Narra Saramago en Las Intermitencias de la Muerte, la historia de un viejo que vive con su hijo, su nuera y su nieto. Un día le entran unos incontrolables temblores que, entre otras cosas, hacen que al comer deje el mantel, el suelo, su persona, perdidos de comida. A los pocos días el hijo le da una escudilla de madera y lo manda al patio: ya puedes manchar lo que quieras. Esa noche el jóven ve a su hijito con un trozo de madera y una navaja y piensa que se está fabricando un juguete, y cuando le pregunta qué está tallando en niño le responde, estoy fabricando el cuenco que te daré cuando seas viejo y te mande al patio… Todos llevamos un anciano viviendo dentro de nosotros. Lo portamos desde el primer día, solo que no lo percibimos hasta que faltan nuestros padres y nos colocamos en la primera línea. No se porqué ultimamente pienso mucho en la vejez. Y mira que sé, bien que sé, que tengo todos los caminos por recorrer, todas las playas por pasear, todos los vientos para volar. Me queda toda la vida por delante. Lo sé. Pero algunos días, algunas horas, ese viejo que me habita me empieza a contar cosas. Y al contrario de lo que suponía cuando era mucho más joven, me gusta. Hablar con él me es grato. Curioso ■ ae
Narra Saramago en Las Intermitencias de la Muerte, la historia de un viejo que vive con su hijo, su nuera y su nieto. Un día le entran unos incontrolables temblores que, entre otras cosas, hacen que al comer deje el mantel, el suelo, su persona, perdidos de comida. A los pocos días el hijo le da una escudilla de madera y lo manda al patio: ya puedes manchar lo que quieras. Esa noche el jóven ve a su hijito con un trozo de madera y una navaja y piensa que se está fabricando un juguete, y cuando le pregunta qué está tallando en niño le responde, estoy fabricando el cuenco que te daré cuando seas viejo y te mande al patio… Todos llevamos un anciano viviendo dentro de nosotros. Lo portamos desde el primer día, solo que no lo percibimos hasta que faltan nuestros padres y nos colocamos en la primera línea. No se porqué ultimamente pienso mucho en la vejez. Y mira que sé, bien que sé, que tengo todos los caminos por recorrer, todas las playas por pasear, todos los vientos para volar. Me queda toda la vida por delante. Lo sé. Pero algunos días, algunas horas, ese viejo que me habita me empieza a contar cosas. Y al contrario de lo que suponía cuando era mucho más joven, me gusta. Hablar con él me es grato. Curioso ■ ae
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario