...no sé....

La madurez, esa cosa, para mi está en el dominio de los sentimientos, de los afectos. No sé, me llama mucho la atención gente en la que todo es sentimiento, sensiblería y cursilería. La realidad es plural y riquísima. Una parte de la realidad hay que aceptarla y entenderla con la pura razón. Las cosas son así, lo quiera yo o no lo quiera, me guste o no. Pero hay otra realidad que sólo se puede entender desde los sentimientos, desde los afectos,desde las personas. Si no lo hacemos nos perdemos lo mejor. El problema está cuando todo se decide desde el corazón desbocado, y después forzamos la realidad para que se amolde a nuestros sentimientos. Eso, en algunas ascéticas y en algunas personas, llega a ser patético. Son gente que ve la mano de Dios Milagroso en todo. A los sectarios también les sucede: ven la realidad con el color de sus gafas ahumadas. La solución, desgraciadamente, no está en quitarles las gafas, no de golpe, porque la luz les ciega: todavía ven menos. Nacemos muy arraigados a nuestra cultura, a nuestra educación primera, a nuestra religión...y podemos seguir encuadrados en ese marco durante años. Hay gente que no se ha salido de esa mentalidad aprendida desde la infancia, que no se ha cuestionado nada. Es bueno cruzar la Diagonal de nuestras vidas, preguntarse y preguntar, saber buscar nuestros complementarios – aunque al principio nos parecerán “contrarios”. Los mejores amigos con los que me he encontrado en la vida siempre nacieron como contrarios, y después resultó que supimos ver que nos “complementábamos”. Llegábamos a ese nivel, que cuando se alcanza es una chulada, y se llama complicidad ■ ae

unveinticuatrodefebrero

Llevo dos días completamente liado con la Rosario y ahora que se acerca el 24-II -de sabor agridulce para mi- la vuelvo a escuchar y vuelvo a temblar. En las vísperas de aquel día mis alumnas me llevaron rosas para decirme adiós. Allí estaban Claus y Paola. Más tarde llegó el Doctor. Al día siguiente sólo ví a Jóse Ignacio. De nadie más me despedí. Se cumplen cuatro años. Vuelvo la vista atrás y me viene lo que hace rato cantaba la gitana ésta tan cercana a lo divino: Prometo ver la alegria / Escarmentar de la experiencia /Pero nunca, nunca mas usar la violencia ae www.youtube.com/watch?v=E3OyN3ggO2c

fELicIDaD

A mucha gente eso de ser feliz les cuesta mucho. Plantearse ser feliz ya es poner difícil la misma felicidad. La felicidad es un algo que no buscas, te encuentras en ella, aunque muchas veces no sabes cómo. Uno no sabe si sería lo feliz que es hoy si hubiese nacido con una mala salud, o cómo hubiese ido mi biografía de haberme cruzado con un accidente, o haber fracasado al enamorarme de una mujer equivocada (o que yo hubiese sido la persona equivocada para alguien)...no sabemos. Y, sin embargo, hay gente que es muy feliz viviendo su enfermedad, su fracaso, su pobreza. Parece claro que hay un punto de felicidad en eso que se llama alcanzar las metas profesionales, temas externos, de apariencia, de que te vaya bien las cosas, de que tengas cosas que mostrar. Ser un tipo singular. Da igual la profesión – el militar asciende, el funcionario sube de escalafón, el cocinero monta su restaurante, el comercial es elevado a la categoría de Coach.... Y también parece claro que eso unido a un cuajo personal, que es algo más del interior de cada cual, que habla de los valores de dentro, de cierto equilibrio que da la sensación que la vida que vivimos es interesante, nos da el puntito de felicidad. Los dos de la mano: proyecto y cuajo interior... Nadie escapa ni a la biología ni a las leyes de la Historia. La Historia tiene sus leyes, olvidarlo es ir al desastre. La biología nos enseña que las especies que perduran no son las más inteligentes, ni las más poderosas, ni las más numerosas, sino las que se saben adaptar al medio. En lo histórico sucede lo mismo: nuestra crisis actual se debe en gran medida a nuestras rigideces: no somos ágiles, flexibles, no estamos formados en leer las oportunidades que se pueden dar, entender tendencias...nos hemos ido empequeñeciendo, empequeñeciendo y ahora no sabemos hacer más que lo que siempre hemos hecho, en nuestro entorno, en nuestro pueblo, en nuestro barrio, en nuestra pequeña charquita...que primero se estancó y ahora se está secando. La Historia nos enseña que la hegemonía social, incluso política, se desplaza de los pueblos acomodados a los pueblos con ganas de luchar, con ganas de esforzarse, quizá pueblos que tienen poco que perder, pero que por eso tienen mucha más ética del sacrificio y del esfuerzo. Y como individuo no te vas a escapar de esa lógica histórica. Quizá sea un proceso lento, pero aquellas personas que nos acomodemos porque hemos tenido éxito, nos vendrá la decadencia tarde o temprano. En realidad vivimos tiempos de desafíos, que también tienen un componente muy positivo ■ ae

"Facturo millones, y estudié en Londres y en Harvard", dijo.

