Un día es el comienzo. Te alegras, te tiene ensimismado, aprendes a ralentizar su latido, te esmeras en su equilibrio, avanzas, intuyes el destino, y de repente ocurre; se impone el silencio. Delirio. Bloqueo. Una página en blanco reposa insistente en tu pensamiento. No sabes qué ha ocurrido con el sonido de tus palabras, a qué lugar han ido a esconderse. Lejanas, no encuentras el hilo que las regrese; no encuentras el prisma que haga realidad el color de tu mente en blanco. No puedes echar un pulso a ese silencio que te rodea, que te tiene amordazado, que anula esa necesidad de comunicar que antes se imponía tan poderosamente. Hoy estoy así, un nudo de hilos deshilachados, desconectados, aislados y sin sonido. Mi pensamiento es como esa tela rota que se queda agitándose en el aire. Discontinuidad. Me quedo en este silencio mientras en el aire se pierde aquello que quisiera decir y no me sale. Cedo todo mi tiempo al descanso, al vacío de las cosas que ha perdido mi mirada. Desconexión. La página en blanco que es mi mente se impone. Necia insiste en el desencuentro. Desinterés. Tiempo de espera. Quizá eso tenga que ser Abril. Un tiempo para el no sonido. Tiempo de lectura; de reposo en la palabra de los otros. Mi mirada descansa en el sonido que me llega de otro tiempo, de otro espacio. Lejanía. Tiempo de ausencia; ese vacío que deja toda palabra que no acaba de decirse. Abril será largo, intenso y hermoso. Será de silencio, de viento y de lectura. Late insistente la presencia de esa página en blanco que no se atreve a decirse o a desdecirse. Página de desencuentros. Sin sonido. Esa página que intuyéndose perdida, podría ser encontrada. O no... quizá no. Blanco.

No hay comentarios: