... Y allí, al lado del horizonte, se quedó el hueco de tu no presencia. Sin conocerte, te eché de menos. Y me pregunté adónde habrían ido tus emociones a esconderse. Y hubiera querido saber el exacto significado de tus colores, de todo eso que es verdad y se esconde. Hoy el día es azul, y en el alma late el sabor amargo que siempre nos deja la ilusión que se ha roto. Vuelvo a mi regreso, retrocedo, y piso de nuevo las huellas que ya conozco. Observo este día, y me gusta el color de su soledad. Me reconozco en los pasos que no he dado y los guardo con cariño. La posibilidad era un infinito lleno de equilibrio. Ahora que no está, la dejo allí, en el horizonte, donde habita tu no presencia. Y me dejo llevar por esta calma triste. Vuelvo al lugar de mi sueños, al escenario, donde siempre, ocurra lo que ocurra, soy feliz. El azul de este día me reconforta, y me dejo mecer por su presencia. No necesito mucho más. Así es siempre el consuelo; habita en lo pequeño.

para tí, Brunno, para tí P


Había mucho que ver a lo largo del camino, y cada objeto que encontraban mis ojos, incluso el que parecía más insignificante, tenía tal interés para mí, que olvidé por completo mis esfuerzos. A veces admiraba la fortaleza de mi constitución; me permitía seguir adelante. Ida Pfeiffer (1797-1858)

Hace unos días, después de hablar con el papá del buen Brunno, salí y me puse a contemplar las estrellas. La ciudad medio-dormía delante de mi. Y ante ese espectáculo me vinieron unas ideas, pocas. Pensaba en ésas personas que se levantan por la mañana con una idea. Sólo una idea. Y a veces es obsesiva hasta después del primer café: la vida es una mierda (hay quienes eso le sucede más allá del primer café). La vida es una mierda, así, a bulto. Fuera aparte de razones de enfermedad, a esa gente habría que decirle "oye, pérame; párate a pensar un poco, y no creas que eres el ombligo del mundo. El que eres una mierda eres tú, y la vida que llevas, pero la Vida, así, con mayúsculas, no es una mierda". Vivimos en un sitio más o menos grande que da vueltas de una manera inexplicablemente maravillosa y misteriosa que llamamos planeta Tierra. En este planeta vivimos nosotros, y parece que bastante solos pues, se diga lo que se diga, de momento no hay nadie más allá afuera. Nos rodea una cosa que llamamos Universo. Si te comparas con la Tierra no eres nada. Pero si comparas tus problemas con la Tierra, te parecerá pequeña....¡tus problemas son tan grandes! Pero, ¡amigo!, mira esta fotografía y verás las cosas de otra manera... Lo que ves es la Vía Láctea, y uno de esos puntitos es donde vivimos. O sea, que sí somos una mierda. La estrella más grande que conocemos, VY Canis Majoris, tiene unas dos mil veces el tamaño del sol. Ahora comparate a tí mismo con esa estrella, y me cuentas. Y mañana por la mañana mírate en el espejo y te darás cuenta que eso que ves reflejado es un milagro que exista, que cierre y abra los ojitos, que incluso se emocione, o que se enamore, que ría. Que seas quién eres y no seas una esponja, o una ameba, o una mosca, de las que nos diferencian suspiros genéticos. Leí no hace mucho que las probabilidades de que hayas llegado a existir en este mismo instante, son de aproximadamente uno dividido por infinito, siendo infinito más grande de lo que puedas llegar a imaginar jamás. Eso sí que es grande. No sé -me dije a mí mismo- cuando te levantes por la mañana y pienses que la vida es una mierda piensa en estas cosas, y deja de quejarte y disfruta del rato que te está tocando vivir. Y disfrútalo con tu gente.

A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío,
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.

A veces viene la tristeza.

A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.

A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da,pero no puede
vivir.

A veces viene.
Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento
y amor.

un poco más

Pienso que a veces le pedimos demasiado a éste cuerpo nuestro que, por cierto, tiene sus cosas y sus rarezas. Y pienso también que para sentirse feliz sólo se necesita un poco de paz, un mínimo de tiempo para escucharte sin prisas, para cerrar los ojos y nada más. Por eso ando, por eso escucho música, por eso rezo y hablo con con mis amigos muertos. Eso y la música, y poco más. "Oye, ¿y el amor?". Pues el amor acompaña: te acompaña; es la atmósfera que respiras. A uno le da la impresión de que, en general, hay gente que controla poco su vida. Se sienten esclavos o más infelices porque, probablemente, siente que su vida se le escapa sin cumplir sus sueños, sin hacer lo que realmente pensaron, sin vivir las experiencia que anhelan y sin sentir el amor que desean o disfrutan y que tanto merecen. Algunos se equivocaron en el primer cruce de caminos y a partir de allí, o no hubo más cruces, o no acertaron con otras sendas que podían de elegir. De entre todos los que conozco los más infelices son los susceptibles, los que se pican por nada, los suspicaces, los quisquillosos, los hipersensibles. Una pena ser así, porque es de difícil cura la enfermedad. No distinguen lo que tiene de importante de la tontería, y sufren, y hacen sufrir. Un amigo con el que caminé un tramo importante de mi vida se quedó solo en la cuneta de la vida precisamente por tener un carácter picajoso que le hacía, en cuanto la conocías un poco, insoportable. No lo aguantaba nadie. Y es triste. Y no, no todo está en el cerebro, amigo, hay más variables que se nos escapan. ae