Nos lamentamos por lo que no tenemos, y no caemos en la cuenta que lo que más falta nos hace nos es lo que deseamos, sino lo que ya poseemos. Lo habitual es que usemos mal esa riqueza, que ni siquiera nos demos cuenta, y la peor de las privaciones consiste justamente en ese mal uso. ¿Quién necesita más el pan, el que tiene hambre o el que lo vomita?, ¿quién está más privado de amor: la chica que aguarda todavía a su príncipe azul, o el vicioso que corrompe todo lo que toca?, ¿quién está más lejos de Dios: el ateo angustiado por el vacío del cielo y el sinsentido de la vida, o el beato que estruja la fe contra su corazón como si fuera un amuleto?. Nos quejamos de nuestra pobreza, pero tendríamos que pensar en el uso que hacemos de nuestra riqueza, y caeremos en la cuenta que cuanto peor la usamos mayor necesidad sentimos de utilizarla en otras cosas, para utilizarlas aún peor, con la nada como único horizonte. La persona que es capaz de hacer un uso recto de todo, que agradece y vive la alegría de su riqueza, aunque no tenga nada, tampoco lo echa de menos: sin darse cuenta, quizás, Dios está en su bolsillo. Y aquel que es incapaz de percibir ese brillo divino que se esconde en cada cosa, en cada persona, en la vida, aunque lo posea todo…no tiene nada: puede comprar todas las plantas del mundo, pero ignora lo que significa sembrar, recoger y oler una humilde flor. Y cuando perdemos esa pequeña riqueza nuestra de cada día hasta las canciones se vuelven tristes. Muy tristes ■ ae

