para tí, Brunno, para tí P

Hace unos días, después de hablar con el papá del buen Brunno, salí y me puse a contemplar las estrellas. La ciudad medio-dormía delante de mi. Y ante ese espectáculo me vinieron unas ideas, pocas. Pensaba en ésas personas que se levantan por la mañana con una idea. Sólo una idea. Y a veces es obsesiva hasta después del primer café: la vida es una mierda (hay quienes eso le sucede más allá del primer café). La vida es una mierda, así, a bulto. Fuera aparte de razones de enfermedad, a esa gente habría que decirle "oye, pérame; párate a pensar un poco, y no creas que eres el ombligo del mundo. El que eres una mierda eres tú, y la vida que llevas, pero la Vida, así, con mayúsculas, no es una mierda". Vivimos en un sitio más o menos grande que da vueltas de una manera inexplicablemente maravillosa y misteriosa que llamamos planeta Tierra. En este planeta vivimos nosotros, y parece que bastante solos pues, se diga lo que se diga, de momento no hay nadie más allá afuera. Nos rodea una cosa que llamamos Universo. Si te comparas con la Tierra no eres nada. Pero si comparas tus problemas con la Tierra, te parecerá pequeña....¡tus problemas son tan grandes! Pero, ¡amigo!, mira esta fotografía y verás las cosas de otra manera... Lo que ves es la Vía Láctea, y uno de esos puntitos es donde vivimos. O sea, que sí somos una mierda. La estrella más grande que conocemos, VY Canis Majoris, tiene unas dos mil veces el tamaño del sol. Ahora comparate a tí mismo con esa estrella, y me cuentas. Y mañana por la mañana mírate en el espejo y te darás cuenta que eso que ves reflejado es un milagro que exista, que cierre y abra los ojitos, que incluso se emocione, o que se enamore, que ría. Que seas quién eres y no seas una esponja, o una ameba, o una mosca, de las que nos diferencian suspiros genéticos. Leí no hace mucho que las probabilidades de que hayas llegado a existir en este mismo instante, son de aproximadamente uno dividido por infinito, siendo infinito más grande de lo que puedas llegar a imaginar jamás. Eso sí que es grande. No sé -me dije a mí mismo- cuando te levantes por la mañana y pienses que la vida es una mierda piensa en estas cosas, y deja de quejarte y disfruta del rato que te está tocando vivir. Y disfrútalo con tu gente.

un poco más

corriendo

comprenSIón

en adelante...

Todos tenemos alguna persona especial que algún día nos faltará y nos dolerá mucho. Los escritores tratamos de defendernos de ese dolor anticipándolo con la escritura. Es una batalla perdida de antemano, pero no cejamos. Nos va en ella la vida. Alguien ha escrito algo que anticipa esa ausencia...
Yo también tengo un poema para prepararme cuando un día semejante me llegue:
Dice el Bardo Thodol que cuando mueras
Primero cesará la respiración exterior
Y se desatarán los nudos de los sentidos
En el orden vista, oído, olfato, gusto y tacto
Y luego parará la respiración interior
Y no habrá más vida
Y tu espíritu abandonará tu cuerpo
Por el extremo del cráneo
Pero no dice el Bardo Thodol que cuando mueras
Yo estaré allí
Y te cogeré la mano
Y te hablaré palabras tiernas
Y recogeré tu último aliento
Y cerraré tus ojos entreabiertos
la ventana


cortitos

Hubo un momento en mi vida que caí en la cuenta de una manera sobrecogedora que en materia de fe y costumbres había equivocado el camino. Estaba completamente sin norte y muy solo. Ni la religión, ni Dios, ni la santidad, ni las devociones que tenía habían conseguido que fuera el que quería ser. Excepto la apariencia, y el maquillaje de las palabras, todo era mentira en mi. Debía de tomar una decisión por mi mismo a treinta y tantos. A los que somos vanidosos quedar mal nos cuesta mucho. Yo sabía lo que debía de hacer, y qué era lo correcto. Lo que quería expresar, aunque no supiera hacerlo, era lo siguiente: sé quién quiero ser, sé quién debo de ser, y voy a empezar por no hacer nada. No quiero ser bueno, ni quiero ser santo. No quiero rezar. Comenzaré desde el principio. ¿Y cuál es el principio?: dejarme querer. Si Dios existe, y Dios es Padre, le va a tocar a Él actuar en esta mierda. Y comencé a andar con cinco minutos de edad. Poco tiempo después nació la Gratitud como forma de oración sin fórmulas. Y la Gratitud nacía de contemplar el amor a mi alrededor. Un amor que no había visto nunca antes. Antes me “hablaban” de amor, me “glosaban” el amor, y no era amor eso , la mayoría de las veces. El que descubrí era un amor que nunca se definía a sí mismo y, probablemente, no sabía expresarse. Era gente que estaban muy lejos de los caminos de santidad, y de la perfección, sin embargo, eran oro puro. Muchas veces a lo largo de ésos meses me sentí extranjero en tierra extraña, pero tuve la suerte de que la gente que me encontré fueron personas que hicieron que el mundo y Starbucks Coffee fuera mi casa. Así empezó todo. Hasta el dia de hoy ■ aef

cuerpo y espíritu. espíritu y cuerpo.



Antigona de Marzo

de pinceles y luces y cuadros

The Butterfly Circus
Ver en lo que no es perfecto la maravillosa mariposa que llegará a ser no es nada fácil, y sin embargo, su esencia late ahí, en ese conjunto de desencuentros. En lo imprevisible. En la rotunda libertad de nuestra mirada. Sólo es necesario el gran latido de todo aquello que nos regala el tiempo para que se produzca esa infinita transformación ■ ae www.thedoorpost.com/hope/film/?film=4dd298f102c77b625cf37a9e7744ac68azul marino
Hasta siempre ¡Maestro!
Se nos ha muerto Miguel Delibes y con él se va una parte importantísima de la historia reciente de nuestra literatura; nos queda su obra, un auténtico tesoro del que no podemos cansarnos de disfrutar. Pienso que Miguel Delibes ha sido el mejor escritor español de los últimos 75 años, nadie como él ha cuidado la lengua castellana de esa manera; nadie ha sabido describir el paisaje y sus gentes ni hablar de los hombres, de sus grandezas y sus miserias, con la fineza y la clarividencia del vallisoletano. Delibes afinaba al configurar sus personajes, con esa preferencia por los desheredados, los pobres del mundo, a los que era capaz de sacar toda la grandeza que esconden, una grandeza que le hacía grande a él mismo. Hoy no puedo dejar de decir algo sobre éste hombre que, junto a su maestría literaria, nos ha dejado un colosal ejemplo de sencillez y honestidad; Delibes encarnó toda la sobriedad castellana, el saber estar, la discrección, la elegancia de la que deberían aprender tantos ególatras que se piensan que por dos requiebros literarios son el acabose. Ahora Miguel Delibes ya tiene, para toda la eternidad, su sitio preferente en la historia de las letras españolas; desde ese premio Nadal a su primera creación, La sombra del ciprés es alargada, Delibes no ha parado de aportarnos vida, ideas y sentimientos a quienes disfrutamos con lo que está bien escrito, bien hecho: La hoja roja, Cinco horas con Mario, Aún es de día, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un cazador, Mi idolatrado hijo Sisí, Parábola de un naúfrago, Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes; El príncipe destronado, Las ratas, La mortaja, ... en el cielo hay un hueco preferente para quien nos ha dejado tanto ■ ae
hilo rojo

Mi vida no tiene más remedio
Estaré engañándome diciendo que
Todavía es posible el futuro que soñé
Tengo absoluta certeza que
Nada de lo que aprendí fue en vano
Siento dentro de mí que
Tener un sueño no significa nada
No podría decir jamás que
Mi futuro puede ser brillante
Siento cada vez más que
Ya no tengo esperanza
Y jamás volveré a mentir que
La vida es una gran fiesta
Hoy reconozco que es verdad que
Vivir es no dejarse llevar por la ilusión

Los pájaros no tienen dientes,
Con el pico se apañan.
Los pájaros pescan peces
Sin red ni caña.
Los pájaros, como los ángeles,
Tienen alas.
Los pájaros son artistas
Cuando cantan.
Los pájaros colorean el aire
Por la mañana.
Por la noche
Son músicos dormidos
En las ramas.
Da pena ver a un pájaro en la jaula.
¡Qué alegría en la mano de un Niño! ■

… porque así como en las armas el que estoquea, estoquea; el que mata, mata; y el que vence, vence; en esto de las letras nunca son suficientes los buenos propósitos, y no se sabe si un libro fue o no discreto, digno de elogio, o lo contrario, hasta pasados muchos, muchos años. Para entonces uno ya ha muerto, y no puede disfrutar de esos laureles. Y no digo censuras y vituperios, porque nadie, puestos a soñar, sueña catástrofes ni cosecha chiflas. Al contrario, le gusta imaginar los futuros aplausos que no oirá y mil coronas de laurel que habrían de coronar su calavera. Así es el hombre de ilusorio. Si fuese por los elogios y vituperios del día ni un solo hombre se molestaría, no siendo un necio, en mojar la pluma ■ Andrés Trapiello.
