"…porque si al fin se ama al que es tan diferente y no hay motivo, interés, ni facilidades, entonces es que tal vez el amor exista; entonces es que tal vez exista haya lugar para el romanticismo, para creer en algo inmaterial que impulsa a la materia, que la mueve y por eso cuanto más desiguales los amantes más cerca del milagro de ser otro, más cerca de creer en el milagro, quiero decir. En contra de las leyes del sentido común una fuerza acerca sus cuerpos y esa fuerza, lo juran, les hará diferentes, les sacará del mundo. Les estremecerá de dicha, de voluntad contenida y extensible". El lado frio de la almohada. Belén Gopegui.

Lo imposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad. Por eso amamos la literatura, por lo que engendra. Ésa es la última razón. Las demás razones tal vez sean complejas, amplias y personales, pero no son la última, la necesaria, la imprescindible. (...) Por eso leemos, por eso amamos la literatura. Por lo que nos rebasa.

¿qué más quieres que te diga?

Hoy he pensado que le hecho mucho de menos. Sentarme delante de una página en blanco. Inspirar. Entornar los ojos. Fruncir el ceño. Apretar los labios. Señales para llamar a las musas....a la inspiración.. a los recuerdos...a los olvidos...a los sueños...a las vivencias..a los deseos..a los miedos... a las dudas... a las certezas. Que todos vengan, que vengan todos danzando hasta posarse sobre el blanco, tiñéndolo de negro. Negro sobre blanco, explicando los vacíos. Blanco absorbiendo el negro, dándole sentido, dándome sentido. Que vuelvan todos –sueños, miedos, dudas, olvidos y deseos- al laberinto, que caminen sus veredas, que se pierdan en sus encrucijadas, que den la vuelta, que vuelvan a empezar y vuelvan a perderse. Y así hasta el infinito. Que no vuelvan a escaparse las palabras del laberinto. Le echo de menos ae

El olvido dejó enterradas muchas cosas. Volvemos renacidos, y en este ir y venir que es hoy darle la vuelta a la casa y a las cosas, nuestra voluntad desecha lo que ya no sirve, lo que no nos dijo nunca nada, lo que permaneciendo, carecía de significdo y de sonido. Desechamos lo que ya no tiene futuro. Reordenamos la casa, el pensamiento, la perspectiva y vamos dando consistencia a un montón de proyectos que tienen la necesidad de ser. Ilusión, obligaciones y retos. Le damos la vuelta al colchón de nuestros días y colocamos mantas nuevas, plantas vistosas, utensilios prácticos de cocina, y libros aún por leer. Reinventamos un horario. Y aunque los días cortos dejan ya presentir cierto latido de tristeza, es un latido que por fortuna no es capaz de vencer su propia timidez. Cielo azul intenso. La luz aún es poderosa. Todo se renueva a pesar de ese otoño que ya se nota tan cerca. La ilusión por lo que se espera es firme. Ilusión. Se hace limpieza. Se ventila la casa. También el pensamiento. Estancias y mirada tienen otro aire. Es septiembre. Permanecemos de nuevo al frente de nuestro ser. Una mirada rotunda nos sostiene; nos enfrentamos a los días que serán un reto. Y rotundamente, le decimos a la vida que sí. Que hacia ella vamos. Sin rendición■ ae


A veces, no rendirse es necesariamente eso: una bandera blanca. Y seguir con todas tus naves hundidas, una manera de triunfar. El ruido que te rodea, esa es justo la paradoja ae

Una vez más: había mucho que ver a lo largo del camino, y cada objeto que encontraban mis ojos, incluso el que parecía más insignificante, tenía tal interés para mí, que olvidé por completo mis esfuerzos. A veces admiraba la fortaleza de mi constitución; me permitía seguir adelante. Ida Pfeiffer (1797-1858).