Urgencia de creer

Chavela Vargas lleva a donde quiera que va los aprendizajes y pesares de sus 85 años de una vida intensa y apasionante. Su voz es inconfundible y honda, tanto como la actitud valiente y sabia que asume con la naturalidad y sencillez de una gran y única artista. Quizá la mejor de su género. A principios de julio pasado regresó a su casa de Veracruz donde vive rodeada de gente sencilla, la mayoría pescadores, después de estar unos dos meses en España. No paró. Comenzó en el Teatro Albéniz de Madrid y recorrió de punta a punta el país: Madrid, Jerez de la Frontera, Almería, Gijón, Torrevieja, Granada, Cádiz, Barcelona y Castellón. De paso se dio una vuelta por Toulouse para participar en el Festival Río Loco de música popular y tradicional, que este año se dedicó a México. En una pausa de su intensa gira concedió una entrevista a Maria Cortina, entrevista en la que lo más sublime de su alma. El repertorio lo variaba poco, pero en cada escenario su canto fue diferente. Es uno de los dones de Chavela Vargas. Ser diferente. No importa si siempre canta La Llorona, porque nunca es la misma Llorona. Algunas veces domina más un tono que otro o le da más fuerza a los silencios. Otras veces la declama casi, la susurra. Según se lo dicte —me explica— un ser que la habita. Alguien que se apodera de ella. Un dios, un duende, su tristeza. ¿Qué siente Chavela Vargas cuando canta? Al entrar al escenario siento miedo. Pero algo encuentro o algo me encuentra a mí. Antes de terminar la primera canción ya estoy en otro lado. Del lado de mi público. No sé explicarlo, no quiero hacerlo. Solo puedo decirte que alguien se apodera de mi voz y canta. Cantamos juntos frente a esos auditorios repletos de gente que me ama, que me grita que soy la mejor y que me da las gracias. Pero que también llora. Todo el mundo llora en tus conciertos. Sí, pero es un llanto dulce. De acuerdo, es un llanto dulce, pero ¿qué lo desata? Cuando yo canto los que me escuchan sienten. Y lloran porque se dan cuenta de que todavía son capaces de sentir. A pesar de los males del mundo. Sienten gozo, tristeza, nostalgia. Reciben lo que yo les quiero decir y de alguna forma, a su manera, lo entienden. ¿Qué intentas decir? Que el mundo puede ser mejor de lo que es. Que hay que saber sentir, que hay que saber luchar para ganarse el respeto de otros y respetar a esos otros. Que hay que cuidar al mundo, proteger el amor, la paz, la justicia. Yo no soy política, ni militante de nada. El canto es mi instrumento. Y lo digo cantando. ¿Aunque ese mensaje no esté escrito en la letra de las canciones que cantas? Por supuesto. Uno puede cantar La Macorina, Y volver, volver, o Vámonos, que son tres canciones con temas diferentes, pero que al cantarlas de un modo transmiten ese mensaje, ese grito que a veces es de rabia o de dolor, pero que también es un grito de esperanza. Para creer, hay que sentir la necesidad de creer. ¿En qué cree Chavela Vargas? En la vida, en la verdad, en Federico García Lorca. La otra tarde me contaste que cuando estás en la Residencia de Estudiantes de Madrid, sientes la presencia de García Lorca… No nada más la siento, hablo con él. En mis noches de insomnio salgo al pasillo y lo escucho tocar el piano. Luego platicamos. Le cuento sobre mis conciertos, sobre México, sobre España. Y a veces nos reímos. En el concierto de la Huerta de San Vicente, en Granada, lo llamaste. Frente a todo el público lo invitaste a estar presente. No, ¡si presente ya estaba! Federico está siempre. En su huerta de Granada, en la Residencia de Estudiantes, o donde haya una alma que así lo desea. Una alma sensible basta. También has invitado a José Alfredo Jiménez a algunos de tus conciertos. Recuerdo por ejemplo, tu presentación en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato el año pasado. José Alfredo me acompaña siempre. Ni él ni Federico han muerto, nada más se fueron antes. El alma de poeta y parrandero de José Alfredo está en mi. ¿Echas de menos aquellos tiempos de parrandas? Esos tiempos son parte de mí, parte de lo que hoy soy. Fueron días de mucha pachanga, de momentos divinos. ¿Te imaginas cómo era cuando nos juntábamos José Alfredo, Álvaro Carrillo y yo y después de horas de tequilas nacía una canción sobre la barra de una cantina? Así se escribieron muchas canciones, verdaderos poemas. Sobre la barra de una cantina. Fue una época intensa, viva. Pero al cabo del tiempo, también muy dura. Hasta que se me apareció un día el diablo. O me llevas ahorita mismo o me quedo muchos años más en esta vida, le dijo Chavela al diablo. Lo retó y ganó la partida. Desde entonces se ha presentado en los teatros de mayor prestigio en no pocas ciudades del mundo. Aforo lleno, siempre. Pero cuando está en España no solo está rodeada de sus seguidores. Tiene decenas de amigos e igual número de anécdotas. Le pido que me cuente algunas. A Pedro le encanta llorar en mis conciertos, se emociona. A Joaquín Sabina le gusta escuchar también mis historias. Todos me respetan, siguen mis conciertos, me atienden. Me invitan a comer, a cenar, a sus casas. De Manuel Arroyo lo que más me gusta es su manera de ser buen amigo. Es único. Cuando el presidente Aznar te impuso la Gran Cruz de Isabel la Católica, estuvieron todos ellos y también Isabel Presley, Miguel Bosé, Marisa Paredes, Isabel Benarroch y muchos otros amigos tuyos. Sí, pero no solo ellos son mis amigos. En la Residencia de Estudiantes de Madrid tengo un montón de amigos jóvenes. Las muchachitas que atienden en la recepción, las que están en la cocina, las que arreglan los cuartos, los que abren la puerta y los estudiantes. Muchas tardes platico con ellos, respondo a sus preguntas, bromeamos. El otro día un poeta jovencito me regaló su primer libro de poesía. En la dedicatoria me pedía, por favor, que no muriera. También Manuel Vázquez Montalbán era tu amigo. Y él también te regaló uno de sus libros. Sí. A Vázquez Montalbán le encantaba La Macorina. En la dedicatoria del libro me pidió que cuando nos encontráramos en el trastero del mundo le explicara qué hice de aquél olor a mujer, a mango y a caña nueva. Allá te ha de estar esperando. Seguro. Para que responda a sus preguntas y para que le cante otra vez Macorina. ¿Quién es La Macorina? ¿Una leyenda? ¿Un poema, o una mujer de carne y hueso? Fue la mujer más bella de Cuba, pero también es un poema y una canción, caliente como un danzón. Ponme la mano aquí Macorina, Ponme la mano aquí. Una canción de carne y hueso que Chavela Vargas canta siempre diferente, pero con la misma intensidad. Le da igual que sea en el Palacio de Bellas Artes de México, en el Carnegie Hall de Nueva York, en el Olimpia de París, en el Palau de Barcelona o en el de Valencia, en el Gran Rex de Buenos Aires, en el patio de la Residencia de Estudiantes o en un bar de Coyoacán. A todos los escenarios Chavela Vargas llega con sus dos guitarras, con su jorongo y con su urgencia de cantar. Urgencia también de creer, de sentir, de contagiar ■

