Si quieres conocer a una persona , no le preguntes lo que piensa sino lo que ama. Es de san Agustín. Y aunque no fuera de Agustín, tiene toda la razón la sentencia. Pero...¿qué amo yo, o a quién amo?...lo que siento por una persona, ¿cuándo le llamo amor?. Es “la pregunta”. No sé los demás, pero en mi los afectos, lo que siento, me parece lo más irracional de mi mismo. A veces es casi un instinto. Sin la pasión sería de otra manera. No escribiría, no cantaría, no leería y no me enamoraría como yo me enamoro, que es a calzón quitado, a lo bestia, a tumba abierta. Con el tiempo uno aprende que hay que ordenarse. Más que nada porque uno aprende a base de golpes. Y aprende que todo sentimiento que anula mi libertad, o la de otro, está mal. Apasionarse por un amor es estar loco y hacer el loco. Un enfermo de eso que por allí llaman “amor” se salta a la torera todas las convenciones, es capaz de adulterar, de hacerlo con un perro, con su abuela o con su hija. Por amor se mata, y se suicida. No es amor de lo que hablamos, la mayoría de las veces es deseo, deseo hecho costumbre. Al deseo no le interesa la libertad porque sólo le interesa el objeto del deseo: quedar esclavo de él, o esclavizarle a él. Quiere la satisfacción, no la libertad. Muchas veces estos años lo he pensado...¿ qué pasó? ae

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