El titulo de la entrada es el mismo que una de las mejores obras que me he encontrado sobre la amistad, y es de Vasili Semiónovich Grossman, (Berdichev 1905- Moscú 1964). Grossman, fue un prominente periodista, escritor y corresponsal de guerra soviético de origen judío. Comenzó a escribir historias cortas mientras estudiaba en la Universidad Estatal de Moscú y más tarde siguió su actividad literaria al mismo tiempo que trabajaba como ingeniero en la región ucraniana de Donbas.
A mediados de los años 30, Grossman dejó su trabajo como ingeniero y se dedicó en exclusiva a la escritura. Durante la Gran Purga algunos de sus amigos y parientes cercanos fueron detenidos, incluida su compañera. Durante meses solicitó a las autoridades su liberación, cosa que ocurrió en 1938. Durante la Gran Guerra Patriótica, acompañó al Ejército Rojo durante su ofensiva como corresponsal de guerra para el periódico Krasnaya Zvezda (Estrella Roja) desde junio de 1941 hasta Berlín en 1945. Grossman describió la limpieza étnica en Ucrania y Polonia, y la liberación de los campos de concentración de Treblinka y Majdanek. Su artículo El infierno de Treblinka fue usado en los juicios de Núremberg como evidencia de la persecución que ejercía el régimen nazi. Después de la guerra participó en El Libro Negro, un proyecto del Comité Judío Anti-Fascista para documentar los crímenes del Holocausto, pero dicho proyecto afrontó dificultades de la censura soviética. Al final el proyecto de este libro fue suprimido en 1948. Tiempo después escribe Por una causa justa, una novela basada en sus vivencias como corresponsal de guerra, luego Grossman escribe la segunda parte, titulada Vida y destino que es considerada su obra cumbre, y donde muestra realistamente los estragos causados por el totalitarismo nazi y el soviético durante la II Guerra Mundial.
Grossman murió de un cáncer al estómago en Moscú en 1964, ignorando aún si Vida y destino sería alguna vez leída por el público.
La amistad en el trabajo, la amistad en la actividad revolucionaria, la amistad en un largo viaje, entre soldados, en una prisión de transito, donde entre el recuerdo y la separación discurren solo dos o tres días, pero el recuerdo de esas horas se conserva durante años .La amistad en la alegría, la amistad en el dolor. La amistad en la igualdad y en la desigualdad.
¿En qué consiste la amistad? ¿Es una simple comunidad de trabajo y destino? A veces el odio entre miembros de un mismo partido cuyas ideas solo se diferencian en pequeños matices es mayor que hacia los enemigos del partido. A veces los hombres que van juntos a la batalla se detestan mas entre ellos que al enemigo común .Y del mismo modo a veces el odio ente prisioneros supera al odio que estos sienten por sus carceleros. Lo cierto es que los amigos se encuentran la mayoría de las veces entre aquellos que comparten el mismo destino, la misma profesión, los mismos objetivos, pero concluir que es esa comunidad lo que determina la amistad seria un tanto prematura.
¿Pueden establecer lazos de amistad dos caracteres completamente diferentes? ¡Por supuesto! La amistad a veces es una relación desinteresada.
La amistad a veces es egoísta, otra está marcada por el espíritu de sacrificio; pero lo extraño es que el egoísmo de la amistad aporta un beneficio desinteresado a aquel del que se es amigo, mientras que el sacrificio de la amistad es esencialmente egoísta.
La amistad es un espejo en el que el hombre se contempla a sí mismo. A veces, mientras conversas con un amigo, te reconoces a ti mismo: es contigo mismo con quien hablas, es contigo con quien te relacionas.
La amistad es igualdad y afinidad. Pero al mismo tiempo es desigualdad y diferencia.
Existe una amistad práctica, eficaz cuando hay un trabajo colectivo, en la lucha común por la vida, por un trozo de pan.
También está la amistad por un ideal elevado, la amistad filosófica entre interlocutores contemplativos, entre personas que trabajan en campos diferentes, cada uno por su cuenta, pero que juzgan la vida con criterios idénticos.