de catorces de febreros y cosas mejores

Cuando uno se encuentra con una belleza inesperada es inevitable evocar a Dios. “¡Dios mío! Cuánta belleza...", exclama el poeta Castro Alves, y con él todos los poetas. Hace unos días me sucedió al salir de casa y encontrarme con un amanecer de ésos que quitan el aliento; o ayer cuando una queridisma amiga me enviaron la foto que encabeza éstas líneas. "¡Olé con la reina", pensé. Cuando decimos “Olé” estamos hablando de Dios. ¡Olé! -dice el Diccionario de la Real Academia- proviene del árabe Wa-(a)llah ("¡Por Dios!" -la lengua árabe carece de la vocal "e" y, en ocasiones, la "a" suena parecido a "e"). Y es una exclamación de entusiasmo ante una belleza (o alegría) sorprendente o "excesiva" Ante la belleza celebramos a Dios. Esto nos viene de los árabes, que son los campeones en eso de invocar a Dios. Por ejemplo, Wa-sa Allah que significa “y quiera Dios”, y que nosotros derivamos en Ojalá. Nuestro grito de entusiasmo ante lo fantástico, ya sea un golazo imposible, un baile fantástico, una canción maravillosa, la casa de rac y su mujer, un libro, una mujer que hasta los perros y los gatos se dan la vuelta para verla, es el repetidísimo “¡Halaaaaa!”. “¡Hala, qué puesta de sol!”, “hala, qué faena le ha hecho al toro!”,”¡hala que chica!”...son expresiones que remiten a Dios... Allah!, Ya Allah! Smallah! (¡Dios! ¡Oh Dios! ¡En nombre de Dios!) . Dios nos da la poesía para contemplar la obra de arte en lo que nos rodea, las cosas son algo más que lo que vemos. Y también a partir de una piedra se puede reconocer a Dios, el Creador, el Artista. Por éso pensé -y aqui lo escribo- que un buen regalo para el día de los enamorados podría ser una de esas figuras de toreros que venden en los tianguis o tiendas de artesanías, para ponerla, no sé, en la sala o encima de la televisión...aunque corramos el riesgo de que los demás no lo entiendan y nos digan nacos ■ ae
A fin de cuentas, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las Sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los peldaños de la Tristeza y comer el pan dado por la Fantasía. De mi padre sé el nombre; me han dicho que se llamaba Dios, pero por el nombre no me hago idea de nada. A veces, en la noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que pueda amar... Pero luego pienso que no le conozco, que tal vez él no sea así, que tal vez no sea nunca ese el padre de mi alma. (...) Tengo demasiado frío. Estoy tan cansado en mi abandono. ¡Vete, viento, a traerme a mi Madre! ■ Fernando Pessoa el Livro do Desassossego
Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.
Miguel de Cervantes

Los celos son la cosa más absurda que se haya sentido jamás. Señal de desconfianza y hasta de poca autoestima. Capaces de destruir a una persona... y con suerte no a dos.
Y lo peor de todo... quién no los ha sentido alguna vez, aunque haya sido en una milésima de segundo, casi imperceptibles, pero latentes ■


