Qué nOs vA a pAsAr



Cuando todo esto se acabe,

cuando no haya vuelta atrás,
empezaré a arrepentirme
según es habitual.

Cuando al fin se termine,
y sé que terminará,
tal vez podamos mirarnos
sin llegarnos a odiar.

Ahora que ya no es posible
lo volveré a intentar,
tropezaré en mí misma
como me suele pasar.

Ah, pasado el tiempo,
ah, me olvidarás,
aunque nos dé rabia,
ah, siempre ocurre igual.

Ah, ya no es posible,
ah, no hay vuelta atrás,
ah, y me arrepiento,
ah, según es habitual 

Cuando el final se despeje,
cuando nos deje pensar,
quizá podamos incluso
hablar sin dificultad 

La Buena Vida (San Sebastián)

rEinventAnDo


Y solamente aquellos ojos que se aventuraran a mirarnos partiendo de cero, sin leernos por el resumen de nuestro anecdotario personal, nos pondrían inventar y recompensar a cada instante, nos librarían de la cadena de la representación habitual, nos otorgarían esa posibilidad de ser por la que suspiramos… ■ Carmen Martín Gaite

dE tU vEnTana a La miA


Quiza un día de éstos, S, te asomes a ésta ventana (sí, también a ésta) y entonces me puedas leer y pueda yo decirte que siento mucho todo lo que ha pasado, que eres la persona que contestaba a mis preguntas no formuladas; y me siento solo. Por eso (te) escribo….

La aparición de ese interlocutor necesario es quien hace posible que el diálogo, en contra del viento del norte –ese viento que nos aplasta por lo debido, por las razones de lo que ha de ser- sea una afrenta. Un diálogo que pondrá las palabras exactas a lo que tú eres, a lo que anhelas y a todo aquello que por orgullo o humildad, dejó de ser en tí. Detrás quizá el enamoramiento, la amistad, o la simple necesidad de tocar por un instante a la persona que te devolvió el mundo. El tuyo. El que habías olvidado. Nada hay más grande que aquello que un ser humano nos puede regalar, la medida de nosotros mismos a través del espejo que son sus ojos, sus palabras. Nada sabemos de nosotros en el aislamiento. Si soy algo, lo soy al lado de los otros.

Contra el viento del norte es la recopilación de los mails que se intercambian dos desconocidos que el azar ha puesto en contacto. Lo que empieza siendo un error, una casualidad o una simple coincidencia, acaba por describir la necesidad de interlocutor que todo ser humano alberga, ese sin tí no soy nada, que dice la canción. Si has vivido una situación así, lo comprendes, si no, lo más probable es que la infravalores o lo que no debería caber en cabeza alguna; que la juzgues equivocadamente. Así todo, incluso esto mismo es comprensible. Sólo quien carece de imaginación es incapaz de vislumbrar cuánta verdad hay en ella sobre nosotros mismos. Y bien es cierto que seres sin imaginación hay más de los que sería adecuado asumir. La vida, en algunas personas, tiene precisamente esa condena.

Diálogos de búsqueda, de convencimientos, de mezquindades, orgullos, olvidos y deseos. Eso es ese recuento de mails que nos presenta esta historia no acabada, aún inimaginada y sin posible trama. La imaginación es así siempre, juguetona, ilimitada e inabordable. Carente de hechos y sinposibilidad de acción. Pero por encima de esas limiaciones, lo que se hace evidente a lo largo de los mails, es el reconocimiento del otro. La gratitud hacia quien  siendo sólo palabras, le da límites a esa  realidad que siendo, aún no hemos sabido ser. La imaginación sin duda alberga tesoros escondidos, y en ellos, mucho de lo que desconocemos ser y necesitamos ser. Así de loca es la imaginación; a pesar de esa realidad interminable que siempre nos representa

sin sAbEr exPliCar(melo) mUy bIEn


De por qué te estoy queriendo no me pidas la razón  pues yo mismo no me entiendo con mi propio corazón, al llegar la madrugada mi canción desesperada  te dará la explicación: Te quiero, Vida mía  te quiero noche y dia, no he querido nunca asi...Te quiero con ternura, con miedo, con locura sólo vivo paraTti. Yo te seré siempre fiel pues para mi quiero en flor ese clavel de tu piel y de tu amor...Mi voz, igual que un niño  te pide con cariño "ven a mi, abrázame" porque Te quiero, Te quiero, Te quiero y hasta el fin Te querré ■ 

Sentimental



Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.

Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.

Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar   
Fernando Pessoa

Hacia adentro

Llevo una temporada así, como hacia adentro. Interpreto la realidad, y lo hago a mi manera. Estoy alegre, tengo infinidad de motivos para ello, pero lloro. Me ha dado por llorar. A saber, quizá en esas lágrimas está la impotencia que siento ante la necesidad de contar el mundo; el mundo tal cual yo lo veo, lo siento, y lo interpreto. La realidad que late a mi alrededor, cuando callo, cuando miro, cuando intento tender mis manos y sé que de nada sirve ya ese pequeño consuelo. El otro día el alma ya no pudo más. Y lloré, lloré sin consuelo. No podía dejar de llorar. Lo cotidiano me tiene absorto; y el presente, mi día a día, a veces me juega malas pasadas. Se hace evidente en mi mirada esa añoranza por el pasado y el fastidio por un futuro que se teme. Presentido el vacío que se sabe habrá, los sentimientos se adelantan. Y saben que necesariamente ha de ser como se imagina, porque vives con las esperanza de que así sea. He llorado a base de golpes de realidad. De la realidad que observo, analizo y que aunque no es mía, vivo y siento...

Ilusión (3)

Hoy lo único que impulsa a mover ficha es precisamente el dinero. Hoy el dinero lo es todo. ¿Lo es todo? Comprar y vender. Con nuestra ambición materialista, hemos acotado el espacio de la libertad. Y con ello, queda reducida a una bana esperanza la posibilidad de la imaginación. También, la posibilidad de transcender a nuestros actos. Quizá por eso nos hemos convertido en seres presurosos. Agobiados con la rentabilidad de nuestro tiempo, sin saber muy bien en qué querríamos gastar el producto de esa rentabilidad. Y sin embargo, no hay mayor experiencia de libertad que la que se siente al lado de la ilusión. Ese tiempo en el que realizas algo sin sentir el peso de lo que vale, o de lo que por ello te van a dar. Lo haces porque simplemente te gusta, porque la sóla presencia de lo creado, es ya de por sí, un enorme tanto a recibir. Si perdemos la capacidad de proyectarnos, de mantener latente una ilusión, ¿hasta cuándo podremos aguantar sin rompernos? 

Ilusión (2)

...Me emocionan las personas que tienen una ilusión en su vida; un proyecto. Sea grande o pequeño. Sea un huerto, o una editorial. Me alegra esa capacidad que tienen de permanecer en la espera, en la no-ganancia, en la expectación que supone esperar a ver realizado su proyecto mientras al quitar de aquí ponen un poco allá, en ese proyecto que no está diseñado para ser beneficio material, pero sí personal. Aunque sea un proyecto sin rentabilidad, que no deja más que deudas y cierta desilusión por el no reconocimiento de los demás, aún así, el proyecto le sigue ilusionando al autor. Es la persistencia de la ilusión; de aquello que se espera a pesar de las mala racha o el desencuentro de intereses...

Ilusión (1)

Estaba ayer pensando en la poca cultura que tenemos de la ilusión. En la incapacidad de las personas para imaginar un proyecto que ambicione, entendiendo la ambición como esa ilusión por generar algo que vaya más allá de la propia idea de lo económico, incluso que va más allá de uno mismo. Ese algo que se crea, proyecta, y que transforma la realidad y se queda en ella. Que nos hace grandes y a la vez pequeños, porque seguirá cuando nosotros ya no estemos. El ser humano tiene la capacidad de desear, proyectar, imaginar... de ir a la búsqueda de un sueño. La apropiación debida de nuestro tiempo creador. De ese sueño que se desenmascara en la medida en que se mira el mundo, se anota y se subraya en el pensamiento. En la medida en que mi yo se me rebela,  y me acerca verdaderamente a ese yo que soy y quiero ser. A la proyección de todo aquello que mi alma quiere llegar a hacer. Vivimos en una sociedad que es incapaz de enseñar la ilusión, de transmitirla, de acariciarla siquiera, una sociedad que no es capaz enseñar a permanecer en la espera; en esa latencia de lo que imaginado, aún está por venir. Y la espera es creativa, imaginativa y optimista...