Me encontré hace poco con una de las mejores obras de María Zambrano, Delirio y Destino, y me emocioné porque en leyéndola (sic) me recordó el veinticinco de Marzo, y yo debo escribir. Debo escribir porque es el cumpleaños de la mujer de mi hermano. Vuelvo a leer y la vuelvo a recordar: "Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...Y como estoy libre de ese ser, que creía tener, viviré simplemente, soltaré esa imagen que tenía de mí misma, puesto que a nada corresponde y todas, cualquier obligación, de las que vienen de ser yo, o del querer serlo".
Tengo para mi que la admiro profundamente porque es una mujer sin doblez, una mujer transparente. Otras serán sus cosas que no van, pero es mujer de una sola pieza. Y hoy cumple años. Y yo me alegro y lo celebro, con letras, música y mucho cariño ■ AE