Es posible que una amistad elevada aúne la amistad activa – la del esfuerzo y la lucha – y la amistad de los interlocutores contemplativos
Los amigos siempre se necesitan el uno al otro, pero no siempre piden lo mismo a la amistad. Los amigos no siempre quieren la misma cosa de la amistad. Uno ofrece al otro su experiencia, el otro se enriquece con esa experiencia. Uno, al ayudar a un joven amigo, débil e inexperto, toma conciencia de su propia fuerza y madurez, en tanto el otro reconoce en el amigo el propio ideal de fuerza, madurez, experiencia. Así, en la amistad uno da, mientras que el otro se alegra por los regalos.
Ocurre que un amigo es una instancia tacita que ayuda al hombre a entrar en relación consigo mismo, a encontrar la felicidad en sí mismo, en sus propios pensamientos que se vuelven inteligibles, tangibles gracias a que encuentran un eco en el alma del amigo.
La amistad de la razón, la amistad contemplativa, a menudo exige de los amigos unidad de pensamiento, pero esta afinidad no es obligatoriamente total. A veces la amistad se expresa en la disputa, en las divergencias.
Cuando los amigos son idénticos en todos los aspectos, cuando se reflejan el uno en el otro, la disputa con el amigo será una disputa con uno mismo.
Amigo es aquel que justifica tus debilidades, tus defectos e incluso tus vicios; es aquel que confirma tu equidad, tu talante, tus meritos.
Amigo es aquel que, amando, desenmascara tus debilidades, tus defectos y tus vicios.
La amistad es, pues, aquello que fundado sobre lo semejante, se manifiesta en las diferencias, las contradicciones, las desemejanzas. En la amistad el hombre aspira a recibir de forma egoísta aquello que él no posee. En la amistad el hombre aspira a dar aquello que posee.
El deseo de amistad es inherente a la naturaleza humana, y aquel que no sabe establecer vínculos de amistad con las personas, los tendrá con animales, perros, caballos, gatos, ratones, arañas.
Un ser dotado de una fuerza absoluta no necesita amigos; evidentemente, ese ser solo puede ser Dios.
La verdadera amistad no depende de que un amigo se siente en un trono o que, derrocado de dicho trono, vaya a parar a prisión. La verdadera amistad se corresponde con las cualidades del alma y es indiferente a la gloria, a la fuerza exterior.
Múltiples son las formas de la amistad y múltiple es su contenido, pero hay un fundamento sólido en ella: la fe en el carácter inquebrantable del amigo, en su fidelidad. Por ello es particularmente bella la amistad allí donde el hombre celebra el Sabbat. Allí donde el amigo y la amistad son sacrificados en nombre de los más altos intereses, el hombre, declarado enemigo del ideal supremo, pierde a todos sus amigos, pero conserva su fe en su único amigo.
He querido transcribir éstas ideas porque en leyéndolas (sic) iba recordando a un amigo con el que me siento entrañablemente unido y al que le debo unas líneas por su cumpleaños. Más de alguna vez – ¡gracias a Dios!- me han preguntado si somos hermanos de sangre. Sí, lo somos. Somos hermanos de sangre y de espíritu porque nos unen muchas cosas en la sangre y en el espíritu, porque con él he podido convivir, viajar, y hasta ponerme enfermo y de malas. Este gordo, como dice el texto de Grossman, ha justificado mis debilidades, mis defectos y mis vicios, pero que al mismo tiempo ha confirmado mis meritos. Cuando hace un tiempo nadie daba un quinto por mi vida, Roberto –y también su esposa; enorme mujer- me enseñaron que la amistad se corresponde con las cualidades del alma y es indiferente a la gloria y a la fuerza exterior.
En éstos días en que todavía escuchamos los ecos de tu cumpleaños, querido Roberto, como otras veces (qué pobre soy que siempre ando pidiendo prestado) le pido unas palabras a Sabina, y te digo con todo el corazón –corazón lleno de agradecimiento y alegría- que en éste aniversario tuyo, y siempre.
...Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.
Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena... ■ AE

