Con el año nuevo me he propuesto poner un poco de orden en mis lecturas, o al menos intentarlo. Mis lagunas literarias son inmensas, algunas. Otras son más bien pequeños charcos que entorpecen el camino y me obligan muchas veces a dar grandes rodeos para llegar hasta donde quería. Y eso si llego. Siempre me he preguntado con curiosidad qué orden han seguido -si han seguido alguno- los buenos lectores antes de llegar a serlo. O por ponerlo de otra manera: ¿han llegado a ser buenos lectores porque el azar les puso delante grandes obras que ellos supieron aprovechar o por el contrario algo así como una platónica reminisencia les empujaba a elegir bien sus lecturas? En los últimos años he visto de todo: gente que afirma que sus lecturas las han guiado los propios libros proponiéndoles un sólido mundo intertextual y gente que lee prácticamente todo lo que cae en sus manos y, aún así, es capaz de valorar lo que merece la pena y lo que no. Y eso sin contar con las dificultades propias que conlleva lograr una lectura provechosa y las limitaciones de tiempo. A veces me encuentro libros que piden una relectura infinita. Otros en cambio exigen un diálogo con otras obras que resultaría igualmente ilimitado. Todo esto daba vueltas a mi cabeza mientras preparaba mi "lista de libros". Al fin he optado por un criterio histórico. Comenzar por el comienzo. Autores latinos. Y seguir la cadena. Con suerte llegaré a viejo más o menos a la altura del renacimiento. No será mala idea a esas alturas darle vuelta a la idea de renacer, y por un acaso, una visita anticipada al Cielo, el Purgatorio y el Infierno, antes de que se acabe el tiempo para estrenar mi personal comedia ■ ae
Sé que en algún lugar del mundo, existe una rosa única, distinta de todas las demás rosas, una cuya delicadeza, candor e inocencia, harán despertar de su letargo a mi alma, mi corazón y mis riñones. A esa rosa, donde quiera que esté, dedico este trabajo, con la esperanza de hallarla algún día, o de dejarme hallar por ella. Existe... rodeada de amapolas multicolores, filtrando todo lo bello a través de sus ojos aperlados, cristalinos y absolutamente hermosos ■ Antoine de St. Exupery, Le Petit Prince.
Uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega. Cuando el peso de las amnesias y la crudeza de tantos dolores parecen abultar el peso de los días y de las horas, tenemos siempre el privilegio de refugiarnos en los libros, en la música y hasta en el café; en esos momentos que nos han acompañado en silencio a lo largo del tiempo. Cuando necesito confirmar que no estoy solo en mis empeños que parecen vanos tengo a la mano la literatura que se esconde en los libros y en los pequeños milagros que se encierran en la mirada de los amigos, sobre todo en los que uno vuelve a encontrar pasados unos pocos años, tampoco muchos. Tengo a la mano la lluvia de todos los días, el sueño y los insomnios, la música de las mañanas -Satie- y los libros. Tengo próximos y prójimos y, a pesar de las distancias, me quedas tú ■

El que yo esté en la página no es mío

puede ser tú muy bien y en paz quedamos,

solo un menudo abismo nos separa.

Quién sabe qué tal vez quizás la lámpara,

pero su luz en tí y en mí es la misma,

que esté siempre encendida es lo que importa ■
para Manu
Basta una mirada para sentirse incriminado por una falta para sentirse incriminado por una falta que considerábamos nimia o desdeñable y con tan solo una mirada podemos sentir el hálito reconfortante del verdadero amor. Una sola mirada puede volverse flamígera y condenatoria o verífica ventana de lo íntimo. Es cierto que la realidad se trastoca y redefine de acuerdo a la mirada que le apliquemos: la desoladora imagen de una habitación puede verse como un lugar más, entre muchos, donde uno puede incluso intentar descansar o dormir; el ruinoso paisaje de la ciudad de México bajo una lluvia gris de sábado por la noche saliendo de un café puede verse como un mural viviente de la melancolía multiplicada, el rostro de todos los dias puede mirarse como una condena insalvable o como una esperanza que se renueva cada veinticuatro horas ■ ae

