Hoy es el día en que Roberto mi
hermano le da una vuela más al sol, y (yo) me pregunto cuántos giros más le quedarán
a él ya mí. Yo cumplí treintaynueve (sic) hace unos meses. Hubo una época que
jugué mucho al juego ése de dar vueltas alrededor de unas sillas en círculo,
siempre faltaba una para poder ocupar, con una ansiedad expectante por estar
atento al escuchar alguien que daba una palmada, y ocupar asiento , si no
querías quedar de pie, abandonado y expulsado del juego, que es el vivir. Alguien
me llamó de la oscuridad y del silencio, y salí a la luz en un momento en el
que ya comencé a rotar alrededor de unas sillas, frenético, con los ojos
atentos al hueco, desasosegado, inquieto, y con el oído tenso... - ¡Plas!-
sonaba un aplauso , que se parece más al que bates las palmas para matar una
mosca. Y tú seguías sentado, y a tu lado un tipo, de pie, con los ojos desorbitados,
desaparecía del grupo, para regresar a lo oscuro y a las tinieblas exteriores.
La palmada se había chingado al mosquito. Adiós. No sé. Tengo para mí que llevo
treintaynuevevueltas, treintaynueve aplausos, y cada vez quedan menos sillas.
Siempre faltará una. Y un día será la mía. A este correr sin sentido dando vueltas alrededor del sol
algunos le llaman baile. La vida es un baile al que se nos ha invitado
graciosamente. No sé yo si este correr en círculo es una fiesta, quizá sí. Quizá
no, pero tengo para mí –y por eso lo escribo hoy, porque RAC cumple años y yo
lo celebro- que hay algunos que la viven de una manera espléndida y llena de
amor; que juegan al juego de las sillas pero pensando en los demás, preocupándose
más por los otros que por sí mismos. Roberto es uno de ellos y –perdona lo
incisivo- yo lo celebro y me alegro /AE