El ser humano es el único animal que ríe, aunque más original sería afirmar que somos los únicos que hacemos reír. Hubo tiempos en que reír no estaba bien visto, Basilio de Cesarea lo prohíbe; incluso lo escribe a su hijo «deseo de todo corazón que se te pueda ver sonreír a menudo, pero que nunca se te oiga reír mientras vivas». La carcajada no era propia de un caballero. Y no le falta razón. Hay gente que no sabe reír y lo que hace es gritar, que no es lo mismo que reír. Hace unos días, en un restaurante, faltó poco para huir de que hasta daban puñetazos a la mesa entre risotadas y alaridos. No es eso, no es eso. La risa es tema serio. Y es mala señal -muy mala- el que la gente no ría, que no tenga buen humor. Y hay profesiones donde la risa tendría que estar presente con frecuencia; y en algunas (profesiones) la seriedad es termómetro de cómo está el ambiente: pasearse por los pasillos de un colegio, por atrio de una parroquia y no oír risas, malo: allí hay mucho sargento, aunque se afirme que lo es que hay autoridad. Reír es una forma de seguridad que dice mucho de uno, de los demás y de la vida misma. La alegría y el buen humor nacen cuando te sientes querido: querido como hijo, como amigo, como colega, como hermano, como padre, como amante y compañero. Y si tienes Fe, querido, muy querido por Dios, por Alá ¡por Aquel en quien cada uno crea! Si Dios es un señor que sólo nos quiere porque nos portamos bien, malo: probablemente seremos unos auténticos cascarrabias, unos gruñones y unos avinagrados. El fanático -que eso es el que piensa que Dios no perdona una- es por lo general un aguafiestas. ¿Todo esto a cuento de qué? A cuento de que mi tía Negra cumple años de estar junto a la Alegría. El más antiguo -entre muchos- que guardo de ella –y quise ponerlo por escrito en su aniversario- es su buen humor, su maravilloso buen humor del que tanto gozamos los que convivimos con ella. Recordándola con el cariño que me une a ella y a los suyos me queda más claro que nunca que la alegría nace del fondo del corazón, y que no deberíamos dejar pasar un solo día sin leer una poema, o escuchar una hermosa canción -mejor cantarla nosotros mismos- contemplar un paisaje, pronunciar una frase de consuelo, sonreír, dar un abrazo, un beso, una caricia…No debería pasar un solo día sin sentirnos queridos ■ ae junto a la Alegría y al Buen Humor
El ser humano es el único animal que ríe, aunque más original sería afirmar que somos los únicos que hacemos reír. Hubo tiempos en que reír no estaba bien visto, Basilio de Cesarea lo prohíbe; incluso lo escribe a su hijo «deseo de todo corazón que se te pueda ver sonreír a menudo, pero que nunca se te oiga reír mientras vivas». La carcajada no era propia de un caballero. Y no le falta razón. Hay gente que no sabe reír y lo que hace es gritar, que no es lo mismo que reír. Hace unos días, en un restaurante, faltó poco para huir de que hasta daban puñetazos a la mesa entre risotadas y alaridos. No es eso, no es eso. La risa es tema serio. Y es mala señal -muy mala- el que la gente no ría, que no tenga buen humor. Y hay profesiones donde la risa tendría que estar presente con frecuencia; y en algunas (profesiones) la seriedad es termómetro de cómo está el ambiente: pasearse por los pasillos de un colegio, por atrio de una parroquia y no oír risas, malo: allí hay mucho sargento, aunque se afirme que lo es que hay autoridad. Reír es una forma de seguridad que dice mucho de uno, de los demás y de la vida misma. La alegría y el buen humor nacen cuando te sientes querido: querido como hijo, como amigo, como colega, como hermano, como padre, como amante y compañero. Y si tienes Fe, querido, muy querido por Dios, por Alá ¡por Aquel en quien cada uno crea! Si Dios es un señor que sólo nos quiere porque nos portamos bien, malo: probablemente seremos unos auténticos cascarrabias, unos gruñones y unos avinagrados. El fanático -que eso es el que piensa que Dios no perdona una- es por lo general un aguafiestas. ¿Todo esto a cuento de qué? A cuento de que mi tía Negra cumple años de estar junto a la Alegría. El más antiguo -entre muchos- que guardo de ella –y quise ponerlo por escrito en su aniversario- es su buen humor, su maravilloso buen humor del que tanto gozamos los que convivimos con ella. Recordándola con el cariño que me une a ella y a los suyos me queda más claro que nunca que la alegría nace del fondo del corazón, y que no deberíamos dejar pasar un solo día sin leer una poema, o escuchar una hermosa canción -mejor cantarla nosotros mismos- contemplar un paisaje, pronunciar una frase de consuelo, sonreír, dar un abrazo, un beso, una caricia…No debería pasar un solo día sin sentirnos queridos ■ ae
... SO, SO YOU THINK YOU CAN TELL HEAVEN FROM HELL (...) HOW I WISH, HOW I WISH YOLU WERE HERE WE´RE JUST TWO LOST SOULS SWIMMINGIN A FISH BOW!YEAR AFTER YEAR. RUNNING OVER THE SAME OLD GROUND. WHAT HAVE WE FOUND? THE SAME OLD FEARS. WISH YOU WERE HERE ■ www.youtube.com/watch?v=3DXCHa9BYfE