Dice mi amigo Suso que hay un tipo de persona que a uno le da miedo: el tipo que desprecia la vida cuando ve gente buena, personas ejemplares, vidas limpias... y no porque no se lo crea, sino porque se lo cree y le fastidia su contemplación. Está harto del bien, de la belleza, de la entrega de otras personas a los demás. No está cansado del mal, está cansado del bien. Probablemente alguna vez en su vida lo hizo y creyó en esos ideales que ahora mira con cinismo y distancia. Es, quizás, la peor desesperación. No es una desesperación que nace del cansancio del sufrimiento, sino del cansancio de la alegría. Y eso es muy peligroso. Es gente envenenada y que envenena. Nosotros envejecemos con nuestros pecados, algunos pecados nos arrugan siendo jóvenes hasta más allá del siglo. Y el alma se marchita con nosotros. Se va muriendo el chaval que había en nosotros, su inocencia, su alegría, su generosidad...hasta caer en un escepticismo caduco, deteriorado y triste. A mi es lo que más miedo me da. Sólo Dios, que es un Niño Grandón que crea las cosas con la Alegría de los niños, puede hacernos volver a ése otro que fuimos. O un amor que nos haga otros.





RIDICULUS ACRI FORTIUS ET MELIUS MAGNAS PLERUMQUE SECAT RES

(A menudo el humor zanja mejor y más tajantemente que la severidad las cuestiones serias) Horacio:Sátiras,I,X,14
Una obra de arte no necesita del espectador. Funciona por sí sola. Una obra de arte perdura aún enterrada, ignorada, ajena a modas y tiempo, independiente a la fecha de su descubrimiento (incluso por un único y eventual espectador). Es. Indiferente a imposiciones estéticas, a cual sea la fórmula de expresión. Está. Por encima del soporte, pared, lienzo, papel, idioma, instrumento, medio, método, plástico, técnica, pantalla, celuloide, vinilo, hierro, voz, estilo, piedra, viento. ¿Quién define qué es una obra de arte? Los sabios, los críticos, los poetas, un consejo de ancianos, los vendedores de obras de arte, los directores de periódicos, los intermediarios, los oportunistas, un loco, un niño (no intenta ser una respuesta). A falta de otras revoluciones, el uso de internet abusa de artistas, una legión de virtuosos, de creadores, de genios, de autistas pintando en la pared con el dedo, de visionarios de nubes, de fenómenos sin abuela que emborronan cuadernos que ya estaban escritos, palimpsesto sobre palimpsesto y así indefinidamente hasta el aburrimiento, el bostezo, la falsedad, hablar por no callar, lo necio. Sin embargo una obra de arte no necesita del espectador. Nietzsche decía que los griegos levantaban blancas estatuas sobre el abismo, para ocultarlo ■ ae
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ilustración: susana casillas, la magia del amor, óleo sobre tela. colección particular.

No sé qué me conmueve más:

lo que sabes de mí porque ya te lo he dicho

o lo que sabes porque no te lo digo.

¿Qué nos hace volver a casa a quienes alguna vez hemos soñando con abandonarla? Parecería que fuera una cierta pereza, una débil pero constante pulsión del origen, de la raíz que finge un muro frente al tiempo. Sin esa pulsión, sería fácil dejarse llevar por los caminos del mundo, en un incesante ir y venir, buscar aquí y allá. Pero ¿buscar qué? ¿Qué busca o de qué huye el viajero? Todo es inmensamente fascinante como sueño. Sin embargo, como realidad cansa pronto. Y al escribir esto, recuerdo las palabras de Novalis: buscamos por todas partes lo incondicionado, y sólo encontramos cosas. A éstas añado las del gran sabio Montaigne: A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.

