Hoy algo termina. Nada nos pertenece, esas miradas hoy están, nos acompañan, y un día, desaparecen. De todas esas presencias, queda la resonancia del momento en que habitaron y acompañaron nuestra risa, nuestro llanto, nuestro vivir. A veces dejan de estar presentes de una manera firme, corta y rotunda. Otras... otras no. El olvido se produce después de una larga despedida entre silencios; llegamos al adiós sin ser conscientes de que eso único de nuestra vida se va, que se alza en su vuelo libre hacia otra mirada, hacia otro tiempo, hacia otras estancias. Queramos o no, todo termina. Principio y fin. Presente y recuerdo. Conscientes o no, seguimos caminando, nos lanzamos de lleno en las pequeñas cosas del día a día, y también con las grandes. La vida sigue con su latido inteligente, con su ruido. Y de repente un día, en un segundo, un color, un olor, un sabor, abren ese recodo de la memoria que ha recogido cual película aquel instante en que fuimos esencia. Ese instante que nos hizo ser, que nos dio la medida de lo que nuestra alma nítidamente es. Y recuerdas, y te balanceas en el recuerdo. Y sonríes para ti mismo. Y te dejas llevar un rato. Volvemos a empezar todos los días. Parece todo olvidado, pero no, siempre recogemos todo aquello que nos sirvió de sustento para no caer del todo, para poder reír a fondo, para poder sujetar la mirada de nuestros ojos en aquel presente, mirada que nos revela fielmente. Rcogemos lo vivido, y lo colocamos en esa estancia, tan infinita, tan solícita a ser encontrada. Ahí somos. Habitamos fieles en la memoria. Y hoy, en que retorno a lo de siempre cuando ya todo es tan distinto, me acuerdo de todas las despedidas, de todos lo tiempos que habité, de todas las lágrimas y risas que viví. Y pensé en los finales de mi tiempo, en esas despedidas que ya no descansan en la posibilidad del reencuentro, en esa finitud rotunda. Y... Hoy, en que algo comienza y algo se termina, regreso a la inevitable persistencia de la memoria. Paseo por sus estancias, por muchos de sus recodos. Y puedo sentir el equilibrio. Hoy sé que es adiós. Y sé que también es principio. Y que el susurro del futuro me tiene en sus manos, y que no hay voluntad, que sería una locura no dejarse llevar por el viento ■
Hoy algo termina. Nada nos pertenece, esas miradas hoy están, nos acompañan, y un día, desaparecen. De todas esas presencias, queda la resonancia del momento en que habitaron y acompañaron nuestra risa, nuestro llanto, nuestro vivir. A veces dejan de estar presentes de una manera firme, corta y rotunda. Otras... otras no. El olvido se produce después de una larga despedida entre silencios; llegamos al adiós sin ser conscientes de que eso único de nuestra vida se va, que se alza en su vuelo libre hacia otra mirada, hacia otro tiempo, hacia otras estancias. Queramos o no, todo termina. Principio y fin. Presente y recuerdo. Conscientes o no, seguimos caminando, nos lanzamos de lleno en las pequeñas cosas del día a día, y también con las grandes. La vida sigue con su latido inteligente, con su ruido. Y de repente un día, en un segundo, un color, un olor, un sabor, abren ese recodo de la memoria que ha recogido cual película aquel instante en que fuimos esencia. Ese instante que nos hizo ser, que nos dio la medida de lo que nuestra alma nítidamente es. Y recuerdas, y te balanceas en el recuerdo. Y sonríes para ti mismo. Y te dejas llevar un rato. Volvemos a empezar todos los días. Parece todo olvidado, pero no, siempre recogemos todo aquello que nos sirvió de sustento para no caer del todo, para poder reír a fondo, para poder sujetar la mirada de nuestros ojos en aquel presente, mirada que nos revela fielmente. Rcogemos lo vivido, y lo colocamos en esa estancia, tan infinita, tan solícita a ser encontrada. Ahí somos. Habitamos fieles en la memoria. Y hoy, en que retorno a lo de siempre cuando ya todo es tan distinto, me acuerdo de todas las despedidas, de todos lo tiempos que habité, de todas las lágrimas y risas que viví. Y pensé en los finales de mi tiempo, en esas despedidas que ya no descansan en la posibilidad del reencuentro, en esa finitud rotunda. Y... Hoy, en que algo comienza y algo se termina, regreso a la inevitable persistencia de la memoria. Paseo por sus estancias, por muchos de sus recodos. Y puedo sentir el equilibrio. Hoy sé que es adiós. Y sé que también es principio. Y que el susurro del futuro me tiene en sus manos, y que no hay voluntad, que sería una locura no dejarse llevar por el viento ■
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