¿Qué es la Esperanza? Es palabra que se nombra mucho estos días (esperanza, confianza...). Estamos en crisis, y muchísima gente a nuestro alrededor sufre. ¿En qué creemos cuando todo se deshace a nuestro alrededor?. Una crisis económica se siente como algo malo. Pero nada peor que una Guerra: muerte, odio, miedo... Una vez leí un comentario sobre la canción Lili Marleen que viene como anillo al dedo a la entrada. Lili Marleen habla de ese anhelo de felicidad que todos llevamos dentro. Todos. La canción pasó inadvertida hasta que en 1941 Radio Belgrado la emite, entre otras muchas, para las tropas alemanas. En los días siguientes, miles de cartas y telegramas llegan a la pequeña emisora pidiendo que pongan Lili Marleen. El poderoso jefe de propaganda nazi, Joseph Goebbels, intenta en vano prohibir la canción o sustituirla por una otra versión. Lo sorprendente es que los ejércitos aliados –ante la impotente perplejidad de los jefes de ambos bandos- empiezan también a cantar Lili Marleen (en alemán o en versiones improvisadas) y apresuradamente se hace una versión inglesa, grabada por Anne Shelton, que vende en el primer mes cientos de miles de copias. ¿Cuál es el secreto de esta canción que rompe todas las barreras ideológicas, de lengua, etc. y que ha unido profundamente a ejércitos enemigos en guerra, siendo cantada a diario como un himno extraoficial? Una canción masculina, pero grabada por mujeres. Una canción que, incoada en armónica o al acordeón, incita inmediatamente a todo el batallón a desafiar a los grandes jefes... Lili es una profunda protesta contra el absurdo que es la guerra, evocando aquella infinita sed de paz por medio de una simple farola a la puerta del cuartel, donde el recluta se quedaba a conversar con Lili. Y en un halo de nostalgia infinita la canción pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Y en medio de los horrores del frente, del fondo de la tierra y de lo alto del cielo surge entre la niebla el perfil de Lili y la pregunta: ¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Algo tan sencillo como provocador. Porque esa es la Esperanza que en medio de esta crisis anhelamos...¿volveremos a encontrarnos junto a aquella luz como antes? Quizás hemos perdido esa luz y hemos vivido de la tontería de los nuevos ricos, del consumismo estúpido, de la apariencia ■ ae
¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer ■

(estremecedor)

Ya nunca más diré: «Todo termina»,
sino: «Sonríe, alma, y comencemos.»
En nuevas manos pongo nuevos remos
y nuevas torres se alzan de la ruina.

Otra alegre mañana determina
el corazón del mundo y sus extremos.
Juntos, alma, tú y yo inauguraremos
este otro amor y su preciosa espina.

Para mirar mi muerte atrás miraba
y encontré renaciente la llanura
y sellada la boca de mi herida.

Ni el nombre sé yo ya de quien amaba,
desmemoriado y terco en la aventura
de que quien me mató me dé la vida ■ a gala
Sí: Salvador Dali resulta muchas veces apasionante. Su fascinación por el rinoceronte entronca con su interés por las formas vivas que reúnen un interior blando y una coraza dura y de compleja arquitectura. Dalí debió sentir al rinoceronte como un crustáceo terrestre. Entre los innumerables retratos fotográficos de que fue objeto (Dalí supo siempre hacerse retratar con gran maestría) se encuentra esta imagen que me hace dudar un momento cuál de los dos es realmente inteligente ■ ae

sueños

A veces una fotografía basta: piazza dello amor perfetto. Al verla pensé que yo querría vivir allí, en ese desconocido pueblo italiano, y asomarme a la ventana de la plaza todas las mañanas para respirar un poco de amor perfecto. Luego se me ocurrió que deberíamos cambiar los rótulos de todas nuestras calles, limpiarlas de políticos, reyes, tribunos, alcaldes y otros personajes más o menos desconocidos, y volverlas a bautizar con palabras nuevas que fuesen intocables. Sería muy bueno, por ejemplo, pasear por la calle de la sonrisa esquiva, dar la vuelta en el callejón de la dulce mirada y desembocar en la glorieta de la felicidad perdida. De acuerdo, de acuerod, soy un cursi perdido, pero es mejor que lo que tenemos ahora ■ ae

como un pájaro herido

“El eros precisa del lenguaje, de un lenguaje hermoso, para comunicar sentimientos y necesidades. Ahora se habla mucho de relaciones y de la intrusión de los unos en la vida de los otros, y hay conversaciones parecidas a las que se tienen a propósito de la administración de los recursos hidráulicos...”. Leyendo este párrafo de Love and Friendship (1993), de Allan Bloom, el discípulo de Leo Strauss, me viene a la memoria la anotación que Tolstoi hace en su diario (1862) cuando se declara a la que luego será su mujer: “Declarado. Ella: sí. Ella, como un pájaro herido. Inútil escribir. Imposible olvidar y anotar esto” (cit. por Tatiana Tolstoi: Sur la mort de mon père et les causes lointaines de son évasion, 1928). Quizá es que ahora ni se empieza por el principio ■ ae