
A veces vamos por la vida con el lirio en la mano; al menos yo, cuando miro atrás, compruebo que con frecuencia he funcionado con la mayor de las ingenuidades, algo que no necesariamente es malo ni te trae problemas, aunque uno piensa que en ocasiones le hubiera venido bien funcionar con algo más de malicia, o cuando menos, de retranca. No creo que sea positiva la actitud de los mal pensados, los desconfiados o los retorcidos, pero esta vida no es una novela, y mucho menos de las de color rosa y quienes la protagonizamos, de la misma manera que es bueno que seamos conscientes de nuestros defectos y limitaciones, también lo es que lo seamos de las del resto del personal. A mí la vida me ha enseñado, no se si tarde, que no todo el que te sonríe lo hace porque te quiere bien. Uno agradece la amabilidad, que muchas veces no es más que muestra de bondad, cariño y/o respeto, pero mientras no te desprendes del referido lirio corres el peligro de engañarte con ciertas apariencias. No siempre hay que encontrar a quien más te quiere en quien más te palmotea la espalda, y ya no digamos si tienes alguna que otra potestad que pueda beneficiar o perjudicar al personal. Ya me he sorprendido varias veces comprobando que ese -o esa- en quien tanto confiabas a la hora de la verdad no habla tan bien de ti, te deja en la estacada si le conviene o detrás de su coba no hay más que un interés bien concreto. Supongo que de lo que se trata es de ser más consciente de la condición humana y, por supuesto, no enfadarte sin reflexionar anteriormente las veces en que tú mismo has podido tropezar con la misma piedra. Hay ocasiones en las que caemos en el error de idealizar a las personas, otra forma más de seguir deambulando por la vida portando el lirio en la mano; las confianzas ciegas, las miradas embobadas pueden acabar en tremenda desilusión cuando el otro nos decepciona, no está a la altura, no cubre nuestras expectativas ... y muchas veces la culpa será nuestra por funcionar ignorantes de la propia naturaleza del ser humano ... e incluso podemos acabar siendo injustos si pasamos de la patente de corso a la enmienda a la totalidad. Pienso que para dejar de portar el lirio nos puede venir bien reducir nuestra capacidad de horrorizarnos ... las personas tenemos debilidades, incluso en ocasiones escondemos secretos inconfesables, vicios ocultos ... y no pretendo ni justificarlos ni defenderlos, hablo de la necesidad de ser más comprensivos y tener en cuenta que cada cual tenemos nuestras miserias: ¡cuantas decepciones nos podríamos evitar si tuviéramos un conocimiento mejor del alma humana!, algo que de paso nos llevará a ser más indulgentes, con menos exigencias de salón, menos escándalos farisáicos y menos rasgadas de vestiduras. En el Colegio aprendemos lo esencial, en la Universidad especializamos nuestros conocimientos, que podemos incrementar con tesis, tesinas, doctorados, masters, estudios permanentes y todo tipo de nuevos inventos, pero es en la escuela de la vida donde tenemos que andar con los ojos bien abiertos para adquirir esa madurez que sólo se alcanza con sosiego, mirada alta y capacidad de ponerse en la piel ajena.