Ayer me hicieron un estupendo regalo de Navidad; enchufar el usb y volver a vivir la boda de éstos amigos y acordarme de lo escrito fue una y la misma cosa: "Carpe Diem. Aprovecha, ahora que tienes tus amigos cerca. Llénate de sus voces, recréate en la conversación. Atesora el grano para el invierno duro. Mira, piensa, haz música y compártela. No sabes si mañana estarás solo, sin tener con quien hablar de lo más íntimo; aunque ese mañana sea dentro de quince años. Entonces vivirás, en parte, de lo que hoy tienes. Y no desaproveches a los menos cercanos, cultiva su amistad, que también será valiosa. No caigas en el error de pensar que es corriente la amistad que disfrutas, porque es un impagable don. Cada minuto cuenta. Carpe Diem" ■ Un abrazo muy grande, Kike y Yammile, con el cariño de siempre ■ ae

Kike, Yammile,

Que el maquillaje no altere su risa,
que el equipaje no lastre sus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo les pille bailando,
que el escenario les tiña las canas,
que nunca sepan ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.


Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no les den la razón los espejos,
que les aproveche mirar lo que miras.

Que se divorcie de ustedes el desamparo,
que cada cena sea su última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no los compren por menos de nada,
que no les vendan amor sin espinas,
que no les duerman con cuentos de hadas,
que no les cierren el bar de la esquina.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.


www.youtube.com/watch?v=IhFeAqoSdgg&feature=related

De todas las personas del planeta que uno se ha cruzado en esta vida, las que más me han enriquecido no han sido las inteligentes, o las ejemplares –en el sentido de “gente que busca la perfeccion”- o las de currículums fantásticos. Nope. Las que más me han enriquecido han sido las entusiastas. Vivir y convivir con gente entusiasmada es un gran regalo. No sé si siempre estaban entusiasmados, supongo que habría días que les iría mal, pero incluso en esos casos vivían otro principio que aprendí para vivir una vida tan feliz y tan campante: VIVE LA VIDA CON ENTUSIASMO. Por éso, hoy, te digo algo: cuando salgas de casa y te pregunte tu hijita “¿donde vas, papi?", respóndele: "Voy a comerme el mundo, voy a trabajar y sacar este país adelante”. Cuando tu hijo te diga “mami, ¿no te aburre trabajar en la oficina postal?", anímate y dile: "¡Claro que no! Con la cantidad de gente que hago feliz todos los días, en sitios lejanos, uniendo lo que está separado...". Sabes, el entusiasmo se contagia, se toca, se siente. El cuerpo de estas personas habla del entusiasmado: caminan de una manera particular, su cabeza va erguida, su sonrisa sale del corazon, miran a los ojos. Hay un chispazo de esa locura buena que nos deberíamos desear. Y junto al entusiasmo, el último principio: PRESUME DE LA GENTE, DE TODA LA GENTE, PERO SOBRETODO, DE TU GENTE. Conozco a algunos que no presumen de la gente. No todos somos ejemplares en todo. Yo no, por lo menos. Pero siempre se puede poner el zoom en una virtud, en un don, en un algo de alguien. Ésos que yo conozco confunden la parte por el todo y tienden a hacer una gran distinción: los suyos y los que no están con ellos. A los suyos los ensalzan, los veneran y los inciensan. A los demás nos anatematizan, nos condenan cuando estamos en las antípodas de sus principios. Y luego todo lo confían a la Providencia. (En realidad les cae mal que los que no tenemos sus criterios seamos reconocidos en algo, en lo que sea). A ésos, yo les diría: "Hey, es Navidad, admira la vida de los demás. Habla de ellos. Cuenta esos ejemplos que ves a diario, los tienes a tu lado todos los días dándote unas lecciones pa caerse la baba!". Y es que ver héroes y además entusiastas es algo muy bueno. Aprendamos. Los tenemos al lado. Muy cerca ■ ae
Que el camino salga a tu encuentro
Que el viento te sople siempre de espaldas
Que el sol brille cálido sobre tu rostro
Que la lluvia descienda mansa sobre tus campos
Y hasta que volvamos a encontrarnos,
que Dios te sostenga suavemente
en la palma de su mano...
Quien no ha velado no conoce de verdad el alba ni puede entender las palabras del vigía de Esquilo ni la ansiedad con que aguarda la aurora el centinela del salmo.

