
Pienso que a veces le pedimos demasiado a éste cuerpo nuestro que, por cierto, tiene sus cosas y sus rarezas. Y pienso también que para sentirse feliz sólo se necesita un poco de paz, un mínimo de tiempo para escucharte sin prisas, para cerrar los ojos y nada más. Por eso ando, por eso escucho música, por eso rezo y hablo con con mis amigos muertos. Eso y la música, y poco más. "Oye, ¿y el amor?". Pues el amor acompaña: te acompaña; es la atmósfera que respiras. A uno le da la impresión de que, en general, hay gente que controla poco su vida. Se sienten esclavos o más infelices porque, probablemente, siente que su vida se le escapa sin cumplir sus sueños, sin hacer lo que realmente pensaron, sin vivir las experiencia que anhelan y sin sentir el amor que desean o disfrutan y que tanto merecen. Algunos se equivocaron en el primer cruce de caminos y a partir de allí, o no hubo más cruces, o no acertaron con otras sendas que podían de elegir. De entre todos los que conozco los más infelices son los susceptibles, los que se pican por nada, los suspicaces, los quisquillosos, los hipersensibles. Una pena ser así, porque es de difícil cura la enfermedad. No distinguen lo que tiene de importante de la tontería, y sufren, y hacen sufrir. Un amigo con el que caminé un tramo importante de mi vida se quedó solo en la cuneta de la vida precisamente por tener un carácter picajoso que le hacía, en cuanto la conocías un poco, insoportable. No lo aguantaba nadie. Y es triste. Y no, no todo está en el cerebro, amigo, hay más variables que se nos escapan. ae