Ediciones Siruela ha sacado hace poco un libro titulado Delante de la pintura. Son escritos, poemas, apuntes de Robert Walser acerca del arte pictorico. Siempre he pensado que Walser es un hombre tocado por el cielo. Pero ahora, después de leerle estos días, estoy aún más convencido de ello. Copio lo que escribe sobre este cuadro ■ Lo que acontece en el primer plano del cuadro puede ciertamente haber acontecido en cualquier época, no ha de significar por fuerza algo parecido a una revolución, y sin embargo lo es, pues una relación de veras hermosa, íntima, siempre se rebela de algún modo contra los convencionalismos y la autoridad. La señora de la casa, evidentemente lo es, una figura por así decirlo armoniosa, le ofrece su rostro para que él lo bese, y dado que el caballero en cuestión es más bajo que ella, para darle prueba de alguna manera de ternura tiene que dilatarse, alargarse, estirarse. El rostro de ella, que está tan animada, denota miedo y dicha a la vez (ambas cosas están concentradas en el modo en el que se cogen las manos), y mientras un rostro tan hermoso de mujer trasluce esta mezcolanza de sentimientos, se ocupan de saborear el vino, inmersos en una conversación divertida e ingeniosa, aquellos que dejarían en el acto de estar de buen humor, si un vientecito llevase a sus oídos lo más liviano del proceso que aquí se retrata. Ojalá los que en su calidad de consumados clasicistas que desprecian todo lo romántico, es decir: profundo, estén dotados de abundantes aptitudes para no albergar recelos. Creo que la exquisitez del cuadro reside en el modo de representar el propio beso. Cuando la boca de él roza la mejilla de ella, en esta última se percibe un hoyuelo, como si la blanda mejilla fuese un cojín. Fragonard parace uno de eso pintores que han trabajado poco, pero también hay otros ejemplos en el ámbito artístico que han mostrado que una obra vital imperecedera no requiere acumulaciones, más bien dice algo que enriquece la existencia, algo que puede ser olvidado, para ser más tarde de nuevo amado, que de vez en cuando puede censurarse, pero que quizá precisamente por eso surta luego un efecto mucho más profundo ■
Hoy algo termina. Nada nos pertenece, esas miradas hoy están, nos acompañan, y un día, desaparecen. De todas esas presencias, queda la resonancia del momento en que habitaron y acompañaron nuestra risa, nuestro llanto, nuestro vivir. A veces dejan de estar presentes de una manera firme, corta y rotunda. Otras... otras no. El olvido se produce después de una larga despedida entre silencios; llegamos al adiós sin ser conscientes de que eso único de nuestra vida se va, que se alza en su vuelo libre hacia otra mirada, hacia otro tiempo, hacia otras estancias. Queramos o no, todo termina. Principio y fin. Presente y recuerdo. Conscientes o no, seguimos caminando, nos lanzamos de lleno en las pequeñas cosas del día a día, y también con las grandes. La vida sigue con su latido inteligente, con su ruido. Y de repente un día, en un segundo, un color, un olor, un sabor, abren ese recodo de la memoria que ha recogido cual película aquel instante en que fuimos esencia. Ese instante que nos hizo ser, que nos dio la medida de lo que nuestra alma nítidamente es. Y recuerdas, y te balanceas en el recuerdo. Y sonríes para ti mismo. Y te dejas llevar un rato. Volvemos a empezar todos los días. Parece todo olvidado, pero no, siempre recogemos todo aquello que nos sirvió de sustento para no caer del todo, para poder reír a fondo, para poder sujetar la mirada de nuestros ojos en aquel presente, mirada que nos revela fielmente. Rcogemos lo vivido, y lo colocamos en esa estancia, tan infinita, tan solícita a ser encontrada. Ahí somos. Habitamos fieles en la memoria. Y hoy, en que retorno a lo de siempre cuando ya todo es tan distinto, me acuerdo de todas las despedidas, de todos lo tiempos que habité, de todas las lágrimas y risas que viví. Y pensé en los finales de mi tiempo, en esas despedidas que ya no descansan en la posibilidad del reencuentro, en esa finitud rotunda. Y... Hoy, en que algo comienza y algo se termina, regreso a la inevitable persistencia de la memoria. Paseo por sus estancias, por muchos de sus recodos. Y puedo sentir el equilibrio. Hoy sé que es adiós. Y sé que también es principio. Y que el susurro del futuro me tiene en sus manos, y que no hay voluntad, que sería una locura no dejarse llevar por el viento ■
Si mi vida pudiera ser descrita, en ella encontrarias momentos muy diversos. La mayoría de ellos alegres, aunque de todo hay, como en todas las vidas. Va un regalo de momentos, de realidad instanténea. Cada uno de ustedes sabe cuál hemos compartido juntos. Sólo la vida sabe qué más compartiremos y al lado de quién, en el tiempo que nos queda por andar. Serán instantes sublimes, grandes y pequeños, alegres y tristes, infinitos y limitados, conscientes e inconscientes. Serán los momentos de nuestra vida, tan nuestros como estas manos que ahora teclean estas palabras. Gracias por estar. Seas presente, pasado o futuro, lo importantes es eso: que estas ■ ae www.youtube.com/watch?v=jNVPalNZD_Itres cosas hay en la vida....
