Muchas veces he pensado, como todo el mundo, que la vida bien podría ser una novela o un cuento. Los personajes entran y salen del escenario, los paisajes fluyen, el tiempo pasa, llueve, deja de llover, sale el sol, llega el otoño y después el invierno. Sí, reconozco que no es una mala idea, y no tengo la menor duda sobre el papel que cada uno de nosotros interpreta en esa historia: somos el protagonista, el único e involuntario protagonista. Y es al caer en esta cuenta cuando los hechos que nos suceden cobran otra dimensión para sorprendernos con su sólida realidad: la voz que escuchamos en esa grabación es la nuestra, y la persona que aparece en esas fotografías bajo los árboles o junto al mar eres tú, por increíble, por inconcebible que resulte, eres tú ■único
Muchas veces he pensado, como todo el mundo, que la vida bien podría ser una novela o un cuento. Los personajes entran y salen del escenario, los paisajes fluyen, el tiempo pasa, llueve, deja de llover, sale el sol, llega el otoño y después el invierno. Sí, reconozco que no es una mala idea, y no tengo la menor duda sobre el papel que cada uno de nosotros interpreta en esa historia: somos el protagonista, el único e involuntario protagonista. Y es al caer en esta cuenta cuando los hechos que nos suceden cobran otra dimensión para sorprendernos con su sólida realidad: la voz que escuchamos en esa grabación es la nuestra, y la persona que aparece en esas fotografías bajo los árboles o junto al mar eres tú, por increíble, por inconcebible que resulte, eres tú ■
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