A veces viene la tristeza de un lugar o del aire,
de la amistad caída o de un nombre vacío,
del sueño o de la infancia,
de una palabra que no pronunciamos,
de lo que creímos y ya no creemos,
de la esperanza y la desesperanza,
de la dura corteza del amor.

A veces viene la tristeza.

A veces hay en la tristeza odio,
ausencia y odio,
ceniza y rostros olvidados,
viejas fotografías y silencio
y una larga desposesión.

A veces viene, irrumpe
como un don invertido,
como un don que se da y no se recibe,
como lo nunca dado a la esperanza
o lo que, en fin, se acepta y da,pero no puede
vivir.

A veces viene.
Viene o está.
A veces hay en la tristeza odio
y arrepentimiento
y amor.

un poco más

Pienso que a veces le pedimos demasiado a éste cuerpo nuestro que, por cierto, tiene sus cosas y sus rarezas. Y pienso también que para sentirse feliz sólo se necesita un poco de paz, un mínimo de tiempo para escucharte sin prisas, para cerrar los ojos y nada más. Por eso ando, por eso escucho música, por eso rezo y hablo con con mis amigos muertos. Eso y la música, y poco más. "Oye, ¿y el amor?". Pues el amor acompaña: te acompaña; es la atmósfera que respiras. A uno le da la impresión de que, en general, hay gente que controla poco su vida. Se sienten esclavos o más infelices porque, probablemente, siente que su vida se le escapa sin cumplir sus sueños, sin hacer lo que realmente pensaron, sin vivir las experiencia que anhelan y sin sentir el amor que desean o disfrutan y que tanto merecen. Algunos se equivocaron en el primer cruce de caminos y a partir de allí, o no hubo más cruces, o no acertaron con otras sendas que podían de elegir. De entre todos los que conozco los más infelices son los susceptibles, los que se pican por nada, los suspicaces, los quisquillosos, los hipersensibles. Una pena ser así, porque es de difícil cura la enfermedad. No distinguen lo que tiene de importante de la tontería, y sufren, y hacen sufrir. Un amigo con el que caminé un tramo importante de mi vida se quedó solo en la cuneta de la vida precisamente por tener un carácter picajoso que le hacía, en cuanto la conocías un poco, insoportable. No lo aguantaba nadie. Y es triste. Y no, no todo está en el cerebro, amigo, hay más variables que se nos escapan. ae

corriendo

(La noche -¿madrugada?- en que hablaba con juan, el doctor) me encontré un texto me pareció un descubrimiento. Habla de la vejez. el texto es de Mario Andrade, poeta brasileño; texto que como lo leo lo copio y como lo copio se lo dedico al doc, por si me lee. // Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante del que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas. Las primeras las comió con agrado pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades, no quiero estar en reuniones done desfilan egos inflados, no tolero a los maniobreros ni a los ventajosos, me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, de sus talentos y de sus logros. Detesto si soy testigo de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos, quiero la esencia. Mi alma tiene prisa y sin muchas golosinas en el paquete, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana, que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no huya de sus responsabilidades y que defienda la dignidad humana y que desee tan solo andar del lado de la verdad y de la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gentes a quienes los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Sí tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan, estoy seguro de que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma porque, de cualquier manera, llegarás.... // pues eso: Mi alma tiene prisa ae