corriendo

(La noche -¿madrugada?- en que hablaba con juan, el doctor) me encontré un texto me pareció un descubrimiento. Habla de la vejez. el texto es de Mario Andrade, poeta brasileño; texto que como lo leo lo copio y como lo copio se lo dedico al doc, por si me lee. // Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante del que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas. Las primeras las comió con agrado pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades, no quiero estar en reuniones done desfilan egos inflados, no tolero a los maniobreros ni a los ventajosos, me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, de sus talentos y de sus logros. Detesto si soy testigo de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos, quiero la esencia. Mi alma tiene prisa y sin muchas golosinas en el paquete, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no huya de sus responsabilidades y que defienda la dignidad humana y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gentes a quienes los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Sí tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan, estoy seguro de que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma porque, de cualquier manera, llegarás.... // pues eso: Mi alma tiene prisa ■ ae

comprenSIón

A veces vamos por la vida con el lirio en la mano; al menos yo, cuando miro atrás, compruebo que con frecuencia he funcionado con la mayor de las ingenuidades, algo que no necesariamente es malo ni te trae problemas, aunque uno piensa que en ocasiones le hubiera venido bien funcionar con algo más de malicia, o cuando menos, de retranca. No creo que sea positiva la actitud de los mal pensados, los desconfiados o los retorcidos, pero esta vida no es una novela, y mucho menos de las de color rosa y quienes la protagonizamos, de la misma manera que es bueno que seamos conscientes de nuestros defectos y limitaciones, también lo es que lo seamos de las del resto del personal. A mí la vida me ha enseñado, no se si tarde, que no todo el que te sonríe lo hace porque te quiere bien. Uno agradece la amabilidad, que muchas veces no es más que muestra de bondad, cariño y/o respeto, pero mientras no te desprendes del referido lirio corres el peligro de engañarte con ciertas apariencias. No siempre hay que encontrar a quien más te quiere en quien más te palmotea la espalda, y ya no digamos si tienes alguna que otra potestad que pueda beneficiar o perjudicar al personal. Ya me he sorprendido varias veces comprobando que ese -o esa- en quien tanto confiabas a la hora de la verdad no habla tan bien de ti, te deja en la estacada si le conviene o detrás de su coba no hay más que un interés bien concreto. Supongo que de lo que se trata es de ser más consciente de la condición humana y, por supuesto, no enfadarte sin reflexionar anteriormente las veces en que tú mismo has podido tropezar con la misma piedra. Hay ocasiones en las que caemos en el error de idealizar a las personas, otra forma más de seguir deambulando por la vida portando el lirio en la mano; las confianzas ciegas, las miradas embobadas pueden acabar en tremenda desilusión cuando el otro nos decepciona, no está a la altura, no cubre nuestras expectativas ... y muchas veces la culpa será nuestra por funcionar ignorantes de la propia naturaleza del ser humano ... e incluso podemos acabar siendo injustos si pasamos de la patente de corso a la enmienda a la totalidad. Pienso que para dejar de portar el lirio nos puede venir bien reducir nuestra capacidad de horrorizarnos ... las personas tenemos debilidades, incluso en ocasiones escondemos secretos inconfesables, vicios ocultos ... y no pretendo ni justificarlos ni defenderlos, hablo de la necesidad de ser más comprensivos y tener en cuenta que cada cual tenemos nuestras miserias: ¡cuantas decepciones nos podríamos evitar si tuviéramos un conocimiento mejor del alma humana!, algo que de paso nos llevará a ser más indulgentes, con menos exigencias de salón, menos escándalos farisáicos y menos rasgadas de vestiduras. En el Colegio aprendemos lo esencial, en la Universidad especializamos nuestros conocimientos, que podemos incrementar con tesis, tesinas, doctorados, masters, estudios permanentes y todo tipo de nuevos inventos, pero es en la escuela de la vida donde tenemos que andar con los ojos bien abiertos para adquirir esa madurez que sólo se alcanza con sosiego, mirada alta y capacidad de ponerse en la piel ajena.

en adelante...

Todos tenemos alguna persona especial que algún día nos faltará y nos dolerá mucho. Los escritores tratamos de defendernos de ese dolor anticipándolo con la escritura. Es una batalla perdida de antemano, pero no cejamos. Nos va en ella la vida. Alguien ha escrito algo que anticipa esa ausencia...

El primer día sin ti
será duro,
volveré a nuestro lugar
y a nuestra hora,
y el viento en el solar vacío
me secará los ojos.

¿Será una ausencia casual
o intencionada?
Fingiré indiferencia
y volveré a casa,
con las manos en los bolsillos
y las solapas levantadas.

¿Cuarenta años
de endurecer el alma
bastarán,
para no interrogar mil veces
el espacio sin ti?