mIrar
Nada nos puede ser indiferente. Si miramos de frente, nos encontramos con los ojos del otro. Ese otro que comparte las risas con nosotros, que la mayor parte de su tiempo pasa sin ser notado, que normalmente es uno más disfrutando de las cosas de la vida. Pero un día sucede, miras a los ojos, y ya no son los mismos. De repente los ves con toda su realidad, con todo su peso. Y entonces te haces consciente de que los ojos, todos, todos lloran. Cada uno en su momento, en su propio desierto, en su propia infinitud. Y entonces te sientes impotente porque tus manos pueden hacer muy poco. La vida es una paradoja. Y en ella estamos sumergidos sin saber muy bien por dónde nos movemos. Cuando un día miramos de frente lo vemos: hay demasiados corazones sin consuelo. Pero para verlo, es necesario mirar ■ ...para no tener miedo...
Me cuenta un amigo que en su coche llevo decenas de CD'S, la mayoría sin rotular "así me sorprendo" dice "Pero en alguna carátula tengo escrito 'canciones para no tener miedo' ". Me gustó. Ésta es una de ellas. Me hace buena gente. El que puede cantar una canción de éstas es difícil que tenga miedo ■ Por un beso robado a pesar de tu boca colgaría mi vida de un hilo, por mi muerte no quiero otra cosa. Por un beso que es mío y que sigo esperando, en la urgencia de dos corazones que no saben qu hacer con su herida, que no saben qu hacer con su herida, que no saben que hacer y se olvidan. Por un beso secreto paciente en tu boca hartaré de locura mi sangre vendería mi alma y su sombra Y puede que saber que me quieres quererme y no puedas yo seré del cielo que me entregues y puede que me pierda en el aire con paso sereno del cielo que me entregues del cielo que... Por un beso que puede hoy no tenga sentido por un beso querido a medida que despacio nos cuesta la vida. Por un beso robado a pesar de tu boca colgaría mi vida de un hilo por mi muerte no quiero otra cosa. Cosi se riesci e se vuoitu non perderti maie sarai...y puede que... Y puede que saber que me quieras quererte y no puedas yo seré del cielo que me entregues y puede queme pierda en el aire con paso sereno yo seré del cielo que me entregues del cielo que...
Dice Allan Bloom en su espléndida obra El Cierre de la mente moderna (Plaza & Janes 1989) que «Los antiguos ateos se tomaban en serio a la religión y la reconocían como una fuerza real, que cuesta algo y que exige elecciones difíciles. Los nuevos sociólogos que hablan con tanta facilidad de lo sagrado son como un hombre que tiene en el jardín de su casa un viejo y desdentado león de circo a fin de experimentar las emociones de la selva». Hoy por hoy podríamos decir lo mismo de todos aquellos que tocan de oídas y desafinado sobre temas que merecen, como mínimo, una actitud de respeto, porque se intuye que estás ante algo sagrado, aunque no lo entiendas. La pérdida del sentido de lo sagrado es uno de los síntomas más graves del empobrecimiento de la sociedad. Sagrado es algo que a la vez me penetra y me sobrepasa, me nutre en lo más hondo, y al mismo tiempo soy incapaz de agotarlo. Sagrada es la belleza de una obra de arte, alguien que nos revela el misterio del amor y el sexo, una canción, una poesía releída mil veces, un trabajo, la maternidad... Ante lo sagrado sólo cabe la pasividad, la admiración: no podemos hacer nada, sólo contemplar. Poco a poco hemos perdido el misterio. El hombre también. Y si no hay ese sentimiento de lo sagrado, todo se profana. Incluso a Dios. Hoy por hoy de una obra de arte se admira el dinero que cuesta, de un ser humano “lo bueno que está” (o que deja de estar),y de Dios una protección contra la muerte y contra el infierno. ¡cuántos piadosos que están llenos de amuletos y que su fe está a la altura de los brujos y de los hechizeros...aunque comulguen a diario: tienen en el jardín de su casa un viejo y desdentado león de circo a fin de experimentar las emociones de la selva ■
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