Una obra de arte no necesita del espectador. Funciona por sí sola. Una obra de arte perdura aún enterrada, ignorada, ajena a modas y tiempo, independiente a la fecha de su descubrimiento (incluso por un único y eventual espectador). Es. Indiferente a imposiciones estéticas, a cual sea la fórmula de expresión. Está. Por encima del soporte, pared, lienzo, papel, idioma, instrumento, medio, método, plástico, técnica, pantalla, celuloide, vinilo, hierro, voz, estilo, piedra, viento. ¿Quién define qué es una obra de arte? Los sabios, los críticos, los poetas, un consejo de ancianos, los vendedores de obras de arte, los directores de periódicos, los intermediarios, los oportunistas, un loco, un niño (no intenta ser una respuesta). A falta de otras revoluciones, el uso de internet abusa de artistas, una legión de virtuosos, de creadores, de genios, de autistas pintando en la pared con el dedo, de visionarios de nubes, de fenómenos sin abuela que emborronan cuadernos que ya estaban escritos, palimpsesto sobre palimpsesto y así indefinidamente hasta el aburrimiento, el bostezo, la falsedad, hablar por no callar, lo necio. Sin embargo una obra de arte no necesita del espectador. Nietzsche decía que los griegos levantaban blancas estatuas sobre el abismo, para ocultarlo ■ ae
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ilustración: susana casillas, la magia del amor, óleo sobre tela. colección particular.

No sé qué me conmueve más:

lo que sabes de mí porque ya te lo he dicho

o lo que sabes porque no te lo digo.

¿Qué nos hace volver a casa a quienes alguna vez hemos soñando con abandonarla? Parecería que fuera una cierta pereza, una débil pero constante pulsión del origen, de la raíz que finge un muro frente al tiempo. Sin esa pulsión, sería fácil dejarse llevar por los caminos del mundo, en un incesante ir y venir, buscar aquí y allá. Pero ¿buscar qué? ¿Qué busca o de qué huye el viajero? Todo es inmensamente fascinante como sueño. Sin embargo, como realidad cansa pronto. Y al escribir esto, recuerdo las palabras de Novalis: buscamos por todas partes lo incondicionado, y sólo encontramos cosas. A éstas añado las del gran sabio Montaigne: A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.

Ayer me hicieron un estupendo regalo de Navidad; enchufar el usb y volver a vivir la boda de éstos amigos y acordarme de lo escrito fue una y la misma cosa: "Carpe Diem. Aprovecha, ahora que tienes tus amigos cerca. Llénate de sus voces, recréate en la conversación. Atesora el grano para el invierno duro. Mira, piensa, haz música y compártela. No sabes si mañana estarás solo, sin tener con quien hablar de lo más íntimo; aunque ese mañana sea dentro de quince años. Entonces vivirás, en parte, de lo que hoy tienes. Y no desaproveches a los menos cercanos, cultiva su amistad, que también será valiosa. No caigas en el error de pensar que es corriente la amistad que disfrutas, porque es un impagable don. Cada minuto cuenta. Carpe Diem" ■ Un abrazo muy grande, Kike y Yammile, con el cariño de siempre ■ ae

Kike, Yammile,

Que el maquillaje no altere su risa,
que el equipaje no lastre sus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo les pille bailando,
que el escenario les tiña las canas,
que nunca sepan ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.


Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no les den la razón los espejos,
que les aproveche mirar lo que miras.

