para Manu
Basta una mirada para sentirse incriminado por una falta para sentirse incriminado por una falta que considerábamos nimia o desdeñable y con tan solo una mirada podemos sentir el hálito reconfortante del verdadero amor. Una sola mirada puede volverse flamígera y condenatoria o verífica ventana de lo íntimo. Es cierto que la realidad se trastoca y redefine de acuerdo a la mirada que le apliquemos: la desoladora imagen de una habitación puede verse como un lugar más, entre muchos, donde uno puede incluso intentar descansar o dormir; el ruinoso paisaje de la ciudad de México bajo una lluvia gris de sábado por la noche saliendo de un café puede verse como un mural viviente de la melancolía multiplicada, el rostro de todos los dias puede mirarse como una condena insalvable o como una esperanza que se renueva cada veinticuatro horas ■ ae

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