De niño y en el colegio y en casa me enseñaron a encontrar a Dios en los acontecimientos. Pero el escándalo del mundo, mis propias miserias tantas veces repetidas, sin milagros que las curaran, el espectáculo de los bienes y males que caen indistintamente sobre justos y pecadores, derrumbaron esa fe ingenua y superficial en la Providencia. Después busqué a Dios dentro de mi: en la emoción religiosa, en la experiencia de encontrarle al alcance de mi corazón. La emoción, cuando se provoca, es humo. Tampoco funcionó: la Providencia interior decepciona tanto como la exterior, al menos a mi. Y hoy, que ya no puedo creer en un Dios que calla fuera y dentro de mi, que me ofrece en la creación un espectáculo de armonía como para no dudar de Él, y un espectáculo de caos como para nunca poder comprenderlo del todo, hoy, lo identifico con el silencio. Fuera de los remolinos del mundo exterior y del mundo interior...en el SILENCIO. Rechazo todas las caricaturas que viví hasta hoy: un Dios que lo arregla todo, que cubre las apariencias, que abusa de su autoridad, o que carece totalmente de ella. Rechazo a esos creyentes que lo son con toda su impiedad, los que el afán desmedido de preservar y eternizar su miserable “yo” les lleva a buscar los “consuelos” de la fe. Sólo el silencio ■
De niño y en el colegio y en casa me enseñaron a encontrar a Dios en los acontecimientos. Pero el escándalo del mundo, mis propias miserias tantas veces repetidas, sin milagros que las curaran, el espectáculo de los bienes y males que caen indistintamente sobre justos y pecadores, derrumbaron esa fe ingenua y superficial en la Providencia. Después busqué a Dios dentro de mi: en la emoción religiosa, en la experiencia de encontrarle al alcance de mi corazón. La emoción, cuando se provoca, es humo. Tampoco funcionó: la Providencia interior decepciona tanto como la exterior, al menos a mi. Y hoy, que ya no puedo creer en un Dios que calla fuera y dentro de mi, que me ofrece en la creación un espectáculo de armonía como para no dudar de Él, y un espectáculo de caos como para nunca poder comprenderlo del todo, hoy, lo identifico con el silencio. Fuera de los remolinos del mundo exterior y del mundo interior...en el SILENCIO. Rechazo todas las caricaturas que viví hasta hoy: un Dios que lo arregla todo, que cubre las apariencias, que abusa de su autoridad, o que carece totalmente de ella. Rechazo a esos creyentes que lo son con toda su impiedad, los que el afán desmedido de preservar y eternizar su miserable “yo” les lleva a buscar los “consuelos” de la fe. Sólo el silencio ■
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