Yo también tengo un poema para prepararme cuando un día semejante me llegue:

Dice el Bardo Thodol que cuando mueras

Primero cesará la respiración exterior

Y se desatarán los nudos de los sentidos

En el orden vista, oído, olfato, gusto y tacto

Y luego parará la respiración interior

Y no habrá más vida

Y tu espíritu abandonará tu cuerpo

Por el extremo del cráneo

Pero no dice el Bardo Thodol que cuando mueras

Yo estaré allí

Y te cogeré la mano

Y te hablaré palabras tiernas

Y recogeré tu último aliento

Y cerraré tus ojos entreabiertos

Y entonces lloraré.

la ventana


Y el aire fresco llega… Y se lleva toda la mierda que emponzoña los pensamientos y el alma. A veces hace falta que alguien te abra los ojos y te ayude a aplicar un poco de sentido común, te empuje a pararte a pensar con lógica, te haga escuchar y no inventar, te reconduzca para no dejarse llevar por una imaginación desbordada que sólo conduce a la paranoia.
Y el aire fresco llega… Y devuelve la tranquilidad y las ganas de risa. A veces hace falta meter la pata y saber pedir perdón por el error, darte cuenta del absurdo de tus pensamientos, pensar en las cosas que realmente merecen la pena, en las personas que realmente merecen la pena, confiar.
Y el aire fresco llega… Y disipa los miedos y reinventa la luz. A veces basta con poner en una balanza las realidades, las verdades, las certezas, y reírte de la levedad de los absurdos que hace apenas unas horas pesaban toneladas.
Y el aire fresco llega… Sólo hace falta saber abrir la ventana. Y, sobre todo, aprender a no volver a cerrarla■ ae
la imagen que ilustra el texto es del pintor cubano ulises gonzález; se puede ver la mayor parte de su obra en www.ulisesgonzalez.net
La vida nos va regalando estupendos amigos, y también, sorprendentemente, nos va separando de todo aquello que simplemente es presencia de paja y sin fundamento. Supongo que la valentía al final nos lleva a distinguir, a saber bien qué hay detrás de cada persona. Y que nos coloca al lado de los que en el fondo, son un poco como nosotros. Es inteligente la vida, sí ■ ae

cortitos

Alguna vez en un mundo muy pequeño. Una pecera más o menos bonita- ¡un encanto de pecera,la verdad!-, pero donde todos pensábamos más o menos lo mismo, hacíamos más o menos lo mismo, procurábamos jodernos la vida más o menos lo mismo, más bien poco, y todos éramos muy educados. Sales de allí y te das cuenta que la vida es oceánica, con todo lo que significa vivir en el Oceáno. La tentación, cuando te ves en medio de tanta sardina, de tanto besugo, de tanto tiburón, de tanto calamar, de tanta mantaraya, es volver a la pecera y, aunque desde otra posición, con menos colores en las escamas y dejando de ser especie protegida, pues te acomodas. Te va la vida en ello. Pero no, hay que saber esperar y aclimatarse al nuevo sistema. No todos los bichos son mala gente. Te encuentras que cada uno ha nacido en culturas diferentes, con creencias distintas, los valores también, y maneras muy plurales de ver el mundo. Lo que tú sabes que sabes no tiene nada que ver con lo que yo sé que sé, ¿hay alguna probabilidad de que podamos trabajar o vivir juntos? Si me aferro a mis creencias, si no estoy dispuesto a ver por qué tú piensas de esa manera y no como la mía, lo mejor es que lo dejemos estar. ¿Estás dispuesto a ver por qué yo pienso de esta manera?No hay por qué estar de acuerdo, se trata de ponerme en tus zapatos. Entonces algo se puede hacer. A lo mejor hasta mejoro gracias a ti. Y tú gracias a mi. Conozco gente que si ve a alguien que ha fracasado en su matrimonio y rehace su vida con otra persona, le hace una enmienda a la totalidad de su persona. Es un infiel, y lo será toda su vida, y en todas las circunstancias de su vida, también profesional. En fin, yo fui así, y hoy, gracias a Dios, no soy así. O lo intento. Lo único que hace falta es curiosidad, ganas de abrirte a otros mapas, salir de la trinchera. No lo sabes todo, y te queda mucho que aprender de otras personas, de otras culturas y de otros libros. En el fondo, conviene pensarlo, es moverse, en serio, en la dinámica de la Comunión de los Santos, fantástico dogma católico que nos saca de nuestros putos esquemas. Porque los santos son “los hombres de buena voluntad”, no sólo los católicos, o los “nuestros”,¡no seamos imbéciles! y cortitos de espíritu. ae

Hubo un momento en mi vida que caí en la cuenta de una manera sobrecogedora que en materia de fe y costumbres había equivocado el camino. Estaba completamente sin norte y muy solo. Ni la religión, ni Dios, ni la santidad, ni las devociones que tenía habían conseguido que fuera el que quería ser. Excepto la apariencia, y el maquillaje de las palabras, todo era mentira en mi. Debía de tomar una decisión por mi mismo a treinta y tantos. A los que somos vanidosos quedar mal nos cuesta mucho. Yo sabía lo que debía de hacer, y qué era lo correcto. Lo que quería expresar, aunque no supiera hacerlo, era lo siguiente: sé quién quiero ser, sé quién debo de ser, y voy a empezar por no hacer nada. No quiero ser bueno, ni quiero ser santo. No quiero rezar. Comenzaré desde el principio. ¿Y cuál es el principio?: dejarme querer. Si Dios existe, y Dios es Padre, le va a tocar a Él actuar en esta mierda. Y comencé a andar con cinco minutos de edad. Poco tiempo después nació la Gratitud como forma de oración sin fórmulas. Y la Gratitud nacía de contemplar el amor a mi alrededor. Un amor que no había visto nunca antes. Antes me “hablaban” de amor, me “glosaban” el amor, y no era amor eso , la mayoría de las veces. El que descubrí era un amor que nunca se definía a sí mismo y, probablemente, no sabía expresarse. Era gente que estaban muy lejos de los caminos de santidad, y de la perfección, sin embargo, eran oro puro. Muchas veces a lo largo de ésos meses me sentí extranjero en tierra extraña, pero tuve la suerte de que la gente que me encontré fueron personas que hicieron que el mundo y Starbucks Coffee fuera mi casa. Así empezó todo. Hasta el dia de hoy ■ aef

Las palabras al final, siempre se quedan cortas, porque siempre se quiere más. Uno quiere estar al lado de quien nos va regalando su pensamiento, sus dudas, sus emociones. A través de esas palabras intuyes un algo que late visiblemente y que no encuentra reposo hasta que no das con la presencia de las personas. Las palabras, desde su avidez, nos enlazan al deseo de poder estar al lado de quien las habita. Buscan el reconocimiento que es siempre la amistad.
Es emocionante, y divertido, ponerle cara a las palabras. Y entonces ocurre: algo se traba, algo nos enlaza, algo que es más grande que este mundo de bitácoras y números. Las palabras son ávidas, sí, siempre nos empujan a querer mucho más, nos llevan de la mano hacia ese reconocimiento del otro, en el otro.
Así son las palabras; nos llevan siempre de viaje, nos enfrentan al reconocimiento que a veces es la mirada de los otros. Miradas que una vez enfrentadas, sostenidas, sabes que siempre echarás de menos. Y te quedas pensando entonces, en todo lo que aún queda por descubrir. Es un estupendo viaje la vida ■
aef

cuerpo y espíritu. espíritu y cuerpo.

