Uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega. Cuando el peso de las amnesias y la crudeza de tantos dolores parecen abultar el peso de los días y de las horas, tenemos siempre el privilegio de refugiarnos en los libros, en la música y hasta en el café; en esos momentos que nos han acompañado en silencio a lo largo del tiempo. Cuando necesito confirmar que no estoy solo en mis empeños que parecen vanos tengo a la mano la literatura que se esconde en los libros y en los pequeños milagros que se encierran en la mirada de los amigos, sobre todo en los que uno vuelve a encontrar pasados unos pocos años, tampoco muchos. Tengo a la mano la lluvia de todos los días, el sueño y los insomnios, la música de las mañanas -Satie- y los libros. Tengo próximos y prójimos y, a pesar de las distancias, me quedas tú ■

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