Chi son, e che faccio, come vivo, Vuole? Chi son? Chi son? Son un poeta. Che cosa faccio? Scrivo. E come vivo? Vivo. In poverta mia lieta scialo da gran signore Rimi ed inni d'amore. Per sogni e per chimere e per castelli in aria L'anima ho millonaria. Asi explica Alfredo a Mimi (La Boheme) su oficio: escritor. Un escritor es...... algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, es eso. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado ■ ae

hilo rojo

Dicen que hay un hilo rojo invisible que une los corazones de los amantes. Que ese hilo rojo permanezca uniendo los corazones o no es una cuestión indeterminable. Los expertos aconsejan, por lo general, dedicarle la misma atención al amor que se le dedica a todo aquello que requiere cuidados para crecer, de tal forma que el hilo rojo permanezca vigoroso y brillante. Así, el mundo se encuentra, como un ovillo gigante, trenzado de hilos rojos invisibles, esperando a que sus dos extremos se percaten de esa conexión. ¿Cómo saber si se tiene un hilo rojo sujeto al corazón? Es más sencillo de lo que pudiera parecer. Cierra los ojos, y piensa con detenimiento en la persona que crees que está conectada al otro extremo. Agarra el aire invisible que roza tu corazón con energía. Si al mirar la palma de tu mano ésta ha recibido un latigazo que la rasgó, enhorabuena. Si no hay marcas, pueden suceder dos cosas, según los expertos. Una, que estés en un momento en el cual el hilo rojo no ha partido de otro corazón hacia el tuyo o viceversa, y vaga reptando por el suelo a la busca de un corazón donde alojarse. Dos, que la otra persona no se haya dado cuenta de la conexión; sucede más a menudo de lo que suele admitirse. Lo bueno, en estos casos, de estos hilos rojos invisibles, es que son intercambiables, y pasan de un sujeto a otro con facilidad porque los propios hilos se encuentran a disgusto allí donde no los desean más. Es por eso que se explica que, durante la vida, podamos enamorarnos de personas diferentes. Yo hice la prueba para ver si veía una cicatriz reciente en la palma de la mano. Nada vi. No descarto que haya equivocado el procedimiento en alguno de sus pasos. En todo caso, la certeza de que amo es demasiado real como para entretenerme en cuentos absurdos sobre los hilos rojos invisibles que cruzan el corazón de las personas y que, según cuentan los expertos, hacen del mundo un ovillo rojo gigantesco ae ■ ilustración: Ulises González, De Todo Corazón (1995) www.ulisesgonzalez.net


Mi vida no tiene más remedio

Estaré engañándome diciendo que

Todavía es posible el futuro que soñé

Tengo absoluta certeza que

Nada de lo que aprendí fue en vano

Siento dentro de mí que

Tener un sueño no significa nada

No podría decir jamás que

Mi futuro puede ser brillante

Siento cada vez más que

Ya no tengo esperanza

Y jamás volveré a mentir que

La vida es una gran fiesta

Hoy reconozco que es verdad que

Vivir es no dejarse llevar por la ilusión ■ Clarice Lispector

Lee este poema primero de arriba hacia abajo, después al revés, de abajo hacia arriba. La perspectiva cambia, también la intensidad y la mirada sobre la percepción del propio yo en el mundo. Quizá sea esto lo le que sucede también a nuestra vida; que no es lo mismo interpretarla desde el inicio al fin, que cuando lo hacemos desde el fin a sus inicios. Quizá en este segundo recorrido se encuentre la verdad; la certeza profunda para intuir ese yo que realmente somos. Ese yo que tantas veces nos sorprende cuando con el pulso firme, le damos vuelta a las cuentas de nuestra vida. Sin miedo

He aprendido a darle la vuelta a las cosas que me bloquean los sentidos, las que bloquean mis sentimientos, el movimiento de mis manos, el sonido firme de mi garganta, que desmontan todo lo que yo soy. He abierto cada uno de los cajones en los que recogía las cosas que me agarrotaban el alma, las he sacado y les de dado la vuelta. Aprendí a leer de detrás hacia delante. Pude ver los renglones torcidos de mi tiempo como líneas infinitamente rectas. Hace tiempo que me he atrevido. Y sé que ya no volverá a haber ningún cajón cerrado, ningún bloqueo consentido. Nunca. Esa nada sólo presentida, esa sensación de inmovilidad que ha sido vencida, se ha convertido en una melodía que poco a poco ha ido construyendo una historia. La mía. Y dándole la vuelta a esos cajones, me he llegado a encontrar con el yo que realmente soy