A veces siento ganas de llorar y no sé si es de tristeza o de alegría. Pero no lloro; y es mejor así. Pasa un poco de tiempo, respiro, e intuyo que en el fondo no es ni una cosa ni la otra: es la esperanza la que me emociona. Es lo bueno de caer, de sentirte acabado y herido. En el mismo momento en el que un amigo te ayuda a levantarte comienzas a ver las cosas de otra forma: sólo desde ahí abajo, a ras de suelo, ves cuánto te queda realmente para ponerte de nuevo en pie. Cuando uno está así, tan emocionable, la felicidad se atisba con una claridad apabullante. Da hasta miedo y parece tan posible como volver a caer ■ ae

No hay comentarios: