Almendros, reencuentros, nostalgias y cosas asín


Cómo has permitidos, Dios mío, algo tan feo como la muerte? Es algo muy jodido, digo yo y es que ¡Es tan hermosa la vida aquí! Estoy seguro que valdrá la pena estar allí contigo, y que no echaremos en falta la ausencia de los amores de aquí abajo, las comidas con los amigos –los de verdad- el sabor del reecuentro después de tantos años; o la alegría que produce un almendro florido, los colores de la madrugada, el sonido de alguna brisa, la pureza de tantas cosas que nos sorprenden todos los días. Espero mucho amor en Ti, y una notable imaginación, para que a tu lado no se sienta la nostalgia de esta aventura que llamamos vida...¡en el cielo no puede haber nostalgias! El otro día, cuando me marchaba de la casa de los Bassol, pensaba ¿Podrás separar a los que tan unidos estuvimos aquí abajo? Porque, entonces, ¿qué sentido tiene todo el Paraíso si no estamos junto a los que amamos de verdad? / AE


Filarmónicas, guitarras, rumbitas, alegrías y cosas asín

Con alguna personas me sucede como con algunos libros. Hay una literatura sobrecargada, suntuosa, artificial. Parece que no se busca más que el lucimiento personal. Es una vanidad reflejada en espejo del mismo autor. Algo así como una mujer probándose un vestido, y otro, y otro. En realidad, no busca nada. Sólo quiere gustarse a sí misma. Esa belleza no me impresiona. Sin embargo hay obras que me admiran por el amor y la sencillez que hay en ellas, justo como me sucede con éstos cuatro. No se me entienda mal. Este amor del que hablo no es algo soso, sentimental. Es de una dureza increíble. Alguien escribió que nunca se debería escribir una sola frase que no se pudiera susurrar al oído de una persona agonizante. ¡A eso me refiero! Hay literatura para paladares de gourmets exigentes. En fin, que la digiera quien pueda pagársela. Yo soy lector mendigo, necesito bien poco para disfrutar de platos muy sencillos. Es lo que tiene el hambre. Vistas así las cosas, estos amigos mios, con los que siempre es una auténtica delicia estar, son como un pequeño gran cuento que lees una y otra vez sin agotar su sentido, sin cansarte; estos cuatro son como una canción que no te cansas de tararear –la felicidad canela, amor te la voy adar- una canción que no necesita ser acompañada más que de una guitarra y poco más. La filarmónica se la dejamos a otros AE 


Una plegaria...

...de ésas maravillosas:



Un pedazo de tierra para posar mi planta
Y ahí una huella sabia que conduzca la mía.
Un rincón en el cielo donde anidar mis ansias,
Con una estrella, para saber que Tú me miras.
Sobre mi frente un techo; bajo el techo una llama;
Un pan que nunca falte y una esposa sencilla:
La esposa como el pan, alegre, buena, cálida;
El pan como la esposa, de suavidad benigna.
Un amigo y un libro. Salud, pero no tanta
Como para olvidar que he de morir un día.
Un hijo, que me enseñe que soy Tu semejanza.
Sosiego en el espíritu... Gratitud en el alma...
Eso pido, Señor, y al final de la vida
Dártelo todo, a cambio de un poco de esperanza AFA