Todo comenzó con un desatino, una torpeza completamente excusable, un gaffe, como dicen los franceses. Después intenté remediar mi estupidez, pero cuando se quiere reparar con demasiadas prisas la ruedecita de un reloj, se suele estropear todo el mecanismo. Incluso hoy, al cabo de los días, soy incapaz de delimitar dónde terminó mi pura impaciencia y dónde comenzó mi culpa. Probablemente nunca lo sabré (Stefan Zweig en La Impaciencia del Corazón). 

No hay comentarios: