cErTezaS

Ser capaces de sobrepasar la barrera de la presencia. Ese estar ante alguien, mirarlo a los ojos, y saber que te unen hilos invisibles que no te sabrías ni siquiera contar. No sabes de donde parten, tampoco el lugar hacia el que te van a llevar. Sólo sabes que están. Esta capacidad es un regalo, no todo el mundo tiene ese don, ese saber mirar desde los ínferos. Cuando ocurre, lo hace sorprendentemente. Transparencia en el alma. Transparencia en la voz. Hay personas que te transmiten esta infinitud nada más que te enfrentas a su mirada, incluso en esa primera vez en que escuchas su voz, sólo su voz. Puede ser una voz cazallosa de resonancia profunda, o una voz suave de infinitas declinaciones… y sabes, intuyes los hilos invisibles que tan profundamente te unen a ella, sabes que están ahí. Lo sabes. Y ya nada irá en contra de esa certeza. Como diría Clint Eastwood: es esa clase de certezas que se presenta una sola vez en la vida. Y entonces regresas a casa con esa mirada convertida en prenda. Buscas la mejor de tus estancias, el mejor lugar de tu alma. La colocas en la caja más bonita y la guardas. Ya no la quieres perder. Y te quedas enredado con tus pensamientos al lado de esos hilos invisibles que no sabes definir, que quizá tampoco sepas muy bien de qué emoción han surgido, pero sabes certeramente, que siendo hilos invisibles, siempre te van a sostener. Quiza sea esto, el reconocimiento de la amistad. Y también es cierto, sí... no todas las certezas son posibles. Lamentablemente ■ ae

Shhhhhhh

El mundo a veces tiene demasiado ruido, un ruido hueco y hostil. Es entonces cuando te retiras, te resguardas en tu silencio y te dedicas a observar. No puedes evitar tu ausencia de sonido. Empiezas a percibir con nitidez el sonido de los demás; esa necesidad que tienen los otros de arrasar, de ser el centro de atención, de sentirse la atracción de todas las miradas. Y te preguntas a qué puede obedecer una necesidad así. Y permaneces en tu instante silente, te quedas pensando si te has perdido algo importante, porque tú ya no sabes subir ese escalón en el que los demás están, no sabes estar en el ruido de los demás. Te preguntas si hay algún eslabón que no has encontrado o que has perdido para poder subir a esa historia que comparten los demás. Una historia que te parece incomprensible, a la que no sabes ajustarle el sentido. Y en silencio te dices que quizá tu lugar no sea ese, que estás perdido, que no querrías estar ahí. Y te sientes un ser extraño. Con ganas de regresar a tu lugar de silencio, de palabra y de olvido. Donde el ruido de lo absurdo ya no te va a interrumpir más. La soledad entonces se convierte en sonora. Y descansas. Tu olvido puede por fin reposar. Y regresan a tu encuentro todas esas otras miradas que sostienen la tuya, esas de las que ya nunca vas a saber prescindir. Silencio sonoro. Amistad. Y vuelves a sonreir, porque te sabes en otras presencias, y que lo de hoy, lo que has habitado hoy, es tan sólo un instante. Y te dejas llevar irremediablemente por el poder de otros ojos, por la atracción de otras miradas, por la presión de otras manos. Y sabes que al lado de otras presencias tienes la capacidad infintia de ser tú mismo. Sin otro sonido que interrumpa el tuyo, sin más resonancia que la que tú eres, ¡animo, Salva! ■ ae

