Esta entrada es para alguien que es de silencio. Que navega entre el dolor y el vértigo de las palabras. Esas palabras que nos elevan, pero que también nos dejan solos, muy solos. Sin asidero. A ti, tan susceptible, te dejo esta melodía. Cada tramo del pentagrama tiene algo de vuelo. Son notas que se sienten como tú; absortas, subyugadas por la belleza, la auténtica, esa que se esconde en los recodos más pobres y humildes de la tierra. Reconozco en tus palabras el ritmo de los ojos que miran. Sabes ver en las pequeñez de las cosas el sonido eterno. Ese sonido que nos recuerda lo efímero que es sonreír, pero que también nos regala la certeza de lo eterna que es después la esencia de esa sonrisa. La belleza, aunque instantánea, reposa para siempre en la mirada que la ha intuído así, tan inesperada. Eso tú lo sabes bien. Deseo que sigas como flotando en el eco de tus palabras, y que a ratitos, te acompañe esta melodía. Tú, que tienes mirada, sigue en la profundidad de tu no-sueño, en el silencio de tu viaje, en el azul de tu inmersión. Conseguirás respirar el Todo.
Ocurrirá, sólo es cuestión de tiempo. Algún día podremos perdernos en el sonido de las palabras nuevas que nacen de tu mirada, de tu palabra. Un libro que será siempre ese viejo amigo al que se espera siempre. No importa cuánto; lo necesario
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