He aprendido a darle la vuelta a las cosas que me bloquean los sentidos, las que bloquean mis sentimientos, el movimiento de mis manos, el sonido firme de mi garganta, que desmontan todo lo que yo soy. He abierto cada uno de los cajones en los que recogía las cosas que me agarrotaban el alma, las he sacado y les de dado la vuelta. Aprendí a leer de detrás hacia delante. Pude ver los renglones torcidos de mi tiempo como líneas infinitamente rectas. Hace tiempo que me he atrevido. Y sé que ya no volverá a haber ningún cajón cerrado, ningún bloqueo consentido. Nunca. Esa nada sólo presentida, esa sensación de inmovilidad que ha sido vencida, se ha convertido en una melodía que poco a poco ha ido construyendo una historia. La mía. Y dándole la vuelta a esos cajones, me he llegado a encontrar con el yo que realmente soy

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