¿Qué es la melancolía?, me preguntó alguien el otro día... pues, verás… la melancolía -intenté responder- es una especie de tristeza, una tristeza suave que a veces ronda nuestro pensamiento. Y si la miras atentamente, si la sabes observar, sabrías decir qué causa tiene. -¿Es como la tristeza que sentimos cuando se marcha un amigo?... -Sí, un poco así, porque les echamos de menos, Pero no es grave esta tristeza, sólo nos acompaña un ratito. Esa es la melancolía. No es como esa otra tristeza grande y seria, sino que es pequeña y medio sonriente Y yo me quedo balanceando en esa palabra de rasgos serenos y profunda; melancolía. Es ese sentimiento que nos rodea cuando abrimos el sencillo armario en que hemos ido a guardar, cual ropa bien limpia y planchadita, los proyectos que son ya un imposible. Que fueron vitales y que hoy permanecen en silencio, guardados para siempre en la memoria. Los acaricias suavemente como toallas limpias y perfumadas, y los vuelves a encerrar en ese armario que es tu memoria. Es entonces cuando reconoces esa melancolía que es siempre sencilla, y que es a la vez una ofrenda. También es melancolía ese sentimiento ante la lejanía de los amigos, aquellos que un día estuvieron en tu presente, y que el devenir del tiempo ha ido a colocar en otro espacio. Tristeza que es alegría cuando rememora el recuerdo; cuando perfila tu suerte por haberlos encontrado en tu camino. La amistad que se añora, y que una vez fue vivida y sentida; así es la melancolía... Como lo es también, ese algo que te atrapa cuando ves fotos de personas que no llegaste a conocer, a las que has querido esencialmente. En su ausencia, latía el amor que ellas sentían por ti. Sientes melancolía por tu abuela, por tus abuelos, y sabes de esa serena sonrisa que se te queda en los labios por la multitud de veces que has soñado con ellos... Y me digo a mí mismo que la melancolía es uno de los diversos tesoros que puede albergar una mirada. Es esa impresión certera que te hace consciente; puedes amar y te aman. La melancolía, es también una tristeza que se convierte en naciente esperanza. Detrás de su presencia, yo presiento siempre a la esperanza, con toda su timidez. Una intuición que nos dice que una vez puestos a resguardo los proyectos no vividos, los recuerdos almacenados, y la idea de tu ausencia; quedará espacio para vivir con alegría el porvenir que nos espera. La melancolía, me digo, es una especie de tristeza que espera. Que sale al encuentro de un significado. Una tristeza que permanece a la espera de respuesta, de realidad, de sentido. Una melancolía en cierto modo alegre... Y me pregunto, que qué nos quedará de todo esto. De la melancolía, de la esperanza. Y pienso en que todas las cosas tienen un inicio y un final, esa es mi melancolía de hoy; todo, un día finaliza. Siempre recordaré con melancolía estos momentos. Siempre querré volver a ellos ae
Si quieres conocer a una persona , no le preguntes lo que piensa sino lo que ama. Es de san Agustín. Y aunque no fuera de Agustín, tiene toda la razón la sentencia. Pero...¿qué amo yo, o a quién amo?...lo que siento por una persona, ¿cuándo le llamo amor?. Es “la pregunta”. No sé los demás, pero en mi los afectos, lo que siento, me parece lo más irracional de mi mismo. A veces es casi un instinto. Sin la pasión sería de otra manera. No escribiría, no cantaría, no leería y no me enamoraría como yo me enamoro, que es a calzón quitado, a lo bestia, a tumba abierta. Con el tiempo uno aprende que hay que ordenarse. Más que nada porque uno aprende a base de golpes. Y aprende que todo sentimiento que anula mi libertad, o la de otro, está mal. Apasionarse por un amor es estar loco y hacer el loco. Un enfermo de eso que por allí llaman “amor” se salta a la torera todas las convenciones, es capaz de adulterar, de hacerlo con un perro, con su abuela o con su hija. Por amor se mata, y se suicida. No es amor de lo que hablamos, la mayoría de las veces es deseo, deseo hecho costumbre. Al deseo no le interesa la libertad porque sólo le interesa el objeto del deseo: quedar esclavo de él, o esclavizarle a él. Quiere la satisfacción, no la libertad. Muchas veces estos años lo he pensado...¿ qué pasó? ae
Y si estuvieras aquí conmigo esta noche,
yo sería feliz y tú lo sabes.
Estaría mejor también la luna,
ahora más pequeña que nunca.
Dejaría a un lado también la nostalgia
que desde lejos regresa para llevarme.
De nuestro amor sólo un rastro que el tiempo borrará.
Y nada sobrevivirá.

No te olvides nunca de mi,
de cada una de mis costumbres,
en el fondo estuvimos juntos
y no es un pequeño detalle.

No te olvides nunca de mi,
de la más maravillosa fábula
que se haya escrito nunca;
un final feliz era previsto y muy deseado.
Quizás tambien haya sido un poco culpa mia,
creer que fuera para la eternidad.
A veces todo se consuma un poco,
y sin preaviso se vá.

No te olvides nunca de mí...