-Todos alguna vez han velado.

-Pero no por caridad o por ley

-Por pura desolación.

-Ésos no esperan el alba.




Amigo es aquel que sabe todo de ti, y así mismo te quiere ■ Kim Hubbard
L’amour à demi fidèle, c’est une aimable plaisanterie, tout comme la demi-sincérité ou la demi-confiance, confiante à moitié, ou la petite vertu. Car l’amour ne connaît qu’une mesure: le Maximum; qu’un degré: le Superlatif; qu’une seule loi: le Tout-ou-Rien (Vladimir Jankélévitch, Les vertues et l’amour, 1970 ■ El amor medio fiel no deja de ser una broma amable, como la sinceridad a medias, la medio confianza o la pequeña virtud, porque el amor sólo conoce una medida: lo Máximo; sólo un grado: el Superlativo; sólo una ley: Todo o Nada... Yo lo pondría aún más difícil que Jankélévitch: sólo puede haber en la vida un máximo, un superlativo y un todo o nada; es decir, sólo puede haber un amor. Si hay varios, ninguno es amor. El amor excluye el antes y el después. Cuando aparece, nos damos cuenta de que no era amor lo que creíamos amor. Cuando aparece, negamos cualquier epifanía futura del amor ■ ae
No te miento si te digo que las letras son un mundo donde de una manera u otra, mata, crea o aliña una vida. No me recreo en sueños no natos, tan sólo son las palabras unidas de tal forma para que me entiendas. No leas tristeza cuando hablo de amores, acaso despedidas. Tan sólo lee vida. El poema inacabado de mi sueño terminó desde el mismo momento que leí el tuyo. Desde entonces, sólo encuentro desvaríos:
Mirando al mar, sueño sin tener qué.
Nada en el mar, salvo el ser mar, se ve.
Pero ¡de nada ver cuánto se sueña!
¿De qué me sirve, ay, verdad y fe?
(Fernando Pessoa)
Roto el espejo, terminado el vértigo a la rima. Me alejo de esa soledad comprometida, y me siento ante un papel en blanco. Hoy… hoy sólo quiero escribir un poema
Narra Saramago en Las Intermitencias de la Muerte, la historia de un viejo que vive con su hijo, su nuera y su nieto. Un día le entran unos incontrolables temblores que, entre otras cosas, hacen que al comer deje el mantel, el suelo, su persona, perdidos de comida. A los pocos días el hijo le da una escudilla de madera y lo manda al patio: ya puedes manchar lo que quieras. Esa noche el jóven ve a su hijito con un trozo de madera y una navaja y piensa que se está fabricando un juguete, y cuando le pregunta qué está tallando en niño le responde, estoy fabricando el cuenco que te daré cuando seas viejo y te mande al patio… Todos llevamos un anciano viviendo dentro de nosotros. Lo portamos desde el primer día, solo que no lo percibimos hasta que faltan nuestros padres y nos colocamos en la primera línea. No se porqué ultimamente pienso mucho en la vejez. Y mira que sé, bien que sé, que tengo todos los caminos por recorrer, todas las playas por pasear, todos los vientos para volar. Me queda toda la vida por delante. Lo sé. Pero algunos días, algunas horas, ese viejo que me habita me empieza a contar cosas. Y al contrario de lo que suponía cuando era mucho más joven, me gusta. Hablar con él me es grato. Curioso ■ ae

LA vOz dE lA eXPeRiencia


Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas

el pure de reproches con sardinas

las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo de después son los despojos que embalsaman el humo de los sueños

el sístole los teléfonos que hablan con los ojos

el sístole sin diástole ni dueño;

lo más ingrato es encalar la casa,

remendar las virtudes veniales,

condenar a la hoguera los archivos;

lo peor del amor es cuando pasa,

cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos...


