tú corazón lleno de gratitud, el de nosotros lleno de profunda admiración

Nada más terminar de escribir lo que está abajo de éste post me paso por el feisbuk y leo algo que llama la atencion: Reflexiones desde una cama de hospital. Empiezo a leer y se me erizan los pocos pelos que me quedan. Sigo leyendo con más calma. "Es la primera vez que escribo en la computadora después del accidente automovilístico que tuvimos en la carretera. Esta paradójica experiencia me ha exhortado a escribir algún día sobre el tema del dolor vivido en primera persona, pero sobre todo por “los pequeños placeres de la vida cotidiana (pequeñísimos como una ducha de agua caliente en vez de un baño en la cama, o un trago de agua sin sabor)”, aquellos que damos por hecho… hasta que nos atraviesa la flecha del dolor y nos ponemos en el umbral de la muerte. Cuando esto sucede, aprendemos a valorar hasta las más nimias experiencias de goce y se renueva la gratitud por todos los regalos que tenemos en cada segundo, que son auténticos pétalos en el correr de cada rosa que simboliza al tiempo (estoy parafraseando una parte del libro de Momo)". Y ya no puedo leer más. En algun lugar se enciende una luz roja, chillona, que me avisa que hay dolor, y que hay qué hacer algo. Queridisima Alicia, aquí estoy. Lejos físicamente, pero muy cerca en el espíritu. Seguramente recordarás aquello tan entrañable y tan bonito de (...) pro omnibus qui se commendaverunt orationibus meis et genere et in specie. Pues en ese in specie y al subir al altar yo me acuerdo de tí: Alicia Ocampo. Ni te digo aquello de "te encomiendo" porque suena a frase hechiza y lejana; frase tan del gusto del dark side. Y como gracias a Dios gracias ni tú ni yo caminamos ya por esos caminos, prefiero decirte otras tres cosas: que tus líneas nos ayudan a todos, que tu dolor tiene sentido, y que yo me alegro de poder decirte todo ésto. Es mi manera de decir Alice: estoy contigo ■ ae

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