Quienes viven sin placer son peligrosos. El placer no es un aditamento, ni un ingrediente. No sólo nos reconforta o recompone, nos constituye. Su ausencia resulta una carencia, una falta, y de efectos contundentes. Sin él no sólo se amarga la vida, es que deja de serlo. Por eso es sorprendente que se identifique torpemente con cualquier gusto o sensación más o menos agradable. No es suficiente asociarlo con necesidades y menos aún con su satisfacción. Aunque no se excluye, lo decisivo del placer es que resulta del desplazamiento de uno y es una relación con algo del otro. Amar es también desear el placer del otro, buscarlo, crear las condiciones para que se procure. La voluntad de dar con él, saborearlo, es un modo de saber del otro, un modo de preguntarse por quién es él o ella (...) Quienes carecen de placer resultan resentidos y tienen una irrefrenable tendencia a considerar superficiales y frívolos a quienes lo sienten, y su ausencia de placer es falta de esa alegría que es el enigma de la búsqueda. No esperar ni desear hace que los satisfechos acostumbren a ser insatisfechos resignados. Pero el placer, como el deseo, no es ni una tendencia ni un resultado, ni irrumpe tras la búsqueda de algo concreto. Es más una apertura que una cerrazón. No se trata de una recompensa, ni del mero resultado de un esfuerzo, ni de la retribución de un acto, ni de un bienestar alcanzado. (...) Ciertamente, las dificultades del vivir hacen que haya quienes no están en condiciones de poder disfrutarlo, pero no deja de ser lamentable que algunos no sepan que el placer también perfila el espíritu y hace salir de sí hacia el otro, hacia el otro y su misterio. Buscar su placer es un modo extraordinario de encontrarse con alguien. Y de dignificar la existencia. El placer puede ser sencillamente una donación ■ El autor de estos párrafos es Angel Gabilondo, fueron publicados en un revista mensual; Psychologies.
Con el tiempo se aprende que las personas realmente admirables, los héroes anónimos, los santos que andan junto a nosotros a diario, lo son por sus defectos, además de que no hacen ruido. Las personas que sólo tienen cualidades son mediocres, además son aburridas: la suma de actos perfectos no hace un hombre perfecto. No sé, pero me da la sisca -que dice mi amigo Miguel- que éso de ir de santo por la vida tiene que ser muy complicado. Después de visitar ciertas casas durante años, uno entiende que todo eso tan pulcro, tan perfecto no hacen más que demostrar pequeñez, vanidad y hasta un poquitin de histeria. Cada dia me convenzo más de que los defectos de las personas, muchas veces, son su tesoro. Como las ostras con perlas: sus defecto son su tesoro. Si le quitas a la ostra su defecto te quedas sin perla. Y lo mismo sucede con estos santos tan santos, esos políticos tan honestos y llenos de vacío, o esos prohombres que no son más que apariencia. Y con el tiempo aprendes que no, que naranjas de la China, que a otro perro con ese hueso.
Robert Spaemann es un pensador, un filósofo, que en su día fue un hallazgo para mi. Un día leí de él ¿Quién es un hombre culto?,y dio las siguientes claves, que de vez en cuando uso de plantilla para ver qué tal voy. 1.Es culto quien está interesado en qué aspecto presenta el mundo desde otros ojos y quien ha aprendido a ampliar de ese modo el propio campo visual. Pregúntate qué periódicos lees, qué emisoras escuchas, qué blogs visitas, qué libros lees... 2. El hombre culto sabe que él es solamente “uno más”. No se toma a sí mismo muy en serio ni se considera muy importante. No se valora comparándose con otros y a la vez tiene una acusada percepción de su propio valor creyéndose don Necesario Superimportante. 3. El saber del hombre culto está estructurado. Lo que sabe tiene una trabazón interna. Y, cuando no la tiene, él trata de crearla o, al menos, de entender por qué es tan difícil conseguirla. Esto para mi es asunto difícil, tener una cabeza ordenada y amueblada. 4. El hombre culto habla un lenguaje cotidiano bien diferenciado y rico en matices. Es entendido por todos. No necesita usar términos científicos como muletas para orientarse en la vida y para entenderse con los demás. No farolea. Nunca. 5. El hombre culto se distingue por su capacidad de disfrutar de las cosas y por distanciarse del consumismo. Quien puede gozar realmente de lo que la realidad le ofrece, no necesita mucho de ella. Y quien se conforma con poco, tiene la mayor seguridad de que raramente le faltará de nada. 6. El hombre culto puede identificarse con algo sin ser un ingenuo o un ciego. Puede identificarse con amigos sin negar sus errores. Puede amar a su patria sin despreciar las patrias de los demás. Ve lo ajeno como un enriquecimiento sin el que no le gustaría vivir pero en lo ajeno no ve una razón para avergonzarse de lo propio. La continuidad biológica no es para él una condición de identificación. 7. El hombre culto puede admirar y entusiasmarse sin miedo a perder la dignidad por ello. Puede admirar sin envidia y puede alegrarse de excelencias que él no posee. No teme caer en ninguna clase de dependencia debido al agradecimiento. Es más, ni siquiera tiene algo en contra de depender de personas en las que confía. Prefiere correr el riesgo de que sus amigos lo decepcionen a la bajeza de desconfiar de ellos. 8. El hombre culto no teme hacer valoraciones y considera los juicios de valor como algo más que la expresión de estados de ánimo subjetivos. Reivindica para sus propios juicios de valor validez objetiva y, precisamente por eso, está dispuesto también a corregirlos. Sabe que hay obras de arte más cargadas de significado que otras y que hay personas mejores que otras. 9. El hombre culto sabe que la cultura no es lo más importante. Sabe que un hombre culto puede perfectamente llegar a ser un traidor. Es más, sabe que la distancia interna que lo distingue hace que la traición le resulte más fácil que a otras personas. Por otro lado, sabe también que alguien puede ser un hombre ruin o un pillo redomado y en el momento decisivo conservar la decencia. 10. Hay un punto en el que ser culto y ser bueno coinciden de modo plenamente natural y no forzado: en que un hombre culto ama la amistad y, sobre todo, la amistad con otros hombres cultos. En general, gozan más que otros y por eso —con independencia de las casualidades de la estimación social— vale la pena ser un hombre culto.
Hay muchas formas de vanidad, y nadie escapa a alguna de ella. En algunos es lo único que pueden exhibir, normalmente son cosas como coches, viajes, casas, restaurantes, modas, cosas, incluso una mujer que está muy buena y que se pasea con la misma arrogancia que último el BMW. Se adornan para andar por la vida como pavos reales con la cola bien extendida. Y no hay nada más. Tengo comprobado que este tipo de fatuos acostumbran a ser envidiosos y jodidamente retorcidos con la buena suerte de los demás. Incluso cuando uno no presta atención a esas cosas y no mata por ellas, no desaprovechan la oportunidad de morderte e inyectarte su propio veneno, por si pega. En mi caso no pega, y no por no ser vanidoso, que lo soy, sino porque esas vanidades de tonto nuevo rico no van conmigo. Las cosas sólo son eso, cosas, y no serán ellas las que me hagan más bobo. Con los años ese tipo de gente me producen un rechazo impulsivo que reprimo cuando el que es así no me queda más remedio que soportarlo. Mis vanidades van más dirigidas a ser querido que a ser envidiado, por eso escribo, canto, leo, voy al cine, cuento chistes y procuro vivir la vida que antes soñé. Mis vanidades tienen más que ver con mi cuerpo y mi manera de ser, no con las cosas. Con mi cuerpo porque siempre me gusté como soy, aunque cada vez menos ( el tiempo nos pone en nuestro sitio). Sé que no está bien esta vanidad mía pero, bueno, al menos es barata. Para la primera vanidad, la del altivo, el mejor antídoto es la soledad. Entonces se dará cuenta de lo pobre que es. Para la segunda, el buen humor y que se rían de uno de vez en cuando ■

