No te miento si te digo que las letras son un mundo donde de una manera u otra, mata, crea o aliña una vida. No me recreo en sueños no natos, tan sólo son las palabras unidas de tal forma para que me entiendas. No leas tristeza cuando hablo de amores, acaso despedidas. Tan sólo lee vida. El poema inacabado de mi sueño terminó desde el mismo momento que leí el tuyo. Desde entonces, sólo encuentro desvaríos:
Mirando al mar, sueño sin tener qué.
Nada en el mar, salvo el ser mar, se ve.
Pero ¡de nada ver cuánto se sueña!
¿De qué me sirve, ay, verdad y fe?
(Fernando Pessoa)
Roto el espejo, terminado el vértigo a la rima. Me alejo de esa soledad comprometida, y me siento ante un papel en blanco. Hoy… hoy sólo quiero escribir un poema
Narra Saramago en Las Intermitencias de la Muerte, la historia de un viejo que vive con su hijo, su nuera y su nieto. Un día le entran unos incontrolables temblores que, entre otras cosas, hacen que al comer deje el mantel, el suelo, su persona, perdidos de comida. A los pocos días el hijo le da una escudilla de madera y lo manda al patio: ya puedes manchar lo que quieras. Esa noche el jóven ve a su hijito con un trozo de madera y una navaja y piensa que se está fabricando un juguete, y cuando le pregunta qué está tallando en niño le responde, estoy fabricando el cuenco que te daré cuando seas viejo y te mande al patio… Todos llevamos un anciano viviendo dentro de nosotros. Lo portamos desde el primer día, solo que no lo percibimos hasta que faltan nuestros padres y nos colocamos en la primera línea. No se porqué ultimamente pienso mucho en la vejez. Y mira que sé, bien que sé, que tengo todos los caminos por recorrer, todas las playas por pasear, todos los vientos para volar. Me queda toda la vida por delante. Lo sé. Pero algunos días, algunas horas, ese viejo que me habita me empieza a contar cosas. Y al contrario de lo que suponía cuando era mucho más joven, me gusta. Hablar con él me es grato. Curioso ■ ae

LA vOz dE lA eXPeRiencia


Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas

el pure de reproches con sardinas

las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo de después son los despojos que embalsaman el humo de los sueños

el sístole los teléfonos que hablan con los ojos

el sístole sin diástole ni dueño;

lo más ingrato es encalar la casa,

remendar las virtudes veniales,

condenar a la hoguera los archivos;

lo peor del amor es cuando pasa,

cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos...


Puede Que

Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaría mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Por un beso que es mío Y que sigo esperando En la urgencia de dos corazones Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer con su herida Que no saben que hacer y se olvidan Por un beso secreto Paciente en tu boca Hartaré de locura mi sangre Venderia mi alma y su sombra Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues Del cielo que me entregues Del cielo que…..Por un beso que puede Hoy no tenga sentido Por un beso querido a medida Que despacio nos cuesta la vida Por un beso robado A pesar de tu boca Colgaria mi vida de un hilo Por mi muerte no quiero otra cosa Così se riesci e se vuoi Tu non perderti maiE sarai…….Y puede que….Y puede que Saber que me quieres Quererme y no puedas Yo seré del cielo que me entregues Y puede que Me pierda en el aire Con paso sereno Yo seré del cielo que me entregues ■ mb
¿De qué está hecha la poesía que se puede leer? De obsesiones, sin duda. Y de pasión. Si no se cree con obstinada pasión en algo muy concreto o si no duele no creer en nada, no hay poesía. Si sólo se cree en vaguedades, como la belleza ideal, la Humanidad (con mayúscula y sin rostro) o la bondad de la naturaleza, no hay poesía. Menos aún, si se manejan con maniqueísmo esas abstracciones. ¿De qué está hecha? De inconsecuencia, sin duda. De fe y de pasión traicionadas. De conciencia de la propia traición. No vale estar satisfechos. Creer y estar satisfechos de creer: eso no sirve, porque ahí no hay obstinación ni pasión, sino un estado amorfo del alma, sin historia, sin sangre, sin sacrificio. Y lo que menos sirve es que la Poesía (así, abstracta y también con mayúscula) obsesione más que cualquier otra cosa. La obstinada pasión por la Poesía está detrás de toda la poesía que no se puede leer ■
¿Verba volant? Muchas sí, todas no. Las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron resisten; las palabras del desamor, las de la humillación, todas ésas resisten, seamos o no rencorosos. Las del perdón, ésas sí vuelan. Incluso el perdón más sinceramente pedido y más sinceramente otorgado se expresa a través de fórmulas y de gestos convencionales, de palabras previsibles, menos poderosas, menos duraderas que las palabras de la ofensa. Nos quedamos con esas fórmulas y esos gestos; pasado el tiempo, sólo con el recuerdo de que hubo perdón, pero no con las palabras que le acompañaban. Mientras, las otras, las anteriores, las palabras del dolor, las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron, permanecen invariables, exactas en la memoria, aunque hayamos olvidado, aunque nos hayan perdonado de corazón. Y no está bien. No ■ ae

Las olas y los soles repetidos,
para quien dice sí, para quien ama,
y nada para mí de su hermosura.
La exterminada gracia de las rosas,
para quien dice no, para el ingrato
y su soberbio yo que las ignora ■ ae