Que se divorcie de ustedes el desamparo,
que cada cena sea su última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no los compren por menos de nada,
que no les vendan amor sin espinas,
que no les duerman con cuentos de hadas,
que no les cierren el bar de la esquina.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños les doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.


www.youtube.com/watch?v=IhFeAqoSdgg&feature=related

De todas las personas del planeta que uno se ha cruzado en esta vida, las que más me han enriquecido no han sido las inteligentes, o las ejemplares –en el sentido de “gente que busca la perfeccion”- o las de currículums fantásticos. Nope. Las que más me han enriquecido han sido las entusiastas. Vivir y convivir con gente entusiasmada es un gran regalo. No sé si siempre estaban entusiasmados, supongo que habría días que les iría mal, pero incluso en esos casos vivían otro principio que aprendí para vivir una vida tan feliz y tan campante: VIVE LA VIDA CON ENTUSIASMO. Por éso, hoy, te digo algo: cuando salgas de casa y te pregunte tu hijita “¿donde vas, papi?", respóndele: "Voy a comerme el mundo, voy a trabajar y sacar este país adelante”. Cuando tu hijo te diga “mami, ¿no te aburre trabajar en la oficina postal?", anímate y dile: "¡Claro que no! Con la cantidad de gente que hago feliz todos los días, en sitios lejanos, uniendo lo que está separado...". Sabes, el entusiasmo se contagia, se toca, se siente. El cuerpo de estas personas habla del entusiasmado: caminan de una manera particular, su cabeza va erguida, su sonrisa sale del corazon, miran a los ojos. Hay un chispazo de esa locura buena que nos deberíamos desear. Y junto al entusiasmo, el último principio: PRESUME DE LA GENTE, DE TODA LA GENTE, PERO SOBRETODO, DE TU GENTE. Conozco a algunos que no presumen de la gente. No todos somos ejemplares en todo. Yo no, por lo menos. Pero siempre se puede poner el zoom en una virtud, en un don, en un algo de alguien. Ésos que yo conozco confunden la parte por el todo y tienden a hacer una gran distinción: los suyos y los que no están con ellos. A los suyos los ensalzan, los veneran y los inciensan. A los demás nos anatematizan, nos condenan cuando estamos en las antípodas de sus principios. Y luego todo lo confían a la Providencia. (En realidad les cae mal que los que no tenemos sus criterios seamos reconocidos en algo, en lo que sea). A ésos, yo les diría: "Hey, es Navidad, admira la vida de los demás. Habla de ellos. Cuenta esos ejemplos que ves a diario, los tienes a tu lado todos los días dándote unas lecciones pa caerse la baba!". Y es que ver héroes y además entusiastas es algo muy bueno. Aprendamos. Los tenemos al lado. Muy cerca ■ ae
Que el camino salga a tu encuentro
Que el viento te sople siempre de espaldas
Que el sol brille cálido sobre tu rostro
Que la lluvia descienda mansa sobre tus campos
Y hasta que volvamos a encontrarnos,
que Dios te sostenga suavemente
en la palma de su mano...
Quien no ha velado no conoce de verdad el alba ni puede entender las palabras del vigía de Esquilo ni la ansiedad con que aguarda la aurora el centinela del salmo.

-Todos alguna vez han velado.

-Pero no por caridad o por ley

-Por pura desolación.

-Ésos no esperan el alba.




Amigo es aquel que sabe todo de ti, y así mismo te quiere ■ Kim Hubbard
L’amour à demi fidèle, c’est une aimable plaisanterie, tout comme la demi-sincérité ou la demi-confiance, confiante à moitié, ou la petite vertu. Car l’amour ne connaît qu’une mesure: le Maximum; qu’un degré: le Superlatif; qu’une seule loi: le Tout-ou-Rien (Vladimir Jankélévitch, Les vertues et l’amour, 1970 ■ El amor medio fiel no deja de ser una broma amable, como la sinceridad a medias, la medio confianza o la pequeña virtud, porque el amor sólo conoce una medida: lo Máximo; sólo un grado: el Superlativo; sólo una ley: Todo o Nada... Yo lo pondría aún más difícil que Jankélévitch: sólo puede haber en la vida un máximo, un superlativo y un todo o nada; es decir, sólo puede haber un amor. Si hay varios, ninguno es amor. El amor excluye el antes y el después. Cuando aparece, nos damos cuenta de que no era amor lo que creíamos amor. Cuando aparece, negamos cualquier epifanía futura del amor ■ ae