hilo rojo

Dicen que hay un hilo rojo invisible que une los corazones de los amantes. Que ese hilo rojo permanezca uniendo los corazones o no es una cuestión indeterminable. Los expertos aconsejan, por lo general, dedicarle la misma atención al amor que se le dedica a todo aquello que requiere cuidados para crecer, de tal forma que el hilo rojo permanezca vigoroso y brillante. Así, el mundo se encuentra, como un ovillo gigante, trenzado de hilos rojos invisibles, esperando a que sus dos extremos se percaten de esa conexión. ¿Cómo saber si se tiene un hilo rojo sujeto al corazón? Es más sencillo de lo que pudiera parecer. Cierra los ojos, y piensa con detenimiento en la persona que crees que está conectada al otro extremo. Agarra el aire invisible que roza tu corazón con energía. Si al mirar la palma de tu mano ésta ha recibido un latigazo que la rasgó, enhorabuena. Si no hay marcas, pueden suceder dos cosas, según los expertos. Una, que estés en un momento en el cual el hilo rojo no ha partido de otro corazón hacia el tuyo o viceversa, y vaga reptando por el suelo a la busca de un corazón donde alojarse. Dos, que la otra persona no se haya dado cuenta de la conexión; sucede más a menudo de lo que suele admitirse. Lo bueno, en estos casos, de estos hilos rojos invisibles, es que son intercambiables, y pasan de un sujeto a otro con facilidad porque los propios hilos se encuentran a disgusto allí donde no los desean más. Es por eso que se explica que, durante la vida, podamos enamorarnos de personas diferentes. Yo hice la prueba para ver si veía una cicatriz reciente en la palma de la mano. Nada vi. No descarto que haya equivocado el procedimiento en alguno de sus pasos. En todo caso, la certeza de que amo es demasiado real como para entretenerme en cuentos absurdos sobre los hilos rojos invisibles que cruzan el corazón de las personas y que, según cuentan los expertos, hacen del mundo un ovillo rojo gigantesco ae ■ ilustración: Ulises González, De Todo Corazón (1995) www.ulisesgonzalez.net

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