Puede Que

Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaría mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Por un beso que es mío Y que sigo esperando En la urgencia de dos corazones Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer y se olvidan Por un beso secreto Paciente en tu boca Hartaré de locura mi sangre Venderia mi alma y su sombra Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues Del cielo que me entregues Del cielo que…..Por un beso que puede Hoy no tenga sentido Por un beso querido a medida Que despacio nos cuesta la vida Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaria mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Così se riesci e se vuoi Tu non perderti maiE sarai…….Y puede que….Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues ■ mb
¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer ■
¿Verba volant? Muchas sí, todas no. Las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron resisten; las palabras del desamor, las de la humillación, todas ésas resisten, seamos o no rencorosos. Las del perdón, ésas sí vuelan. Incluso el perdón más sinceramente pedido y más sinceramente otorgado se expresa a través de fórmulas y de gestos convencionales, de palabras previsibles, menos poderosas, menos duraderas que las palabras de la ofensa. Nos quedamos con esas fórmulas y esos gestos; pasado el tiempo, sólo con el recuerdo de que hubo perdón, pero no con las palabras que le acompañaban. Mientras, las otras, las anteriores, las palabras del dolor, las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron, permanecen invariables, exactas en la memoria, aunque hayamos olvidado, aunque nos hayan perdonado de corazón. Y no está bien. No ■ ae

Las olas y los soles repetidos,
para quien dice sí, para quien ama,
y nada para mí de su hermosura.
La exterminada gracia de las rosas,
para quien dice no, para el ingrato
y su soberbio yo que las ignora ■ ae

Que el fin del mundo te pille bailando

Definitivo y cerrado: No tengo ni la pluma de Bécquer ni la sensibilidad de Sabina para presentarte como al padrino que me apadrinó en la legión extranjera, como mi hermano gemelo, el patrón de la merca ambulante, o Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante (La canción más hermosa del mundo). Tampoco -tengo- el ingenio de Savater o las espléndidas salidas de Juan Manuel de Prada. Sólo tengo éstas dos manos y éste espacio que me presta la red para decirle al mundo que cumples años, y que tomo prestados -porque seguro no le importa- aquellos versos de Sabina para decirte y desearte con todo el corazón, Roberto, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas, que el diccionario detenga las balas. Que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario te tiña las canas, que nunca sepas ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, ni ayer ni mañana. Que no se ocupe de ti el desamparo, que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina. Pero sobre todo te deseo que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de boda, que no se ponga la luna de miel. Feliz cumpleaños, mi hermano, que cumplas muchos más y que los que te queremos, te los vayamos festejando ■ ae www.youtube.com/watch?v=IhFeAqoSdgg&feature=related


Sí: escribir de un modo que dé la sensación al lector de algo que necesariamente tenía que expresarse así, con estas mismas palabras y en este orden. Si cabe algún resquicio para la duda es que nos hemos equivocado ■ ae


No se puede escribir sobre lo que se está viendo, sólo sobre lo que se recuerda o se sueña ■ ae

