extraordinariedad

Qué necesario es parar. Parar en seco. Ensimismarse. Adentrarse en lo que sucede, aunque sea algo tan fugaz y rápido como un día de cumpleaños. Hoy, Claus, me doy cuenta que se me han quedado bailando y vivas en el pensamiento muchas palabras tuyas –y de RAC- en éstos años de espléndida amistad. Seguro que no pensarías jamás que tus palabras pudieran quedarse así, tan colgadas de mi pensamiento, bailando en lo más hondo de mi persona. Y ahí están. Acunándome en cierto sentido. Son como una pequeña vela que en momentos de desencuentro dejan un reposo de luz, de emoción contenida que necesita tener sus propias riendas, una salida; poder soltarse al viento.  Hoy que cumples años me doy cuenta también de lo extraordinario que es tener amigos para caminar el camino de la vida. En realidad todo puede ser "extraordinario" si es "extraordinaria" nuestra forma de ver o de sentir. Los girasoles de Van Gogh no eran "extraordinarios" (no hay nada más parecido a un girasol que otro girasol), pero lo eran los ojos y la sensibilidad del artista. Caminar descalzo a la orilla cenagosa de un rio no tiene nada de "extraordinario", pero evocar cómo se introduce el fango en los dedos de los pies, exactamente como me parece sentirlo en éste instante, es señal de que cualquier pequeño acontecimiento, hasta el más común e insignificante, puede convertirse en extraordinario para toda una vida. Hoy es un día extraordinario, y a la distancia lo celebro, al tiempo que le pido a Dios que te condeceda muchos años más de extraordinariedad (sic). Feliz cumpleaños, Claus, que vengan muchos más y que los que te queremos siempre lo celebremos ■ ae

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicidades Claus

Anónimo dijo...

Felicidades Claus