¿Verba volant? Muchas sí, todas no. Las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron resisten; las palabras del desamor, las de la humillación, todas ésas resisten, seamos o no rencorosos. Las del perdón, ésas sí vuelan. Incluso el perdón más sinceramente pedido y más sinceramente otorgado se expresa a través de fórmulas y de gestos convencionales, de palabras previsibles, menos poderosas, menos duraderas que las palabras de la ofensa. Nos quedamos con esas fórmulas y esos gestos; pasado el tiempo, sólo con el recuerdo de que hubo perdón, pero no con las palabras que le acompañaban. Mientras, las otras, las anteriores, las palabras del dolor, las palabras con que ofendimos y con que nos ofendieron, permanecen invariables, exactas en la memoria, aunque hayamos olvidado, aunque nos hayan perdonado de corazón. Y no está bien. No ■ ae

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