Ediciones Siruela ha sacado hace poco un libro titulado Delante de la pintura. Son escritos, poemas, apuntes de Robert Walser acerca del arte pictorico. Siempre he pensado que Walser es un hombre tocado por el cielo. Pero ahora, después de leerle estos días, estoy aún más convencido de ello. Copio lo que escribe sobre este cuadro ■ Lo que acontece en el primer plano del cuadro puede ciertamente haber acontecido en cualquier época, no ha de significar por fuerza algo parecido a una revolución, y sin embargo lo es, pues una relación de veras hermosa, íntima, siempre se rebela de algún modo contra los convencionalismos y la autoridad. La señora de la casa, evidentemente lo es, una figura por así decirlo armoniosa, le ofrece su rostro para que él lo bese, y dado que el caballero en cuestión es más bajo que ella, para darle prueba de alguna manera de ternura tiene que dilatarse, alargarse, estirarse. El rostro de ella, que está tan animada, denota miedo y dicha a la vez (ambas cosas están concentradas en el modo en el que se cogen las manos), y mientras un rostro tan hermoso de mujer trasluce esta mezcolanza de sentimientos, se ocupan de saborear el vino, inmersos en una conversación divertida e ingeniosa, aquellos que dejarían en el acto de estar de buen humor, si un vientecito llevase a sus oídos lo más liviano del proceso que aquí se retrata. Ojalá los que en su calidad de consumados clasicistas que desprecian todo lo romántico, es decir: profundo, estén dotados de abundantes aptitudes para no albergar recelos. Creo que la exquisitez del cuadro reside en el modo de representar el propio beso. Cuando la boca de él roza la mejilla de ella, en esta última se percibe un hoyuelo, como si la blanda mejilla fuese un cojín. Fragonard parace uno de eso pintores que han trabajado poco, pero también hay otros ejemplos en el ámbito artístico que han mostrado que una obra vital imperecedera no requiere acumulaciones, más bien dice algo que enriquece la existencia, algo que puede ser olvidado, para ser más tarde de nuevo amado, que de vez en cuando puede censurarse, pero que quizá precisamente por eso surta luego un efecto mucho más profundo ■
Ediciones Siruela ha sacado hace poco un libro titulado Delante de la pintura. Son escritos, poemas, apuntes de Robert Walser acerca del arte pictorico. Siempre he pensado que Walser es un hombre tocado por el cielo. Pero ahora, después de leerle estos días, estoy aún más convencido de ello. Copio lo que escribe sobre este cuadro ■ Lo que acontece en el primer plano del cuadro puede ciertamente haber acontecido en cualquier época, no ha de significar por fuerza algo parecido a una revolución, y sin embargo lo es, pues una relación de veras hermosa, íntima, siempre se rebela de algún modo contra los convencionalismos y la autoridad. La señora de la casa, evidentemente lo es, una figura por así decirlo armoniosa, le ofrece su rostro para que él lo bese, y dado que el caballero en cuestión es más bajo que ella, para darle prueba de alguna manera de ternura tiene que dilatarse, alargarse, estirarse. El rostro de ella, que está tan animada, denota miedo y dicha a la vez (ambas cosas están concentradas en el modo en el que se cogen las manos), y mientras un rostro tan hermoso de mujer trasluce esta mezcolanza de sentimientos, se ocupan de saborear el vino, inmersos en una conversación divertida e ingeniosa, aquellos que dejarían en el acto de estar de buen humor, si un vientecito llevase a sus oídos lo más liviano del proceso que aquí se retrata. Ojalá los que en su calidad de consumados clasicistas que desprecian todo lo romántico, es decir: profundo, estén dotados de abundantes aptitudes para no albergar recelos. Creo que la exquisitez del cuadro reside en el modo de representar el propio beso. Cuando la boca de él roza la mejilla de ella, en esta última se percibe un hoyuelo, como si la blanda mejilla fuese un cojín. Fragonard parace uno de eso pintores que han trabajado poco, pero también hay otros ejemplos en el ámbito artístico que han mostrado que una obra vital imperecedera no requiere acumulaciones, más bien dice algo que enriquece la existencia, algo que puede ser olvidado, para ser más tarde de nuevo amado, que de vez en cuando puede censurarse, pero que quizá precisamente por eso surta luego un efecto mucho más profundo ■
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