de tus palabras, y que a ratitos, te acompañe esta melodía. Tú, que tienes mirada, sigue en la profundidad de tu no-sueño, en el silencio de tu viaje, en el azul de tu inmersión. Conseguirás respirar el Todo.
Ocurrirá, sólo es cuestión de tiempo. Algún día podremos perdernos en el sonido de las palabras nuevas que nacen de tu mirada, de tu palabra. Un libro que será siempre ese viejo amigo al que se espera siempre. No importa cuánto; lo necesario
■ ae
Indiferencia
En realidad nada nos puede ser indiferente. Si miramos de frente y con calma nos encontramos con los ojos del otro. Ese otro que comparte las risas con nosotros, que la mayor parte de su tiempo pasa sin ser notado, que normalmente es uno más disfrutando de las cosas de la vida. Pero un día sucede, miras a los ojos, y ya no son los mismos. De repente los ves con toda su realidad, con todo su peso. Y entonces te haces consciente de que los ojos, todos, todos lloran. Cada uno en su momento, en su propio desierto, en su propia infinitud. Y entonces te sientes impotente porque tus manos pueden hacer muy poco. La vida es una paradoja. Y en ella estamos sumergidos sin saber muy bien por dónde nos movemos. Cuando un día miramos de frente lo vemos: hay demasiados corazones sin consuelo. Pero para verlo, es necesario mirar ■ae
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