Las palabras al final, siempre se quedan cortas, porque siempre se quiere más. Uno quiere estar al lado de quien nos va regalando su pensamiento, sus dudas, sus emociones. A través de esas palabras intuyes un algo que late visiblemente y que no encuentra reposo hasta que no das con la presencia de las personas. Las palabras, desde su avidez, nos enlazan al deseo de poder estar al lado de quien las habita. Buscan el reconocimiento que es siempre la amistad.
Es emocionante, y divertido, ponerle cara a las palabras. Y entonces ocurre: algo se traba, algo nos enlaza, algo que es más grande que este mundo de bitácoras y números. Las palabras son ávidas, sí, siempre nos empujan a querer mucho más, nos llevan de la mano hacia ese reconocimiento del otro, en el otro.
Así son las palabras; nos llevan siempre de viaje, nos enfrentan al reconocimiento que a veces es la mirada de los otros. Miradas que una vez enfrentadas, sostenidas, sabes que siempre echarás de menos. Y te quedas pensando entonces, en todo lo que aún queda por descubrir. Es un estupendo viaje la vida
aef

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