Antigona de Marzo

Si bien fue Pitágoras de Samos quien encendió la antorcha, hay que reconocer también que fue una mujer de Crotona, una filósofa, una matemática, una maestra, quien supo mantenerla encendida, y transmitirla a las generaciones posteriores, a toda la Humanidad (...)». Marzo 25. Sí: es un día especial: mi hermana cumple un año más. Mi hermana, esa que ya estaba cuando yo llegué y que ha seguido estando siempre, entre baches y risas, con su silencio y con su no-silencio. A ti, que ya estabas observando la vida cuando yo aterricé con toda mi impaciencia, para ti, Antígona, mis mejores deseos; para ti hoy mi mejor pensamiento. Vas por delante, siempre por delante, al lado de ése hermano mío al que también quiero entrañablemente. Ser hermana supongo que no es fácil. Saberse ejemplo y afrenta no debe ser nada sencillo. Hoy me pregunto qué hilos invisibles nos unen, qué hilos nos sustentan tan unidos a pesar de la distancia, de las diferencias, de la desencontrada mirada con la que enfrentamos el mundo... Antígona, que sea hoy un día muy feliz; te deseo momentos de plenitud ante el recuerdo de lo vivido. Eres el triunfo de la generosidad, no tienes más que mirar las personas que ahora te rodean, esas a las que has dado tanto. Yo me uno a Rac y a los niños, si no con la presencia, con el pensamiento y con el sonido de la risa. Por último, quiero regalarte aquí un recuerdo, un momento de mi vida que aún recuerdo entre emocionado y avergonzado. Sí, lo confieso… tú y Rac, cuando nadie daba un quinto por mi vida, dieron la cara y fueron generosos conmigo. Eso no lo olvidaré nunca. Antígona, que junto con Rac y los niños pases un gran día; ustedes que han impedido que me pierda, y que siguen haciéndolo, así, tan en silencio y a veces sin yo saber ■ ae

de pinceles y luces y cuadros

Ayer encontré un libro que me acompañó durante lo que fue un difícil año, aquel año de decisiones y quizá de egoísmo anclado. Recuerdo su intensidad, lo que me enganchó, qué embebido estaba en la historia, y cómo permitió que mi desencuentro saliera por fin convertido en un sentimiento de serenidad. Me recuerdo llorando en algún café, solo, soltando todo ese lastre que nos ata en ese tiempo de nuestra primera juventud. La vida entonces salía a mi encuentro entre sentimientos de rebeldía, soledad, tristeza, en la avidez por vivirlo todo. Ansiedad sin control. Y justo en aquel tiempo, fui a dar con esa historia que me regaló la quietud, la reflexión y la templanza. Luego leí otros títulos del mismo autor, pero ninguno me llegó tan necesariamente como ese primer encuentro. En aquellas palabras encontré el latido de mi exacta percepción. Latía la necesidad de que todo ha de ser atemperado; reposar esa querencia de salir al camino sin saber muy bien por qué salíamos, ni a qué. Captar la templanza en aquella historia que se me regalaba. Mi vida comenzó a tener mansedumbre. Aquel tiempo en el que nada era concreto y en el que se quería tener todo empezó a captar el ritmo de la espera. A saber de la necesidad de vivir en la espera. Volví a mi adolescencia. El tiempo en el que se mezcla todo. La confusión casi se podría tocar: sentimientos desencontrados, realidad y ficción mezcladas, ese necesario egoísmo del yo porque si no uno se sentía ahogar, esa necesidad de asirse a algo, de salir, de ser. Instantes en que queríamos necesariamente ser, pero que vivíamos sin querer reconocer que la posibilidad no es realizable sólo con la intención, que es necesario el esfuerzo, la paciencia, la espera. Lo queríamos todo sin esperar, sin querer esforzarnos. Y más aún, desconocíamos que no todo se puede conseguir a pesar de la paciencia. Que la Vida es inteligente, que nos dá exactamente nuestro lugar, y que éste algunas veces, no es el que probablemente deseamos. Eso, eso se aprende después. Entre desencuentros aprendíamos a priorizar. No teníamos datos, pasado; solo esperábamos el porvenir. Ahí estaba todo un carácter, sin atemperar, imperfecto, exigiendo a cada paso la perfección. Y aquel año sucedió. En una puñado de palabras, metido en una historia que no era la mía, la vida salía a mi encuentro. Hoy toco este libro, sus tapas, sus hojas ya amarillas, y ese olor a viejo de los libros usados y guardados desde hace tiempo. Y me pregunto qué verdad sabrá encontrar en él algún otro. No lo sé. Y hoy me encuentro con la obra de un buen amigo; sus cuadros volvieron a recordarme la fuerza de vivir. O más exactamente, lo que nunca, nunca, he dejado de ser. Cuando reposas los ojos sobre las historias que te atraparon irremediablemente vuelves a recordar esa parte escondida del yo que eres. El reencuentro con tus libros más queridos, con los cuadros hechos por alguien que admiras es vivir de nuevo en aquella mirada que tenías cuando lo leíste por primera vez o en la luz que se posó sobre aquel cuadro en el momento de arrancarlo del pincel a fuerza de suspiros. Y piensas que es como si nada hubiera cambiado, que tú sigues ahí, en ese instante sostenido por una frase. Reconoces de nuevo el joven que fuiste, y sabes firmemente que aún permanece. Que aunque sea cierto que todo ha cambiado, que has cambiado, sigues siendo aquello que te dolió, aquello que te hizo llorar, aquello que de alguna manera te tocó. Que tus ojos siguen siendo aquellos ojos, y que aún, lo sigues esperando todo ■ ae

