Cada día hay más gente de malas. Nuestra civilización está pensada para el enojo profundo y la insatisfacción, y se lo estamos enseñando a los niños. Y es así porque constantemente nos están empujando a que consigamos nuestros deseos. O peor, nos incitan deseos que no tenemos para que vayamos como imbéciles a conseguirlos. Basta echar un vistazo a los reclamos publicitarios de cualquier tipo, radio o televisión. La verdad es que de siempre la gente sensata ha desconfiado de los deseos. Para los griegos la avidez de deseos era radicalmente mala. Tiene su lógica, en civilizaciones agrícolas y ganaderas la capacidad de aplazar las cosas, de esperar, de tener paciencia, venía dada por las estaciones y los ciclos. Desear las cosas de esa manera, con prisas, lleva a la impaciencia, y de la impaciencia se sigue el ansia, y del ansia va de la mano, entre otras muchas jodidas consecuencias, la violencia.. La violencia es el camino más corto para conseguir un deseo...¿para qué esperar y guardar las formas, que son siempre lentas? La prisa es enemiga de la ternura, que requiere tiempo, contemplación. No hay ternura rápida. Por esa razón hay tanta enojada a nuestro alrededor. Así que a no enfadarse y a no tener prisa. En el fondo, si lo pensamos, un enojado es un señor que tiene prisa...prisa por tener razón y demostrarla, prisa porque su manera de ver la vida es la que a nosotros nos puede dar la felicidad-porque uno no puede ser feliz de otra manera... Si la felicidad puede estar en tres amigos dentro de un coche a las doce de la noche de un lunes cualquiera hablando de cine, de literatura y de vete a saber qué...¡sin prisas!

No hay comentarios: