Se habla de algo que me hace sentir vergüenza. Vergüenza de ser del mismo género humano al que pertencen estas bestias que no se dan cuenta de cosas tan grandes como de lo que significa el amor. Vergüenza de tener la misma estructura ósea de aquellos que quieren permitir asesinatos en masa a criaturas indefensas. Vergüenza de tener los mismos tejidos que unos ignorantes que afirman que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo cuando se olvidan que no es de un sólo cuerpo del que se está hablando sino de dos. Vergüenza de sentir estados de ánimo semejantes a los de esos rastreros que no disciernen entre el egoísmo y el bien estar personal. Verguenza de tener uso de razón como todos los borregos que no se atreven a dar la cara por un mundo en el que no se protege la vida. Gracias a Dios y como contrapartida, siento gran orgullo de ser semejante a muchas otras personas que no solo hacen todo lo contrario sino que encima lo hacen sonriendo y con amor. Gracias por defender la vida, porque nunca olvido que en algún momento de mi vida yo fui un feto (o persona humana dentro de una persona humana). Y sí, todo este problema reside en este mundo que se está quedando sin amor o caridad para ser sustituido por el egoismo ■ ae

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