Con el tiempo se aprende que las personas realmente admirables, los héroes anónimos, los santos que andan junto a nosotros a diario, lo son por sus defectos, además de que no hacen ruido. Las personas que sólo tienen cualidades son mediocres, además son aburridas: la suma de actos perfectos no hace un hombre perfecto. No sé, pero me da la sisca -que dice mi amigo Miguel- que éso de ir de santo por la vida tiene que ser muy complicado. Después de visitar ciertas casas durante años, uno entiende que todo eso tan pulcro, tan perfecto no hacen más que demostrar pequeñez, vanidad y hasta un poquitin de histeria. Cada dia me convenzo más de que los defectos de las personas, muchas veces, son su tesoro. Como las ostras con perlas: sus defecto son su tesoro. Si le quitas a la ostra su defecto te quedas sin perla. Y lo mismo sucede con estos santos tan santos, esos políticos tan honestos y llenos de vacío, o esos prohombres que no son más que apariencia. Y con el tiempo aprendes que no, que naranjas de la China, que a otro perro con ese hueso.

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