Que el fin del mundo te pille bailando

Definitivo y cerrado: No tengo ni la pluma de Bécquer ni la sensibilidad de Sabina para presentarte como al padrino que me apadrinó en la legión extranjera, como mi hermano gemelo, el patrón de la merca ambulante, o Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante (La canción más hermosa del mundo). Tampoco -tengo- el ingenio de Savater o las espléndidas salidas de Juan Manuel de Prada. Sólo tengo éstas dos manos y éste espacio que me presta la red para decirle al mundo que cumples años, y que tomo prestados -porque seguro no le importa- aquellos versos de Sabina para decirte y desearte con todo el corazón, Roberto, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas, que el diccionario detenga las balas. Que el fin del mundo te pille bailando, que el escenario te tiña las canas, que nunca sepas ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, ni ayer ni mañana. Que no se ocupe de ti el desamparo, que cada cena sea tu última cena, que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina. Pero sobre todo te deseo que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de boda, que no se ponga la luna de miel. Feliz cumpleaños, mi hermano, que cumplas muchos más y que los que te queremos, te los vayamos festejando ■ ae www.youtube.com/watch?v=IhFeAqoSdgg&feature=related


Sí: escribir de un modo que dé la sensación al lector de algo que necesariamente tenía que expresarse así, con estas mismas palabras y en este orden. Si cabe algún resquicio para la duda es que nos hemos equivocado ■ ae


No se puede escribir sobre lo que se está viendo, sólo sobre lo que se recuerda o se sueña ■ ae

sentirnos queridos

La alegría no depende de estímulos externos, por ejemplo leyendo al Fader, o viendo una película ,o buscando la compañía de tipos divertidos, es más algo que habita dentro, depende de nuestra riqueza interior, esa que hay que ir cultivando como si fuese un huerto. Hay gente que vive la alegría como una norma de siempre. Siempre hay que estar alegre. ¿Cómo se hace eso?, pues no lo sé. Se nota mucho cuando una persona tiene que vivir “alegre” siempre, así, como por obligación. Se nota tanto, que se nota, que no es alegre. Es otra cosa: forzada, afectada, postiza, artificial. ¿La gente vive en la alegría?. No lo tengo muy claro. Pienso en todos aquellos que viven una cultura de muerte y me cuesta pensar que encuentren motivos para vivir en la alegría. Cuando todo es miedo resulta difícil despertar cada mañana con el alma en alborozo, dispuesta a la sorpresa que nos vendrá disfrazada de amor, de sonrisa, de belleza. Voltaire afirma “la dicha no es más que un sueño y el dolor es real…hace ochenta años que lo compruebo, sólo se resignarme y decirme que las moscas han nacido para ser comidas por las arañas, y los hombres para ser comidos por las penas”. Claro, Voltaire era un gruñón y resentido y tenía una idea de la gente jodidamente pesimista. La alegría nace cuando te sientes querido: querido como hijo, como amigo, como colega, como hermano, como padre, como amante y compañero. Y si tienes Fe, querido, muy querido por Dios, por Alá, o por el Único Opaco. Si Dios es un señor que sólo nos quiere porque nos portamos bien, malo: probablemente seremos unos auténticos cascarrabias, unos idiotas, unos gruñones y unos vinagres de personas. El fanático, que eso es el que piensa que Dios no perdona una, acostumbra a ser un aguafiestas. No le gusta ver gente alegre sin vivir “sus” valores. Y les declara la guerra. Una guerra de paz y de amor, dicen. ¿Cómo se puede hacer una “guerra” de “paz y amor”?: no lo entiendo. Las guerras traerán la paz , o no, pero desde luego a través de la destrucción. Imposible vivir en la alegría con un casco y las palabras como armas. Tengo comprobado que hay gente que la alegría de los demás la toleran mal. Es quizá una de las primeras causas de la envidia. La alegría nace del fondo del corazón y, amigos, no deberíamos dejar pasar un solo día sin leer una poema, o escuchar una hermosa canción, mejor cantarla nosotros mismos, contemplar un paisaje, pronunciar una frase de consuelo, sonreir, dar un abrazo, un beso, una caricia…No debería pasar un solo día sin sentirnos queridos ■ ae
Me cuenta un amigo que en los pueblos de alrededor donde él vive se conserva la costumbre en la víspera del 2 de noviembre de dejar la puerta de la casa abierta y en una mesa poner unos panes, y unas flores y hasta una botella de vino. Existe la creencia de que esa noche los difuntos tienen permiso para darse una vuelta por la casa de su vida y de sus amores. Como con la víspera de los Reyes Magos. Me gustó la idea. A algunos nos gusta mucho éso del realismo mágico. Y resulta fascinante pensar que esa noche gente que nos quiso se pueda pasar por casa y comerse algo . Y que se dé una vuelta por esos pasillos, por esas habitaciones, que se siente en el sofá que durante tantos años fue su sofá. Que se asome al álbum de fotos y les eche un vistazo. O que compruebe los cambios que se han hecho gracias a que nos dejó, porque con él era imposible, tan apegado estaba a su mundo. Y que escuche la pequeña música doméstica que sin darnos cuenta nos acompaña a diario. Seguro que ellos la añoran: el sonido de esa manera de andar, los carraspeos de alguien, el zumbido de la nevera, la respiración de los que duermen, los crujidos de las cosas… Prefiero esa manera de celebrar que la asistencia mecánica anual a una tumba donde no hay nadie: sólo despojos. Donde es seguro que están es en nuestra casa, en nuestros corazones y en nuestro recuerdo que se hace oración o no. Pero no en el cementerio. En mi casa no podemos poner nada porque aquí todavía no se ha muerto nadie- aunque ya he dejado aviso a Morales de que cuando me toque se me ponga media libra de Breakfast Blend (de Starbucks Coffee, naturalmente) unos cubitos de hielo y una botella de Bayleys. Desde éste nuevo espacio invito a todos los difuntos a que se pasen por casa la víspera del 2 de noviembre: la nevera estará repleta y dejaremos todo tipo de bebidas encima de la mesa. Habrá una hueco abierto en una ventana y por allí pueden entrar. Ya sabemos que no sois ni gordos ni flacos ■ ae