¿Qué es la melancolía?, me preguntó alguien el otro día... pues, verás… la melancolía -intenté responder- es una especie de tristeza, una tristeza suave que a veces ronda nuestro pensamiento. Y si la miras atentamente, si la sabes observar, sabrías decir qué causa tiene. -¿Es como la tristeza que sentimos cuando se marcha un amigo?... -Sí, un poco así, porque les echamos de menos, Pero no es grave esta tristeza, sólo nos acompaña un ratito. Esa es la melancolía. No es como esa otra tristeza grande y seria, sino que es pequeña y medio sonriente Y yo me quedo balanceando en esa palabra de rasgos serenos y profunda; melancolía. Es ese sentimiento que nos rodea cuando abrimos el sencillo armario en que hemos ido a guardar, cual ropa bien limpia y planchadita, los proyectos que son ya un imposible. Que fueron vitales y que hoy permanecen en silencio, guardados para siempre en la memoria. Los acaricias suavemente como toallas limpias y perfumadas, y los vuelves a encerrar en ese armario que es tu memoria. Es entonces cuando reconoces esa melancolía que es siempre sencilla, y que es a la vez una ofrenda. También es melancolía ese sentimiento ante la lejanía de los amigos, aquellos que un día estuvieron en tu presente, y que el devenir del tiempo ha ido a colocar en otro espacio. Tristeza que es alegría cuando rememora el recuerdo; cuando perfila tu suerte por haberlos encontrado en tu camino. La amistad que se añora, y que una vez fue vivida y sentida; así es la melancolía... Como lo es también, ese algo que te atrapa cuando ves fotos de personas que no llegaste a conocer, a las que has querido esencialmente. En su ausencia, latía el amor que ellas sentían por ti. Sientes melancolía por tu abuela, por tus abuelos, y sabes de esa serena sonrisa que se te queda en los labios por la multitud de veces que has soñado con ellos... Y me digo a mí mismo que la melancolía es uno de los diversos tesoros que puede albergar una mirada. Es esa impresión certera que te hace consciente; puedes amar y te aman. La melancolía, es también una tristeza que se convierte en naciente esperanza. Detrás de su presencia, yo presiento siempre a la esperanza, con toda su timidez. Una intuición que nos dice que una vez puestos a resguardo los proyectos no vividos, los recuerdos almacenados, y la idea de tu ausencia; quedará espacio para vivir con alegría el porvenir que nos espera. La melancolía, me digo, es una especie de tristeza que espera. Que sale al encuentro de un significado. Una tristeza que permanece a la espera de respuesta, de realidad, de sentido. Una melancolía en cierto modo alegre... Y me pregunto, que qué nos quedará de todo esto. De la melancolía, de la esperanza. Y pienso en que todas las cosas tienen un inicio y un final, esa es mi melancolía de hoy; todo, un día finaliza. Siempre recordaré con melancolía estos momentos. Siempre querré volver a ellos ■ ae

1 comentario:
Es cierto Agustín, la diferencia entre melancolía y tristeza está en la esperanza. Saludos
Clau Jim
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