
La alegría no depende de estímulos externos, por ejemplo leyendo al Fader, o viendo una película ,o buscando la compañía de tipos divertidos, es más algo que habita dentro, depende de nuestra riqueza interior, esa que hay que ir cultivando como si fuese un huerto. Hay gente que vive la alegría como una norma de siempre. Siempre hay que estar alegre. ¿Cómo se hace eso?, pues no lo sé. Se nota mucho cuando una persona tiene que vivir “alegre” siempre, así, como por obligación. Se nota tanto, que se nota, que no es alegre. Es otra cosa: forzada, afectada, postiza, artificial. ¿La gente vive en la alegría?. No lo tengo muy claro. Pienso en todos aquellos que viven una cultura de muerte y me cuesta pensar que encuentren motivos para vivir en la alegría. Cuando todo es miedo resulta difícil despertar cada mañana con el alma en alborozo, dispuesta a la sorpresa que nos vendrá disfrazada de amor, de sonrisa, de belleza. Voltaire afirma “la dicha no es más que un sueño y el dolor es real…hace ochenta años que lo compruebo, sólo se resignarme y decirme que las moscas han nacido para ser comidas por las arañas, y los hombres para ser comidos por las penas”. Claro, Voltaire era un gruñón y resentido y tenía una idea de la gente jodidamente pesimista. La alegría nace cuando te sientes querido: querido como hijo, como amigo, como colega, como hermano, como padre, como amante y compañero. Y si tienes Fe, querido, muy querido por Dios, por Alá, o por el Único Opaco. Si Dios es un señor que sólo nos quiere porque nos portamos bien, malo: probablemente seremos unos auténticos cascarrabias, unos idiotas, unos gruñones y unos vinagres de personas. El fanático, que eso es el que piensa que Dios no perdona una, acostumbra a ser un aguafiestas. No le gusta ver gente alegre sin vivir “sus” valores. Y les declara la guerra. Una guerra de paz y de amor, dicen. ¿Cómo se puede hacer una “guerra” de “paz y amor”?: no lo entiendo. Las guerras traerán la paz , o no, pero desde luego a través de la destrucción. Imposible vivir en la alegría con un casco y las palabras como armas. Tengo comprobado que hay gente que la alegría de los demás la toleran mal. Es quizá una de las primeras causas de la envidia. La alegría nace del fondo del corazón y, amigos, no deberíamos dejar pasar un solo día sin leer una poema, o escuchar una hermosa canción, mejor cantarla nosotros mismos, contemplar un paisaje, pronunciar una frase de consuelo, sonreir, dar un abrazo, un beso, una caricia…No debería pasar un solo día sin sentirnos queridos ■
ae