The Butterfly Circus

Ver en lo que no es perfecto la maravillosa mariposa que llegará a ser no es nada fácil, y sin embargo, su esencia late ahí, en ese conjunto de desencuentros. En lo imprevisible. En la rotunda libertad de nuestra mirada. Sólo es necesario el gran latido de todo aquello que nos regala el tiempo para que se produzca esa infinita transformación ■ ae www.thedoorpost.com/hope/film/?film=4dd298f102c77b625cf37a9e7744ac68

azul marino

Somos aquello que no hemos olvidado. Todo lo que un día nos invadió, que arrasó nuestra mirada, está con nosotros. Somos también todo aquello que un día perdimos. Sostenemos todavía aquel pensamiento que se nos quedó a medias, como sin sentido. Todos los errores que cometimos, las despedidas que no protagonizamos, el anhelo que dejamos escapar porque no supimos que lo deseábamos tanto, todo eso, aún lo somos. Un día el silencio de nuestros paso pareció cubrirlo todo con su manto insonoro. Parece todo abandonado, y no somos conscientes de que todo, todo eso, queda latente. Hemos seguido caminando, nos hemos dejado llevar por otros ruidos, por otras presencias, por otros caminos... pero un buen día te topas con un cuadro, con un paisaje, con el mar o con un cuento. Y descubres que todo está ahí. Que eres un ser poliédrico, de mil caras, luciendo al sol intermitentemente. Descubres tus mil lados. Todo sigue ahí, latente, en la espera de ser contado., esperanzo a tener forma y sentido cuando lo conviertras en un cuento. Y hoy descubro que todo está ahí, como en un cuento, en sus palabras de profundidades que parecían olvidadas, palabras que destilan perfectamente en mi alma la hondura de ese azul que siempre es abismo e intensidad; el azul marino ■ ae

Arreciaba la belleza... y se posaba en nuestras almas doloridas, en todo aquello que por insignificante, gozaba de luz. Y podíamos acunarnos un poco en ella. En esa belleza que es sólo un instante; y siempre pobre, muy pobre ■ ae

Hasta siempre ¡Maestro!

Se nos ha muerto Miguel Delibes y con él se va una parte importantísima de la historia reciente de nuestra literatura; nos queda su obra, un auténtico tesoro del que no podemos cansarnos de disfrutar. Pienso que Miguel Delibes ha sido el mejor escritor español de los últimos 75 años, nadie como él ha cuidado la lengua castellana de esa manera; nadie ha sabido describir el paisaje y sus gentes ni hablar de los hombres, de sus grandezas y sus miserias, con la fineza y la clarividencia del vallisoletano. Delibes afinaba al configurar sus personajes, con esa preferencia por los desheredados, los pobres del mundo, a los que era capaz de sacar toda la grandeza que esconden, una grandeza que le hacía grande a él mismo. Hoy no puedo dejar de decir algo sobre éste hombre que, junto a su maestría literaria, nos ha dejado un colosal ejemplo de sencillez y honestidad; Delibes encarnó toda la sobriedad castellana, el saber estar, la discrección, la elegancia de la que deberían aprender tantos ególatras que se piensan que por dos requiebros literarios son el acabose. Ahora Miguel Delibes ya tiene, para toda la eternidad, su sitio preferente en la historia de las letras españolas; desde ese premio Nadal a su primera creación, La sombra del ciprés es alargada, Delibes no ha parado de aportarnos vida, ideas y sentimientos a quienes disfrutamos con lo que está bien escrito, bien hecho: La hoja roja, Cinco horas con Mario, Aún es de día, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un cazador, Mi idolatrado hijo Sisí, Parábola de un naúfrago, Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes; El príncipe destronado, Las ratas, La mortaja, ... en el cielo hay un hueco preferente para quien nos ha dejado tanto ■ ae

Chi son, e che faccio, come vivo, Vuole? Chi son? Chi son? Son un poeta. Che cosa faccio? Scrivo. E come vivo? Vivo. In poverta mia lieta scialo da gran signore Rimi ed inni d'amore. Per sogni e per chimere e per castelli in aria L'anima ho millonaria. Asi explica Alfredo a Mimi (La Boheme) su oficio: escritor. Un escritor es...... algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, es eso. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado ■ ae

hilo rojo

Dicen que hay un hilo rojo invisible que une los corazones de los amantes. Que ese hilo rojo permanezca uniendo los corazones o no es una cuestión indeterminable. Los expertos aconsejan, por lo general, dedicarle la misma atención al amor que se le dedica a todo aquello que requiere cuidados para crecer, de tal forma que el hilo rojo permanezca vigoroso y brillante. Así, el mundo se encuentra, como un ovillo gigante, trenzado de hilos rojos invisibles, esperando a que sus dos extremos se percaten de esa conexión. ¿Cómo saber si se tiene un hilo rojo sujeto al corazón? Es más sencillo de lo que pudiera parecer. Cierra los ojos, y piensa con detenimiento en la persona que crees que está conectada al otro extremo. Agarra el aire invisible que roza tu corazón con energía. Si al mirar la palma de tu mano ésta ha recibido un latigazo que la rasgó, enhorabuena. Si no hay marcas, pueden suceder dos cosas, según los expertos. Una, que estés en un momento en el cual el hilo rojo no ha partido de otro corazón hacia el tuyo o viceversa, y vaga reptando por el suelo a la busca de un corazón donde alojarse. Dos, que la otra persona no se haya dado cuenta de la conexión; sucede más a menudo de lo que suele admitirse. Lo bueno, en estos casos, de estos hilos rojos invisibles, es que son intercambiables, y pasan de un sujeto a otro con facilidad porque los propios hilos se encuentran a disgusto allí donde no los desean más. Es por eso que se explica que, durante la vida, podamos enamorarnos de personas diferentes. Yo hice la prueba para ver si veía una cicatriz reciente en la palma de la mano. Nada vi. No descarto que haya equivocado el procedimiento en alguno de sus pasos. En todo caso, la certeza de que amo es demasiado real como para entretenerme en cuentos absurdos sobre los hilos rojos invisibles que cruzan el corazón de las personas y que, según cuentan los expertos, hacen del mundo un ovillo rojo gigantesco ■ ae ■ ilustración: Ulises González, De Todo Corazón (1995) www.ulisesgonzalez.net


Mi vida no tiene más remedio

Estaré engañándome diciendo que

Todavía es posible el futuro que soñé

Tengo absoluta certeza que

Nada de lo que aprendí fue en vano

Siento dentro de mí que

Tener un sueño no significa nada

No podría decir jamás que

Mi futuro puede ser brillante

Siento cada vez más que

Ya no tengo esperanza

Y jamás volveré a mentir que

La vida es una gran fiesta

Hoy reconozco que es verdad que

Vivir es no dejarse llevar por la ilusión ■ Clarice Lispector

Lee este poema primero de arriba hacia abajo, después al revés, de abajo hacia arriba. La perspectiva cambia, también la intensidad y la mirada sobre la percepción del propio yo en el mundo. Quizá sea esto lo le que sucede también a nuestra vida; que no es lo mismo interpretarla desde el inicio al fin, que cuando lo hacemos desde el fin a sus inicios. Quizá en este segundo recorrido se encuentre la verdad; la certeza profunda para intuir ese yo que realmente somos. Ese yo que tantas veces nos sorprende cuando con el pulso firme, le damos vuelta a las cuentas de nuestra vida. Sin miedo ■

He aprendido a darle la vuelta a las cosas que me bloquean los sentidos, las que bloquean mis sentimientos, el movimiento de mis manos, el sonido firme de mi garganta, que desmontan todo lo que yo soy. He abierto cada uno de los cajones en los que recogía las cosas que me agarrotaban el alma, las he sacado y les de dado la vuelta. Aprendí a leer de detrás hacia delante. Pude ver los renglones torcidos de mi tiempo como líneas infinitamente rectas. Hace tiempo que me he atrevido. Y sé que ya no volverá a haber ningún cajón cerrado, ningún bloqueo consentido. Nunca. Esa nada sólo presentida, esa sensación de inmovilidad que ha sido vencida, se ha convertido en una melodía que poco a poco ha ido construyendo una historia. La mía. Y dándole la vuelta a esos cajones, me he llegado a encontrar con el yo que realmente soy ■

Los pájaros no tienen dientes,

Con el pico se apañan.

Los pájaros pescan peces

Sin red ni caña.

Los pájaros, como los ángeles,

Tienen alas.

Los pájaros son artistas

Cuando cantan.

Los pájaros colorean el aire

Por la mañana.

Por la noche

Son músicos dormidos

En las ramas.

Da pena ver a un pájaro en la jaula.

¡Qué alegría en la mano de un Niño! ■


Te he dicho últimamente que te amo?
¿Te he dicho que no hay nadie más sobre ti?
Llena mi corazón con alegría
Llévate toda mi tristeza
Soluciona mis problemas, eso es lo que haces
Por el sol de la mañana en toda su gloria
Recibe al día con esperanza y bienestar también
Tu llenas mi vida de risas
Y de alguna manera la mejoraste
Arreglas mis problemas, eso es lo que haces
Es un amor que es divino
Y es tuyo y mío como el sol
Y al final del día
Deberíamos dar las gracias y orar
Al único, al único
¿Te he dicho últimamente que te amo?
¿Te he dicho que no hay nadie más sobre ti?
Llena mi corazón con alegría
Llévate toda mi tristeza
Soluciona mis dudas, eso es lo que haces ■

… porque así como en las armas el que estoquea, estoquea; el que mata, mata; y el que vence, vence; en esto de las letras nunca son suficientes los buenos propósitos, y no se sabe si un libro fue o no discreto, digno de elogio, o lo contrario, hasta pasados muchos, muchos años. Para entonces uno ya ha muerto, y no puede disfrutar de esos laureles. Y no digo censuras y vituperios, porque nadie, puestos a soñar, sueña catástrofes ni cosecha chiflas. Al contrario, le gusta imaginar los futuros aplausos que no oirá y mil coronas de laurel que habrían de coronar su calavera. Así es el hombre de ilusorio. Si fuese por los elogios y vituperios del día ni un solo hombre se molestaría, no siendo un necio, en mojar la pluma ■ Andrés Trapiello.