sentirnos queridos

La alegría no depende de estímulos externos, por ejemplo leyendo al Fader, o viendo una película ,o buscando la compañía de tipos divertidos, es más algo que habita dentro, depende de nuestra riqueza interior, esa que hay que ir cultivando como si fuese un huerto. Hay gente que vive la alegría como una norma de siempre. Siempre hay que estar alegre. ¿Cómo se hace eso?, pues no lo sé. Se nota mucho cuando una persona tiene que vivir “alegre” siempre, así, como por obligación. Se nota tanto, que se nota, que no es alegre. Es otra cosa: forzada, afectada, postiza, artificial. ¿La gente vive en la alegría?. No lo tengo muy claro. Pienso en todos aquellos que viven una cultura de muerte y me cuesta pensar que encuentren motivos para vivir en la alegría. Cuando todo es miedo resulta difícil despertar cada mañana con el alma en alborozo, dispuesta a la sorpresa que nos vendrá disfrazada de amor, de sonrisa, de belleza. Voltaire afirma “la dicha no es más que un sueño y el dolor es real…hace ochenta años que lo compruebo, sólo se resignarme y decirme que las moscas han nacido para ser comidas por las arañas, y los hombres para ser comidos por las penas”. Claro, Voltaire era un gruñón y resentido y tenía una idea de la gente jodidamente pesimista. La alegría nace cuando te sientes querido: querido como hijo, como amigo, como colega, como hermano, como padre, como amante y compañero. Y si tienes Fe, querido, muy querido por Dios, por Alá, o por el Único Opaco. Si Dios es un señor que sólo nos quiere porque nos portamos bien, malo: probablemente seremos unos auténticos cascarrabias, unos idiotas, unos gruñones y unos vinagres de personas. El fanático, que eso es el que piensa que Dios no perdona una, acostumbra a ser un aguafiestas. No le gusta ver gente alegre sin vivir “sus” valores. Y les declara la guerra. Una guerra de paz y de amor, dicen. ¿Cómo se puede hacer una “guerra” de “paz y amor”?: no lo entiendo. Las guerras traerán la paz , o no, pero desde luego a través de la destrucción. Imposible vivir en la alegría con un casco y las palabras como armas. Tengo comprobado que hay gente que la alegría de los demás la toleran mal. Es quizá una de las primeras causas de la envidia. La alegría nace del fondo del corazón y, amigos, no deberíamos dejar pasar un solo día sin leer una poema, o escuchar una hermosa canción, mejor cantarla nosotros mismos, contemplar un paisaje, pronunciar una frase de consuelo, sonreir, dar un abrazo, un beso, una caricia…No debería pasar un solo día sin sentirnos queridos ■ ae
Me cuenta un amigo que en los pueblos de alrededor donde él vive se conserva la costumbre en la víspera del 2 de noviembre de dejar la puerta de la casa abierta y en una mesa poner unos panes, y unas flores y hasta una botella de vino. Existe la creencia de que esa noche los difuntos tienen permiso para darse una vuelta por la casa de su vida y de sus amores. Como con la víspera de los Reyes Magos. Me gustó la idea. A algunos nos gusta mucho éso del realismo mágico. Y resulta fascinante pensar que esa noche gente que nos quiso se pueda pasar por casa y comerse algo . Y que se dé una vuelta por esos pasillos, por esas habitaciones, que se siente en el sofá que durante tantos años fue su sofá. Que se asome al álbum de fotos y les eche un vistazo. O que compruebe los cambios que se han hecho gracias a que nos dejó, porque con él era imposible, tan apegado estaba a su mundo. Y que escuche la pequeña música doméstica que sin darnos cuenta nos acompaña a diario. Seguro que ellos la añoran: el sonido de esa manera de andar, los carraspeos de alguien, el zumbido de la nevera, la respiración de los que duermen, los crujidos de las cosas… Prefiero esa manera de celebrar que la asistencia mecánica anual a una tumba donde no hay nadie: sólo despojos. Donde es seguro que están es en nuestra casa, en nuestros corazones y en nuestro recuerdo que se hace oración o no. Pero no en el cementerio. En mi casa no podemos poner nada porque aquí todavía no se ha muerto nadie- aunque ya he dejado aviso a Morales de que cuando me toque se me ponga media libra de Breakfast Blend (de Starbucks Coffee, naturalmente) unos cubitos de hielo y una botella de Bayleys. Desde éste nuevo espacio invito a todos los difuntos a que se pasen por casa la víspera del 2 de noviembre: la nevera estará repleta y dejaremos todo tipo de bebidas encima de la mesa. Habrá una hueco abierto en una ventana y por allí pueden entrar. Ya sabemos que no sois ni gordos ni flacos ■ ae

aPeriTivO

En términos generales, no me creo nada. O casi nada. Pero para no volverme loco, uso anclas que me amarran a la vida, y procuro que todas sean ciertas. Dios, su Amor, el amor, mi gente, los amigos, la música, la palabra, la poesía, la belleza, mis recuerdos, la posibilidad de crear, todo aquello que hace que no esté rodando. Empezamos ésta nueva aventura; una nueva etapa. Todos los cambios son buenos. Ideas minimalistas ¡y que nos lea el que quiera! ■ ae